España - Madrid

Una de cal y otra de arena

Maruxa Baliñas
lunes, 30 de agosto de 2021
Guerrero, Bella Otero © 2021 by BNE / Maria Alperi Guerrero, Bella Otero © 2021 by BNE / Maria Alperi
Madrid, jueves, 8 de julio de 2021. Teatro de la Zarzuela. La Bella Otero de Rubén Olmo. Música de Manuel Busto, Alejandro Cruz, Agustín Diassera, Rarefolk, Diego Losada, Víctor Márquez, Enrique Bermúdez y Pau Vallet. Estreno absoluto. Carolina Otero: Patricia Guerrero. Madame Otero: Maribel Gallardo. Cura Carradan: Francisco Velasco; Conainas: Antonio Correderas; Paquito: José Manuel Benítez; Duque: Sergio García; Carmen: Inmaculada Salomón; Don José: Antonio Correderas; Escamillo: Carlos Sánchez; Émilienne d’Alençon: Inmaculada Salomón; Alberto I, príncipe de Mónaco: Eduardo Martínez; Manuela: Miriam Mendoza; Ernest A. Jurgens: Francisco Velasco; Bellini, maestro de ceremonias: Eduardo Martínez; Edward VII, príncipe de Gales: Sergio García; Leopold II, rey de Bélgica: Antonio Correderas; Guillermo II, emperador de Alemania: Cristian García; Nicolás II, zar de Rusia: José Manuel Benítez; Grigori Rasputin: Rubén Olmo; Loïe Fuller: Sara Arévalo; Cléo de Mérode: Miriam Mendoza; Rayen: Albert Hernández; y Alfonso XIII, rey de España: Axel Galán. Ballet Nacional de España. Dirección y coreografía, Rubén Olmo. Dramaturgia, Gregor Acuña-Pohl. Diseño de escenografía, Eduardo Moreno. Diseño de vestuario, Yaiza Pinillos. Diseño de iluminación, Juan Gómez-Cornejo. Imaginería, Manuel Martín Nieto. Diseño de sonido, Luis Castro. Realización de vestuario, Cornejo. Calzado, Gallardo. Utilería de accesorios, Beatriz Nieto. Peluquería y posticería, Carmela Cristóbal. Diseño de maquillaje, Otilia Ortiz. Músicos flamencos del Ballet Nacional de España. Músicos invitados, Alejandro Cruz, Agustín Diassera y David Chupete. Artista invitada, Patricia Guerrero. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección musical, Manuel Busto.
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Con el estreno de La Bella Otero de Rubén Olmo se despidió esta extraña temporada 2020/21 del Ballet Nacional de España (BNE), que casi parecía la primera efectiva de Rubén Olmo al frente de la compañía, ya que aunque fue nombrado en 2019, la pandemia retrasó la presentación de sus primeras coreografías propias en Madrid y obligó a cancelar la que iba a ser su primera temporada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid en julio de 2020. 

Sus anteriores programas con el BNE han tenido poca difusión: Invocación (con coreografías de Olmo, Najarro y Maya) se presentó en Albacete, Pozuelo de Alarcón, Terrassa y recientemente en Zaragoza, Pamplona y Santander; y el homenaje Centenario Antonio Ruiz Soler sólo se interpretó en Sevilla en abril de este 2021. 

La Bella Otero es además "el primer ballet argumental creado y dirigido para el BNE" por Olmo desde su nombramiento, aunque no su primer proyecto de este tipo, ya que casi desde el comienzo de su carrera como coreógrafo preparó ballets 'argumentales', especialmente sobre toreros -Belmonte, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías- que además le permitían mezclar escenarios y estilos musicales distintos. 

En cierto modo en La Bella Otero retoma ampliados algunos de estos conceptos. Según explica Olmo en el folleto -virtual- que acompañaba a este estreno: 

"Es un espectáculo muy emotivo y también dramático, porque cuenta la historia de una mujer que se inventa sus orígenes para llegar a lo más alto, y terminar al final sola y olvidada"  
"he puesto la danza al servicio del argumento para contar la vida de una mujer sorprendente, utilizando desde el folclore hasta la danza contemporánea".    

La pregunta obvia es ¿consigue Olmo su objetivo? Y lamento decir que en mi opinión, no. Hay momentos dramáticos y emotivos, pero el desarrollo completo del ballet no llega a 'enganchar': en bastantes ocasiones la vida de Carolina Otero parece más bien una excusa para presentar números de ballet individuales y no una narrativa coherente. Y ciertamente quien no conozca bastante bien la vida de Bella Otero o no se halla leído el programa que acompaña la representación [mi madre llamaba "las instrucciones" a estos programas que te dicen ya a priori lo que tienes que percibir y sentir en cada momento], difícilmente entenderá algunos de los números del ballet porque son sumamente estilizados. De hecho, incluso conociendo la figura de Bella Otero no siempre se entiende la inclusión de algunas de las escenas en el ballet, o por qué se resalta ese momento o anécdota concreta. 

