España - Galicia

El mejor órgano de Galicia

Alfredo López-Vivié Palencia
viernes, 10 de septiembre de 2021
Fernando Buide © 2021 by Marta Sancho Andrés Fernando Buide © 2021 by Marta Sancho Andrés
Santiago de Compostela, martes, 31 de agosto de 2021. Iglesia de San Paio de Antealtares. Fernando Buide, órgano. Josquin Desprez: Virgo prudentissima; Domenico Maria Ferrabosco: Madrigal Io mi son giovanetta; Girolamo Frescobaldi: Fantasia undecima sopra quattro soggietti, Toccata cromaticha per le Levatione; Domenico Zipoli: Canzona en Sol menor; Bernardo Pasquini: Toccata 8 tuono; Arcangelo Corelli (transcripción de Joám Trillo): Sonata quinto tono op. 5 nº 7; José Elías: Pieza VIII sobre la Alma Redemptoris Mater; Domenico Scarlatti: Sonata para órgano K. 287; Gaspar Esmit (transcripción de Xoán Carreira y Maruxa Baliñas): Sonata en La menor nº 2; Fernando Buide: Fantasía sobre Alma Redemptoris Mater
0,0002485

"El mejor órgano de Galicia": eso declaraba Fernando Buide (Santiago de Compostela, 1980) respecto del órgano de la Iglesia de San Paio de Antealtares en una entrevista publicada en La Voz de Galicia unos días antes de este recital; instrumento -el tercero que suena en este lugar- construido por Alberto de la Peña entre 1782 y 1784, y  restaurado por Gerhard Grenzing en 1974. No puedo comparar, pero tampoco contradecir: por una parte, Buide es compositor de vocación, profesor de convencimiento, y organista de corazón; por otra, a mí me resultó un amor a primera escucha. El sonido de su primer teclado -órgano mayor- es imponente, el de la “cadereta” -término que no recoge el Diccionario pero que se refiere al segundo teclado- es delicado, y el de las contras en pedalero muy serio.

Y todo ello con la transparencia propia de un órgano barroco, y sobre todo en un equilibrio ideal con las modestas proporciones del templo. Seguramente por estos motivos sólo a través del órgano se me hace grato escuchar música barroca -e incluso anterior-: el órgano es el único instrumento que no viaja, sino que los músicos deben acudir a él, de manera que lo “históricamente informado” se encuentra en sus teclas, en sus registros, en sus tubos y en su mecánica; no en tesinas especulativas ni en simulacros instrumentales. Si ha sido bien conservado y -en su caso- juiciosamente restaurado, en un órgano no caben dudas sobre la autenticidad del sonido; porque el órgano no tiene tradición, sino permanencia. 

Cuestión distinta es la referida a las partituras, y así lo demuestran las obras en cartel de este concierto, en el que Buide -aquí leo el programa de mano, firmado por él mismo- ha querido “explorar la vinculación y el intercambio de músicas, particularmente en el esplendor del barroco, entre el mundo organístico romano y el repertorio ibérico.” Las piezas de Desprez y Ferrabosco son transcripciones de obras vocales; las de Frescobaldi, Zipoli, Pasquini y Elías son originales para teclado o específicamente para órgano, como la de Scarlatti; las piezas de Corelli y Esmit, siendo asimismo transcripciones, la primera lo es de una sonata para violín y continuo que aparece recogida en los cuadernos de órgano de la catedral de Tui (Pontevedra), y la segunda de una sonata para piano estrenada en ¡2019! Por cierto, Gaspar Esmit –nacido en Barcelona en 1767 aunque no está claro si sus ancestros se llamaban Smith, Smit o Schmidt- fue organista titular en Tui y en Ourense; y por más cierto, la pieza de Elías -también catalán nacido en 1678- fue rescatada a principios del siglo XIX en el Libro de Órgano de Melchor López Ximénez, maestro de capilla de la catedral de Santiago. Vayan estas menciones como prueba del propósito de este recital.  

En la breve conversación que, como intermedio de la función, sostuvo con Belén Bermejo -directora artística del evento-, Buide comentó que la restauración del instrumento había sido tan “à la Grenzing” que bastaba rozar una tecla para que se escuchase limpiamente su sonido. No se me ocurre mejor descripción de su interpretación: empleo inteligente de los registros del órgano (ya saben, no sólo son distintos en uno y otro teclado, sino que también lo son en una y otra mano: un verdadero sudoku, curiosamente una palabra bendecida por la RAE), apropiados para el carácter de cada obra o para contrastar sus diferentes movimientos, consiguiendo que se escuche -por parte de una audiencia reducida y distanciada, pero en silencio abducido- justamente el cariño con el que Buide rozaba esos teclados (en el órgano los decibelios no dependen de la presión física) para dejar cantar en su justa proporción todas las voces. Lo mismo hizo en el estreno de su Fantasía sobre Alma Redemptoris Mater, ejemplo de que Buide, además de cariño, le tiene respeto al instrumento y al texto de la antífona; dicho de otro modo, el “ripieno” de la pieza suena obsesivamente angustioso, pero el “cantus firmus” suena a certeza en el ruego.

Este concierto también pone de manifiesto que hay muchos órganos por restaurar en Galicia -por ejemplo, Buide cita en la entrevista mencionada el órgano de la vecina iglesia de San Martiño Pinario (la más hermosa de la ciudad, y que el Apóstol me perdone)-; y muchos fondos documentales -archivados o dispersos- por desempolvar, ordenar, codificar y editar, para llevar nuevas partituras a esos instrumentos. Ojalá que lo vivido esta noche sirva para desempolvar también algunas conciencias. 

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.