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A bordo de la primera vuelta al mundo con Fernando de Magallanes

Juan Carlos Tellechea
viernes, 23 de julio de 2021
Die erste Reise um die Welt © 2021 by wbg Edition Die erste Reise um die Welt © 2021 by wbg Edition
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El 10 de agosto de 1519 Fernando de Magallanes izaba las velas en Sevilla y escribía historia, sin imaginar siquiera que al final no iba a celebrar su fama personalmente. Perecería el 27 de abril de 1521, hace 500 años, en la batalla de la isla de Mactán, tras llegar al archipíélago que más tarde se conocería como el de las Filipinas, y haber descubierto un mes antes el de las Marianas. Cinco barcos pertenecían a su flota: el buque insignia Trinidad, el San Antonio, el Victoria, el Concepción y el Santiago.

Valían oro

Quería ir adonde crecía la pimienta. Las especias orientales tenían una gran demanda hace cinco siglos. España y Portugal se disputaban las populares materias primas y los territorios de ultramar. En nombre de la corona española, un portugués, el noble y caballero Fernão de Magalhães, al servicio de Carlos I y V del Sacro Imperio Romano Germánicoestaba a punto de partir para alcanzar el legendario archipiélago de las Molucas, un grupo de islas que ahora es indonesio.

Los productos de las legendarias Islas de las Especias -especialmente el clavo de olor, la pimienta y la nuez moscada- se valoraban entonces en Europa como el oro. Si tenía éxito, la expedición prometía un beneficio fabuloso. En ese momento, nadie sabía que se convertiría en la primera circunnavegación del mundo.

El cruce oceánico

Magallanes cruzó el Atlántico desde España y descubrió un pasaje hacia el Océano Pacífico en el extremo sur de América del Sur. Pero su triunfo se vio ensombrecido por las dificultades y las penurias extremas.  Los gusanos roen las galletas, el agua es amarilla y putrefacta, las encías de los marineros se hinchan por falta de vitaminas y muchos mueren de escorbuto, enfermedad aún desconocida en el siglo XVI. 

Realmente no creo que uno vuelva a emprender un viaje así, escribe el cronista de la expedición, Antonio Pigafetta, uno de los 18 supervivientes de la histórica, accidentada y brutal travesía, la primera alrededor del mundo, que regresaron en el único de los cinco barcos restantes.

Memorias por primera vez íntegramente en alemán

Las memorias del sobresaliente Antonio Lombardo Pigafetta, de Vicenza (tal como figura en la lista de los que lograron regresar a Sevilla el 8 de septiembre de 1522 al mando del capitán Juan Sebastián Elcano) fueron publicadas ahora por primera vez e íntegramente en alemán por la editorial wbg Theiss, de Darmstadt, bajo el título de Die erste Reise um die Welt. An Bord mit Magellan (El primer viaje alrededor del mundo. A bordo con Magallanes), con traducción y comentarios del historiado Christian Jostmann.

Otros cuatro hombres de los 55 de la tripulación original del Trinidad que habían emprendido por otra vía el regreso desde las Filipinas y fueron capturados en el camino por los portugueses, arribarían finalmente a España en 1525.

Testimonio único

El de Pigafetta es un documento único del período moderno temprano y un informe de primera mano sobre la colonización en el sudeste asiático. El joven del norte de Italia había sido contratado por Magallanes en el otoño de 1519. 

El plan de Magallanes no era en absoluto circunnavegar el globo. En una disputa comercial entre Portugal y España, debía abrir una ruta occidental hacia las lucrativas islas de las especias del sudeste asiático para la casa real de Castilla, ya que el comercio marítimo en dirección oriental estaba firmemente en manos portuguesas según el Tratado de Tordesillas.

Reclamaciones de poder y actividad misionera cristiana

Como testigo presencial de la colonización, Pigafetta ofrece a los lectores de hoy una vívida impresión de cómo se entrelazaron en esta empresa los intereses económicos, las pretensiones políticas de poder y la actividad misionera cristiana. En las islas de lo que hoy son las Filipinas, las tripulaciones de Magallanes entran con estruendo de cañones, erigen cruces e instan a la población a convertirse al cristianismo. 

