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China

China y el Talibán

Juan Carlos Tellechea
martes, 31 de agosto de 2021
China First © 2020 by C. H. Beck China First © 2020 by C. H. Beck
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La tragedia en torno a Afganistán alcanza otro clímax. Tras tomar el poder en Afganistán, los talibanes parecen cojos ante el mundo exterior. Ellos "solo" quieren introducir un gobierno islámico regido por la sharia. Todo en nombre del Islam. Sin embargo, la religión siempre ha sido solo una superestructura ideológica. ¿Qué sucede si se quita la parafernalia, el alboroto y la bravuconería islámica?

Desde 1979 Arabia Saudí y luego otros estados del Golfo como Qatar, Kuwait, han utilizado decenas de miles de millones de dólares, que por supuesto obtuvieron de los ingresos del petróleo, para financiar mezquitas, el envío de imanes a otros países, y para difundir la variante tradicionalmente árabe, wahabí, salafista y salafista yihadista del Islam en todo el mundo islámico, desde África Occidental hasta Indonesia, y eso ha cambiado la cara del Islam en un sentido negativo 

Ruud Koopmans, «Das verfallene Haus des Islam: Die religiösen Ursachen von Unfreiheit, Stagnation und Gewalt». © 2021 by C. H. Beck.Ruud Koopmans, «Das verfallene Haus des Islam: Die religiösen Ursachen von Unfreiheit, Stagnation und Gewalt». © 2021 by C. H. Beck.

afirma el sociólogo Ruud Koopmans, profesor de la Universidad Humboldt de Berlín. Koopmans es autor de un libro que ha despertado no pocas controversias y críticas virulentas entre los musulmanes: Das verfallene Haus des Islam. Die religiösen Ursachen von Unfreiheit, Stagnation und Gewalt (La casa en ruinas del Islam. Las causas religiosas de la esclavitud, el estancamiento y la violencia), publicado por la prestigiosa editorial C. H. Beck, de Múnich.*

El auge del fundamentalismo viene ligado a tres acontecimientos importantes: la revolución islámica en Irán (de corte chií), la invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética, y por último la ocupación de la Gran Mezquita de La Meca por parte de los terroristas islamistas. Para asaltar con la ayuda de las fuerzas especiales occidentales, el régimen saudí necesitaba el apoyo de los escribas. Y ellos, a su vez, solo dieron su consentimiento con la condición de que la casa real exportara el Islam saudí (de corte wahabitasuní) a todo el mundo.

Las fieras a la caza de sus presas

Centrémonos ahora en Afganistán. La imagen es inquietante: talibanes saltando en un trampolín, riéndose, empujándose, cogidos de la mano. Los talibanes se sientan en los autos chocadores (autoscooter) y chillan como chavales cuando hacen "bang". Los guerreros sagrados han descubierto ahora (a la vejez viruela) el parque de atracciones de Kabul.

En su primera rueda de prensa, se muestran piadosos: "solo" quieren implantar un gobierno islámico regido por la sharia. Los talibanes no quieren subyugar a Afganistán, sino que llevan a cabo una campaña contra las mujeres, contra las presentadoras de radio y televisión, las doctoras, las estudiantes.

Ni bien invadieron la gran ciudad de Herat, iban de casa en casa recogiendo muchachas solteras. Los imanes y los mulás deben hacer una lista de todas las niñas mayores de 15 años y las viudas menores de 45 en sus comunidades, es la primera orden de los autoproclamados nuevos gobernantes.

Distribuyen a las jóvenes entre los suyos. El hecho de que esto sea realmente anti-islámico no importa. Se anunciará cómo deben vestir las mujeres en el futuro, afirman. Por cierto, los hombres también están sometidos a un dictado de estilo: tienen que llevar turbante y ya no deben afeitarse. Todo en nombre del Islam.