No tengo además claro que Rubén Olmo haya acertado al elegir la figura de Bella Otero, porque es 'demasiado' fuerte para llevarla al escenario. La muerte de Ignacio Sánchez Mejías -no he visto el ballet de Olmo- es una historia sumamente dramática y trágica, y se presta más a simbolismos e ideas abstractas, pero creo que Bella Otero es demasiado real, y querer basar el drama en la historia que ella cuenta de sí misma en sus memorias y entrevistas, una ficción absurda -soy una bailarina andaluza, un trasunto de la gitana Carmen de Bizet- para ocultar una realidad demasiado trágica, no resulta. Actualmente nuestra visión de ciertas realidades ya no es la de hace más de 100 años y lo que ella cuenta en sus memorias no nos engaña. 

Olmo, supongo que por motivos prácticos, convierte la violación de Carolina Otero en unos abusos sexuales relativamente suaves -contados con más simbolismo que realidad- realizados sobre una adolescente en una romería gallega. Pero la realidad es una niña de diez años tan brutalmente violada -rotura de pelvis y destrozo del aparato genital- que pasó semanas hospitalizada y su caso saltó a los periódicos en una época en que una violación nunca era noticia, aparte que ni su pueblo natal ni su madre la llegaron a acoger cuando salió del hospital y nunca volvió a la 'normalidad'. 

Patricia Guerrero y Eduardo Martinez en 'La Bella Otero' de Rubén Olmo. Madrid, Teatro de la Zarzuela, julio de 2021. © 2021 by BNE / Maria Alperi.Patricia Guerrero y Eduardo Martinez en 'La Bella Otero' de Rubén Olmo. Madrid, Teatro de la Zarzuela, julio de 2021. © 2021 by BNE / Maria Alperi.

Dedicar gran parte del ballet a presentar cómo los hombres la mimaban y llenaban de regalos sin que ella se enamorara nunca, ni disfrutara tan siquiera, reproducir en el programa de sala un fragmento de sus memorias tan explícito si se sabe 'leer', puede resultar deprimente, y tanto 'simbolismo' en el baile puede incluso crear rechazo en buena parte del público, porque poco tiene de simbólica y mucho de dura realidad la historia de la Bella Otero. 

"Mi vida ha sido una larga sucesión de aventuras, entre ensayos, funciones, giras, cenas, fiestas, homenajes y súplicas de enamorados de todas clases. ¡Cuántos hombres he visto suspirar, llorar, exigir…! Todos llevaban esa máscara del deseo que les transforma el rostro, con arrugas en la frente y ese rictus en la boca… Seductores bruscos o tiernos, sátiros irónicos, algunos tímidos y torpes, otros lanzados y juguetones, hombres ricos y satisfechos que podían pagar sus caprichos y no admitían negativas, viejos ávidos con la falaz esperanza de vibrar una vez más con la pasión de sus años mozos… Todos niños enfermos que concedían demasiada importancia a lo que no podían conseguir y se exaltaban, hasta el punto de preferir la muerte al sufrimiento que produce un deseo insatisfecho. A todos les he visto egoístas y gozadores, dispuestos a cualquier sacrificio con tal de satisfacer su deseo, pero incapaces de ofrecer un gesto de verdadera bondad y de amor”. Les Souvenirs et la Vie Intime de la Belle Otero (Memorias de La Bella Otero), Carolina Otero y Claude Valmont, 1926

Pero si no quedé totalmente conforme con la forma y el fondo de La Bella Otero de Rubén Olmo, la realización práctica me satisfizo. He seguido poco la trayectoria del Ballet Nacional de España, gran parte de los montajes que les he visto ha sido fragmentariamente por internet, por lo que no esperaba encontrar una compañía tan potente y con tanta calidad. Mirándolo desde un punto de vista 'exterior' (veo mucho más ballet fuera de España que aquí) el Ballet Nacional de España se puede presentar muy dignamente con este montaje en cualquiera de las grandes salas europeas y obtener un merecido éxito. Y dado que una de las funciones de este tipo de 'compañías nacionales' es precisamente la de ser 'escaparate' o emblema, el resultado es bueno. 

Maribel Gallardo (Madame Otero) en el ballet 'La Bella Otero' de Rubén Olmo. Madrid, Teatro de la Zarzuela, julio de 2021. © 2021 by BNE / Maria Alperi.Maribel Gallardo (Madame Otero) en el ballet 'La Bella Otero' de Rubén Olmo. Madrid, Teatro de la Zarzuela, julio de 2021. © 2021 by BNE / Maria Alperi.

