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Estados Unidos, la superpotencia hipócrita

Juan Carlos Tellechea
jueves, 22 de julio de 2021
Die Spur der Schakale © 2020 by C. H. Beck Die Spur der Schakale © 2020 by C. H. Beck
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Hace un año el destacado politólogo y publicista Michael Lüders, ex corresponsal del semanario Die Zeit en Oriente Medio, publicaba en la editorial C. H. Beck de Múnich un fascinante thriller titulado Die Spur der Schakale   (La huella de los chacales).* La historia, como toda novela de intriga y suspense que se precie de tal, era ficticia, pero en su caso no ocultaba atisbos de circunstancias creíbles, muy próximas a la descripción de hechos reales. 

La trama trata de la involucración de los servicios secretos, de aquí, de allá y de acullá, en el lavado de dinero practicado por el sistema bancario internacional (por tráfico de armas y de drogas, entre otros actos criminales). En fin, ficción pura, aunque no exenta de una plausibilidad que muestra por qué los gobiernos ven conveniente tolerar la corrupción en vastos dominios mientras los negocios sigan sumando billones de dólares anuales en los países consumidores (como Estados Unidos o en la Unión Europa) y productores como Afganistán, Birmania (Myanmar), Colombia y México.

Michael Lüders, «Die scheinheilige Supermacht. Warum wir aus dem Schatten der USA heraustreten müssen». © 2021 by C. H. Beck.Michael Lüders, «Die scheinheilige Supermacht. Warum wir aus dem Schatten der USA heraustreten müssen». © 2021 by C. H. Beck.

Del mismo crítico autor, Michael Lüders, nos llega ahora otro muy interesante volumen, éste ciertamente de no ficción, titulado Die scheinheilige Supermacht. Warum wir aus dem Schatten der USA heraustreten müssen (La superpotencia hipócrita. Por qué debemos salir de la sombra de EE.UU), publicado también por la prestigiosa editorial C. H. Beck.*

Ejercer brutalmente el poder

Estados Unidos no es una hegemonía desinteresada, todo lo contrario, sino una potencia mundial e imperio en declive, aunque los creadores de opinión de aqui y de allá gusten de afirmar lo contrario y haya filtros propagandísticos especiales para que el público no se entere de qué van los tiros. El ascenso de Donald Trump a la presidencia no fue un simple accidente. Con Joe Biden en la Casa Blanca muchas cosas cambiarán, pero America First seguirá vigente; no hay que hacerse ilusiones sobre el fortalecimiento de las relaciones transatlánticas, advierte Lüders al mostrar por qué Europa debe salir lo antes posible de la sombra de Washington.

Las dos caras

Estados Unidos es visto como un garante de la democracia y los derechos humanos. Pero defender los "valores" es sólo una cara de la moneda. Por otro lado, hay una política de poder brutal, aberrante e inescrupulosa. Sin embargo, el cuento de hadas estadounidense de la hegemonía desinteresada se está poniendo de moda. También porque nuestros medios de comunicación aplican con demasiada frecuencia un doble rasero.

En Die scheinheilige Supermacht Lüders muestra lo fácil que es manipular al público mediante una hábil gestión de fuentes propagandísticas muy sutiles que pasan desapercibidas para el ciudadano común. Ayer en la guerra de Irak, hoy en el enfrentamiento con Irán, Rusia y China. 

Navalny y Assange

Dos ejemplos muy recientes. Ahora hay una fuerte indignación por el caso del opositor Alexei Navalni. Sin embargo, uno echa de menos una actitud similar en el caso del denunciante Julian Assange, fundador de WikiLeaks. También en estos casos se está torciendo la ley ante las narices de todo el mundo. Tal vez la opción más inteligente para salvar su integridad física fuera la de Edward Snowden, ex empleado y gran conocedor de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de los Estados Unidos, asilado temporalmente en Rusia.

La política y los medios de comunicación tratan de forma muy diferente a dos disidentes perseguidos por el Estado: Navalni, en el caso de Rusia, y Assange, en el de Estados Unidos. Desde el intento de asesinato de Navalni en agosto del año pasado, el nombre del "crítico del Kremlin" se ha convertido casi en una marca registrada, y no solo en Alemania.

Es emblemático de la percepción que se tiene de Rusia como un "Estado canalla" con el que hay que reducir las relaciones, siempre que sea posible, por imposición de los Estados Unidos y sus mecanismos de propaganda afincados en el Pentágono. Así, el caso de Navalni sirvió durante meses como argumento para impedir la construcción del impopular gasoducto Nord Stream 2, sin éxito.

