España - Castilla y León

De proporciones y mezclas

Samuel González Casado
viernes, 9 de julio de 2021
Salvador Vázquez © 2021 by Natalia Echeverría Salvador Vázquez © 2021 by Natalia Echeverría
Valladolid, viernes, 2 de julio de 2021. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Coros de Castilla y León. Jordi Casas, director de coro. Raquel Lojendio, soprano; Sandra Ferrández, mezzosoprano; Juan Antonio Sanabria, tenor; José Antonio López, barítono. Salvador Vázquez, director. Schumann: Obertura, Scherzo y Finale, op. 52. Beethoven: Misa en do mayor, op. 86. Ocupación: 98 %. Concierto extraordinario.
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Como es habitual, la temporada de la OSCyL termina de facto con un concierto extraordinario que suele contar con protagonismo coral. Se lleva haciendo muchas temporadas, y en el fondo es discutible que se asocie la presencia del coro a algo “especial”: el repertorio, y lo que no lo es, está plagado de intervenciones corales, que en un mundo ideal deberían distribuirse por la temporada con cierta naturalidad, sin que tampoco tuvieran que abundar forzadamente. Con la costumbre de dejar los Coros de Castilla y León para final en el fondo se está transmitiendo que la agrupación no ha alcanzado aún el punto de utilidad que, como se explica en su biografía oficial, justifica su razón de ser.

El concierto extraordinario de fin de temporada no logró grandes hitos: compuesto de dos obras tremendamente interesantes y poco interpretadas en general, fue una velada agradable y vistosa, pero en muchos momentos no pude evitar pensar que tanto la obra de Schumann como sobre todo la de Beethoven hubieran merecido una interpretación técnicamente más refinada. La cuerda, pese a la buena labor de la concertino Elizabeth Moore, no mostró la redondez de otra ocasiones, y las maderas tampoco tuvieron su mejor día. Pero en realidad el mayor problema residió en una cuestión de proporciones, que en la misa provocó que en las partes con forti (y menos forti) el coro se diluyera, o al menos se emborronara, sobre todo en momentos de agilidad (ejemplo: et vita venturis).

Probablemente tuvo que ver el hecho de dividir el coro en dos niveles: parte masculina en la grada, parte femenina en la caja escénica. Esto, unido a una orquesta poco controlada, provocó que en muchos momentos en la sala aflorara un ruido que impedía apreciar mucha información. No es exactamente que la orquesta tapara al coro, sino que se mezclaba con él de forma poco útil. Y eso que, en general, a la labor de Salvador Vázquez no le faltó voluntad: en la Obertura, Scherzo y Finale hubo una construcción plausible y acentuaciones briosas, aunque se careció de un concepto personal que la articulara (o justificara) de una forma más interesante.

Lo mismo cabe decir de la misa: a momentos excitantes deben sumársele muchos desaprovechados, en los que se debiera haber trabajado para remarcar todo ese recital de sorpresas y audacias, tanto haydnianas como más estrictamente beethovenianas, que jalonan la obra y que le dan un sabor tan particular. No se logró que hubiera tensión, y eso que ocasiones no faltan, para lo cual fue fundamental la poca intencionalidad dinámica en los conjuntos, que debieran haberse calibrado más detalladamente para la consecución de los efectos. Tampoco ayudaron ciertos ataques de la parte femenina del coro, al principio algo deshilvanados, o que los bajos carecieran de rotundidad. Curiosamente en la fugas todo funcionó mejor, porque los volúmenes se cuidaron más y se dejó que el coro mandara, con lo que salió beneficiado.

Con el cuarteto vocal pasó algo parecido: los puntos fuertes de cada solista aparecían contrarrestados por ciertas carencias. Por ejemplo, el tenor, de excelente sonido, fraseaba de una forma poco natural y algunos de sus ataques no eran limpios. La mezzo mostró un sonido demasiado reforzado en el centro, suficiente para cumplir en la misa pero poco apto para el color, aunque resulta agradable que encontrara momentos para insuflar cierto ímpetu. El barítono, gran voz, tiene una emisión poco ortodoxa que no ayuda demasiado a cumplir con las expectativas de semejante material, aunque todo transcurrió con bastante fluidez. Por último, la soprano cumplió con su destacado papel, aunque fuera de menos a más y el sonido tenga un punto en la emisión no resuelto que le impide ser completamente libre y volar con más soltura.

En conclusión, se trató de una velada interesante en cuanto a poder escuchar dos obras poco habituales, respecto a cuya interpretación debe señalarse un nivel medio aceptable, en la misma medida que hay que lamentar la falta de una mejor ejecución técnica que nos hubiera mostrado las cualidades de ambas con mayor justicia.


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