España - Galicia

Ribeira Sacra 2021

Otro modo de ver las cosas

Maruxa Baliñas
jueves, 22 de julio de 2021
Jean Rondeau & Thomas Dunford © 2020 by Warner Classics Jean Rondeau & Thomas Dunford © 2020 by Warner Classics
Monforte de Lemos, lunes, 28 de junio de 2021. Iglesia de Santa María da Régoa. Jean Rondeau, clave. Thomas Dunford, laúd. François Couperin, Second Livre de pièces de clavecin, Sixième Ordre: Les barricades mïstérieuses. Antoine Forqueray, Pièces de viole, Suite No. 1 en ré mineur: V. La Portugaise. Marqué et d'aplomb. Robert de Visée, Jean-Philippe Rameau y otros. Festival Internacional de Guitarra de la Ribeira Sacra
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Cuando escribí sobre el concierto de David Russell, comenté que había existido en el Festival Internacional de Guitarra de la Ribeira Sacra un concierto que me desconcertó totalmente y que me hizo sentir 'fuera de onda'. 

Buena parte del desconcierto provino no sólo del concierto en sí, sino de las conversaciones que en los días siguientes tuvimos con algunos de los alumnos de guitarra que estaban asistiendo a las clases magistrales que formaban parte del Festival.  Aplaudieron muchísimo, posiblemente fue el concierto que despertó más entusiasmo entre el público joven, pero a mí me aburrió en muchos momentos, me horrorizó en algunos y sólo en algunos me interesó. 

Pieza enlazada

Eran jóvenes y entusiastas e intentaron explicarnos que lo que hacían Jean Rondeau y Thomas Dunford era el modo correcto de tocar la música antigua, de enfocar el estilo barroco. Sus profesores les dicen que deben improvisar y adornar lo más posible, sentirse muy libres ante la partitura. 

Pero yo conocí la 'música históricamente informada' como algo muy riguroso y muy controlado por los musicólogos y la investigación en archivos, y aunque después aparecieron nuevos modos de hacer la 'HIP music' [historically informed performance] todavía tengo unos esquemas mentales que por lo visto han quedado demodés

A este desconcierto se une el que no conseguí saber casi nada del programa que tocaron. Como ya se ha comentado, ni en la página web del festival ni en la propia sala de conciertos se indicaba en modo alguno las obras a interpretar, pero más o menos todos los intérpretes fueron anunciando sus obras y aunque a veces no se entendían muy bien los títulos o autores, era posible reconstruir lo escuchado, pero en el caso de Rondeau y Dunford optaron por explicarnos las obras y su relación con ellas, más que el escueto título y autor, lo que unido a su pronunciación y la poco adecuada sonoridad de la Iglesia de Santa María da Régoa, convirtió en prácticamente imposible averiguar qué se iba a escuchar en cada momento. 

A priori esto no debería ser un problema insalvable, se escuchaba música y ya está. Pero nuevamente mis prejuicios afectan a mi modo de oír la música. Yo soy de los tiempos en que se empezó a valorar el papel del oyente -y en mayor medida del intérprete, considerado en las décadas anteriores un sirviente del compositor- como parte del proceso global de la audición, aprendí mucho en mi infancia y adolescencia de las notas al programa y de los comentarios de Radio Clásica (entonces Radio 2), etc. Y al mismo tiempo aún soy heredera de unos tiempos en que la música tenía mucho de experiencia espiritual, artística, pura, que nos elevaba de nuestro entorno, etc. y el que yo rechazara esos conceptos no evita que los conociera. Por lo tanto me cuesta adaptarme a esta idea -que parece estar regresando con fuerza- de la música como pasatiempo y entretenimiento donde casi todo vale. 

Y creo que eso fue lo que más me desagradó en muchos momentos del concierto, el hecho de que no se oía música, sólo sonidos como experiencia sensible y externa. O sea, la maraña auditiva que creaban Rondeau y Dunford hacía que se perdieran los conceptos de forma, equilibrio, etc. que aunque podían no ser tan importantes en la música francesa de los siglos XVII y XVIII (estilo al que pertenecían la mayoría de las obras escuchadas) como en otros momentos, tampoco se podían despreciar así. O ese es el modo en que yo lo veo. 

