Obituario

Recuerdo de Mikis Theodorakis

Juan Carlos Tellechea
viernes, 3 de septiembre de 2021
Mikis Theodorakis © 2020 by Jens Rötzsch / Schott Mikis Theodorakis © 2020 by Jens Rötzsch / Schott
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La discreta casa, con su pequeño apartamento, donde vivía Mikis Theodorakis hasta su muerte, se encuentra al pie de la boscosa colina de Filopapo, justo enfrente del Areópago, sobre el que se eleva la Acrópolis. Aquí todavía se puede sentir el suave clima ático que caracterizara siempre a Atenas. Aquí, sobre este enorme monolito de mármol gris azulado y rojizas vetas, le vienen a uno en mente indefectiblemente todas las imágenes de la historia clásica.

En la Antigüedad se encontraba en las inmediaciones la prisión donde el filósofo Sócrates fue obligado a beber la copa de cicuta. A apenas unos 600 metros de la casa de Theodorakis, Pericles fundó la democracia en el siglo V aC con su discurso fúnebre a los atenienses muertos en la Guerra del Peloponeso. En la roca del Areópago, más o menos a la misma distancia, el apóstol Pablo proclamó el cristianismo ante los atenienses y, por lo tanto, la cultura de Occidente. Si hubiera una frontera definida entre Oriente y Occidente, ésta tendría que pasar exactamente por aquí, por esta calle, pensaba para mis adentros mientras la recorría hace un par de años atrás.

Asteris Kutulas, «Mikis Theodorakis. Ein Leben in Bildern». © 2010 by Schott.Asteris Kutulas, «Mikis Theodorakis. Ein Leben in Bildern». © 2010 by Schott.

La editorial Schott-Music, de Mainz, que publica las partituras de Mikis Theodorakis acaba de sacar un magnífico libro con ilustraciones sobre su vida reunidas por el escritor y publicista Asteris Koutoulas (o Kutulas). 

Theodorakis era conocido y muy popular en todo el mundo y en la difícil época en la que fue arrestado y su música fue incluso prohibida en Grecia, grandes compositores como Leonard Bernstein y Dmitri Shostakovich presionaron para que fuera liberado; y eso significa realmente que tenía una gran voz y reputación en todo el mundo, 

afirma Peter Hanser-Strecker, editor de Schott-Music y amigo personal del autor de la ópera Kostas Karyotakis (La metamorfosis de Dioniso, 1984 - 1985), entre otras grandes obras.

Mikis Theodorakis fue tomado por muchas cosas en su vida. Como icono nacional, político honesto de izquierdas, como luchador por la libertad, antifascista e ideólogo problemático. Se dejó apropiar por todo ello, pero sin embargo se mantuvo admirablemente obstinado como músico popular que siguió su propio camino de forma independiente. Hasta el final, se ocupó en su piso de Atenas de nuevas composiciones y de la cuestión de lo que el arte puede conseguir en tiempos políticamente inestables.

Su deceso es un recordatorio de que el dolor de la experiencia política, una de sus formulaciones favoritas, no puede resolverse solo racionalmente. Su respuesta profundamente poética a la falta de espíritu de cualquier dictadura será seguramente uno de los legados duraderos de la vida de este siglo.

Mikis Theodorakis en el Anfiteatro romano de Cesarea, 1972. © 2002 by Mordo Avrahamov.Mikis Theodorakis en el Anfiteatro romano de Cesarea, 1972. © 2002 by Mordo Avrahamov.

Hay una fotografía de Mikis Theodorakis en la que se le ve ensayando antes de un concierto en 1972 en el anfiteatro de Cesarea (Israel). Grecia estaba entonces gobernada por una junta fascista que lo torturó y le prohibió actuar. En la foto, Theodorakis, que había sido entretanto liberado y vivía en el exilio en Francia, tras la presión internacional, tiene los brazos extendidos, muy concentrado, con los ojos casi cerrados. Como artista, siempre se preocupó por un trabajo claro y meticuloso.