Queman asentamientos de isleños que no quieren aceptar la fe de los europeos (¿por qué habrían de hacerlo, con qué derecho y autoridad moral les iba a ser impuesto? ¡Esos aborígenes eran gente insoportable! ¿Cómo era posible que no entendieran que era por su bien que se hacía todo esto?). Pigafetta considera que su misión es la difusión del propio cristianismo. A Magallanes, muerto en batalla con los nativos, lo recuerda con reverencia. Si no hubiera sido por el capitán general, no habríamos encontrado este estrecho. Pero el capitán general sabía que tenía que navegar por un estrecho muy escondido, pues lo había visto en un mapa en el tesoro del rey de Portugal.

Una mirada atenta e inquisitiva

Pero su cuaderno de viaje también muestra una mirada atenta e inquisitiva. Contiene páginas de listas de vocabulario de lenguas desconocidas en Europa. Pigafetta presta especial atención a los modales y al adorno corporal de los pueblos del sudeste asiático, así como a sus prácticas sexuales, que describe de forma decididamente explícita.

¿Es por la extensa desnudez de los isleños, por su supuesta cercanía a la naturaleza y por su ingenuidad, por lo que Pigafetta se explaya tanto? ¿Acaso no se les exigía a sus ojos una moderación civilizada en materia de intimidad? ¿O es que los europeos educados de hace 500 años eran menos tímidos sobre su propia sexualidad que nosotros hoy? El informe de Pigafetta, traducido y anotado por Jostmann estimula muchas cuestiones de este tipo. Reajusta nuestra visión de lo propio y lo ajeno y desafían nuestra actitud ante la vergonzosa herencia colonial europea.

Proa al poniente

La ruta occidental era importante, sobre todo porque desde el Tratado de Tordesillas de 1494, el mundo estaba dividido entre las dos potencias marítimas: España y Portugal. Dado que la mitad occidental había caído en manos de España, los barcos trataban de evitar la peligrosa navegación por aguas portuguesas, aunque en aquel momento no estaba claro si existía una ruta marítima occidental hacia las Molucas. Ese fue el motivo de aquella expedición, que zarpó en 1519, cumplió 500 años en 2019 y se celebró de muchas maneras en ese contexto. 

¿Quién era este testigo?

Sobre Pigafetta solo sabemos lo que él mismo comunicó sobre sí mismo. Estuvo -en el séquito del obispo, comisionado y nuncio Francesco Chierigati- en Barcelona en 1518 (en tiempos del papa Adriano VI) ante la corte del emperador Carlos V. Allí se enteró del proyectado viaje de ultramar de la pequeña flota de barcos de Sevilla. Presa de su afán viajero y provisto de cartas de recomendación, Pigafetta llegó a Sevilla a principios del verano de 1519 y conoció al comandante de la expedición Fernando Magallanes, que lo aceptó en la tripulación de su buque insignia "Trinidad". 

Sorprendentemente, esto fue así a pesar de que Pigafetta no tenía ni formación ni experiencia como marinero y tenía, como mucho, un conocimiento literario de los océanos. En la lista de salarios figura como "sobresaliente", alguien que no tenía ninguna función especial a bordo y ganaba menos que un marinero común. Sin embargo, no se embarcó en el viaje por el dinero, sino para ganar experiencia y navegar él mismo.

La vuelta al mundo en 1.082 días

«Magellan. Oder die erste Umsegelung der Erde», München: C. H. Beck, 2019, 336 Seiten, mit 11 Abbildungen und 2 Karten. ISBN 978-3-406-73443-4. © 2019 by C. H. Beck.«Magellan. Oder die erste Umsegelung der Erde», München: C. H. Beck, 2019, 336 Seiten, mit 11 Abbildungen und 2 Karten. ISBN 978-3-406-73443-4. © 2019 by C. H. Beck.

