Alemania

Una ópera ambigua e inquietante

Agustín Blanco Bazán
miércoles, 9 de junio de 2021
Herzog, Capriccio © 2021 by Dresden Semperoper Herzog, Capriccio © 2021 by Dresden Semperoper
Dresde, viernes, 21 de mayo de 2021. Semperoper. Capriccio, conversación teatral para música en un acto con libreto de Clemens Krauss y Richard Strauss, y música de Richard Strauss. Regie: Jens-Daniel Herzog. Escenografía: Mathis Neidhardt. Vestuario: Sibylle Gädeke. Dramaturgia: Johann Casimir Eule. La Condesa: Camilla Nylund. Su hermano: Christoph Pohl. Flamand, un músico: Daniel Behle. Olivier, un poeta: Nikolay Norchev. La Roche, empresario teatral: Georg Zeppenfeld. Clarion, la actriz: Christa Mayer. Monsieur Taupe: Wolfgang Ablinger-Sperrhacke. Coro masculino de la Semperoper y Staatskapelle de Dresde dirigidas por Christian Thielemann.
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La Ópera Estatal de Dresden, más conocida como Semperoper en alusión a su arquitecto original, el legendario Gottfried Semper, acaba de presentar una nueva producción de Capriccio que el público europeo podrá ver a través de ARTE hasta el 14 de julio próximo. Digo “público europeo” porque ARTE no llega ni a América Latina, ni a los Estados Unidos de América. ¡Que lástima!, porque se trata de una producción que merece ser apreciada por todos, porque marca un hito en la historia de una ópera ambigua e inquietante, tanto por la historia de su gestación como por su significado artístico.

Capriccio fue estrenada en Múnich en octubre de 1942 bajo el auspicio del doctor Goebbels, que había organizado una semana de ópera en la “capital del movimiento” (el movimiento nazi) para permitir al público evadirse de la dureza de una guerra que ya imponía oscurecimiento nocturno total y carreras a los refugios antiaéreos. Nada, pues, del patriotismo wagneriano atrincherado en Bayreuth, sino mas bien un pan y circo rococó para los arios muniqueses, coronado con el estreno de esta última ópera de Richard Strauss en el cual la Mariscala de El caballero de la Rosa, parece reencarnarse en otra aristócrata, esta vez una Condesa viuda con similares neurosis de melancolía de pasado y angustia de futuro. 

Capriccio evoca también Ariadne auf Naxos, con un “teatro dentro del teatro” implicado en los ensayos y preparativos para una representación teatral de palacio en ocasión del cumpleaños de la Condesa. Y también el ¨compositor¨ de Ariadne reaparece aquí desdoblado en dos enamorados, el poeta Olivier y el compositor Flamand que en la primera parte de la obra se pelean por un soneto escrito por el primero que el segundo decide musicalizar mientras rivalizan sobre la primacía de la palabra o la música. Pero claro está que este duelo intelectual no es sino la transferencia de una rivalidad erótica: si la condesa acepta amar a Olivier es que prefiere el predominio artístico de “la palabra”, pero si termina inclinándose por Flamand quiere decir que se inclina por “la música.” Que Capriccio tiene lugar en las cercanías de Paris en la época en que Gluck iniciaba su revolucionaria reforma del género operístico incrementa la tensión de estas disquisiciones. 

'Capriccio' de Richard Strauss. Dirección musical, Christian Thielemann. Regie: Jens-Daniel Herzog. Semperoper de Dresde, mayo de 2021. © 2021 by Semperoper.'Capriccio' de Richard Strauss. Dirección musical, Christian Thielemann. Regie: Jens-Daniel Herzog. Semperoper de Dresde, mayo de 2021. © 2021 by Semperoper.

Entre todos estos dubitativos personajes se mueve La Roche, un empresario teatral convencido de la capacidad redentora del teatro para resolver la masturbación pseudo intelectual de Olivier y Flamand con la siempre efectiva medicina de pensar en las expectativas del público antes que en las pretensiones artísticas de poetas o compositores. Con La Roche Richard Strauss puso en escena a su inolvidable Max Reinhardt, el judío fundador de los Festivales de Salzburgo, ya exilado en los Estados Unidos. Pero seguramente Goebbels nunca llegó a enterarse de esta sutilísima protesta. 

