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La pandemia ha desencantado a Alemania

Juan Carlos Tellechea
lunes, 16 de agosto de 2021
Angela Merkel © 2021 by C. H. Beck Angela Merkel © 2021 by C. H. Beck
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  • El desempeño de la política en Alemania durante la crisis por el coronavirus recuerda bastante a un día de noviembre (otoño) en Berlín: muy entreverado, poca luz, muchas sombras. Ha sido en tal situación que este país tropezó con la pandemia. La COVID-19 ha dejado al descubierto los puntos flojos de la política y de la admnistración bajo la canciller democristiana alemana Angela Merkel en el tramo final de su último período de gobierno. 

Moritz Schularick, «Der entzauberte Staat. Was Deutschland aus der Pandemie lernen muss». © 2021 by C. H. Beck.Moritz Schularick, «Der entzauberte Staat. Was Deutschland aus der Pandemie lernen muss». © 2021 by C. H. Beck.

Así resume críticamente el economista Moritz Schularick, profesor de la Universidad de Bonn, la confusa situación reinante aquí en su nuevo libro Der entzauberte Staat. Was Deutschland aus der Pandemie lernen muss (El estado desencantado. Lo que tiene que aprender Alemania de la pandemia), publicado por la prestigiosa editorial C. H. Beck, de Múnich.*

Schularick va más allá aún y reclama una acción estatal más fuerte y decisiva para enfrentar futuras crisis. Hay que remediar esa mezcla perniciosa de falta de tecnología y lenta burocracia; y el Estado debe asumir más riesgos, por ejemplo en la producción de vacunas:

Cuando estaba claro que Biontech tenía un producto que funcionaba, el Estado podría haber dicho, “os daremos dinero encima para que ampliéis la producción“. En cambio, se compraron máscaras. 

Próximas elecciones y fin de la era Merkel

Alemania está ahora en medio de la campaña electoral para las elecciones parlamentarias federales del 26 de septiembre próximo, a las cuales Merkel ya no presenta más su candidatura. Si bien es muy temprano aún para un juicio integral y exhaustivo sobre la gestión de la canciller durante estos últimos 16 años de gobierno, el periodista Ralph Bollmann se atreve a formular por su parte algunas conclusiones en su libro de 800 páginas titulado Angela Merkel. Die Kanzlerin und ihre Zeit (Angela Merkel. La canciller y su tiempo) de la misma editorial C. H. Beck, de Múnich.

Durante su mandato las certezas comenzaron a disolverse. El orden mundial de posguerra desaparecía; una nueva incertidumbre ocuparía su lugar, más recientemente con la pandemia, afectando la vida cotidiana de la población. Gracias a su experiencia en la ruptura del sistema comunista (1989/1990 caída del Muro de Berlín, colapso del Bloque socialista y reunificación alemana), Merkel, cuya infancia, juventud y formación se desarrolló en la entonces República Democrática Alemania (RDA), estaba mejor preparada para ello que muchos de sus colegas de la occidental República Federal de Alemania.

Llegó a alcanzar tanta popularidad (incluso fuera de fronteras), entre otras cosas, porque mantuvo constantemente alejadas todas las imposiciones de los alemanes que se resistían a cambiar. Pero esta armonía terminó con el debate sobre los refugiados. Merkel no podía ni quería seguir protegiendo a Alemania del curso de la situación mundial y se polarizó en el conflicto entre la defensa nacional y el cosmopolitismo que implica una decisiva apertura al exterior. 

Protege celosamente el misterio

A pesar de sus 16 años como canciller y 32 años en la vida pública, el número de obras biográficas sobre Angela Merkel es notablemente bajo. La propia Merkel solo ha contribuido de forma controlada al descubrimiento de su persona: en un libro de conversaciones y en un estudio fotográfico de largo aliento. El resto de biografías o libros con elementos biográficos relevantes se pueden contar con una mano. 

Hasta el día de hoy, la acompaña la sospecha de que debe haber otra persona no descubierta dentro de ella. Lo notable de esta interminable búsqueda del misterio es, sobre todo, cómo Merkel ha conservado el aura del enigma sobre su persona íntima. La explicación de esto es ciertamente menos conspirativa de lo que se sospecha: Merkel tiene un impresionante sentido de la cercanía y la distancia, opera una perfecta gestión de la atención en tiempos de omnipresencia.

Bollmann divide la biografía en tres fases: La infancia y la vida en la RDA; el despertar político tras la caída del comunismo, el padrinazgo del canciller de la unificación, Helmut Kohl, hasta el inicio de la cancillería; los años de crisis y Merkel como líder política mundial. En general, trata de la densidad de las crisis y la sucesión casi sin respiro de los momentos de choque político mundial: la agradable objetividad de Bollmann habría merecido una o dos exageraciones más aquí. Pues si esta cancillería se diferencia de sus predecesoras, es por la importancia que ha adquirido para Alemania en todas las crisis y por la amenaza a la que se ha visto expuesto el modelo de democracia de la República Federal durante años. 