Me encantó ver a Maribel Gallardo como Madame Otero ya retirada. Acostumbrada al mundillo balletístico ruso, donde la historia de la compañía es algo que se vive cotidianamente y en cada montaje participan varias generaciones de bailarines, siempre me ha dolido que en España sólo se valore a los bailarines jóvenes que en ese momento están 'en el candelero'. Ver a Gallardo en escena, cómo se mueve, el 'imperio' que tiene, marcó ya desde que se abrió el telón una impronta de calidad a La Bella Otero

La 'joven' Carolina Otero, Patricia Guerrero (Granada, 1990), la que baila su historia, se mostró igualmente como una gran figura. Su carrera está muy vinculada a la de Olmo desde 2010 (primero en la compañía de Rubén Olmo y luego cuando este pasa a dirigirlo, en el Ballet Flamenco de Andalucía), lo que permite suponer que Olmo concibió esta coreografía pensando ya en ella. Sea así o no, existe una clara simbiosis con el personaje, que se adapta a su estilo. Lógicamente su Bella Otero tiene más de mujer andaluza y bailarina de flamenco, la identidad que se inventa Bella Otero para 'rehacer' -nunca mejor dicho- su vida, que de auténtica Catolina Otero. Es por ello que me pudo decepcionar en algunos momentos su excesivo simbolismo, cierta frialdad, pero sin duda era lo que pretendía Olmo. 

Igualmente interesantes los otros personajes, casi todos 'secundarios' puesto que parecían más comparsas dentro del drama de Bella Otero que personas reales. En el caso de los numerosos príncipes y reyes -emperador de Alemania y Zar Nicolás incluidos- esto fue muy evidente, así como en el conjunto de Carmen (Inmaculada Salomón), Don José (Antonio Correderas) y Escamillo (Carlos Sánchez), independientemente de que me parezca algo simplista atribuir sólo a los personajes de la ópera los prototipos identitarios que crea Bella Otero a su alrededor. Olmo apenas sacó de esta masa de adláteres a Rasputín, papel realizado por sí mismo con más pasión de la mostrada por la mayoría de los bailarines, y al Cura Carradan (Francisco Velasco), el cura de Valga, con su doble moral de hombre atraído por Bella Otero y al tiempo consciente del drama de la indefensa Carolina Otero. 

Como persona interesada en la época me encantó la presencia de Loïe Fuller (Sara Arévalo) -con su apasionante estilo de baile, bien reconstruido-, Cléo de Mérode (Miriam Mendoza), y en general de todas las figuras del entorno de Carolina Otero, ya que se cuidó la parte decorativa del ballet -especialmente vestuario- con atención y acierto. Como gallega tendría mucho que decir de lo que entiende el Ballet Nacional de España por una romería gallega, pero hasta cierto punto ya estamos acostumbrados a que sigan considerándose como modelos de baile gallego los creados por la Sección Femenina en la época franquista y en general las compañías de baile gallego de los años de la más férrea dictadura (Ballet Rey de Viana). 

'La Bella Otero' de Rubén Olmo. Madrid, Teatro de la Zarzuela, julio de 2021. © 2021 by BNE / Maria Alperi.'La Bella Otero' de Rubén Olmo. Madrid, Teatro de la Zarzuela, julio de 2021. © 2021 by BNE / Maria Alperi.

Musicalmente también predomina un poutpurri discutible de compositores y estilos, y nuevamente sería interesante plantearse qué se entiende en pleno siglo XXI por música de ballet y sobre todo cómo nos planteamos la adaptación de la música del pasado al presente. La calidad de las composiciones en La Bella Otero es escasa, pero no hay que olvidar que la música de ballet es ante todo una cuestión funcional y la cuestión es si esta funciona y si es apropiada, si tiene 'decoro', que diría uno de mis mejores profesores de arte clásico. 

Pieza enlazada

Mi opinión personal es que en este caso no, que Olmo y las personas vinculadas al Ballet Nacional de España están demasiado marcados por el flamenco, su evolución y sus vicisitudes, y que la partitura acusa este mismo problema de creer que está siendo 'arriesgada' y moderna cuando en realidad es pacata e ignora cómo se puede aproximar a la música tradicional y popular de la época de la Bella Otero desde una perspectiva del siglo XXI, que no incluyan las narraciones nacionalistas. acientíficas y míticas que envenenan aún el flamenco actual. 

En resumen: una propuesta atractiva, que crea expectativas, pero que aún tiene que definirse mejor. A la vista de esta coreografía y su realización creo que los proyectos de Olmo en el Ballet Nacional de España pueden ser interesantes, pero aún no han florecido. O dicho menos poéticamente: una de cal y otra de arena. 

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