Sin embargo, la religión siempre ha sido solo una superestructura ideológica que oculta intereses tangibles, contantes y sonantes. Entonces, ¿qué sucede si se quitan las fantochadas islámicas de los talibanes? Sobre todo si tenemos en cuenta que vivimos en un mundo globalizado.

El sueño húmedo de los incel globales

Etiquetarlos simplemente como un grupo de incel (sigla en inglés de hombres célibes involuntarios y que culpan a las mujeres por ello) sería demasiado corto de miras -aunque ciertamente es cierto para uno o dos talibanes. Si se observa a los talibanes uno a uno como individuos, uno se da cuenta rápidamente que son unos pobrecillos.

Muchos son huérfanos, muchos son hijos de los más pobres de los campos de refugiados paquistaníes que han sido arrastrados a las madrasas. Se sabe que los clérigos y profesores han abusado sexualmente de los chicos como algo normal. Durante años no han visto a una mujer, y mucho menos han disfrutado del abrazo amoroso de una madre. No tener familia es el mayor estigma de todos para los afganos "normales".

Sin madre, hermanas o primos, un hombre afgano no puede ni siquiera pedir la mano de una mujer deseable, según la antigua tradición. En realidad, el noviazgo y el matrimonio en Afganistán están inmersos en un complicado ritual: los islamistas simplemente se llevan a las mujeres.

¿Qué intereses "reales" representan los talibanes?

Los talibanes son percibidos como los sucesores de los muyahidines, pero son diferentes. Son internacionales y albergan a radicales de todo el mundo. Al igual que los muyahidines, fueron financiados, entrenados y construidos desde el principio por Estados Unidos y Pakistán.

Toda la cúpula de los talibanes vive en Pakistán con sus esposas e hijos. Su Consejo de la Shura tiene su sede en Quetta, Pakistán. En Doha, en Qatar, se ha permitido a los talibanes establecer su oficina política. Cuando los talibanes llegaron al poder en 1992, solo fueron reconocidos por Pakistán, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Los pakistaníes y los saudíes ya perseguían entonces sus propios intereses: Los pakistaníes están obsesionados en eso de no permitir a los indios ninguna influencia en Afganistán y aguantan todo lo que haya que soportar, van a las duras y a las maduras.

Poner a Irán en un aprieto

Los saudíes, que han sido importantes financiadores desde el principio, quieren poner en aprietos al Irán chií, como sospecha con razón el gobierno de Teherán. Con un gobierno talibán en Afganistán, Irán se vería acorralado entre dos estados suníes radicales.

Una vez más, Afganistán se convierte en el escenario de los combates de las potencias extranjeras. El hecho de que Occidente se haya retirado está llamando a otros a la acción. Rusia, Irán, China, India y Pakistán, pero también los Estados del Golfo y Turquía, se han lanzado a Afganistán desde el 15 de agosto pasado, principalmente por intereses geopolíticos.

El voraz apetito de China por las materias primas afganas

El ascenso de China no solo está cambiando el modelo mundial de poder, sino que tiene una profunda influencia en la vida cotidiana de las personas en todas las partes del mundo 

afirma el historiador y periodista Theo Sommer en su libro China First. Die Welt auf dem Weg ins chinesische Jahrhundert (China primero. El mundo hacia el siglo chino) de la misma editorial C. H. Beck, de Múnich.*

Este ascenso -un acontecimiento de importancia histórica mundial- plantea a Occidente un reto sin precedentes. Hasta ahora aún no ha penetrado plenamente en nuestra conciencia. Ya es hora de asumirlo, de adaptarnos a ello si queremos mantenernos en el siglo XXI

apunta Sommer, ex editor jefe del renombrado semanario liberal de izquierdas Die Zeit.

El gobierno de Pekín fue el primero en reconocer el régimen del Talibán y con este paso político y diplomático no ha hecho más que revelar con toda la fuerza del mundo sus intereses económicos en Afganistán.