Crecer a partir de las crisis mundiales

Al final, la pandemia - y la COVID-19 ocupa un capítulo aún no cerrado, lo que se nota en las 30 páginas del libro sobre este tema, demasiado nerviosas, demasiado contorneadas, demasiado frescas. Sin embargo, resulta evidente hasta qué punto Merkel ha salido de los confines de la política interna y de las luchas de poder en la CDU y cómo su personalidad ha crecido con las crisis globales. Al final, esta trayectoria dio a la cancillería de Merkel su importancia histórica.

El autor de la biografía construye un aborto dramatúrgico cuando deja que el mandato termine de nuevo en el pequeño jaque de las negociaciones de la coalición y el desastre de la sucesión. Sí, el fin del poder ha tardado en llegar, y las circunstancias que lo acompañaban hacían que la coalición en funciones pareciera el último recurso. Pero Merkel tiene que agradecer al abominable Donald Trump, a la pandemia y a las grandes crisis en Europa que una mayoría de ciudadanos alemanes (e incluso europeos) la haya visto como imprescindible hasta el final.

Pero estas son cuestiones de peso, y Bollmann se abstiene en gran medida de responderlas. Es una decisión acertada, porque la batalla sobre la interpretación de la cancillería continuará durante un tiempo. La tímida valoración inicial de Bollmann -que la cancillería de Merkel puede compararse mejor con la de Helmut Schmidt en cuanto a su carácter de crisis- recibe una pequeña mejora en el breve capítulo del balance: la continuidad es un valor en sí mismo en tiempos turbulentos. Así que podría ser que mucha gente pronto anhele de nuevo esta estabilidad.

Su posible sucesor, el candidato y jefe del partido democristiano Armin Laschet, no da la talla y carece de popularidad. Como ningún partido podrá alcanzar la mayoría absoluta, es probable que el próximo gobierno sea respaldado por una coalición tripartita. A decir verdad, cuando uno ve los nombres de los tres candidatos principales ninguno parece estar a la altura de los desafíos y cabe interrogarse irónicamente: ¿Es en serio, son estos los candidatos a la cancillería que regirán el futuro de Alemania? 

La Unión Europea y las debilidades de Alemania

En todo este contexto, se cierne asimismo el peligro de que Europa vuelva a ser una perdedora de la crisis en comparación con China y Estados Unidos. Pero ese no es el único problema. Porque la pandemia fue también un ensayo de los retos a los que nos enfrentaremos en la próxima década con el cambio climático. En el futuro, necesitamos un Estado más eficiente, más pragmático y también con más autoconfianza para tomar caminos no convencionales. Porque en un mundo que cambia rápidamente, no apostamos a lo seguro siguiendo como antes, sino mejorando la respuesta flexible a los nuevos retos, sostiene el economista Schularick. 

Alemania es la mayor economía de la Unión Europea. Pero la pesada herencia que deja Merkel a sus sucesores está en el zaguán de la sede de gobierno. ¿Cómo se supone que un Estado que no instala ventiladores en las aulas de sus escuelas (para remover y limpiar el aire en medio de la pandemia) va a dirigir la compleja transformación ecológica de la economía en la próxima década?, se pregunta el economista Moritz Schularick, investigador en la Deutsche Forschungsgemeinschaft (DFG, Comunidad de Investigación de Alemania) y miembro de la Academia de las Ciencias de Berlín-Brandenburgo que integra también la canciller, en su calidad de doctora en física y científica.

Para ello, necesitamos un Estado con visión de futuro que esté dispuesto a asumir riesgos y sea lo suficientemente fuerte para actuar, que establezca los incentivos adecuados y pueda reaccionar con flexibilidad ante nuevas situaciones. En otras palabras, exactamente lo que nos faltaba en la pandemia, sostiene el autor. El libro muestra los déficits en la gestión de la crisis y describe lo que tiene que cambiar si queremos dominar los retos del futuro. 

La pandemia y las mutaciones del virus

En la primavera de 2020, Alemania parecía estar haciendo frente a la pandemia de manera ejemplar. Pero un año después, no quedaba mucho de esa complacencia. A esta altura es imposible negar u ocultar el déficit en la gestión del Estado. Los políticos dieron un traspié durante la crisis y se perdieron en regulaciones detalladas cuando se trataba de desarrollar una estrategia para el país y acelerar la importantísima producción de vacunas. Evitaron el riesgo, aunque esperar y dudar era, en última instancia, el curso de acción mucho más arriesgado. Si se observa con más detenimiento, problemas similares ya eran evidentes en crisis anteriores, como la crisis financiera mundial (2007) y la crisis del euro (2010). A Alemania le resulta difícil tomar decisiones para las que no existe un reglamento, apunta Schularick.

