Francia

Aix-en-Provence 2021

Adiós al romanticismo

Jesús Aguado
lunes, 12 de julio de 2021
Rattle, Kozena y Staples © 2021 by Vincent Beaume Rattle, Kozena y Staples © 2021 by Vincent Beaume
Aix-en-Provence, miércoles, 7 de julio de 2021. Grand Théâtre de Provence. Richard Strauss, El burgués gentilhombre, Suite orquestal Op. 60. Gustav Mahler: La canción de la tierra. London Symphony Orchestra. Magdalena Kožená, mezzosoprano. Andrew Staples, tenor. Sir Simon Rattle, director. Festival de Aix-en-Provence 2021
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“Adiós al romanticismo'' es el título del primer concierto de la Orquesta Sinfónica de Londres en el Festival de Aix-en-Provence de este verano. El título hace referencia a Richard Strauss y Gustav Mahler, protagonistas de la velada, como autores post-wagnerianos, ambos en la encrucijada de “escribir después de Wagner.” Bajo la dirección de Sir Simon Rattle, fue uno de los mejores conciertos sinfónicos a los que he tenido el privilegio de asistir, y eso que las expectativas eran altas: tanto director como orquesta están considerados entre los mejores del mundo, y no defraudaron en ningún momento.  

Comenzaba la cita con una obra poco conocida de Strauss: la suite orquestal sobre El burgués gentilhombre, de Molière. A los aficionados a la ópera les vendrá inmediatamente a la cabeza Ariadne auf Naxos, la maravillosa colaboración entre Strauss y Hofmannsthal. El proyecto original de la ópera era representar la pieza de Molière, insertando Ariadne auf Naxos en sustitución del ballet de Lully que aparece en la obra. El resultado final solo se representó una vez, pues era demasiado largo y complicado, y Strauss y Hofmannsthal adaptaron la ópera escribiéndole un prólogo para que se pudiera representar en teatros de ópera como pieza independiente, tal y como sigue haciéndose hasta nuestros días. Pero además, Strauss había escrito música incidental para algunos momentos de la obra teatral en sí en que el propio Lully también había escrito música, y tras el abandono del proyecto general, los retomó y con ellos creó esta suite orquestal que por desgracia no se escucha más a menudo. Y digo por desgracia porque es una pequeña joya, una verdadera exquisitez digna de mayor atención. Está escrita para una orquesta casi de cámara, como la propia Ariadne auf Naxos (aunque no he podido comprobar si la plantilla es exactamente la misma), a la que, como hace en la ópera, le exige un virtuosismo extremo, que hace pensar, más que en una orquesta pequeña, en un pequeño grupo de grandes solistas. Es imprescindible resaltar la labor del primer violín, Roman Simovic, que interpretó su endiablada parte con una pasmosa naturalidad. 

La sonoridad de la suite recuerda, en general, a la de Ariadne, al menos en cuanto a maestría en la orquestación y al detallismo de la escritura; sin embargo, en cuanto al estilo, Strauss se aleja, en cierto modo, del perfil postromántico que todos tenemos en mente, y recuerda por momentos al neoclasicismo de Stravinski o Prokofiev. No en vano se inspiró, en varios de los movimientos de la suite, en la música original compuesta por Lully. El resultado es fascinante. Rattle se divirtió como un crío con ese maravilloso juguete, y más al frente de una orquesta a la que sabe que puede pedirle lo que quiera. Reconozco (y estoy seguro de que la mayoría del público pensó lo mismo que yo) que, al ver el programa, pensé que la suite sería un simple aperitivo de lo que vendría en la segunda parte, pero me equivoqué: ojalá esta música se escuchara más, pues lo merece sin duda. El aplauso fue atronador. 

En el programa se especificaba que la versión de La canción de la tierra era la de Glen Cortese de 2006, supuestamente para orquesta de cámara. En el escenario había unos ochenta profesores, lo que difícilmente podría ser considerado como conjunto de cámara, por lo que creo que la utilización de la versión de Cortese se refería únicamente a la reducción de los efectivos de viento respecto al original de Mahler, pero presentando toda la sección de cuerda propia de una gran orquesta. En cualquier caso, pese a que la plantilla original sea enorme, como era habitual en las últimas obras mahlerianas, en muy pocos momentos toca toda a la vez; la mayor parte del tiempo lo que escuchamos son casi grupos de cámara superpuestos y casi independientes.  

La cuerda sonó prodigiosa, tanto en forte como en piano, con algunos momentos como el comienzo de la segunda canción, Der Einsame in Herbst, verdaderamente sobrecogedores. También tuvieron momentos de lucimiento todos los solistas de la cuerda, y hay que destacar el papel de la primera oboe, Juliana Koch, absolutamente modélico. Todo el conjunto fue magnífico, empastado, dúctil, preciso. Rattle es un director magnífico, y con semejante música y semejante orquesta, dejó boquiabierto al público. La variedad de colores que supo pintar con los medios a su alcance son imposibles de enumerar. Intérpretes en estado de gracia haciendo música hermosísima, no se puede pedir más.  

La parte vocal corría a cargo del tenor Andrew Staples y la mezzo Magdalena Kožená. El papel del tenor es una especie de locura de agudos estratosféricos que Staples resolvió con solvencia y maestría. Suyas son las canciones más “animadas” de la selección que Mahler hace de La flauta china, obra en la que Hans Bethge reelabora libremente obras de poetas chinos previamente traducidos al alemán por otros autores. Simplemente dar todas las notas que Mahler le escribe ya es un triunfo para cualquier tenor, pero Staples fue bastante más allá, transmitiendo el peculiar entusiasmo de sus canciones y salvando todas las dificultades vocales con un hermoso timbre y una gran proyección. Una fantástica actuación.  

Y si fantástico estuvo Staples, Kožená estuvo casi más allá de este mundo. La parte de la mezzo es la más reflexiva y conmovedora, y ella la interpretó con una expresión honda y emocionante, articulando cada palabra con un sonido hermoso, homogéneo y pleno. Vivió cada frase como si nos estuviera narrando algo realmente íntimo y profundo, y dejó al público sin aliento con ese Ewig...Ewig con el que termina su intervención. Un concierto inolvidable.  

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