Como ocurre hoy frecuentemente con esta obra, la nueva producción de Dresde reemplaza el rococó original con una actualización, en este caso contemporánea a la época en que la obra fue concebida. La escena es fundamentalmente un enorme salón circular art deco que ocasionalmente se transforma en un salón de ensayo entre bambalinas. A veces este cosmos circular desaparece detrás de una pared de ladrillos gris oscuro, que como un verdadero capriccio del destino se abre y cierra como muro exterior. La única alusión al tiempo de guerra dentro del cual se gestó la obra son un vector y una inscripción sobre este muro en tímido grafito de tiza que indica a donde correr en caso de bombardeo: “LSR” es una sigla de Luftschutzraum, o “refugio antiaéreo.”

'Capriccio' de Richard Strauss. Dirección musical, Christian Thielemann. Regie: Jens-Daniel Herzog. Semperoper de Dresde, mayo de 2021. © 2021 by Semperoper.'Capriccio' de Richard Strauss. Dirección musical, Christian Thielemann. Regie: Jens-Daniel Herzog. Semperoper de Dresde, mayo de 2021. © 2021 by Semperoper.

También el evocativo andante para sexteto de cuerdas que abre la obra es conmovedoramente actualizado en la producción de Dresde, solo que a una circunstancia contemporánea a nuestra época: los cantantes que alguna vez interpretaron a La Roche, Flamand y Olivier, ya ancianos, escuchan en la calle el sexteto que sale de un edificio con pared de cemento gris similar a la de tantas viviendas municipales construidas en Alemania en la postguerra. A través de una ventana en la planta baja vemos una anciana enfrascada en la admiración de una versión televisiva de Capriccio. La anciana se acerca luego a la ventana aferrándose a la partitura de la obra. ¿Es tal vez la soprano que más adelante veremos interpretando la gran escena final y que se presenta durante el sexteto para recordar un pasado feliz? 

Con esta huidiza interacción entre épocas diferentes Jens-Daniel Herzog logra explicar en qué consiste la originalidad de una obra extraordinaria: Capriccio parece una retrógrada apelación al pasado. pero en realidad propone una acción teatral revolucionaria por su interacción entre la ficción de una anécdota dieciochesca y la realidad de un escenario donde esta ficción se presenta como una propuesta actual a cualquier público de cualquier época. La mecánica creativa de bambalinas ya anticipada en el preludio de Ariadne auf Naxos culmina en Capriccio con una esfumación total de la frontera entre la ficción y la realidad. Sobre el final, y después de romperse los sesos sobre qué tema escoger para una nueva ópera, los personajes deciden que esta será sobre ellos mismos y lo que acaban de conversar y discutir: esa ópera será, pues, el mismo Capriccio que los del público estamos compartiendo con ellos. ¡Y qué Condesa ni que ocho cuartos! Hemos estado interactuando todo el tiempo con cantantes y empresarios. Y también con nuestras propias ansiedades de pasado y futuro. 

En su reflexivo monólogo final la Condesa o mejor dicho la soprano que en la escena 2021 de Dresde interpreta la Condesa, abandona su vestuario contemporáneo para presentarse en glorioso atuendo de peluca empolvada, sedas y miriñaque. Pero no interroga a su propia imagen en el espejo sino a la anciana que hemos atisbado durante el sexteto de cuerdas inicial. Es a esta visión de su propio futuro a quien la Condesa entrega la partitura de Capriccio que el mayordomo ha dejado sobre un atril.

Aparte de su perceptivo encuadre sobre la interacción entre épocas, ficciones y realidades, la regie de Herzog presentó personajes que siempre actuaron sus ansiedades con magistral naturalidad. Ya sea sentados todos en una mesa para discutir sus proyectos con típica complicidad de equipo artístico, o con Olivier escribiendo su soneto y Flamand sentado al piano poniéndole música a primera vista, el efecto fue siempre el mismo: pareció como si sorprendiéramos a un grupo de artistas en escena tratando de vencer sus diferencias para ver si es posible un proyecto común.