En Inglaterra, el gobierno del primer ministro Boris Johnson, ha dejado sin efecto casi todas las restricciones por la pandemia, pese a las crecientes cifras de infección. ¿Es esto responsable, cuando se sabe ya que la movilidad de las personas es la que contribuye decididamente al crecimiento exponencial de los contagios? Francia, Italia y Grecia introducen la vacunación obligatoria, el gobierno alemán la excluye en este país. El verano de 2021 está marcado por la incertidumbre y la impotencia política. La cuestión no es si llegará la cuarta ola, sino cuándo. 

Los detalles del revoltijo

¿Estamos una vez más desprevenidos? ¿Qué política necesitamos ahora frente al coronavirus? Desde el comienzo de la pandemia, pululan los expertos. Pero lo que menos se necesita es la intromisión de los científicos como confirmadores de la política imperante. El 4 de febrero de 2021, el Consejo de Ética de Alemania (Deutsche Ethikrat) publicaba una recomendación ad hoc bajo el título: ¿Reglas especiales para las personas vacunadas? Era el momento en el que la campaña de vacunación estaba cobrando impulso, aunque de forma extraordinariamente lenta (no había todavía vacunas ni suficientes ni disponibles).

El Consejo se negaba a garantizar a los vacunados (en ese momento los mayores de 80 años) las libertades de las que siempre han disfrutado. El título del documento era pérfido: ¡como si se tratara de normas "especiales", una especie de regalo de las autoridades! La libertad del ciudadano es el caso normal en el Estado liberal, no la excepción. Era de temer que una parte de la población percibiera como injusta una retirada individual de las restricciones estatales a la libertad solo para los ya vacunados", decía el documento. Esto, a su vez, podría reducir la solidaridad de los ciudadanos y su disposición a cumplir las normas.

Falsos argumentos

Este mismo argumento de una amenazante sociedad de dos clases se escuchó el invierno pasado en boca de políticos de todos los partidos (hasta del opositor liberal, FDP). En ese momento había un gran temor hacia los que se oponían a la vacunación, quienes podían ver una obligación implícita de vacunar en el trato preferente a los vacunados. Que los políticos, por demagogia, tengan este miedo es comprensible, también quieren ser elegidos por los opositores a la vacunación y se valen de las herramientas propias de los populistas. Pero el Consejo de Ética vende un puro sentido de la injusticia como argumento filosófico. No habrían dejado que un estudiante se saliera con la suya en un seminario del primer ciclo universitario. ¿Por qué lo usan aquí? Porque habría habido un desbarajuste público en febrero de 2021 si los miembros del Consejo de Ética hubieran votado por la libertad civil inmediata. El Consejo de Ética debate hoy sobre la vacunación obligatoria. Lo que más le convenga. 

Amiguismo

El Consejo de Ética es un órgano consultivo creado por el gobierno federal de Alemania. Sus miembros son propuestos por el parlamento federal y el gobierno federal y nombrados por el presidente federal. La independencia de los miembros debe estar garantizada por la prohibición de pertenecer simultáneamente al parlamento o al gobierno. Esto no cambia el hecho de que tales recomendaciones cumplan el requisito del amiguismo. El objetivo no es el asesoramiento de los expertos, sino la confirmación "científica" de las medidas gubernamentales ante los ciudadanos, sostiene el economista Friedrich Breyer, de la Universidad de Constanza. Un mundo que cree en la ciencia necesita organismos legitimadores de la acción política.

Desde el comienzo de la pandemia pululan los expertos. El más activo es el diputado federal, médico y epidemiólogo Karl Lauterbach, miembro de la bancada socialdemócrata (SPD) del parlamento (en la coalición que encabeza Merkel), asesor del gobierno, aunque por momentos es también su opositor; en fin, todo en uno, algo así como un laboratorio unipersonal de ideas. Por regla general, cuanto más involucrado esté un asesor en los consejos oficiales de gobierno, más afirmativo será su asesoramiento hacia la política. 

Comportamientos lacayunos

La Academia Nacional de Ciencias Leopoldina, creada en 2008 por los gobiernos federal y de los estados federados (Bundesländer), formalmente libre de directivas pero con un mandato público, divulgó en diciembre una recomendación en la que calificaba de absolutamente necesario desde el punto de vista científico un confinamiento. El documento estaba firmado por el director del Instituto Robert Koch (RKI), Lothar Wieler, cuya entidad es una agencia federal subordinada al ministerio de Salud. Wieler y sus colegas, apoyados por la experiencia científica, recomiendan como sin alternativa lo que el gobierno quiere oír y Wieler, como jefe del RKI, puede alabar como razonable. El cálculo (político) vence a la competencia (en estos temas), observa el historiador Caspar Hirschi, profesor de la Universidad de San Galo (Suiza). La aparente proximidad al poder seduce, incluso como lacayo útil, acota por su parte el profesor de Derecho Público Klaus Ferdinand Gärditz, de la Universidad de Bonn. 

