Artes visuales y exposiciones

Jan Vermeer en la Gemäldegalerie de Dresde

Juan Carlos Tellechea
lunes, 13 de septiembre de 2021
Vermeer Vom Innehalten © 2021 by Sandstein Verlag Vermeer Vom Innehalten © 2021 by Sandstein Verlag
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La prestigiosa Gemäldegalerie Alte Meister, de Dresde, ha inaugurado una impresionante exposición con obras del pintor holandés Johannes Vermeer que se extiende desde el 10 de septiembre al 2 de enero de 2022. 

Para la muestra, titulada Johannes Vermeer. Vom Innehalten (Johannes Vermeer. De la pausa), se ha organizado además un gran estreno: se presenta por primera vez el lienzo Muchacha leyendo una carta, pintado probablemente entre 1657 y 1659, tras la minuciosa restauración llevada a cabo en los talleres de esta institución.

Johannes Vermeer, «Brieflesendes Mädchen am offenen Fenster», 1657-59. © Gemäldegalerie Alte Meister, Staatliche Kunstsammlungen Dresden, Foto: Wolfgang Kreische.Johannes Vermeer, «Brieflesendes Mädchen am offenen Fenster», 1657-59. © Gemäldegalerie Alte Meister, Staatliche Kunstsammlungen Dresden, Foto: Wolfgang Kreische.

Un equipo internacional de expertos trabajó durante los últimos cuatro años en la renovación de la obra que puso al descubierto a un Cupido que había permanecido oculto debido a un repintado del contexto amoroso del cuadro. El óleo puede ser admirado ahora fresco y con renovada luz, tal como salió en aquel entonces del estudio de Vermeer en Delft, durante su primera época.

El catálogo de la exposición publicado por la editorial Sandstein, de Dresde, reúne artículos de los historiadores del arte Stephan Koja, director de la Gemäldegalerie Alte Meister, y Uta Neidhardt, conservadora principal de esta renombrada pinacoteca y comisaria de la exposición, así como de Arthur K. Wheelock jr, Marjorie E. Wieseman, Robert Fucci, Gregor J. M. Weber y Christoph Schölzel, jefe en funciones del Taller de Restauración de Pintura de las Colecciones Estatales de Arte de Dresde.*

Neerlandeses de la más alta calidad

La exhibición reúne un total de 58 cuadros de pintores holandeses de la más alta calidad, explica Stephan Koja. Entre ellos figuran, Frans van Mieris el viejo, Gerard ter Borch, Gerard Dou, y Daniel Vosmaer. Diez de los óleos constituyen un tercio de toda la obra de Vermeer, uno de los creadores pictóricos neerlandeses más importantes del siglo XVII, junto a Rembrandt y Frans Hals.

Johannes Vermeer, «Bei der Kupplerin», 1656. © 2021 by Gemäldegalerie Alte Meister, Staatliche Kunstsammlungen Dresden, Foto: Elke Estel, Hans-Peter Klut.Johannes Vermeer, «Bei der Kupplerin», 1656. © 2021 by Gemäldegalerie Alte Meister, Staatliche Kunstsammlungen Dresden, Foto: Elke Estel, Hans-Peter Klut.

De Johannes Vermeer se conservan en total unos 35 cuadros, dos de los cuales se encuentran en esta célebre pinacoteca: La alcahueta (1656) y Muchacha leyendo una carta. Con diez obras, se ha concentrado en esta muestra casi un tercio de toda la obra de Vermeer.

Además de las dos pinturas de Dresde han venido ocho préstamos: La lectora en azul (1662 / 1665), La lechera (1660 / 1661) y La callejuela (1658 / 1661), del Rijksmuseum, de Amsterdam; Dama tocando el virginal de pie (1670 / 1672), de la National Gallery, de Londres, y Mujer con balanza (1662 / 1665), de la National Gallery of Art, de Washington.

El dios romano del amor

En tres de estas cuatro obras se puede ver también un Cupido, como el que ha salido a la luz, tras la restauración de Muchacha leyendo una carta. Vermeer utilizó la figura cuatro veces como un cuadro dentro de otro cuadro, señala la conservadora principal del museo, Uta Neidhardt

Las investigaciones y las más modernas pruebas de laboratorio confirmaron sin lugar a dudas que el dios del amor pintado en tonos marrones y ocres en la obra de Dresde fue borrado décadas después por la mano de otra persona, y con ello el mensaje amoroso del cuadro.