Examinando mis notas recogidas durante el concierto, que en otras ocasiones me suelen ser bastante útiles, en este caso sólo puedo decir que escuché danzas, que al archilaúd se le oía mejor que al clave, que Rondeau toca muy bien el clave pero da tantas notas que a menudo es imposible saber qué está tocando y qué armonía intenta hacer, que tanto Dunford como Rondeau son 'caprichosos', lo cual es interesante pero no cuando se exagera tanto, que se sienten muy libres rítmica y tonalmente. 

Atención, técnicamente no hay nada que criticarles. Ambos son sumamente competentes y tienen además una ventaja que no tenían aquellos primeros historicistas (e incluso los 'segundos' y 'terceros'): se han educado en el historicismo como primera opción y no en el repertorio del XIX y principios del XX habitual en conservatorios y escuelas de música, por lo que para ellos es su lenguaje natural. Y eso les da otro modo de ver las cosas. De hecho, me resultó chocante el que fueran 'niños prodigio' de la música HIP, y que desde ahí se interesaran por la música actual, incluyendo jazz y música de consumo, de modo que los 'grandes maestros' son su tercera opción. 

Eso hace que los momentos fascinantes lo fueran especialmente, Como cuando al final del concierto -creo que ya como bis- empezaron a tocar algo que recordaba las Barricadas misteriosas de Rameau en su cascada de ornamentaciones y de repente sonaba como música latinoamericana de los años 1970 o un tango raro 'a lo Piazzolla' (las tres cosas son creaciones de la misma época, en realidad). En cualquier caso, una libertad melódica e incluso rítmica envidiable y propia de grandes músicos. 

El último bis sí lo identifiqué, lo que me permitió disfrutarlo mucho más (lo siento, como antes explicaba, soy de otra época): la 'Danza de la pipa de la paz' de Las Indias Galantes de Rameau. Aunque a lo largo de la audición me entraron dudas de si era esa obra, porque la tocaron a una gran velocidad de modo que casi nunca era bailable, cambiaban armonías, jugaban entre tonalidades mayores y menores inventando contrapuntos, etc. Pero el resultado tenía 'gracia', en el buen sentido de la palabra, 'musicalidad' si prefieren el término. 

En resumen: no sé si el concierto fue bueno o malo, y no me atrevo a recomendarlo ni a desaprobarlo. No entendí el entusiasmo que despertaron en el público y si era una cuestión de márketing -ambos tienen un curriculum impresionante favorecido por sus contactos familiares y numerosas grabaciones- o responde a unos méritos reales. Espero que el paso del tiempo me permita dilucidar su valía y entender mejor sus planteamientos. No me apetece demasiado volver a escucharlos, pero si tengo ocasión posiblemente lo haré, a ver si me entero mejor. Por de pronto, me he hecho el propósito de escuchar más música HIP, porque noto que me he quedado descolgada de lo que están haciendo las nuevas figuras de la música instrumental (ópera y música vocal, escucho algo más). Y para terminar, copio una larga cita de Jean Rondeau explicando sus planteamientos: 

“Ambos hemos crecido con esta música desde la cuna y a lo largo de nuestra infancia […] Es la música que nos permitió convertirnos en lo que somos, al mismo tiempo que nos empuja a cuestionarnos las cosas constantemente. […] Tocar esta música se convierte aquí en un acto doble: Cada uno interpreta para sí mismo, con su instrumento como base, y al mismo tiempo el uno para el otro, ya que después de todo estamos comprometidos en la interpretación. No sabemos tocar solos. Ésta es la paradoja que encierra el juego de la música. Es un cruce entre reglas extremadamente precisas sobre cómo tocar, cómo leer este lenguaje críptico que pasamos toda nuestra vida descifrando, (como los jeroglíficos) y cómo generar esa la magia a la que nos lleva y que es a la vez orgánica y ensoñadora.. En esta magia, es donde encontramos nuestra expresión compartida, siendo tan grande que se nos escapa. […] Nuestra interpretación va mucho más allá del diálogo. Para nosotros, no se trata de respondernos sino de cuestionar e invitar a nuestros oyentes a unirse a nosotros en esta exploración sin respuesta ni resolución. […] Así que meditamos sobre esta música, la tocamos sin parar y tocamos sin parar. Eso es precisamente lo que hacemos en este programa compuesto casi exclusivamente de rondós (estribillo – verso – estribillo – verso) y piezas con repeticiones en forma binaria”


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