Discos

De la respiración del yo como globalidad

Paco Yáñez
lunes, 6 de septiembre de 2021
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Toshio Hosokawa: Sen I; Birds Fragments III; Vertical Song I; Atem-Lied; Lied; Kuroda-Bushi. Yoshie Ueno, flautas. Mayumi Miyata, shō. Ken'ichi Nakagawa, piano. Keiji Ono, productor e ingeniero de sonido. Un CD DDD de 42:28 minutos de duración grabado en el Lake Sagami-ko Community Center de Sagamihara (Japón), los días 2 y 3 de julio de 2020. Kairos 0015092KAI.
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Para mí, la flauta es el instrumento que puede realizar de forma más profunda mi ideal musical. La flauta puede producir un sonido por medio de la respiración, y puede ser un vehículo por medio del cual la respiración transmita el poder vital del sonido.

Con estas palabras presenta el compositor japonés Toshio Hosokawa (Hiroshima, 1955), en el libreto del compacto que hoy reseñamos, la importancia que para él tiene la flauta, un instrumento que conecta con la tradición y que ha explorado tanto en su forma occidental (mayoritariamente) como, de un modo más reciente y puntual, por medio del shakuhachi, flauta de bambú nipona que escuchamos como solista en la partitura camerística Nozarashi (2009). En todo caso, aunque el shakuhachi no esté presente en el orgánico instrumental más al uso en las obras de Toshio Hosokawa, sí lo está la idiosincrasia de dicha flauta tradicional y su propia filosofía dentro de la música japonesa, que el propio compositor nos explica en las notas de esta edición.

Para ello, se remite Hosokawa a las enseñanzas de Zhuangzi, filósofo de la antigua China que dividía la música en Renlai ( ), Dilai ( ) y Tianlai (天籟), utilizando, en todos los casos, el término -lai (), referido a los tubos para hacer sonar el aire, por lo cual dicha división se acaba refiriendo y catalogando la música hecha por el hombre (Renlai), ya fuese a través de un tubo, con el soplido de la flauta, o por medio de la voz u otros instrumentos; por la propia naturaleza (Dilai), desde la del viento entre los árboles al rumor de una cascada; o por ese poder divino (Tianlai) que, a través del ser humano y de la naturaleza, se expresa: la voz de la madre naturaleza, el aliento de la divinidad. Es ésta una concepción plenamente deudora del budismo zen, que considera el soplido del tubo de bambú como el sonido ideal, aquél en el que la acción humana remeda una sonoridad propia de la naturaleza a través de la cual se hace uno con ella, expresando el poder y la presencia de la divinidad. Así, lo musical se convertiría en un hecho espiritual y religioso, al disolverse quien música tocase en la sonoridad de la madre naturaleza, algo que Toshio Hosokawa dice escuchar en el arte de Yoshie Ueno cuando la flautista nipona acomete las seis piezas que en este nuevo compacto del sello Kairos se recogen, que desgrana cual chamán que pone en contacto y personifica esas tres dimensiones de lo musical, haciendo de la flauta ser humano, naturaleza y divinidad.

Así pues, el proceso de respiración como comunión del yo en la globalidad, a través de una música que no sólo se convierte en un hecho espiritual, sino que permite al intérprete crearla con sus propios sonidos corporales, confiriéndole una fisicidad tan propia de la música tradicional como de la avantgarde europea, con la que Toshio Hosokawa se conecta muy directamente; en un primer momento, a través de su maestro Isang Yun; posteriormente, de un Helmut Lachenmann a quien el compositor de Hiroshima considera su mentor. La primera de las obras recogidas en este compacto, la estupenda Sen I (1984), demuestra esa síntesis entre tradición nipona y modernidad europea que es seña de identidad por antonomasia del lenguaje hosokawiano. El propio compositor nos dice que Sen I es la primera de una serie de partituras denominadas Sen, traducible como «línea», en castellano, así como que se encuentra en el origen de su idea de «caligrafía de tonos», basada en la concepción de que los sonidos nacen de la nada (en música, el silencio) y a ésta vuelven tras su efímera afirmación: soplo de vida que en la flauta tiene un privilegiado medio para expresarse, asociada al hálito como dador de vida. De este modo, dichos tonos y sonidos (ya armónicos, ya extendidos) se convierten en puntos y líneas con los que el compositor traza su personal caligrafía. Pieza de gran transcendencia —según reconoce el compositor— en la afirmación de su lenguaje, para Hosokawa en Sen I aparece, asimismo, la importancia de los tonos verticales, que podríamos relacionar con el concepto —también netamente hosokawiano— del tiempo vertical. Repleta de efectos de aire sin tono, de armónicos, de flatterzunge y de no menos guiños al sonido ritual del shakuhachi en la música tradicional nipona, Sen I incluye la voz de la propia flautista, que parece desplegar toda una deconstrucción silábica y unos efectos guturales dignos de la musique concrète instrumentale, sintaxis lachenmanniana que tan presente se hace en Hosokawa desde piezas como el dúo de pianos Yoru No Kuni (1981). Yoshie Ueno responde al enorme virtuosismo que Sen I le impone regalándonos la primera de las seis lecciones magistrales de flauta que nos ofrece en este compacto; aquí, tanto en el dominio de su instrumento como en el de la voz, llegando en ocasiones a unísonos realmente asombrosos, por cómo la voz reverbera en la flauta.

