Alemania

El duende en la casa de los Schumann

Juan Carlos Tellechea
jueves, 5 de agosto de 2021
Miriam Gallego Lorente © 2021 by Nuritfaierman.com Miriam Gallego Lorente © 2021 by Nuritfaierman.com
Leipzig, martes, 29 de junio de 2021. Sala de música de la residencia de Clara y Robert Schumann. Miriam Gallego Lorente, piano. Domenico Scarlatti, Sonata en si menor K87 L33. Claude Debussy, Clair de lune (tercer movimiento de la Suite bergamasca). Frédéric Chopin, Nocturno op 9 nº 22 en mi bemol mayor. Nocturno nº 20 en do sostenido menor op Posth. Lento con gran espressione op p. 1 nº 16. Robert Schumann, Romance op 28 nº 2 en fa sostenido mayor. Ludwig Beethoven, Sonata op 7 nº 4 en mi bemol mayor. Con el patrocinio del tenor Gastón Rivero y de la consultora artística y cultural Nurit Faierman. 50% del aforo por las medidas de prevención e higiene contra la pandemia.
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La destacada pianista Miriam Gallego Lorente ofreció un magnífico concierto en la histórica residencia de Clara y Robert Schumann , hoy Schumann Haus de Leipzig, un complejo que reune una casa-museo, espacios para espectáculos y conciertos, así como un centro de enseñanza.

Fue en este hogar de la Inselstraße al número 18 (en aquel entonces nro. 5) donde los Schumann vivieron felices y llenos de ilusión los primeros cuatro años de su matrimonio; ella de 21 años recién cumplidos, él de 30. Aquí recibirían a Felix Mendelssohn Bartholdy, Franz Liszt y Hector Berlioz, entre otros músicos y compositores.

Aquí compondría Robert algunas de sus obras importantes, por ejemplo Liebesfrühling op. 37 junto a Clara, la Sinfonía de Primavera op. 38 y su Quinteto para piano op. 44, que su esposa estrenaría en la Gewandhaus de Leipzig.

Tras una bella presentación de la Schumann Haus y su entorno, el video de la actuación se abre con efusivos aplausos del público al entrar Miriam Gallego Lorente a la sala y sentarse ante el piano. Erguida y con los ojos fijos en el teclado, como cautivándolo con sus delicadas manos, comienza la magia de esta velada.

La Sonata en si menor de Domenico Scarlatti es básicamente una meditacion. El sitio es ideal. Los rayos del sol penetran a través del ventanal abierto que da a la calle en esta cálida tarde del martes 29 de junio. Se percibe la tranquilidad del lugar, invitando a la reflexión. Un pequeño coro de gorriones trina alegremente desde el follaje del arce que da sombra al edificio, mientras el piano exhala su preciosa y diáfana música al exterior.

En la serena digitación de la pianista, la pieza asciende lentamente hasta alcanzar un momento desgarrador, luego desciende de nuevo a una resignación dolorosa, aunque sanadora, una y otra vez, como olas rompiendo contra el corazón. El ritmo es ágil, ligero, en una recoleta melancolía sin una pizca de desesperación.

Miriam toca Clair de lune de Claude Debussy de forma encantadora. Lírica, bien contrastada, con el pianissimo más suave, cuidando métricamente que los colores nunca se desdibujen. La pianista asume con pulso claro el enfoque ideal; los sonidos levitan etéreamente, pero sin volverse difusos. Así se permite esta sensible intérprete el paso hacia el Nocturno de Chopin, tierno y taciturno con su mezcla de dulzura melódica, gran virtuosismo y filigranas sonoras, entre luces y sombras,

El programa armado por ella es, sencillamente, espléndido, y singular. El Romance de Schumann fluye espontáneamente de sus manos. El lirismo es exquisito. Miriam está muy concentrada, atenta a la armonía de Schumann, saboreando todas las disonancias y comprendiendo su importancia relativa. La pieza muestra el fino control y la estratificación de las densas texturas del compositor, creando una impresión tridimensional de la música.

El bello sonido del piano, un Blüthner, fabricado en Leipzig, es otro placer en este vídeo, pleno y cálido, de calidad vocal y equilibrado en toda la gama. Algunos oyentes tal vez quisieran un pulso más claro, una columna vertebral más evidente de la música, pero a mí me parece una representación totalmente persuasiva de un Schumann mercurial, sin un hueso de agresividad en su cuerpo.

El calor estival era notorio en esta jornada. Pero desde el punto de vista musical ésta era exactamente la temperatura adecuada para la Sonata nº 4 en mi bemol mayor, una obra apasionante compuesta por Beethoven entre 1796 y 1797. Tenía entonces 26 años y llevaba unos cuatro viviendo en Viena. Esta sonata adquirió un alcance como solo la sonata para fortepiano lo hiciera más tarde; en consecuencia, es la primera a la que Beethoven asignó un número de opus propio.

El Allegro molto e con brio requiere rapidez y fuego. Miriam Gallego Lorente le imprime gran energía, con octavas limpias como un rayo, hondas figuras, contrastes de volumen en los espacios más pequeños de este frenesí. La música de aleja jadeante y lentamente en el Largo con gran espressione, pero sin conocer ni el punto ni la coma, con muchos sforzati y subito forte de por medio, hasta que regresa a una gran intimidad.

En el Allegro y en el Rondo: Poco allegreto e grazioso, Miriam Gallego Lorente demuestra en todo momento que tiene todo bajo control. Cada crescendo parece medido con precisión, cada quietud repentina una orden desde el máximo poder, cada fermata contada métricamente. El tiempo se convierte en una medida externa en la que se pueden acomodar los acontecimientos, en la que se cumple el sentido de la pieza. Triunfa con ella lo medido, sobre lo único e irrecuperable.

El Nocturno póstumo de Chopin, marcado como Lento con gran espressione, comienza con una breve y repetida introducción. Primero, tranquilo; luego, más tranquilo aún y de una fuerza espiritual inefable. Cada nota es una búsqueda de paz, de serenidad, y las encuentra en las hábiles manos de Miriam Gallego Lorente. Ella respira con cada frase para que el sonido se convierta en una interpretación integrada más visceral. La ejecución es tierna, dulce, serena, recoleta, sin exageraciones hasta que la música se evapora, se diluye en ese sortilegio que la pianista misma conjurara desde el comienzo.

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