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Igor Levit, concierto en casa

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 2 de junio de 2021
Hauskonzert © 2021 by Carl Hanser Verlag Hauskonzert © 2021 by Carl Hanser Verlag
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Igor Levit, el gran pianista de nueva generación que conmueve y cautiva con sus interpretaciones de las sonatas de Ludwig van Beethoven a los públicos de todo el mundo, es un artista con coraje, comprometido políticamente y un convencido de que nada volverá a ser como antes del estallido de la pandemia en marzo de 2020, según sus propias declaraciones.

Desde entonces rige el confinamiento, las salas de concierto permanecen cerradas, los festivales han sido cancelados, no se sabe por cuánto tiempo. 

Lo que sí sabemos es lo que pueden hacer con nosotros la música, los sonidos, los tonos. Puede sanarnos. Puede ayudar. No tiene que ser necesariamente así. Pero puede hacerlo, 

afirma Levit en su libro Hauskonzert (Concierto en casa), escrito en coautoría con el periodista Florian Zinnecker y publicado por la editorial Hanser, de Múnich.*

Desde la sala de estar

El título de la obra hace referencia a los conciertos que a diario retransmitía Levit desde el salón de su casa al principio de la pandemia, y con los que llegó a un amplio público internacional, incluso no interesado en música clásica, después de aquellas grandiosas presentaciones en Berlín, Viena, Londres, París y Nueva York.

Sin embargo, pese al estallido de la crisis por el coronavirus, Igor Levit siguió adelante y llegó a centenares de miles de espectadores durante el primer confinamiento. No solo les proporcionó pequeñas escapadas en tiempos pandémicos, sino también un enfoque nuevo y diferente de la música clásica.

Interpretar música

Así que tocar una sonata de Beethoven no significa: seguir todas las reglas - colocar cada nota donde se supone que debe estar según la partitura, en la intensidad prescrita exactamente, y confiar en todas las notas correctamente colocadas para hacer la sonata. Pero entender la música como un medio de expresión, en el mejor sentido: como un lenguaje con el que se puede contar todo un mundo, una verdad que se esconde detrás de los tonos -y que puede diferir de vez en cuando, en rigor incluso tiene que diferir, para no caer en la rutina. (Levit)

Compromiso político

Mas su trabajo va mucho más allá de la música. Igor Levit alza su voz contra el racismo, contra el antisemitismo y contra cualquier tipo de misantropía; está comprometido con la protección del clima y defiende la democracia como sistema político. Florian Zinnecker, redactor del prestigioso semanario Die ZEIT y subjefe de la sección de Hamburgo del periódico, acompañó a Igor Levit durante un año para describir en el mismo libro de su coautoría de dónde procede la energía que impulsa a Levit como artista y como ser humano.

Igor Levit puede ser uno de los mejores pianistas del siglo. En cualquier caso, es el más presente, señala Zinnecker en el prefacio. Ambos coautores son vecinos de puerta por medio, en el centro de Berlín, se visitan y se comunican frecuentemente. Levit, de 34 años (cumplidos el pasado 10 de marzo) está omnipresente en los medios de comunicación como duro crítico de las tendencias de derecha y de los males sociales que reinan en el país.

Conciencia política y social

El pianista es además un invitado bienvenido y también temido en los programas televisados de entrevistas y debates sobre temas candentes. Más aún con los problemas derivados de la estrategia demasiado blanda que había impulsado desde un comienzo el gobierno de la canciller alemana Angela Merkel para enfrentar la propagación del COVID-19 y que ahora ha tenido que endurecer para poner coto a la tercera oleada pandémica y evitar un agravamiento de la situación por las mutaciones del virus.

Influjo

La repercusión de sus conciertos en casa fue tan grande que incluso un día Levit fue invitado por el presidente federal alemán Frank-Walter Steinmeier a emitir uno de ellos desde su residencia oficial, en el palacio de Bellevue en Berlín. Poco tiempo después fue condecorado con la Cruz al Mérito que otorga la República Federal de Alemania por su compromiso cívico y por su contribución al entendimiento entre las diversas culturas.

La música

La música es el lenguaje de Levit, también su arma, pero hasta cierto punto es también un medio para llegar a un fin. No le basta con ser un gran virtuoso del piano: 

Quiero más. El piano de concierto tampoco es suficiente para mí, toco todo el tiempo piezas que son demasiado grandes para él.

Por eso nunca tiene un momento de paz: interfiere en la política del momento, viaja a un campo de refugiados, se toma con calma las críticas e incluso las amenazas contra su vida e integridad física que recibe de grupos de ultraderecha y neonazis como los que integran la Alternativa para Alemania (AfD). Indignado, y con absoluta razón, comentaba Levit ante las cámaras la vergonzosa elección de un político del partido Liberal (FDP) como ministro-presidente de Turingia (este de Alemania) con el apoyo cómplice de los votos del AfD. El hecho le ha costado al FDP un elevado precio político hasta ahora y un descenso precipitado del apoyo electoral.

Los músicos, al menos los de formación clásica, no suelen llegar a las tertulias políticas. Excepto Igor Levit. En noviembre de 2019, el pianista fue invitado a uno de esos programas para hablar del "odio en la red". Levit adoptó una postura valiente e inmediatamente después fue atacado por un periodista sensacionalista. Tres días después recibía amenazas de muerte, y tenía que intervenir la Policía Federal de Investigación Criminal (BKA). Hasta hoy en día, sigue siendo abominable lo que se publica en youtube en las columnas de comentarios sobre aquella emisión.

Lo dejan solo

Zinnecker relata de cerca a su vez los frustrantes intentos de Levit por ser tomado en serio como ciudadano con conciencia política. Resulta deprimentemente claro que él, que se rebela contra los agitadores racistas, los neofascistas, los antisemitas abiertos y ocultos, es dejado solo en esta lucha por gran parte del establishment cultural. El infame arrebato de un colega periodista de Múnich en octubre del año pasado se suma a esta serie de ataques.