La geopolítica detrás de las críticas a Rusia

Este tipo de compromiso se ajusta totalmente a los deseos de Washington y que los países de la Unión Europea, Alemania incluida, siguen a pie juntillas como tímidos vasallos. (Ni que hablar de la situación extremadamente dependiente de los países iberoamericanos).

Washington prefiere que los alemanes y los europeos compren el sobrevalorado gas de fracturación (fracking) estadounidense en lugar del gas natural mucho más barato de Rusia. El encarcelamiento y la condena de Navalni en Moscú, tras su regreso de Alemania, se ha convertido de nuevo en una señal política y mediática.

El incontenible declive de una superpotencia

Pero Estados Unidos es una potencia mundial en declive: Europa debe aprender a velar por sus propios intereses. Ya no podemos permitirnos ser el socio menor de Washington a largo plazo, sostiene Lüders con mucha razón. La Unión Europea debe fortalecer y afianzar su posición mundial e impedir mediante una hábil política doméstica que fuerzas externas minen su unidad.

Detrás de todo esto está la geopolítica. Rusia, al igual que China, es el adversario decisivo de las pretensiones occidentales de poder y orden. Estas afirmaciones rara vez se declaran abiertamente, sino que se trasladan al nivel de la autopercepción moralizante.

Los buenos y más bonitos

Somos los buenos, porque defendemos la libertad, la democracia y los derechos humanos. Y no debemos permitir que estos valores se vean amenazados por déspotas y dictadores. En este sentido, se está instrumentalizando el caso de Navalni, para poner en la picota a Vladimir Putin una y otra vez.

El trato a Assange tampoco se ajusta al Estado de Derecho

Se trata menos de los "valores occidentales" que de las imágenes del enemigo. Sin imágenes del enemigo, ¿cómo podría justificarse la pretensión ofensiva de la OTAN de estar presente incluso en el área del Indo-Pacífico o en el Ártico?

Ciertamente, el tratamiento de Alexei Navalni por parte de la justicia rusa es todo menos constitucional. Pero, ¿no se aplica también, en otras circunstancias, a Julian Assange? ¿Es realmente más "constitucional" el tratamiento del denunciante por parte de la justicia británica, sueca y estadounidense que el de la justicia rusa con Navalni?

La historia

Durante nueve años, la justicia sueca procesó a Assange por cargos de violación. Al final se archivó el caso por el que Assange había huido a la embajada de Ecuador en Londres, por temor a su extradición primero a Suecia y luego a Estados Unidos. Un tribunal británico dictaminó en enero que Assange no debía ser extraditado allí por el momento. El juez británico considera que el riesgo de suicidio es demasiado grande si Assange es extraditado.

Disuasión para futuros denunciantes

Assange y WikiLeaks han hecho públicas las atrocidades bélicas estadounidenses, especialmente en Afganistán e Irak. Con ello, el whistleblower australiano ha desafiado abiertamente a las élites de poder de Estados Unidos. Solo por eso está encarcelado en una prisión de alta seguridad en Londres, en régimen de aislamiento. Sobre todo como amenaza, como elemento disuasorio para futuros denunciantes.

Al mismo tiempo, ni uno solo de los militares estadounidenses responsables de los asesinatos, ni uno solo de sus apoyos políticos, ha sido acusado. Si Assange fuera extraditado a Estados Unidos, enfrentaría allí 175 años de prisión. Esto es bastante más que los dos años y medio a los que fue condenado Navalni. Pero los mismos políticos y creadores de opinión que lideraron y siguen liderando tan elocuentes acusaciones en el caso de Navalni parecen tener la lengua atada en el caso de Assange. Así es como se manipula y maneja a la opinión pública mundial.

Se tuerce la ley ante el mundo

Los medios de comunicación del mundo occidental también guardan un extraño silencio, a pesar de que la ley se está torciendo en el caso de Assange ante las narices de la opinión pública. ¿Quién querría poner en peligro su carrera por hablar demasiado claro y espetarle cuatro verdades al gran hermano de Washington?

Los valores occidentales son baratos mientras no cuesten nada. Pero Assange corre el riesgo de ser sacrificado en el altar del interés propio existente. Y si le cuesta la vida, esto debe terminar, afirma Lüders no falto de argumentos que apoyan su reclamo.

