España - Cataluña

Endless Light

Jorge Binaghi
viernes, 24 de septiembre de 2021
Joyce DiDonato © 2021 by Antoni Bofil Joyce DiDonato © 2021 by Antoni Bofil
Barcelona, lunes, 20 de septiembre de 2021. Palau de la Música. ‘My favorite things’. Recital de Joyce DiDonato, mezzosoprano, e Il Pomo d’Oro. Páginas vocales y orquestales barrocas de Rossi, Cesti, Merula, Buonamente. Monteverdi, Dowland, Händel y Rameau
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Volvió Joyce DiDonato a inaugurar la nueva temporada del Palau y del ciclo Grandes voces, a menos de un año de su última presentación en plena pandemia. Esta vez lo hizo con la formación Il Pomo d’Oro (dirigido por su concertino, Zefira Valova) para ofrecer un programa exclusivamente barroco, que junto con el belcanto es donde sobresale la simpática mezzo estadounidense. 

Se podrá no estar de acuerdo con una gestualidad tan espontánea como estudiada, típica de su país de origen, con alguna selección de repertorio, pero seduce siempre. Y sobre todo cuando toma la palabra porque, aunque sea pensado, es evidente que habla porque lo necesita y le sale así (en dos o tres lenguas absolutamente comprensibles). 

El final fue apoteósico precisamente por eso. Fueron dos bises de Haendel (‘mi compositor’) dedicados al durante y al final de este calvario que aún no ha llegado a su término. Y así habló de su necesidad de cantar ‘Crude furie’ (de Serse) para explicar y explicarse a sí misma su estado durante los momentos más duros, y, ahora la de cantar con la protagonista de Theodora la ‘endless light’ que da título a esta reseña como señal de esperanza (‘With rosy steps’). Pero eso fue al terminar. 

En un largo programa (calculado en hora y media con quince minutos de pausa se convirtió en dos o algo más, sobre todo por una mala gestión de la pausa. Si algo bueno trajo el virus a la música fue que las pausas de golpe se habían acabado y todos - artistas y público- nos podíamos haber muerto de enfermedad, pero no por eso).

Se eligió agrupar las páginas orquestales con la intervención vocal de la cantante. Estuvo bien porque se evitó así que se notara su carácter en general fragmentario (la excepción fueron Rameau y la obertura de Giulio Cesare de Haendel), pero se nota la diferencia de que el más conocido Cesti (‘Intorno all’idol mio’, bien cantado) o la gran despedida de Ottavia en L’incoronazione di Poppea (muy bien traducida aunque quizá con excesivo énfasis) surgieran sí de músicos de la época (la primera parte se llamaba ‘los antiguos’, o sea los del primer barroco) pero no del autor mismo. 

De Monteverdi cantó asimismo ‘Illustratevi’ de Il ritorno di Ulisse in patria – en general en esta primera parte tendió a utilizar la voz de pecho en los graves- y un madrigal (‘Se dolce è il tormento) para acabar con una deliciosa canción de Dowland, quizás con el ‘Addio Roma’ lo mejor en absoluto de la primera parte, ‘Come again, sweet love’.

En la segunda parte (‘los modernos’, o sea el barroco tardío) la cantante, luego de una excelente ‘Morte, col fiero aspetto’ de Marc’Antonio e Cleopatra de Hasse se centró ya en Haendel. Si es discutible que su voz sea la ideal para la Cleopatra de Giulio Cesare (cantó de forma irreprochable ‘Piangerò la sorte mia’, por cierto mucho mejor que cualquier otra colega de su cuerda en la actualidad) no lo es en el caso del protagonista de Ariodante para el que el ‘caro Sassone’ escribió dos de sus más memorables arias (son muchas, es cierto) , ‘Scherza infida’, uno de esos lamentos por desilusión amorosa más estremecedores que se conozcan- particularmente es la interpretación que me pareció sinónimo de perfección en este concierto - y la triunfante y temible por sus agilidades ‘Dopo notte’ (que a lo mejor serviría a Di Donato para expresar su alegría y confianza actuales tan bien como la que eligió luego). 

En toda esta parte la voz sonó más homogénea, con bellas ‘messe di voce’, los graves fueron más naturales (aunque a veces sonaran ligeramente engolados) y uno puede gustar más o menos de las variaciones elegidas, pero no que fueran pertinentes y muy bien realizadas.

La orquesta respondió a su fama (su concertino es enérgica y sin dar la impresión de dirigir lo hace), todos tocaron muy bien y con pasión y se llevaron justamente una buena ración de los aplausos. Ya se sabe que la cantante tiene un proyecto por el cual retornará en los próximos años al Palau. Enhorabuena.

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