Lenguaje

¿Pero qué tiene que ver esto con el arte de Igor Levit? Ante todo, este berlinés por adopción de origen ruso es uno de los músicos más interesantes de su generación. Se entrega sin descanso en los conciertos; actualiza como nadie el universo pianístico de Beethoven, reflejando su contenido espiritual para la sociedad actual saturada de contradicciones. El propio Levit refleja que el clima político se produce a través del lenguaje, por lo tanto, su forma de tocar el piano no puede entenderse directamente como una expresión: No tengo lenguaje en lo que hago, puntualiza.

Ni diario ni biografía

Concierto en casa no es ni un diario ni una biografía en el sentido clásico del término. Los autores saltan de una época a otra y de un tema a otro, de un primer plano a una retrospectiva. No siguen un orden estrictamente cronológico en su relato y esto puede poner nervioso a algún lector desprevenido. De todas formas leer la obra permite ganar en conocimiento sobre el pianista, su trayectoria artística y sus ideas.

Las personas que están significativamente involucradas en el fenómeno Levit tienen también su opinión: agentes de prensa, ingenieros de sonido, críticos musicales, directores de salas de conciertos y festivales, directores de orquesta famosos y conocidos profesores de piano son mencionados en el libro.

Opiniones

Durante largos tramos, la obra, con sus escenas ensambladas individualmente, parece un telefilme recontado: Levit vuelve a casa en bicicleta después del concierto; cuenta un chiste; toma un sorbo de té. El medio cinematográfico en realidad permite contar mejor estas historias de forma selectiva.

Entre los pasajes más gratificantes están sus recuerdos de la infancia, su formación con el estricto Karl Heinz Kämmerling, el efecto liberador de las lecciones de Bernd Goetzke, así como una crítica dura, pero constructiva del gran maestro Grigori Sokolov. También se aprende algo sobre el pensamiento musical de Levit, su valentía para actuar espontáneamente en los conciertos, para arriesgarse, porque, como él mismo afirma, sin él, la pieza no estaría ahí de todos modos.

Una madre y sus ilusiones

También se presta especial atención a la madre de Igor, Elena Levit. En este punto, el libro se aparta de su tono agradablemente pragmático y a veces irónico y ofrece un relato emocionado de una joven profesora de música que, en el invierno de 1987, pasa por delante de los desolados edificios prefabricados de la ciudad soviética de Gorki (que ahora vuelve a llamarse Nizhni Novgorod) y sueña con que su hijo aún no nacido tocará algún día a Serguei Rachmaninov en el escenario. Unas páginas más adelante, resulta difícil creer a los interlocutores Elena Levit y Florian Zinnecker de que nunca hubo ningún objetivo en casa para hacer (del niño Igor) un genio musical.

Con apenas tres años de edad su madre le dió las primeras clases de piano. Ella no solo era profesora, sino también directora de la Escuela de música para niños y jóvenes de Gorki. Seis meses después Elena Levit presentaría al pequeño Igor a la legendaria profesora Berta Marantz. Igor tocó entonces una de las Invenciones de Johann Sebastian Bach y a la madre casi se le cae la cara de vergüenza, porque su hijo de tres años y medio eligió la digitación equivocada. ¡Qué papelón!

La carrera de Levit una historia de éxito

En diciembre de 1995, la familia de Igor emigra a Alemania, tras el derrumbe de la Unión Soviética. Los Levit forman parte del contingente de lmás de 220.000 refugiados judíos que trajo a este país el entonces canciller alemán Helmut Kohl durante la era del secretario general del comité central del partido Comunista soviético Mijail Gorbachov. Estas miles de personas esperaban un futuro mejor para ellos y sus hijos en Alemania. Su camino les llevaría a Hannover, donde destacados profesores de piano imparten clases en el Conservatorio local.

El pianista Igor Levit

Sigue una época difícil, que los Levit deben superar juntos; desde este punto de vista, el libro puede leerse también como una historia de integración. Tras un paso desastroso por la escuela de enseñanza secundaria (suspenso en latín, suspenso en ciencias, sin aprobar el bachillerato) Igor encuentra su camino pese a los numerosos contratiempos.

Este adolescente regordete y bastante desafortunado, que llegó a pesar 108 kilos, se convierte no solo en un esbelto héroe del teclado, sino también en un hablador en primera persona del singular seguro de sí mismo: 

Vivimos en un país al que no le gustan estos habladores, por varias razones, incluidas las históricas. Mi respuesta sincera: la acusación me aburre.

Sin egolatría

No es por egolatría, acota Zinnecker. 

No lo quiere decir a lo grande, lo quiere decir en pequeño y de forma subjetiva. Un "simple yo". 

En todo caso, Concierto en casa nos acerca a ese "yo" del valiente joven artista y ser humano que es Igor Levit con todas sus fortalezas y debilidades.

Un Igor Levit, tal vez demasiado idealista que ha quedado solo e inerme en el sistema cultural alemán y expuesto a las bestiales garras del neonazismo, el antisemitismo, la xenofobia y el racismo amenazantes en este continente. Las cosas realmente importantes las expresa de todos modos la música. Tal vez después de leer el libro, mientras uno fuma lentamente una pipa con buen tabaco de mezcla inglesa y se bebe un selecto whisky irlandés haya que escuchar primero una sonata de Beethoven, interpretada por Levit, para comprenderlo mejor.

Notas

Igor Levit & Florian Zinnecker, «Hauskonzert», München: Carl Hanser Verlag, 2021, 304 Seiten. ISBN 978-3-446-26960-6

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