Historia de una adquisición

El cuadro fue adquirido en 1742, en París, para la colección del príncipe elector de Sajonia Federico Augusto II en París y desde entonces ocupa un lugar permanente entre las principales obras de la Gemäldegalerie de Dresde. Dado que en la correspondencia sobre la compra tampoco se menciona a un Cupido, a pesar de su llamativo tamaño, sabemos con certeza que el cuadro ya estaba pintado en el momento de la venta en 1742, acota el director del museo.

La Muchacha leyendo una carta era en el conjunto de piezas adquiridas en aquel entonces algo así como un pequeño extra, declarado como un Rembrandt. Vermeer había sido completamente olvidado en ese momento, dice Stephan Koja. Y así permaneció hasta finales del siglo XVIII; no fue hasta mediados del siglo XIX cuando fue redescubierto.

Sensacional hallazgo

Johannes Vermeer, «Stehende Virginalspielerin», 1670/72. © 2021 by The National Gallery, London.Johannes Vermeer, «Stehende Virginalspielerin», 1670/72. © 2021 by The National Gallery, London.

Desde que se hiciera una radiografía del cuadro en 1979, se sabía que había un "cuadro dentro de un cuadro" completamente sobrepintado, representando a un Cupido desnudo en la pared del fondo de la habitación. La destacada historiadora del arte Annaliese Mayer-Meintschel, especialista en pintura neerlandesa y flamenca, publicó en 1982 este hallazgo que tuvo gran difusión mundial. A partir de entonces, los estudiosos habían asumido que Vermeer había descartado el cuadro de Cupido debido a un cambio en la composición y que él mismo había repintado la pared del fondo de la habitación donde se encuentra la joven ante la ventana abierta.

Las más modernas técnicas

En el marco de este proyecto de restauración e investigación iniciado en 2017 se han realizado o reevaluado imágenes de rayos X y reflectografía infrarroja, así como exámenes con microscopio. Además, se realizó un análisis detallado del lienzo de soporte de la pintura y se investigó la historia de los retoques anteriores. Se tomaron varias muestras de pintura del cuadro de Vermeer y se analizaron en el laboratorio de arqueometría de la Escuela Superior de Bellas Artes, de Dresde, para determinar su estratificación y consistencia.

Detalle de la restauración de «Muchacha leyendo una carta» de Vermeer. © 2021 by Gemäldegalerie Alte Meister, Staatliche Kunstsammlungen Dresden, Foto: Wolfgang Kreische.Detalle de la restauración de «Muchacha leyendo una carta» de Vermeer. © 2021 by Gemäldegalerie Alte Meister, Staatliche Kunstsammlungen Dresden, Foto: Wolfgang Kreische.

La capa de pintura, que no tiene ni un milímetro de grosor, se retiró cuidadosamente con un diminuto bisturí bajo el microscopio; el dios romano del amor de pie con arco, flechas y dos máscaras emergió muy lentamente. Las capas que lo ocultaban mostraban que Vermeer no pintó sobre él, sino que esto ocurrió mucho después. El Cupido es aproximadamente la mitad del tamaño de la muchacha con la carta en sus manos. La divinidad mitológica no defiende el deseo, sino la lealtad y la veracidad como esencia del verdadero amor, dice Stephan Koja.

Johannes Vermeer, «Frau mit der Waage», 1662-1665. © 2021 by Washington, National Gallery of Art, Widener Collection.Johannes Vermeer, «Frau mit der Waage», 1662-1665. © 2021 by Washington, National Gallery of Art, Widener Collection.

Según Neidhardt, en el siglo XVIII no eran infrecuentes los repintes, como la adición de firmas de supuestos creadores de estas obras. Algunos de los cuadros de Vermeer también estaban parcialmente sobrepintados, sostiene. Después de casi 270 años, la Muchacha leyendo una carta ante la ventana abierta de Dresde ya no está sola. sino que la acompaña el amor. En el taller, el cuadro de 83 por 64,5 centímetros recibió un noble marco de ébano basado en un modelo histórico, para su gran estreno este 10 de septiembre.