Expulsado y torturado por la Junta

Durante el periodo de la junta, 1967-74, dio más de 500 conciertos en el extranjero como exiliado. Aclamado y celebrado por las grandes mayorías, se convirtió en el rostro de la resistencia, no solo contra las autoridades de Atenas, sino también contra las crecientes tendencias totalitarias en el mundo. Artísticamente, no hizo concesiones. Quería oponerse al espíritu con algo parecido a la precisión y la poesía. Por ello, era admirado y querido por quienes trabajaban con él.

Obras como el Ciclo Mauthausen, que lleva el nombre de un campo de concentración nazi en Austria, el Canto General basado en poemas de Pablo Neruda o su ciclo de canciones El sol y el tiempo se siguen interpretando hoy en día, porque aportan respuestas a cuestiones actuales. Por ejemplo, cómo hacer popular una postura de resistencia sin ser populista. Tenemos sed a mediodía / Pero el agua no tiene sabor, como dice una de sus canciones.

Resistencia contra los nazis

Nacido en 1925 en la isla de Quíos, Mikis Theodorakis se interesó por la música a una edad temprana. Durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, se unió a la resistencia y conoció las teorías del marxismo sin caer en la repetición de axiomas. A diferencia de muchos "izquierdistas comprometidos" de su generación, no temía el contacto con la cultura popular. Estudió la historia de las canciones del género rebético, de la música de los refugiados de la catástrofe de Asia Menor en Esmirna, pero también de la música bizantina.

Al mismo tiempo, Theodorakis se interesaba por la poesía contemporánea, como la obra del Premio Nobel de Literatura Odysséas Elýtis. Cuando fue a París a principios del decenio de 1950, fue uno de los alumnos del compositor Olivier Messiaen. Al principio compuso en el estilo de la época, pero pronto percibió que se trataba de "música solo para unos pocos elegidos", como él mismo señaló. Tras el estreno en 1959 de su ballet Antígona en el Convent Garden Theatre de Londres, bailado por Rudolf Nureyev y Margot Fonteyn, recordó un disgusto trascendental: 

Yo... vi al público aplaudiendo y me di cuenta de que nada me unía a esa gente. Así que empaqué mi bolsa de lona... y volví a Grecia.

De vuelta en Atenas, comenzó a cambiar radicalmente su estilo. A partir de entonces, utilizó instrumentos como el bouzouki. La respuesta fue abrumadora. Hoy en día, en los conciertos de su música en Grecia, se puede comprobar que incluso los jóvenes cantan los complejos textos de sus adaptaciones de poesía sofisticada. Por ejemplo, el complejísimo texto de Odysseas Elytis en el oratorio Axion Esti (Alabado sea).

Theodorakis se dio a conocer en Occidente principalmente a través de sus canciones. A veces se le clasifica como "compositor de canciones", lo que pasa por alto sus intenciones. Se veía a sí mismo como el creador de la "Nueva Canción Griega". Se trataba de un intento de compatibilizar la música con las canciones artísticas centroeuropeas creadas en el siglo XIX. El hecho de que se escucharan en la radio y se interpretaran en las calles de Grecia les hizo factibles de una eventual recepción occidental. Pero también hubo voces como la del periodista Ron Hall, quien entendió el apasionante juego entre el pop y la reivindicación.

Más allá del patetismo barato

Algo que Bertolt Brecht había deseado toda su vida, es decir, que su obra fuera recibida por el "pueblo", más allá del patetismo barato, se cumplió en la obra de Mikis Theodorakis. El hecho de que también fuera un artista pop apenas se ha visto reflejado hasta ahora. Verbigracia, el serio negocio de las orquestas alemanas, lo tiene muy difícil con él, porque sus obras fueron interpretadas a veces en versiones espeluznantes por cantantes pop como Milva y Vicky Leandros. Theodorakis no tenía ningún problema con ello. Creía en la complejidad del funcionamiento del arte.

Tras el fin de la junta militar, dio un concierto legendario en octubre de 1974 en el estadio Karaiskakis del Pireo. 

Ese momento fue el punto culminante de mi vida. El público estaba en un estado que no he vuelto a experimentar: lleno de alegría, de felicidad, de fuerza

rememoraba el compositor. La euforia de ahuyentar los fantasmas del fascismo con los medios de la música es algo que hoy resulta casi nostálgico, ya que apenas parece concebible. El hecho de que Mikis Theodorakis también actuara con ingenuidad y negligencia en su compromiso político es un aspecto irritante de su biografía.