Sin ir muy lejos

Durante la Guerra Fría, por ejemplo, Washington derrocó a gobiernos progresistas en varios continentes, con consecuencias devastadoras para la población de los países afectados. En primer lugar, en Irán en 1953, en Guatemala en 1954, en Chile en 1973, relata en su libro. La guerra de Vietnam, que terminó en 1975, no fue un crimen menor que la guerra de Irak en 2003, librada sobre la base de mentiras y la violación deliberada de las normas jurídicas internacionales. Cientos de miles de iraquíes murieron, el país se sumió en el caos y nació el "Estado Islámico".

Como todo imperio, Estados Unidos persigue fundamentalmente una política imperial y hegemónica. Esto es, que los adversarios o competidores del poder político (léase también la Unión Europea) deben ser debilitados o eliminados siempre que sea posible, incluso con la ayuda de la subversión, las sanciones o la intervención militar. 

Sus ejecutores

La elevación de Biden y su vicepresidenta Kamala Harris - la "esperanza"- es comprensible en la medida en que refleja el alivio por la destitución de Trump. Pero, ¿fue solo Trump el problema? ¿Ha sido menor el daño causado por la administración George W. Bush  con su "guerra contra el terrorismo" que el que causó la administración Trump? ¿Acaso el gobierno de Barack Obama no hizo respetable la guerra con drones, a pesar de sus numerosas víctimas civiles? ¿Y llevar (con la NSA) el ciberespionaje a nuevas cotas, incluso contra los aliados, hasta el teléfono de la canciller alemana Angela Merkel

Por encima del derecho internacional

Por no hablar de los ciberataques, por ejemplo, contra  Irán. ¿No ha dejado inequívocamente claro, desde su punto de vista, que incluso con un presidente simpático, Estados Unidos está por encima del derecho internacional? 

Por lo tanto, aventurémonos a hacer una predicción: el presidente Biden, al igual que todos sus predecesores desde la Segunda Guerra Mundial, también utilizará los servicios militares y secretos en todo el mundo, y si es necesario librará guerras para mantener su propia supremacía. Le será difícil oponerse a la excesiva influencia del "complejo militar-industrial", y no podrá contrarrestar la progresiva oligarquización de la política estadounidense. Y frente a los principales adversarios de Washington, Rusia y cada vez más China, se mostrará tan reacio a la desescalada como los presidentes anteriores. 

Están tan adiestrados

Es poco probable que los europeos y alemanes partidarios de fortalecer las relaciones transatlánticas se vean sacudidos por esto. Han interiorizado tanto su papel de socios menores junto a Estados Unidos que rara vez se plantean si las directrices de su aliado sirven realmente a sus propios intereses, o incluso los contradicen. 

Ante la opinión pública, destacan sus valores comunes, su compromiso con la libertad, la democracia y los derechos humanos. No perciben la otra cara de la moneda ni la relativizan. Independientemente de lo que haya ocurrido o pueda ocurrir: somos y seguiremos siendo los buenos. Estos partidarios del fortalecimiento de los vínculos transatlánticos marcan la pauta en la política y los medios de comunicación. Y más allá aún, porque, verbigracia, en los numerosos "think tanks", ésta no es aquí una actitud cualquiera, sino más bien un leitmotiv de la política (exterior), si no su fundamento.

La Nibelungentreue

Sin embargo, la lealtad de los nibelungos, como se le denomina en Alemania, nunca es una buena opción. Ni siquiera en el caso de Estados Unidos, por dos razones. En primer lugar, la victoria de los demócratas en las elecciones de 2020 fue cualquier cosa menos una avalancha sobre los republicanos. Puede que Trump sea cosa del pasado, el trumpismo no. ¿Quién puede garantizar que dentro de cuatro años un populista imprevisible no se instale de nuevo en la Casa Blanca? O ¿un cristiano evangélico con vocación misionera? Si la Unión Europea y Alemania siguen absteniéndose de reforzar su influencia frente a Washington, se harán estratégicamente dependientes de unos pocos cientos o miles de votos en los estados clave de aquel país de América del Norte. 

China, próxima superpotencia

Por otro lado, el mundo cambia constantemente. Estados Unidos seguirá siendo una superpotencia por el momento, pero ha pasado su cenit histórico. La época en la que Washington era lo suficientemente fuerte como para velar por los intereses (de seguridad) europeos, al menos superficialmente, ha terminado. La próxima superpotencia es China, y los europeos deben, les guste o no, defender sus propios intereses. De lo contrario, corren el riesgo de convertirse en peones en la lucha geopolítica por el poder y la influencia.

