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China

China, el futuro que nos espera

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 7 de julio de 2021
Shenzhen - Zukunft Made in China © 2021 by Penguin Verlag Shenzhen - Zukunft Made in China © 2021 by Penguin Verlag
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El Partido Comunista de China celebra en estos días el centenario de su fundación. Se trata de la organización política más poderosa del mundo. Sin embargo, Occidente no sabe casi nada de su historia y considera a esta inmensa colectividad política un defecto del sistema, lo que es sin duda un error de apreciación nefasto.

Faltan poco menos de tres décadas para 2049. Pero ese año, en el que Pekín celebrará el centenario de la fundación de la República Popular China, ya está siendo elevado por algunos expertos a la categoría de un mundo radicalmente diferente.

Según estas teorías, para entonces el gran país asiático, en el que todo escolar sabe quienes fueron Karl Marx y Friedrich Engels, ya convertido en la primera potencia económica desde 2028, se habrá consolidado ya como la primera potencia política del mundo, mientras que Europa en el peor de los casos podría estar acabada. Queda por ver cómo se desarrollará el conflicto con Estados Unidos. Las previsiones deben tomarse siempre con mucho cuidado, pero expresan la preocupación por la evolución que nos espera.

Retroceso ideológico

Mattias Naß, «Drachentanz». © 2021 by C.H. Beck.Mattias Naß, «Drachentanz». © 2021 by C.H. Beck.

Bajo el actual jefe de Estado y del partido Xi Jinping se ha dado un retroceso ideológico en China, observa el periodista Matthias Naß, ex corresponsal internacional del semanario Die Zeit, en su nuevo libro titulado Drachentanz. Chinas Aufstieg zur Weltmacht und was er für uns bedeute (Danza del dragón. El ascenso de China como potencia mundial y lo que significa para nosotros), publicado por la editorial C. H. Beck, de Múnich.*

El Partido Comunista regula todas las esferas de la vida, las opiniones y las minorías son reprimidas cada vez con más violencia. Y el hombre fuerte Xi Jinping concentra cada vez más poder en sí mismo como presidente de todo. Una aberración, un camino equivocado, según Naß.

Esta no es la única razón por la que la desilusión se extiende en muchos países occidentales, tras años de euforia china. La represión de Pekín dentro del gigantesco imperio, su comportamiento agresivo en el Mar de China Meridional, pero también las violaciones de las reglas del juego del comercio mundial: Occidente debe recalibrar sus relaciones con China, pero no lo logrará con una Alianza estratégica Índico-Pacífico de enfrentamiento con Pekín como planea la OTAN, opina el autor.

Sanciones inefectivas

Mas, una cosa son las declaraciones formales del G7 contra los regímenes autoritarios, como China, y otra muy diferente las medidas que verdaderamente se pueden adoptar para frenar su influencia en la era de la globalización y fortalecer la cooperación occidental, tras cuatro años nefastos de la administración Donald Trump en Washington. Las recientes sanciones de la UE contra cuatro funcionarios chinos por el tema de la represión de la minoría uigur en campos de reeducación no tendrán mucho impacto. Estos mecanismos, como lo sabe muy bien Pekín, se ha demostrado ya, son ineficaces aún si fueran endurecidos; paso que los países europeos no se atreverían a dar, ni siquiera en favor de Hong Kong.

El acuerdo UE-China

Si bien la Unión Europea (UE) ha celebrado recientemente un nuevo acuerdo de inversión con China, los documentos de estrategia de la UE ya no se refieren a la República Popular simplemente como un socio, sino también como un competidor a nivel económico y geopolítico. Se trata de una competencia sistémica, en la que Pekín ejerce cada vez más influencia en el diseño de las estructuras políticas mundiales y favorece el autoritarismo en lugar de la democracia liberal. Pero también se trata de la cuestión de hasta qué punto el mundo, y Europa en particular, se han vuelto demasiado dependientes de Pekín mediante la subcontratación externa de suministros para reducir costos y otras medidas.

La nueva China

Klaus Mühlhahn, «Geschichte des modernen China». © 2021 by C.H. Beck.Klaus Mühlhahn, «Geschichte des modernen China». © 2021 by C.H. Beck.

El debate sobre el suministro de productos farmacéuticos procedentes de China acaba de cobrar relevancia en relación con la pandemia. En este contexto, el ascenso de China se produjo en pocas décadas. Cuando a finales de la década de 1970 el entonces hombre fuerte, Deng Xiaoping, lanzaba una nueva política, China estaba marcada por graves conflictos internos y la Revolución Cultural.