Sus exabruptos antisemitas durante una entrevista televisiva en 2011, su partidismo en la disputa por la denominación "correcta" de Macedonia han dejado incrédulos a muchos seguidores. Si se leen sus textos sobre el tema, se ve una actitud más diferenciada. Especialmente en Israel, teniendo en cuenta sus canciones antifascistas, la gente se sintió decepcionada por las declaraciones antisemitas. Cuando se disculpó poco después y habló de un "error", demostró su capacidad para revisar posiciones. Las obras completas de Theodorakis no tienen ninguna connotación antisemita.

En silla de ruedas a la manifestación

Theodorakis nunca rehuyó tomar partido. Por ejemplo, cuando participó en manifestaciones contra la Troika en silla de ruedas durante la crisis económica de Grecia en 2012 y resultó gravemente herido por gases lacrimógenos, allí tuvimos el honor de conocerlo personalmente; un momento inolvidable. Seguía siendo un izquierdista en el sentido de un escéptico contradictorio. Si hoy fuera joven me llamarían terrorista, afirmaba.

Wassili Aswestopoulos, «Mikis Theodorakis». © 2018 by Kurz & Bünding.Wassili Aswestopoulos, «Mikis Theodorakis». © 2018 by Kurz & Bünding.

Sus declaraciones políticas no pueden entenderse sin referencias a su obra. (…) porque siempre he querido legar lo mejor de mí a la sociedad, ¡la música!, decía el compositor, citado en el libro Mikis Theodorakis, del fotógrafo Wassilis Aswestopoulos publicado por la editorial Kurz & Bündig, de Basilea y Fráncfort del Meno.

¿Cuántos de sus críticos en Occidente tenían un conocimiento más profundo de las huellas y traumas específicamente griegos que subyacen en su obra? Referencias que no son tan fáciles de clasificar mediante la lectura de traducciones a medias, ya que, por desgracia, se encuentran en gran número en los folletos de CD de las obras de Theodorakis, al menos en Alemania.

En la República Democrática Alemana (RDA), antes de 1989, las actuaciones de Theodorakis eran señales de un mundo lejano y meridional que parecía inaccesible en la Alemania del Este. En la República Federal de Alemania (oeste), sus conciertos se celebraron a su vez como una forma más sensual de resistencia de izquierdas, es cierto que con esa sublime ignorancia de una confrontación artística real, ya que la mayoría de los oyentes embelesados en el tiempo del bouzouki no tenían ni la más remota idea de las complejas alusiones de sus textos griegos originales.

Uno de sus mayores éxitos en Occidente también puede verse en este contexto. La música de cine que compuso para la adaptación cinematográfica de 1964 de Michael Cacoyannis de la novela Vida y aventuras de Alexis Zorba, de Nikos Kazantzakis, protagonizada por Anthony Quinn. El mundialmente famoso baile "Sirtaki" es una ilusión de la película y no existe en Grecia. La música es, sin duda, una de las obras más débiles de Theodorakis, sencilla y compuesta según las necesidades de una escena. En retrospectiva, Theodorakis evocaba así su trabajo: Mucha gente cree realmente que solo escribí 'Taram-taram-taram'. Eso es ridículo.

Sus sinfonías y óperas, una vuelta a la música sinfónica en su vejez, nunca han tenido un interés generalizado en la recepción occidental. Siempre siguió siendo el griego del folclore, a pesar de muchos intentos de mostrar las dimensiones europeas de su obra, como la preciosa biografía ilustrada de Asteris Kutulas publicada por la editorial Schott-Music que mencionábamos al comienzo. En una de sus canciones más famosas, Old Streets (Δρόμοι παλιοί), describe a una persona que vuelve a su ciudad y no reconoce nada.

Poco antes del inicio de la pandemia, Maria Farantouri, una de sus grandes intérpretes griegas, la había cantado en un concierto en Berlín, perturbada por los abucheos de los alborotadores adictos a los disturbios. Fue entonces cuando el canto alienígena se hizo tan tangible como el poder la música de Mikis Theodorakis, que ahora más que nunca va a ser redescubierta.

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