Hacen falta debates

Lo que falta en Alemania son debates abiertos y polémicos sobre cuestiones fundamentales de política exterior. Por lo tanto, los debates más allá de las consabidas corrientes en torno a esta cuestión central están en gran medida ausentes: ¿Qué relación queremos, qué relación necesitamos con Estados Unidos? Los partidarios convencidos del fortalecimiento de las relaciones transatlánticas están bastante dispuestos a criticar los excesos o los fallos de la política estadounidense. La línea roja, sin embargo, es la designación del aliado como superpotencia imperial. Por lo tanto, castigar las maquinaciones de los "Estados canallas", en primer lugar Rusia, China e Irán, es una prueba de espíritu ilustrado, de comprensión correcta de la democracia y tiene la garantía de no ser sancionado.

La difamación

Pero cualquiera que no adopte el tono adecuado hacia Estados Unidos se encuentra rápidamente en la picota y es acusado (difamado) de "antiamericanismo" o de “comunista“. No sirve de nada señalar que los estadounidenses que se odian a sí mismos, responsables de la serie de televisión (web) House of Cards, han anticipado, sin embargo, una imagen muy realista de la era Trump en la pantalla. 

¿Y acaso la mejor película antibélica de todos los tiempos, Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola (1979), sería realmente "antiamericana"? ¿No muestra más bien un retrato artísticamente alienado, pero psicológicamente convincente, de los Estados Unidos mientras el país se hunde en el marasmo moral y político de Vietnam? (con consecuencias indelebles hasta el día de hoy).

La sabiduría árabe

 Los imperios van y vienen, como en un movimiento ondulatorio, enseñaba el historiador árabe Ibn Jaldún ya en la Edad Media, refiriéndose a los acontecimientos históricos que trazan la labor de las potencias coloniales e imperiales, tanto entonces como ahora. Estados Unidos fue precedido por otros "líderes mundiales", y otros le seguirán. Lo que tienen en común es que ejercen el poder a costa de los demás. 

Un imperio rara vez se preocupa por los valores. La atención se centra en la afirmación y protección de sus propios intereses, especialmente en la defensa del dominio dado. El modelo de negocio subyacente, a lo largo de los siglos, es aumentar la riqueza de una minoría a costa de la mayoría. La justicia, en este modelo, se conforma como un privilegio para aquellos que, en términos modernos, tienen el pasaporte adecuado. 

El manejo de las mentes

El ejercicio del poder siempre va acompañado de manipulación, especialmente de la opinión pública. Esto no es fundamentalmente diferente en una democracia. El libro de Michael Lüders cuenta las historias de los dos pioneros estadounidenses en este campo, Walter Lippmann y Edward Bernays, que fueron fundamentales para el avance de la "gestión de la opinión" después de la Primera Guerra Mundial. 

Filtros invisibles para el ciudadano común

Lüders explica cómo los medios de comunicación filtran nuestras percepciones; cómo las visiones del mundo se convierten en imágenes enemigas. Y muestra la facilidad con la que puede surgir un abismo entre lo que realmente sucede y cómo lo retratan los creadores de opinión (los medios, cualquiera de ellos, sin excepción, desde Fox a la CNN, pasando por todo el espectro que se le ocurra al lector). Personalmente doy absoluta fe de ello, tras una dilatada vida profesional en varios de ellos.

El modo en que el secuestro de un petrolero iraní o el asesinato de un general iraní de alto rango fueron comentados y retratados no hace mucho en la prensa es un testimonio ejemplar. Sin embargo, la cuestión clave es: ¿Qué pensamos los europeos de los Estados Unidos, una potencia mundial en declive? El objetivo de este libro es iniciar un debate público al respecto, más allá de las certezas habituales. No con la intención de encontrar respuestas concluyentes. Pero para hacer las preguntas correctas. Preguntas que abren nuevos horizontes, afirma el politólogo y publicista Michael Lüders.

Notas

1. Michael Lüders, «Die Spur der Schakale», München: C. H. Beck, 2020, 394 Seiten. ISBN 978-3-406-74857-8

2. Michael Lüders, «Die scheinheilige Supermacht. Warum wir aus dem Schatten der USA heraustreten müssen», München: C. H. Beck, 2021, 293 Seiten. ISBN 978-3-406-76839-2

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