Escrita para flauta baja, piccolo y shō, Birds Fragments III (1990) fue compuesta como regalo de cumpleaños para Tōru Takemitsu por su sexagésimo aniversario. En ella nos encontramos con dos formas musicales completamente distintas: por un lado, el shō, que establece una circularidad a través de la respiración continua de Mayumi Miyata y cómo ésta es capaz de crear diferentes texturas en las cañas de bambú o en la cámara de aire de su instrumento, según inspire o espire; por otro lado, las flautas baja y piccolo, que funcionan cual brochazos de pintura sobre esa masa energética circular desplegada por el shō, transubstanciando dichas flautas, asimismo, el vuelo de los pájaros sobre esa suerte de campo de energía, de niebla suspendida, que crea el órgano de boca japonés. Aunque no dejan de asomar en el ataque de las flautas sonoridades más aristadas y próximas a la modernidad europea, Birds Fragments III es una pieza muy marcada por lo japonés y por lo arcaico, así como por la naturaleza, que parece flotar en una partitura entre la extática y serena meditación del shō y la febril convulsión aviar, revelando diversos estados de energía y vivacidad en la naturaleza.

Vertical Song I (1995), para flauta sola, recupera un carácter más abstracto, si bien sus referencias están bien señaladas en la poesía y en la concepción musical del tiempo. De este modo, nos encontramos con Die Sonette an Orpheus (Los sonetos a Orfeo, 1923), de Rainer Maria Rilke, y su idea de que un canto se eleva verticalmente como pura trascendencia, algo que nuevamente dialoga de lleno con el concepto de tiempo vertical del propio Hosokawa. En Vertical Song I nos encontramos con el hecho de que el tiempo fluye en horizontal, si bien ninguna melodía surge aquí de ello, mientras que ciertas formas de canciones entonadas en la flauta (con gran presencia de rugosidad de aire y asomos de la voz) generan la ilusión de una verticalidad, la elevación de un constructo armónico que trasciende la contingencia más horizontal del tiempo convencional (como de la propia flauta, instrumento melódico por antonomasia). Es ésta una idea que le vino al propio Hosokawa mientras observaba los movimientos corporales de los percusionistas en el teatro Nō japonés: concepción de la gestualidad en la temporalidad que ha marcado, por medio de la idea del tiempo vertical, no sólo muchas piezas del compositor de Hiroshima, sino una de las señas de identidad filosófico-musicales más personales y reconocidas de Toshio Hosokawa.

Quizás ninguna otra partitura de este compacto ejemplifique de un modo tan evidente la unión de ser humano y naturaleza, a través del soplido del shakuhachi, como Atem-Lied (1997), si bien esta «canción de la respiración» —pues tal sería para Hosokawa la traducción de su título— está escrita para flauta baja, instrumento idóneo para jugar con un dilatado caudal de aire y con las muchas modulaciones que en los 7:36 minutos que dura esta versión imprime a su desarrollo una impresionante Yoshie Ueno. De nuevo, un heterogéneo conjunto de técnicas contemporáneas, con profusión de aire sin tono y su rugosa modulación por medio del frullato, acaban dando la sensación de remedar un ritual arcaico en el que la flautista intenta —según Hosokawa— cantar para hacerse una con la naturaleza. Por tanto, ejercicio, de nuevo, espiritual: respiración del yo en la globalidad con amplias conexiones con el budismo zen, al tiempo que una pieza de gran impacto por su belleza plástica, en la que el aire parece ser esculpido por medio de su reverberación en el cavernoso cuerpo de la flauta baja, marcando Atem-Lied uno de los puntos álgidos de este compacto y de esa curiosa síntesis de tiempos históricos que destila la música del compositor de Hiroshima.