Durante la expedición, que duró 1.082 días, tomó continuamente notas y anotó todo lo que le parecía digno de ser relevado. Su robusta constitución vino en su ayuda: (...) como siempre estuve sano, escribí todos los días sin una sola interrupción". Estas notas, es cierto, se han perdido. Pero en 1523, de vuelta en Vicenza, se puso a elaborar un texto coherente. Así, legó a la posteridad el más detallado y vívido (diario de viaje) que poseemos de la primera circunnavegación de la tierra, y al mismo tiempo uno de los más bellos libros de viaje de todos los tiempos, a juicio del historiador Christian Jostmann, autor asimismo de Magellan. Oder die erste Umsegelung der Erde (Magallanes o la primera circunnavegación de la Tierra), publicado por la editorial C. H. Beck, de Múnich.

Pigafetta dedicó el primer ejemplar en 1524 al entonces Gran Maestre de la Orden de San Juan, la comunidad religiosa a la que él mismo pertenecía desde 1523 como máximo. En la actualidad, la obra se conserva en cuatro manuscritos, tres franceses y uno italiano. Este último es el más importante; se conserva en la Biblioteca Ambrosiana de Milán con la marca de estantería L 103 sup. Al estar disponible en formato digital, cualquier persona interesada puede estudiarlo en pantalla. La traducción de Jostmann de este manuscrito italiano revela, en general, que domina su profesión: metódico como un erudito historiador medieval, en el comentario conciso pero seguro, y la traducción es fácilmente legible a pesar de seguir muy de cerca, lo más cerca posible, el texto.

La versión

Por un lado, el informe de viaje de Pigafetta puede leerse como un emocionante relato de trabajos y penurias, hambre y enfermedades, privaciones y temores de un viaje por mar a principios del siglo XVI. Además, hubo amotinamientos y deserciones, así como pérdidas de barcos. En marzo de 1520, los cuatro capitanes españoles se rebelaron contra el portugués Magallanes. Pigafetta vio en esto la verdadera razón de su odio al general: porque era portugués y ellos eran españoles

Pero, como señala Jostmann, esto no se corresponde con la verdad, porque los capitanes sí tenían motivos para la rebelión, que Magallanes rompió con una fuerza brutal. Como única nave quedó finalmente la "Victoria", que navegó por aguas portuguesas cada vez más al oeste y volvió a ver las costas españolas el 6 de septiembre de 1522, a bordo de sólo 18 hombres y la mayoría de ellos enfermos. Sin embargo, la peor catástrofe a los ojos de Pigafetta fue la muerte de Magallanes en batalla con los indígenas aquel fatídico sábado 27 de abril de 1521.

Científica, pese a todo

Por otra parte, la obra de Pigafetta puede considerarse una publicación científica, con interesantes aspectos etnológicos y antropológicos, entre otros. Describió a los pueblos indígenas con curiosidad, aunque no todo debe ser creído -por ejemplo, el gigante patagónico con voz de toro, de buen porte y tan alto que le llegaba al cinturón debería pertenecer al reino de las fábulas. 

Sin embargo, en otros lugares dio una descripción muy precisa de lo que vio: el aspecto de la gente, sus costumbres, la estructura social, el comportamiento, la dieta y la vestimenta (si la había). Al hacerlo, no se privó de describir detalles ambiguos o picantes, como los métodos de adorno del pene entre los indígenas: Las personas altas y bajas se perforaban el miembro cerca del glande de lado a lado con una varilla de oro o de estaño tan gruesa como una pluma de ganso (...) Muy a menudo quise mirar esto en muchas personas, tanto viejas como jóvenes, pues no podía creerlo.

Siempre con violencia

Los geógrafos apreciarían la forma en que Pigafetta describía la ubicación de las islas en el Pacífico, mientras que los lingüistas probablemente harían lo propio con las pequeñas colecciones de palabras intercaladas varias veces a lo largo de su relato. En general, la obra es un testimonio temprano de la globalización que entonces se iniciaba. 