Sería bajo la era de su sucesor Jian Zemin , pero concretamente gracias a su primer ministro Zhu Rongji, uno de los dirigentes chinos de mayor prestigio internacional, que se adoptarían en el país una serie de medidas clave, evoca por su parte, y con razón, el sinólogo Klaus Mühlhahn en su voluminosa obra Geschichte des modernen China. Von der Qing-Dynastie bis zur Gegenwart (Historia de China moderna. Desde la dinastía Qing hasta el presente), también de la editorial C. H. Beck, de Múnich.*

Hubo diferencias considerables entre las reformas anteriores y posteriores a la caída del Muro de Berlín y la bancarrota del comunismo en 1989, observa Mühlhahn, profesor de historia y cultura chinas, así como vicepresidente de la Universidad Libre de Berlín, y titular de la cátedra de estudios sobre China moderna además de presidente de la Universidad Zeppelin, de Friedrichshafen. Después de 1989, China se vio además sometida a una gran presión debido al aislamiento internacional que padeció. El 3 y 4 de junio de aquel año el Ejército chino había aplastado las protestas estudiantiles de la plaza de Tiananmen que venían desarrollándose desde hacía dos meses.

Coherencia

En marcado contraste con las de la década de 1980, las medidas de reforma del decenio de 1990 mostraron una coherencia sistemática. El paso más importante fue la adopción de varias reformas institucionales ambiciosas entre 1993 y 1999, después de que China llegara a un acuerdo con Estados Unidos sobre su adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Durante este periodo, el gobierno, dirigido por el primer ministro Zhu Rongji, aplicó una serie de medidas, todas ellas pasos cruciales en la estrategia económica china de "progreso integral": estricta política monetaria, presupuestos más rígidos, para seguir adelante con una dolorosa, pero necesaria reestructuración del sector público.

No más fábrica textil mundial

Hace tiempo que China dejó de estar satisfecha con su condición de fábrica mundial, es decir, de productor de textiles baratos. El país está desarrollando altas tecnologías y se esfuerza por ser autosuficiente en muchos ámbitos. Las nuevas Rutas de la Seda y las inversiones en África pretenden asegurar su estatus global.

En lo que respecta a las relaciones mundiales, el actual presidente chino, Xi Jinping, ha invocado repetidamente en sus discursos el objetivo de la cooperación beneficiosa para todos. En cualquier caso, los expertos occidentales están convencidos de que esto debe ser observado y examinado muy de cerca.

Predicciones sobre el futuro

Quien quiera saber cómo viviremos nosotros y, sobre todo, nuestros hijos, qué tecnologías les darán forma a ellos y al mundo, tiene que darse un paseo en estos días por Shenzhen, la supermoderna metrópoli de 20 millones de habitantes del sur de China, símbolo del rápido ascenso del país, afirma por su parte el periodista Frank Sieren, en su nuevo libro Shenzen. Zukunft made in China (Shenzhen. El futuro hecho en China) publicado por la editorial Penguin / Random House, de Múnich.*

De la nada

Hasta hace un par de décadas Shenzhen era una zona pobre con unas cuantas aldeas de pescadores. Hoy es una de las ciudades más innovadoras del mundo; una megaciudad prácticamente surgida de la nada, en la que la sostenibilidad y la calidad de vida moderna son algo natural, pero también donde el reconocimiento facial y el ser humano son tan transparentes como el cristal.

La sede de la empresa Tencent, en Shenzhen, está formada por dos torres, conectadas por puentes para alentar al personal a reunirse. © by Pinterest.La sede de la empresa Tencent, en Shenzhen, está formada por dos torres, conectadas por puentes para alentar al personal a reunirse. © by Pinterest.

La nube de Shenzhen lo sabe todo. Los tecnólogos de Shenzhen superan ahora al Silicon Valley, y sus innovadoras empresas están entre las más valiosas del mundo. Shenzhen atrae cada vez más a jóvenes talentos de todo el mundo, que pueden sumergirse en una subcultura bulliciosa por la noche. Una ciudad con un carácter modélico y, sin embargo, llena de ambivalencias, agrega Sieren, quien vive y trabaja en Pekín desde 1994, escribe regularmente para varios periódicos alemanes, entre ellos el Süddeutsche Zeitung y el Die Zeit, y, según confiesa, se siente tentado de mudarse a Shenzheng.

Cuatro décadas

¿Cuarenta años dorados?, se pregunta retóricamente el columnista Matthias Naß. Esto es, por supuesto, una exageración. Pero para China las cuatro décadas que van desde 1979 a 2019 fueron una buena época. Puede ser que estén entre los mejores años de la historia de China. No ha habido agitaciones ni guerra civil ni hambrunas. En su lugar, un auge económico como el que el país nunca había visto antes. La libertad en la vida privada de las personas aumentó. El país se liberó de su aislamiento autoimpuesto. El mundo miraba con admiración en el resurgimiento de una gran nación de cinco mil años de antigüedad.

Con el inicio de la política de reforma y apertura de Deng Xiaoping a finales de 1978, China dejó atrás los confusos experimentos sociales de Mao Zedong, cuyas dolorosas consecuencias tuvieron que soportar los ciudadanos de la República Popular durante la miseria del Gran Salto Adelante y en los violentos excesos de la Gran Revolución Cultural Proletaria.