Lied (2007) es una de las partituras camerísticas más conocidas y difundidas de Toshio Hosokawa, ya no sólo en su forma original para flauta y piano, sino por medio de los diversos arreglos que él mismo ha realizado para viola, violonchelo y violín. Nos acercamos más, aquí, al universo del antes citado Tōru Takemitsu y, por tanto, a los ecos del impresionismo, con una contemplación de la naturaleza más filtrada por la mirada humana como paisajismo, y no tanto como aquella identificación tan profunda de ser humano y madre tierra expuesta en piezas como Atem-Lied. Canción sin palabras, Lied nos muestra, de acuerdo con Hosokawa, cómo toda su música instrumental puede ser vista como una extensión de su propia voz (una canción del yo como parte de la naturaleza). Estamos, a mayores, ante una partitura compuesta ya en el siglo XXI, periodo en el que la música de Toshio Hosokawa parece haberse dulcificado, así como reencontrado con la tradición nipona, por más que, como es aquí el caso, dicho encuentro se exprese por medio de instrumentos europeos, como la flauta travesera y el piano. Asimismo, en un uso netamente occidental de dichos instrumentos, la flauta adquiere en Lied un rol preponderantemente melódico, dando cuenta del canto y de sus dejes prosódicos, mientras que el piano sirve de marco armónico, ya desde sus primeros acordes: paisaje de fondo para ese canto o nuevo vuelo aviar, aquí más sereno y calmo que en Birds Fragments III. La estupenda lectura de la flautista Yoshie Ueno y del pianista Ken'ichi Nakagawa está cargada de delicadeza, de matices en su cromatismo y de una suspensión que nos vuelve a abismar a ese vector que parece recorrer toda la obra de Hosokawa, como lo es la intemporalidad.

Cierra el compacto otra partitura compuesta en el siglo XXI, y que vuelve a mostrar la mayor presencia del elemento japonés en la creación musical altamente sincrética de Toshio Hosokawa. Se trata de Kuroda-Bushi (2004), obra para flauta alto que es la pieza más breve de las seis reunidas en este disco, con sus 3:20 minutos de duración. Asimismo, Kuroda-Bushi retoma la presencia de lo vocal en la música instrumental de Hosokawa, utilizando aquí como fuente una canción popular homónima originaria de Fukuoka. El propio Hosokawa nos cuenta que la melodía de esta canción tiene su origen en el canto del gagaku, la música ceremonial de la corte imperial, algo que da pie a la composición de Kuroda-Bushi para la flauta alto en concreto, pues afirma Hosokawa que su sonido es especialmente próximo a la voz humana. La de Kuroda-Bushi es una música que invita a la contemplación, a la reflexión espiritual, y que nos traerá a la memoria ecos de Offret (Sacrificio, 1986), película de Andréi Tarkovski en cuya banda sonora escuchamos composiciones de Watazumi Doso Roshi escritas para hotchiku, flauta tradicional que presenta algunas modificaciones con respecto al shakuhachi. Este ambiente tan sereno y suspendido en el que concluye el disco nos remite, nuevamente, a esa comunión del yo en la globalidad: respiración que no deja de realizar Yoshie Ueno en cada pieza, con un dominio del estilo, tanto tradicional como contemporáneo, digno de alabar. Su musicalidad, plenamente oriental, le confiere a estas lecturas una sonoridad y un estilo nipones que no siempre abundan en unas interpretaciones hosokawianas tantas veces más acentuadas en su vertiente más occidental.

Las tomas de sonido son realmente sobresalientes, efectuadas todas ellas en Japón con los más altos estándares de calidad; así que, por lo que se refiere a la calidad acústica, el compacto es, como a nivel de composición e interpretación, de lo más recomendable. La edición sigue las líneas habituales de Kairos, con una factura exquisita y algo más de texto que lo últimamente habitual en el sello vienés, lo cual se agradece. Entre dichos textos, nos encontramos notas de Heinz-Dieter Reese, en las que recorre desde la evolución histórica de la flauta como instrumento hasta la biografía artística del propio Hosokawa, así como dos textos del compositor nipón, en los que se adentra en el papel histórico de la flauta tradicional japonesa en el marco del budismo zen, además de unas breves pinceladas para describir y dar un marco de referencia(s) a las piezas aquí reunidas. Biografías de compositor e intérpretes, fotografías y cuatro ejemplos de estas partituras completan uno de los más bellos discos dedicados a la flauta de cuantos hayamos escuchado en los últimos años, así como una nueva demostración de la importancia del entendimiento y el diálogo entre culturas.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Kairos.

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