La tecnocracia

El Consejo de Expertos Económicos, denominado el de “los cinco sabios“, sigue siendo un órgano relativamente independiente en comparación con el Consejo de Ética, por ejemplo. Los Consejos Consultivos Científicos del ministerio de Economía y del ministerio de Hacienda también son bastante independientes. Reclutan a sus miembros de forma independiente y son libres en la elección de los temas y el diseño de sus informes. Esto no los protege de quienes sueltan tonterías por ahí, como el consejo asesor de empresas de la Joven Economía Digital, adscrita también al ministerio de Economía, que recientemente argumentaba con toda seriedad que los informes de prensa deberían ser censurados si comentaran negativamente sobre las salidas a bolsa de las empresas emergentes (start-ups ). 

Con tono sabio y experto

Moritz Schularick da cuenta de una idea anticuada de la pericia independiente con su noción de distancia de los responsables políticos. En lugar de integrar dinámicamente la ciencia en los procesos de toma de decisiones, prevalece la idea de que los científicos dicen lo que es básicamente correcto desde una distancia segura en un tono sabio de experto.

El hecho de que los consejos consultivos escriban de forma aburrida lo correcto o incluso auténticas tonterías no es algo sacado de la manga, pero no es cierto, por ejemplo, en el caso del último informe de los asesores del ministro de Economía: allí se presentaron buenos argumentos a favor de extender la edad jubilatoria hasta los 68 años, para enfado del ministro Peter Altmaier. Ningún partido (por las mismas razones demagógicas expuestas más arriba) quiere imponer a sus ciudadanos una vida laboral más larga. Pero es bueno que la ciencia se ocupe del asunto, contrarreste estas actitudes populistas claramente y abra los ojos a la ciudadanía. 

El miedo a la derrota

Los problemas en la toma de decisiones políticas eran inequívocos, escribe Schularick. La pandemia fue solo el ensayo de los enormes problemas políticos y económicos que se avecinan. Por lo tanto, el país necesita urgentemente ser más resistente a la crisis.

Las críticas al Estado alemán y a su actuación fueron extraordinariamente agudas durante la crisis por el coronavirus. El Consejo Asesor Científico del ministerio federal alemán de Economía diagnosticó estructuras, procesos y formas de pensar que parecen arcaicas en algunas partes y no dudó en hablar de fracaso organizativo en un informe oficial.

¿De verdad quiere el economista Schularick que el asesoramiento sea distanciado? Habla de participación dinámica en los procesos de decisión. Dice que los políticos no deben eludir su responsabilidad. Deben incorporar a los mejores, que están al día de las últimas investigaciones y pueden asesorar de forma rápida y flexible sobre lo que hay que hacer en una crisis, en lugar de redactar largos informes de expertos. 

Quién los elige y con qué interés

Pero, ¿quién define cuál es el último estado de la investigación? Muchos científicos se conceden a sí mismos una posición profesional y moral que no concederían a nadie más, afirmaba el economista Gebhard Kirchgässner, de la Universidad de San Galo y director del Instituto Suizo de Comercio Exterior y de Investigaciones Económicas Aplicadas (SIAW), cuyo proyecto de investigación sobre la economía política del asesoramiento en materia de política económica se quedó desgraciadamente en un fragmento.

Los científicos y los políticos suelen considerarse dictadores benévolos que solo persiguen el bien común, seres nobles sin intereses de poder. En la pandemia, mucho ha sido vestido con esta imagen. Esperemos que este tipo de tecnocracia no sea mal utilizado como modelo de política climática. Sería mejor confiar en la distancia crítica y la dura competencia entre expertos que en la integración dinámica. Lo que se necesita es una (auto)crítica institucionalizada por parte de los ayuntamientos, las comunas, los municipios y el valor de introducir lo incómodo y lo nuevo en el debate (aunque se llegue a un fracaso, que es lo que muchos temen en realidad: verse comprometidos en un fiasco y ver arruinada su carrera). La ciudadanía no los necesita como confirmadores de las políticas imperantes.

Notas

1. Moritz Schularick, «Der entzauberte Staat. Was Deutschland aus der Pandemie lernen muss», München: C. H. Beck, 2021, 140 Seiten. ISBN 978-3-406-77782-0

2. Ralph Bollmann, «Angela Merkel. Die Kanzlerin und ihre Zeit», München: C. H. Beck, 2021, 800 Seiten mit 69 Abbildungen. ISBN 978-3-406-74111-1

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