Las pesquisas fueron decisivas para la reevaluación de la pintura a gran escala del referido dios mitológico romano y la muchacha que lee una carta ante el alféizar de la ventana abierta de par en par. Ahora se puede suponer con certeza que el repinte no es originario de Vermeer, sino que se aplicó al menos varias décadas después de la creación del cuadro y claramente después de la muerte del artista. Un examen de fluorescencia de rayos X en toda la superficie de la pintura, realizado en 2017 con el apoyo del Rijksmuseum de Ámsterdam, confirmó los nuevos hallazgos sobre este repintado.

Minuciosa labor

Debido al gran número de indicios que apoyan la afirmación de que el cuadro fue repintado posteriormente por la mano de otra persona, las Colecciones Estatales de Arte de Dresde (SKD), con la aprobación de la referida comisión internacional de expertos, decidieron eliminar la capa de repintado a principios de 2018. La restauración general del cuadro estuvo en manos de Christoph Schölzel, jefe restaurador en funciones del Taller de Restauración de Pinturas del SKD.

Al término de los trabajos de restauración a principios de 2021, el cuadro ha cambiado fundamentalmente su aspecto. En el fondo se descubrió a la deidad romana en el acto de pisar las máscaras de la simulación que yacen en el suelo frente a él, en una señal de amor sincero que supera el engaño y la hipocresía. La presencia del dios del amor en la composición contribuye significativamente al mensaje pictórico del cuadro como un "comentario" significativo.

Vermeer y su peculiar estilo

Con la Muchacha leyendo una carta, Vermeer encontró su propio estilo. Se encuentra al principio de una serie de cuadros en los que los individuos, en su mayoría mujeres, hacen una pausa durante una actividad, vienen a descansar, a reflexionar, agrega. En ellas, Vermeer aborda cuestiones fundamentales de nuestra existencia. Este es también el caso de nuestro cuadro: con la recuperación de Cupido en el fondo de la imagen, la intención real del pintor de Delft se hace reconocible. Más allá del contexto ostensiblemente amoroso, es una declaración fundamental sobre la naturaleza del verdadero amor. Así que antes, solo veíamos un rudimento. Ahora lo entendemos como un cuadro clave en su obra. (Stephan Koja). 

El aspecto alterado de la Muchacha leyendo una carta, por cierto también en los bordes del cuadro que se han liberado de la sobrepintura, es una ocasión para pensar de nuevo en la manera como fue conformada esta instalación, en el "funcionamiento" visual del cuadro. Los márgenes del lienzo parecen extrañamente inacabados,

¿Quizás Vermeer los dejó a través de un marco de madera real y por tanto en este estado "abierto"? Al imaginar una construcción de este tipo, uno piensa inmediatamente en las pinturas experimentales de los interiores de las iglesias de Delft, con sus cortinas en trampantojo, o en las refinadas pinturas de interiores de Pieter de Hooch. (Uta Neidhardt)

La luz

Johannes Vermeer, «Briefleserin in Blau», 1663. © 2021 by Rijksmuseum, Amsterdam, Foto: Carola van Wijk.Johannes Vermeer, «Briefleserin in Blau», 1663. © 2021 by Rijksmuseum, Amsterdam, Foto: Carola van Wijk.

Cuando uno se halla ante un cuadro de Johannes Vermeer, se siente inmediatamente tocado por su magia. El ruido de alrededor parece enmudecer y solo existe ese mundo tranquilo al que nos conduce la imagen. Espacios de perfecta armonía en los que el tiempo parece detenerse, en los que unas pocas personas o individuos se encuentran completamente a gusto consigo mismos.

En los interiores llenos de luz, solemos observar a mujeres elegantemente vestidas escribiendo, leyendo, pesando, haciendo encaje, tocando música o conversando. Los cuadros de Vermeer nos hablan del mundo interior del ser humano, del reino de la mente y de las emociones. Esto se ve acentuado por las situaciones de privacidad, ya que la acción se desarrolla casi exclusivamente en interiores. La ventana, por la que entra la luz, tiene un significado especial. Establece la conexión con el "exterior", representa la visión del mundo del individuo. El interior se convierte así en una parábola de la persona.