Vuelta al culto de la personalidad

La paz volvió a la vida de la gente. Los niños fueron a la escuela de nuevo. Los campesinos podían cultivar sus propias tierras. La propiedad privada dejó de ser demonizada. Al contrario. El lema de Deng Xiaoping era: Es glorioso hacerse rico. Y muchos chinos se hicieron ricos, algunos muy ricos. Compraron. apartamentos en Singapur o Vancouver, enviaron a sus hijas e hijos a las costosas universidades estadounidenses. De Venecia a París, los turistas chinos se agolpan ahora en todas partes.

Lo que es nuevo, lo que recuerda un poco a Mao, es este culto a la personalidad que se está escenificando en torno a Xi Jinping, hasta la inclusión de las llamadas ideas de Xi Jinping en la Constitución, en el estatuto del partido. Y lo que me parece bastante problemático es que bajo él, el límite máximo de diez años de mandato que había hasta entonces, se haya levantado. Por lo tanto, seguramente continuará en el cargo, incluso más allá del próximo congreso del partido. Y China, bajo él, habrá pasado de un gobierno de un solo partido a un gobierno de un solo hombre, por así decirlo. Creo que es, sí, una aberración. Matthias Naß

Caminos erróneos

La dirigencia de Pekín ha sacado conclusiones erróneas de la desintegración de la Unión Soviética y del Pacto de Varsovia. Se ha apoyado únicamente en la modernización económica, pero políticamente ha intensificado la represión e ideológicamente ha dado marcha atrás, en lugar de haberse atrevido con más libertad, sostiene Naß.

Es muy posible que algún día se imponga esta visión. El Partido Comunista Chino siempre ha demostrado un pragmatismo sorprendente y la capacidad de cambiar de rumbo. Desgraciadamente, no sin antes tomar trágicos caminos equivocados. El país está de nuevo en uno de ellos.

Competencia

En cualquier caso, el mensaje de Shenzhen a los países europeos es claro: la competencia es desafiante y emocionante. Produce innovaciones increíbles. Sin innovación, no podremos dominar los retos que nos esperan. Ni en el ámbito del cambio climático, ni en la globalización, ni en la economía, sostiene Frank Sieren. Si la economía pierde permanentemente el contacto, esto también tendrá un impacto masivo en la estabilidad de los países de Europa. Las democracias ya se están erosionando y las franjas de la derecha y la izquierda están ganando fuerza. 

La pandemia, a más tardar, debería habernos hecho abrir los ojos. Nuestras áreas problemáticas son ahora más visibles que nuncaFrank Sieren.

Las innovaciones pueden ayudarnos no solo a mantener nuestro nivel de vida, sino también a mejorarlo. Especialmente en las áreas de movilidad y urbanismo. Sin embargo, tenemos que hablar de cómo podría ser esta vida mejor, quizás incluso discutirla, sin tapujos y con respeto a otros diseños en otras partes del mundo.

Porque una cosa está clara: nosotros, en Occidente, ya no determinamos solos las reglas globales del juego. Tampoco somos ya los árbitros del mundo. Los estadounidenses cada vez menos. Y ciertamente no nosotros los europeos. Pero somos -todavía- actores importantes en el campo de un nuevo y más diverso orden mundial. Y como jugadores debemos, sobre todo, no perder de vista el balón, (por utilizar un término futbolístico). Frank Sieren.

 El final

Las reformas de China han convertido al país en un importante participante en el orden económico y social mundial. Muchos de los problemas a los que se enfrenta actualmente China son de carácter global y tienen implicaciones mundiales. China aporta al orden mundial unas fortalezas históricas únicas, pero también grandes debilidades. Sin embargo, 

Dada la interconexión de los mercados mundiales, los desequilibrios en un país tan grande no pueden contenerse, sino que acaban irradiando a otras regiones. Aunque China es fuerte y omnipresente en la escena mundial, también exporta riesgos a todo el mundo. Los cambios sociales y económicos tectónicos de la China contemporánea sugieren que el desarrollo rápido y sin precedentes, pero muy desigual, con sus enormes beneficios para China y los mercados mundiales, tarde o temprano llegarán a su fin. China y el mundo tendrán que aprender a vivir en una realidad más modesta y sostenible. Klaus Mühlhahn.
Notas

1. Matthias Naß, «Drachentanz. Chinas Aufstieg zur Weltmacht und was er für uns bedeutet», München: C. H. Beck, 2021, 320 Seiten mit 20 Abbildungen und 2 Karten. ISBN 978-3-406-76450-9

2. Klaus Mühlhahn, «Geschichte des modernen China. Von der Qing-Dynastie bis zur Gegenwart», München: C. H. Beck, 2021, 760 Seiten mit 34 Abbildungen und 25 Karten. ISBN 978-3-406-76506-3

3. Frank Sieren, «Shenzhen - Zukunft Made in China Zwischen Kreativität und Kontrolle - die junge Megacity, die unsere Welt verändert», München: Penguin Verlag, 2021, 416 Seiten mit Abbildungen. ISBN: 978-3-328-60152-4

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