España - Cataluña

Fatma Said, suficiente quiere decir lo que quiere decir

Jorge Binaghi
lunes, 31 de mayo de 2021
Fatma Said y Malcolm Martineau © 2021 by Silvia Pujalte Fatma Said y Malcolm Martineau © 2021 by Silvia Pujalte
Barcelona, jueves, 27 de mayo de 2021. Palau de la Música, Petit Palau. Recital de soprano, y Malcolm Martineau (piano). Melodías, lieder y arias de zarzuela de Ravel, Schumann, Mendelssohn, Abel-Rahim, Bizet, Poulenc, Obradors, Nin, Chapí. Bises: Poulenc y Giménez
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En la sala pequeña, de cámara se presentó la cada vez más reconocida soprano egipcia, que debutó en Barcelona con gran éxito a fines del pasado año en el Life Victoria. Esta vez lo hizo en el marco de los conciertos auspiciados por la Asociación Franz Schubert, que aprovechó la ocasión para premiar a Alfred Brendel por su dedicación al impulso de la obra del gran autor y al cantante Samuel Hasselhorn, también ascendente, como joven valor.

Había oído tanto y tan bueno de Said que, como ocurre en estos casos (no estaba en Barcelona para el anterior concierto), salí, no diré decepcionado, pero sin que jamás durante todo el concierto (modificado por la imposibilidad de ensayos) dejara de recordar que estaba en una butaca escuchando a una cantante. 

El pianista sí que logró en muchos momentos el milagro, pero con él solo no basta (la liquidez de su instrumento en Ravel y en Poulenc, además de su adecuación a los románticos alemanes, fueron algo magnífico). 

Y si Said tiene un espléndido alemán (estudió allí) y un sorprendente español más allá de algún sonido, su francés es manifiestamente mejorable aunque fue progresando con el transcurso de la velada. Pero durante las famosas melodías griegas de Ravel sólo advertí que cantaba en esa lengua en el último número Tout gai

Si la figura, el charme y la elegancia son espléndidas, la voz es bonita, más bien pequeña, con un ligero vibrato metálico en el agudo que parece algo limitado. Tiene unas preciosas medias voces y un grave natural, pero no bello aunque suficiente (suficiente quiere decir lo que quiere decir). Obviamente descolló en la canción de su connacional, una más que agradable sorpresa y lo único ‘raro’ del programa. 

Me parecieron mejor los románticos, y sobre todo Mendelssohn (sobre todo Suleika) que el Schumann (tal vez falte rodaje o experiencia de vida en Widmung y Aus den östlichen Rosen -no me refieron a lo vocal, que lo tiene resuelto, sino a la expresividad). Los conocidos (pero no tanto) Adieux de l’hôtesse arabe de Bizet estuvieron bien sin entusiasmar excesivamente. Como era previsible resultó mejor en el irónico y frívolo Poulenc, pero a Hôtel también le faltó la ‘hondura’ que es más disimulada y sutil, pero que se advertía o advierte en las versiones de Crespin o de Antonacci; lo mismo ocurrió con Les chemins de l’amour ofrecido en bis. 

Sorprendió el otro bis (el ‘Zapateado’ de La tempranica) y toda la parte española del programa donde destacó por sobre todas la canción de Pastora de La patria chica (sin que ni aquí ni en el ‘zapateado’ -con esos ‘fáciles’ ‘ay’- pudiera luchar con el recuerdo de De los Ángeles o Berganza) y la de Marinela de La canción del olvido de Serrano. 

La artista ha cantado también papeles de soubrette o soprano lírica y me pregunto por cómo sonará su voz en una sala grande y con una orquesta, incluso barroca. Ahora bien: si lo más impactante de una velada de canto de cámara es una excelente y nueva canción egipcia y la zarzuela española no me parece razón suficiente para el entusiasmo demostrado por el público (en parte muy joven, por suerte) con ramo de flores incluido.

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