Exploraciones del alma

Johannes Vermeer, «Häuseransicht in Delft» (Die kleine Straße), 1658. © 2021 by Amsterdam, Rijksmuseum, Foto: Carola van Wijk.Johannes Vermeer, «Häuseransicht in Delft» (Die kleine Straße), 1658. © 2021 by Amsterdam, Rijksmuseum, Foto: Carola van Wijk.

Este quedarse quieto y estar con uno mismo es lo que se encuentra en La muchacha leyendo una carta. Una cortina verde a la derecha, creada según la tradición de la pintura holandesa de trampantojo, se ha apartado como si fuera para nosotros, dejándonos ver una habitación en la que una joven lee atentamente una carta. Vermeer ha acercado nuestro punto de visión al plano del cuadro y, sin embargo, con la mesa alfombrada en primer plano, ha construido una barrera para aumentar la intimidad de la escena. La luz penetra suavemente, baila sobre la tela de la alfombra, brilla sobre las manzanas, roza la piel afelpada del melocotón, se engancha en los cristales de la ventana, resalta la letra de forma llamativa, se posa suavemente sobre el rostro y la frente de la joven mujer.

Es impresionante observar cómo las formas de los elementos pictóricos esenciales apuntan hacia la cabeza de la muchacha: la cortina roja sobre la ventana, el marco de cristal del batiente, el pie derecho del cupido, la parte empujada de la alfombra sobre la mesa, la carta e incluso la curvatura de la cortina verde. Un lugar central en la composición general, sin embargo, lo ocupa la carta, cuyo posible contenido evoca una gran cantidad de asociaciones.

Se refiere a los sentimientos de la lectora de la misiva concentrada, al paisaje de su alma. Sus mejillas enrojecidas dan cuenta de la intensidad de sus sentimientos. El reflejo de su rostro en la ventana abierta también nos devuelve la mirada, por así decirlo, al acontecimiento real que tiene lugar en su conciencia. El cuadro habla de la relación, de cómo cada individuo debe tomar conciencia de su posición en el mundo, cuestionar el ethos de sus actos, asumir responsabilidades...

Dimensión espiritual

Y es a esta responsabilidad a la que alude Cupido en el cuadro de la pared del fondo de la sala. Al citar un emblema de Otto van Veen , el cuadro con marco negro, al que se da tanto espacio en la composición como a la jovencita, aleja el aspecto puramente anecdótico de una carta de amor y eleva la representación a lo fundamental. Porque aquí no se trata ostensiblemente del deseo sexual o del poder omnímodo del amor, el famoso "Omnia vincit amor".

En cambio, el dios del amor pisa las máscaras de la tergiversación que yacen en el suelo y habla así de la fidelidad, que no conoce la falsedad ni el engaño, porque el verdadero amor no miente ni engaña. Cuando uno es consciente de esta afirmación fundamental del cuadro, la cortina apartada adquiere también un significado más profundo: ha sido levantada para incitarnos a reflexionar sobre el sentido de la alegoría mirando al interior de la habitación, para conducirnos, por así decirlo, al mensaje interior del cuadro.

La elevación del telón tiene una larga tradición en la historia como símbolo de desvelamiento y epifanía. Se puede encontrar en el ceremonial de la corte romana tardía o española posterior, en las representaciones medievales de la celebración del sacramento del altar o en la Madonna Sixtina de Rafael, donde la cortina nos permite vislumbrar una visión celestial. Los investigadores han señalado repetidamente que la luz que entra desde el exterior también tiene una dimensión espiritual en los cuadros de Vermeer.

Al volverse hacia la ventana, la figura femenina responde también a la fuerza que mantiene todo vivo, y habla así de la relación del ser con la base primordial del ser. Cuadros como éste dejan claro hasta qué punto el arte de Vermeer difiere del de sus contemporáneos. Mientras que estos últimos a menudo hacían hincapié en lo efímero o eran modestos con un simple mensaje moral, las representaciones de Vermeer trascienden lo temporal y lo superficial, se esfuerzan por lograr una declaración pictórica más profunda y de múltiples capas, y abren el espacio para los pensamientos y las reflexiones del espectador

Notas

Stephan Koja; Uta Neidhardt & Arthur K. Wheelock Jr., «Johannes Vermeer Vom Innehalten», Dresden: Sandstein Verlag, 2021, 264 Seiten, 252 farbige Abb. ISBN 978-3-95498-610-1

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