Si obedecieran al rey de España, reconocieran al rey cristiano como su señor y nos pagaran tributo, seríamos amistosos con ellos; pero si quisieran lo contrario, deberían estar preparados para ver nuestras lanzas clavadas, decía Magallanes a los filipinos que se le oponían (¡vaya mal agradecidos!) antes de una batalla; la batalla en la que, por cierto, caería en su propia ley, la de la fuerza y la violencia.

Un hito

Ni Cristóbal Colón ni Hernán Cortés habían conseguido lo que el navegante portugués Fernando de Magallanes hizo el 21 de octubre de 1520: descubrir una vía acuática entre el Atlántico y el Pacífico. El descubrimiento no fue económicamente rentable, pero sigue siendo un gran momento de la navegación.

Un año después de iniciar su primera y única gran expedición, Magallanes, estuvo a punto de fracasar en octubre de 1520. No había encontrado la ruta marítima hacia el Océano Pacífico. Había invernado en una bahía desolada del sur de la actual Argentina (Puerto San Julián); sofocado en el último momento un motín de capitanes españoles y perdía uno de sus cinco barcos en una tormenta. 

Falsos supuestos

Aquellos días debieron de ser los más oscuros de la vida de Magallanes, conjeturaba Stefan Zweig en su biografía del navegante portugués:

Por primera vez Magallanes mantiene abierta la posibilidad de retirada; por primera vez admite ante sus oficiales que el paso que busca puede no existir en absoluto, o puede existir solo en aguas del Ártico.

Hasta ahora, en el mundo de habla germana, quien quería saber algo sobre Magallanes se encontraba rápidamente con la biografía de Stefan Zweig de 1938 Der Mann und seine Tat (El hombre y sus actos). El libro de Zweig vivía de una convicción de su autor: no era Colón, ese fantasioso ingenuo y sin mundo, sino Magallanes el mayor navegante de la historia., afirmaba el escritor. 

Expectativa fallida

Zweig, el emigrante, también se identificaría con el emigrado (portugués al servicio de España). Sin embargo, la técnica de identificación de Zweig con su héroe le llevó a unos bajos fondos fatales. El humanista declarado exageró tanto a su héroe que finalmente tuvo que considerar la muerte de Magallanes a manos de una horda insular desnuda en la isla filipina de Mactán, dirigida por el insecto humano Lapulapu, como una imposición histórico-mundial.

Una misión sin beneficio económico inmediato

Casi 30 años después de que Colón tropezara accidentalmente con América en su ruta marítima a la India, el continente de 15.000 kilómetros fue finalmente circunnavegado en barco. Sin embargo, el éxito económico para España no se materializaría en ese momento. 

La ruta marítima resultaba ser demasiado peligrosa y la ruta a través del Pacífico demasiado larga para ser una alternativa real a la ruta marítima oriental dominada por Portugal hacia la India. No obstante, el descubrimiento de la vía de agua en el sur de la Patagonia fue de gran importancia, porque significaba que se habían encontrado las rutas marítimas que conectaban todos los océanos.

La ambición pierde al Hombre

Esto no fue suficiente para Magallanes. No obstante, a finales de noviembre de 1520 se adentró en el Pacífico abierto y desconocido y se dirigió a las Islas de las Especias. Tras más de 100 días en el mar, sin ver ni sombras de tierra firme, Magallanes y la tripulación, asolados por el hambre, las enfermedades y la muerte, llegaron a Filipinas. 

La galleta que comíamos ya no era más pan sino un polvo lleno de gusanos que habían devorado toda su sustancia. Además, tenía un olor fétido insoportable porque estaba impregnada de orina de ratas. El agua que bebíamos era pútrida y hedionda. Por no morir de hambre, nos hemos visto obligados a comer los trozos de cuero que cubrían el mástil mayor a fin de que las cuerdas no se estropeen contra la madera (…). Muy a menudo, estábamos reducidos a alimentarnos de aserrín; y las ratas, tan repugnantes para el hombre, se habían vuelto un alimento tan buscado, que se pagaba hasta medio ducado por cada una de ellas (…). Y no era todo. Nuestra más grande desgracia llegó cuando nos vimos atacados por una especie de enfermedad que nos inflaba las mandíbulas hasta que nuestros dientes quedaban escondidos (…).

