España - Cataluña

La Tosca de los divos

Jorge Binaghi
jueves, 5 de agosto de 2021
'Tosca' en Peralada © 2021 by Festival de Peralada 'Tosca' en Peralada © 2021 by Festival de Peralada
Peralada, domingo, 25 de julio de 2021. Teatre del Festival del Castell. Tosca, Roma, Teatro Costanzi, 14 de enero de 1900. Libreto de G. Giacosa y L. Illica sobre La Tosca de V. Sardou y música de G. Puccini. Versión en forma de concierto. Intérpretes: Sondra Radvanovsky (Floria Tosca), Jonas Kaufmann (Mario Cavaradossi), Carlos Álvarez (Barón Scarpia), Gerardo Bullón (Angelotti), Valeriano Lanchas (Sacristán), Mikeldi Atxalandabaso (Spoletta), Daniel Lagares (Sciarrone), e Inés Ballesteros (Un pastor). Orquesta y coro titulares del Teatro Real de Madrid (maestro de coro: Andrés Máspero). Director: Nicola Luisotti
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En una circunstancia como la actual es bien comprensible que una de las dos presentaciones operísticas del Festival, y la más popular, haya sido sin escena tirando del gancho de las representaciones (16) en Madrid con tres repartos de fúlgidas estrellas (además de los presentes estaban Netrebko-Eyvazoy, Sartori, Agresta-Fabiano, Calleja, tal vez no todos tan fúlgidos) y aprovechando que este elenco, seguramente el más equilibrado, había acabado ya sus compromisos en Madrid, y se podía permitir un final de fiesta importando asimismo coro, orquesta y director a fin de economizar ensayos. Yo sinceramente espero que las dos representaciones escénicas anuladas el año pasado por la pandemia con Aida y un ‘gran elenco’ se puedan recuperar tal cual porque las encuentro mucho más atractivas (con o sin decorados importa poco) que la presente.

No recuerdo si Tosca se había hecho antes en Peralada, pero tiendo a pensar que no, aunque no es título que yo no vaya a ver lejos de mi base si no veo garantías. Y sobre el papel aquí las había. Si el cansancio lógico, la acústica de un espacio abierto aunque con micrófonos, u otros ‘imponderables’ (que de todos modos había yo ‘ponderado’), hicieron que las cosas no salieran -a mi entender- como se persiste en decir que salieron y como el público que fue a oír lo que le habían dicho saludó con ovaciones y pateos porque no podía ser que aquí no se repitieran los bises que tuvieron lugar en Madrid cada vez que soprano y tenor se presentaron en escena (ella más demandada que él y con nuevos aplausos al final de la ejecución de su aria como no fue el caso en la otra), pues…

Luisotti dirigió bien, con experiencia y conocimiento de primera mano de los cuerpos titulares que sonaron excelentemente, aunque tal vez algo fuertes y con algunos tiempos lentos que no sé si son suyos o se avinieron a lo que los cantantes querían (fue claro que el tenor le explicó lo que quería antes de su bis).

Los comprimarios cumplieron bien su cometido, con mención especial para Bullón y Atxalandabaso en sus breves pero no fáciles intervenciones. Lanchas es siempre un buen Sacristán, pero esta vez se vio tentado por los aspavientos de Kaufmann -seguido de cerca por Radvanovsky- que intentaba tal vez suplir la escena y/o distraer un poco de su prestación vocal.

Porque se habrá cansado de decir que cantar unos cuantos Cavaradossi en medio de representaciones en Múnich del recién debutado Tristán no (le) cuesta nada, pero esto fue la demostración de lo contrario. Con todos los respetos, la voz estaba dura, opaca, los agudos (por más calderones que colara vinieran o no a cuenta) estaban abiertos, la emisión más engolada que nunca, y más de una vez hubo que temer un accidente ya desde la segunda frase de ‘Recondita armonia’, pero el susto mayor quedó reservado para ‘Amaro sol per te’ en el tercer acto. Sobre su especialización en ‘filar’ (o falsetear) notas, por ejemplo en ‘E lucevan le stelle’ (que se incrementaron en la repetición) lo que se escuchó en ‘O dolci mani’ fue de un destemplado y descolorido total. Claro, como es un artista, hubo aún algunas frases atendibles…

Si alguien se toma el trabajo (no lo aconsejo) de ver lo que decía yo de Radvanovsky cuando interpretó a Floria en el Liceu no se sorprenderá si digo que ha mejorado algunas cosas y empeorado otras. Sus graves me parecen cada vez más artificiales (‘io quella lama gli piantai nel cor’ sonó espléndido hasta el ‘do’ de la dichosa ‘lama’, pero lo que yo oí luego fue un murmullo poco inteligible concluido en un ‘cor’ sumamente desagradable). El agudo y el volumen o están intactos o incluso aumentados, con el resultado de que hay notas ‘crecidas’ , y si la actuación sigue insistiendo en un juego de dedos (no de manos) es siempre el que se observa en algunas actuaciones hollywoodenses pero no de las mejores actrices de los años cuarenta, cincuenta, o incluso treinta del pasado siglo. Sus exquisitos piani, algo difícil para una voz de sus dimensiones, aparecieron -algo menos que lo usual- en el segundo acto (las dos coronas en las notas finales de ‘Vissi d’arte’ causaron su efecto en el respetable, pero no los encontré del mejor de los gustos, y desde luego no iban con el momento dramático, pero como los bises estaban claramente decididos de antemano las luces se encendieron en ambas oportunidades y asistimos en ambos casos a un concierto de soprano o tenor con acompañamiento orquestal, lo que creo que constituye una devaluación total de lo que significa -¿o significaba?- un bis). Reaparecieron por fortuna en todo su esplendor en el tercer acto, pero ni uno en el primero (ni siquiera una media voz en ‘ma falle gli occhi neri’). Las explosiones ‘Giuro!’ del primer acto y ‘Assassino!’ del segundo fueron sencillamente dos gritos.

Queda el tercer as, Carlos Álvarez. Con algo menos de volumen (o así sonó) creo que fue quien lo hizo mejor, con más equilibrio en todos los aspectos. Probablemente no es Puccini, ni este papel su terreno de elección (que sigue siendo Verdi), y muchos colegas cuyo juicio respeto encontraron que le faltaba una interpretación acorde con el nivel de su canto. Yo siempre he pensado que Puccini lo escribió para cantarlo, no berrearlo ni hablarlo, porque bien difícil que es, y las interpretaciones pueden ser muy diferentes, pero el filón ‘verista’ no me parece el más apropiado porque Scarpia es un barón, un aristócrata putrefacto en su interior que se deja ir en un par de momentos (el deseo sexual despierta en él a la fiera), pero se reprime enseguida; es, para decirlo con Mateo y luego otros, un ‘sepulcro blanqueado’ (‘¡ay de vosotros, maestros de la ley, fariseos, hipócritas!’ dice antes de la expresión citada que podrían aplicarse con cierto provecho varios de los jueces actuales, y no me refiero sólo a los españoles), no el Tonio de Pagliacci.

Como queda dicho este ‘evento’ (palabra que cada vez me hace temblar más cuando la oigo) ha sido saludado como un gran acontecimiento. No en mi caso y hasta cierto punto lo lamento, pero lo que acabo de escribir es lo que he visto y oído explicado lo más sinceramente posible.

(Nota: no es que me he olvidado del rol del carcelero, un joven bajo de medios interesantes pero que deben aún ser trabajados para no sonar monótonos o inexpresivos. He buscado no sólo en el programa del Festival, sino en el sitio web del Real y no he sabido encontrarlo)

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