España - Andalucía

Una tiple acanallada

Paco Bocanegra
miércoles, 10 de julio de 2002
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Granada, domingo, 23 de junio de 2002. Teatro del Hotel Alhambra Palace. Kurt Weill: Música de cabaret. Canciones sobre textos de K. Weill, J. Cocteau, E. Kästner, M. Magre, R. Fernay, B. Brecht. Itzíar Álvarez Arana, soprano. Bárbara Granados, piano. Aforo: 150 localidades. Ocupación: 99%. 51º Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
0,0001033 El pequeño teatro del hotel Alhambra Palace, situado en la colina del Mauror a escasos metros del Auditorio Manuel de Falla y del palacio-fortaleza nazarí, participa dentro de la programación del Festival de Música y Danza con recitales para voz y piano que ofrecen un agradable contrapunto a los encuentros más multitudinarios y acaparadores de la mayor parte de la atención.Son los “cafés-concierto” del Palace, inaugurados en esta sesión por la soprano Itzíar Álvarez Arana y la pianista Bárbara Granados con un monográfico sobre canciones de Kurt Weill, un músico cuya biografía muestra puntualmente los avatares sufridos por muchos colegas europeos de su generación: desde su educación en el ambiente de comienzos de siglo y la adhesión a las corrientes estéticas de la convulsa Alemania de los años `20 al exilio huyendo del fascismo nazi, Weill dejó un buen número de óperas ancladas en el repertorio estable y gran cantidad de melodías inolvidables.En este periplo vital la figura de Kurt Weill se asocia inevitablemente a la que fue su musa y pareja durante toda su vida –con muchas intermitencias- así como la más grande cantante de muchas de sus obras: Lotte Lenya.Un aspecto inicialmente atractivo de este recital estribó en el diseño del programa en orden cronológico, en tanto que la soprano aportaba datos sobre la relación de Weill y Lenya y sus mudanzas previamente a cada canción.Sin duda Álvarez de Arana demostró poseer conocimiento exhaustivo de cada pieza y de su estilo de interpretación. La voz respondió convenientemente a esta clase de requerimientos, con medios suficientes y buena técnica, ligera y bien vibrada. El reto, no obstante, era más que considerable. Afrontar unas letras de verdadera calidad literaria plagadas de guiños al público exige, además de dominar perfectamente los giros del alemán, francés o inglés, una sutileza en el fraseo formidable.Itzíar Álvarez de Arana evidenció ser consciente de ello, si bien la construcción de esa intencionalidad a menudo resultó demasiado manifiesta en un color artificioso o poniendo de relieve debilidades en la dicción. Un ambiente de cabaret implica sofisticación, pero si se pretende descaro, el tono canallesco debe fluir con total espontaneidad. De ahí el comienzo poco estimulante con Berlin im Licht-Song (“Berlín iluminado”) o Es regnet (“Llueve”), equilibrados con una segura ejecución de Der Abschiedsbrief (“La carta de despedida”) o, en la segunda parte, una emotiva Und was bekam des Soldaten Weib? (“¿Y qué le trajeron a la esposa del soldado?”) escrita por Bertolt Brecht.Fue con la lengua francesa y melodías más líricas donde la cantante halló las mejores ocasiones para plasmar sus mejores cualidades. Je ne t´aime pas, de Maurice Magre, pero sobre todo Youkali de Roger Fernay, fluyeron con naturalidad y buen decir, cosechando con esta última un notable éxito. Constituyó también el primer bis, antes de despedirse con I´m a stranger here miself” de One touch of VenusEl acompañamiento de Bárbara Granados, salvando algunos desajustes iniciales, discreto, aunque suficientemente cómplice con la soprano.
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