El Hindú Kush contiene materias primas que podrían satisfacer el voraz apetito de China. Los chinos ya se han asegurado los derechos mineros de la provincia de Lawgar, por 30 años. Hasta ahora, China ha extraído cobre en Afganistán. Pero el petróleo y el gas también fluyen por las venas del Hindú Kush.

No se puede cuantificar el volumen de recursos minerales en Afganistán, porque el país nunca fue colonizado, es virgen, nunca ha sido explotado. Ya en 2010, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estimó el valor de los tesoros de Afganistán en unos 900.000 millones de dólares. Otras estimaciones sitúan la cifra en al menos un billón. Además de piedras preciosas, como el lapislázuli, o el oro, el Hindú Kush alberga minerales volcánicos, arena de cuarzo y grafito.

Afganistán: la "Arabia Saudí del litio"

Pero mucho más importante para el hambre del capitalismo es el litio. Los investigadores del informe del USGS llamaron al país la "Arabia Saudí del litio". Los chinos están muy interesados en el material con el que se fabrican las baterías de los coches eléctricos. Y luego está el megaproyecto de la Nueva Ruta de la Seda.

Hasta ahora, los recursos minerales no se han explotado a escala gigantesca. La guerra, la falta de estructuras administrativas y la dura voluntad de los afganos de ser independientes lo han impedido. Los talibanes podrían crear un entorno en el que los inversores puedan atacar de verdad.

Los talibanes solo están interesados en una cosa: el opio y la heroína

Una materia prima es sagrada para los talibanes: el opio. Sin el tráfico de drogas, los rufianes barbudos nunca habrían llegado tan lejos. Afganistán es el primer productor mundial de opio (seguido por Myanmar, ex Birmania). La ONU calcula que los talibanes ganaron más de 400 millones de dólares con el tráfico de drogas en 2018 y 2019. El 80% de toda la heroína del mundo procede del Hindú Kush. Por supuesto, los talibanes seguirán ganando dinero con la heroína y el opio. No tienen ni la maquinaria ni los conocimientos técnicos para explotar las piedras preciosas y las tierras raras. Eso se lo dejan a los chinos.

Al gobierno chino no le importa lo que ocurra civilmente en Afganistán. Los medios de comunicación estatales de China habrían subrayado en varios informes de las últimas semanas que Afganistán siempre ha sido "el cementerio de los imperios". De hecho, ninguna gran potencia ha logrado tomar el país. Los británicos lo intentaron tres veces y fracasaron estrepitosamente, una vez solo sobrevivió el médico militar y otra el perro de la tropa. Alejandro Magno, que había subyugado a media Eurasia, fracasó en Afganistán. Mucho más tarde, el fracaso de los soviéticos en Afganistán anunció el fin del bloque oriental.

Los talibanes no son "parte de la población afgana"

Los chinos prefieren mantenerse al margen (siempre y cuando los islamistas no se entrometan en sus asuntos internos, como el conflicto con la etnia uigur). La televisión estatal china llama a los barbudos "parte del pueblo afgano". Los afganos saben que no es así. Para el pueblo de Afganistán y los afganos en el exilio, los talibanes son simplemente marionetas de los pakistaníes y los saudíes, es decir, extranjeros. Los extranjeros que quieren ejercer el poder sobre los afganos: no hay nada a lo que los afganos sean más alérgicos. Los chinos tienen razón, Afganistán es el "cementerio de los imperios"; es de esperar que los nuevos invasores también lo sientan así. Una cruenta guerra civil no está muy lejana.

Notas

1. Ruud Koopmans, «Das verfallene Haus des Islam: Die religiösen Ursachen von Unfreiheit, Stagnation und Gewalt», München: C. H. Beck, 2021, 314 Seiten, mit 16 Abbildungen und 21 Grafiken. ISBN 978-3-406-77515-4

2. Theo Sommer, «China First. Die Welt auf dem Weg ins chinesische Jahrhundert», München. c. H. Beck, 2020, 496 Seiten, mit 12 Abbildungen, 6 Grafiken und 8 Karten. ISBN 978-3-406-75584-2

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