Llegada

Primero, el 6 de marzo de 1521 encontraron una isla en la que los navegantes aprovecharon para descansar y recoger víveres. Las penurias se habían cobrado 19 vidas. Pronto acudirían a aquella isla numerosos indígenas con regalos para estos nuevos visitantes, habían arribado a la isla de los Ladrones (probablemente la actual isla de Guam) en el archipiélago de las Marianas.

Buscando las Molucas, por último, el 21 de marzo de 1521, las tripulaciones, 150 marineros restantes, alcanzaron la isla de Cebú y se convirtieron en los primeros europeos en desembarcar en el archipiélago que más tarde se llamaría Filipinas en honor a Felipe II.  Habían llegado al Extremo Oriente, cumpliendo el proyecto de Cristóbal Colón. 

Este fue el destino final de Magallanes, quien quería tomar posesión de las ricas islas para España y posiblemente convertirse en gobernador más adelante. Pero cuando el capitán intentó someter militarmente a un pueblo, habitado por una tribu cebuana, encabezada por su jefe Lapulapu en la isla filipina de Mactán, fue alcanzado mortalmente por una flecha envenenada.

A toda prisa, los barcos restantes zarparon. El estrecho, el paso del Oeste que el devoto navegante portugués había bautizado con el nombre de Todos los Santos, sería bautizado como Estrecho de Magallanes pocos años después.

Retorno

Bajo el mando de Juan Sebastián Elcano, los dos barcos navegaron desde Filipinas hasta las Islas de las Especias. Allí subieron por fin a bordo el cargamento que tanto ansiaban. Elcano eligió la peligrosa ruta alrededor del Cabo de Buena Esperanza para el viaje de vuelta, y el segundo barco restante se perdió. Casi tres años después de que zarpara la Armada de las Molucas, la circunnavegación del mundo, iniciada involuntariamente por Magallanes y no planificada, fue completada por Elcano.

El 6 de septiembre de 1522 la nao "Victoria" llegaba al puerto de salida español de Sanlúcar de Barrameda. Dieciocho marineros sobrevivieron y cosecharon la gloria de la primera circunnavegación del globo documentada históricamente, que además demostró que la Tierra es redonda. 

Gracias a la Providencia, el sábado 6 de septiembre de 1522 entramos en la bahía de San Lúcar (...) Desde que habíamos partido de la bahía de San Lúcar hasta que regresamos a ella recorrimos, según nuestra cuenta, más de catorce mil cuatrocientas sesenta leguas, y dimos la vuelta al mundo entero, (…) El lunes 8 de septiembre largamos el ancla cerca del muelle de Sevilla, y descargamos toda nuestra artillería, concluye Pigafetta su relato.

El capitalismo temprano impulsa los viajes de descubrimiento

Los años de aprendizaje de Magallanes en la India sirven para introducir al historiador Christian Jostmann en el extraño mundo de la primera época moderna. Los hechos náuticos, económicos, políticos e histórico-culturales sientan las bases para la descripción de la circunnavegación. Sorprende la visión que ofrece el libro sobre los flujos comerciales del Viejo Mundo. Así, en los barcos de Magallanes no solo hay españoles y portugueses, sino también italianos, irlandeses, alemanes, además de esclavos de Asia y África. Incluso el dinero utilizado para financiar la expedición es capital riesgo procedente de toda Europa.

Una mirada más profunda

Zweig ya había identificado el capitalismo temprano como la fuerza motriz de los viajes de descubrimiento. Pero Jostmann lo mira de cerca. No solo echa un vistazo a las cuentas, sino que recalcula las inversiones y los rendimientos. Un hallazgo: el viaje de Magallanes no fue, en conjunto, un éxito económico, como se ha leído a veces. La ruta hacia el oeste de las Molucas tampoco era la baza a largo plazo que esperaba España en la competencia con los portugueses, que seguirían siendo por el momento, la potencia comercial europea dominante.

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