'Capriccio' de Richard Strauss. Dirección musical, Christian Thielemann. Regie: Jens-Daniel Herzog. Semperoper de Dresde, mayo de 2021. © 2021 by Semperoper.'Capriccio' de Richard Strauss. Dirección musical, Christian Thielemann. Regie: Jens-Daniel Herzog. Semperoper de Dresde, mayo de 2021. © 2021 by Semperoper.

Mi principal reparo fue que, como ocurre a menudo con esta obra, el regisseur no se preocupó de neutralizar la tendencia a la cursilería tan frecuente cuando de presentar aristócratas se trata. En este caso, la Condesa de Camila Nylund insistió demasiado en sostener copillas de champagne con un brazo provocativo e inclinación desde la cintura y un dedito meñique enrulado y apuntando para arriba. Advierto que también eran insufriblemente cursis Kiri Te Kanawa y Felicity Lott y que la única gran actuación que presencié en este papel fue la de Elizabeth Söderström. ¡Ella si que dejaba las manos quietas y exhibía un distanciamiento afable y sin amaneramientos! De cualquier manera, Nylund cantó bien, tal vez con alguna tendencia al forte que terminaron en estridencias, pero en general, con fraseo muy sensible y soberano control del legato. Y en el monólogo final estuvo magnífica en sus arrebatos de ansiedad y rebeldía.

La Staatskapelle y Christian Thielemann acompañaron a Nylund con ese pathos a la vez sereno e irresistible que solo ellos son capaces de transmitir cuando de Richard Strauss se trata: subito piano, acelerandi y diminuendi, progresaron a través de un fraseo sobrio y a la vez rico en variación cromática, y de decantada perfección armónica. También acompañaron a los demás cantantes con ese cuidado que Thielemann pone en apoyarlos todo el tiempo. Porque este es un director de ópera “de los de antes” por la forma en que sabe adaptarse a las voces para que estas rindan lo mejor de sí mismas, sin ahogarse en medio de exhibicionismos orquestales.

Según Thielemann, la “conversación” que Strauss propone en Capriccio implica una equiparación de acuerdo a la cual cada voz debe sonar como un instrumento, y con una diferenciación casi mozartiana en materia de detalle y contraste. Es así que el terceto de la condesa con el Olivier de Nikolai Norchev y el Flamand de Daniel Behle salió como una dialéctica de palpitante agresividad y entusiasmo, y Christa Mayer (Clarion) transitó cómodamente sus difíciles líneas en el registro medio. Y todos los cameos lograron un protagonismo similar a los principales con la ayuda de un apoyo instrumental siempre adaptado a sus posibilidades.

Diferenciación, contraste y nitidez vocal y orquestal ayudaron a una antológica versión del Octeto, durante el cual todos cantaron sus difíciles líneas vocales sin detenerse a mirar al director o al público sino en una actuación tan fluida como el desarrollo de la partitura. 

Pero por encima de todos sobresalió Georg Zeppenfeld como un La Roche antológico, nunca refunfuñando su defensa de la tradición teatral sino por el contrario protestando el gran desafío propuesto por Capriccio con timbre firme y cálido. Para su gran monólogo Herzog lo ubicó en el medio de la escena, y focalizó la iluminación para convertirlo en el verdadero protagonista de la ópera. Porque finalmente La Roche es, más que un personaje, un estereotipo y un predicador de la redención teatral que es la médula de este último experimento teatral de Richard Strauss. 

Según La Roche, la poesía, la música, los argumentos mitológicos, las comedias, etc., de nada valen sino alcanzan el propósito de iluminar y dar sentido a los sentimientos y las emociones de un público empeñado en buscar un escenario teatral un alivio a sus tragedias cotidianas: “preservo una tradición, mientras espero los trabajos geniales de nuestra época. ¿Dónde están las piezas capaces de tocar el corazón del público y sus sentimientos? ¡Busco y no encuentro!” Estas líneas sí que fueron dirigidas no sólo a los demás cantantes sino al director de orquesta y a una sala vaciada por la paranoia de la pandemia. ¡Gracias a Dios que podemos ver en la TV esta reencarnación de Max Reinhardt sin necesidad de taparnos la cara con una máscara! 

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