Ópera y Teatro musical

Voces paralelas

Paco Bocanegra
jueves, 25 de julio de 2002
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0,000232 Como recientemente me aseguraba, en una conversación sobre esto de la ópera, un querido amigo de quien admiro no sólo su inteligencia sino también su reconocida erudición musical, "con el verano llega también un momento en que me canso de simular que soy inteligente (...) y espero que tú también tengas momentos 'exóticos' de sana diversión".Pues bien, esta amable exhortación al carpe diem, amén de la aciaga alternación en la sobrevalorada Costa del Sol del viento terral con el de levante y sus efectos sobre los espíritus, me ha llevado a proponer estos imperdonables y sacrílegos paralelismos (en su doble sentido) entre cantantes de copla y de ópera, que sin duda echarán nel livido fango la escasa reputación que haya podido reunir.Me temo, por otra parte, que de este artículo no disfrutarán todos por igual, pero como sospecho que la copla, mal que bien, tan desprestigiada en una época por considerarse a sus representantes como "abanderadas del franquismo" y de la España de la pandereta, es más conocida de lo que parece o de lo que muchos están dispuestos a confesar, más de uno entrará en la salsa. Comencemos.Correspondencias peregrinasRaquel Meller: Un insólito cruce entre Rosa Ponselle, Virginia Zeani y Teresa Berganza, y con eso está dicho todo. La Meller, rumbosa Ponselle del chotis, era capaz también ser tan ubicua como Zeani y castiza como la que más, mezzo madrileña incluida.Estrelita Castro (la del caracol en la frente): Magda Olivero, evidentemente. La insigne e inmarcesible verista turinesa, con su vibratto stretto, el timbre árido y expresivo, y su irrefrenable carisma escénico encuentra su alter ego en la cantante ibérica de glaucos ojos gallegos y sangue malagueño. La mítica María de la O presenta sugestivos ecos puccinianos en la Manon-Olivero 1970. No obstante, ni por elegante ni por verdulera, Castro estuvo jamás a la altura de Olivero [Ver nota].Mas aún, escudriñada de cerca, se llega a la conclusión de que Estrellita es grande, muy grande. Lo mismo vale, forzando las cosas, para Beverly Sills en I Puritani que Raina Kavaibanska como Tosca. Versátil como pocas.Doña Concha Piquer: Renata Tebaldi. Nobleza obliga. La gran señora de la copla no podría encontrar eco más que en la voce d´angelo, la serena compostura -pelín d´antan no nos engañemos- y el saber estar de la soprano de Pesaro. Pero ahí no acaba todo, pues la Piquer era mucha Piquer. Existe una notoria diferencia con la Tebaldi, ciertamente: Piquer no conoció rival y a la Tebaldi la destronó la suya. Piquer, además, se retira a finales de los cincuenta, que es cuando La otra, la destronadora, hace mutis de la Scala.Juanita Reina: Leyla Gencer al cuadrado. La analogía quizás más sencilla e inmediata, tanto en lo canoro como en el físico. La genial soprano turca no llegó a padecer el impresionante vibratto de la sevillana, por el que sí que realmente podrían pasar elefantes, como aseguraba malévolamente John Ardoin a propósito de la más ilustre de las Aidas. Mas algo de eso hay, y qué duda cabe, pues Gencer sometimes sounds like your grandmother on a bad day. Véanse los pararelismos entre Callejuela sin salida del trío fantástico Quintero, León & Quiroga, frente a Son vani i lamenti de la Gerusalemme de Verdi (primera época) y, en la decadencia, la aparición de Reina en el espectáculo de la Expo-92 Azabache con el recientemente editado y algo patético recital Gencer-Nápoles 1989. Dos almas gemelas.Marifé de Triana: ecco la gran Scotto. Ambas, igual de menudas, gritonas, arrojadas, pizpiretas y... eternas, aunque su carnet de identificación personal no lo testifique. Marifé, no creo que leas esto, pero sabrás perdonar a un amigo de la familia.Gracia Montes: la inigualable Montserrat Caballé. La asociación no es tan arbitraria como parece, si ignoramos, eso sí, la diferencia de tallas. Ambas cantan divinamente, son guapas (bueno, más la catalana) y españolas. Decantadoras por excelencia de la pasional fusión fría a través del canto y el puro canto. Olé. Brava.La niña de Antequera: ¡Ana Moffo! Si la andaluza era entrañable (y ñoña) como pocas cantando Ay mi perro, mi perro, la siempre garbosa Moffo du Régimient... corramos un tupido velo (siempre nos queda, es cierto, Lirily Pons).Pasión Vega: La gran promesa, la revitalizadora del género, ha querido ser vista como Maria José Moreno, ma non è possibile proprio. Vega va de la mano, con su torrente de voz de bronce de perol, sin lugar a dudas, de Alexandrina, la Pentdachanska. Elemental.Existe una omisión clamorosa que a nadie se le oculta, pero no será el firmante quien la desvele. Buen verano, y hasta setiembre.Audiciones comparadas recomendadas:1) Oh patria mia de Aida y Suspiros de España, por Renata Tebaldi y Concha Piquer.2) Ah! Je veux vivre de Roméo et Julliet por Caballé y Soy una feria de Montes.3) Torre de Arena y escena de la locura de Anna Bolena por Marife de Triana y Renata Scotto.4) Maria de la O, que desgraíta tu eres... y Sola, perduta, abbandonata de Manon por Olivero.5) Los Piconeros por Estrellita Castro y Vien dileto, è in ciel la luna de I Puritani por Beverly Sills.NotasOhimè de Olivero como moribunda Manon, en la grabación en vivo de 1970 y Ah, fuggir! Medea 1967.AgradecimientosPor su inestimable colaboración en cuanto a las grandes lagunas en materia de coplas, este artículo no habría podido ser escrito sin la ayuda de Ignacio Jáuregui y de Pedro Coco en el apartado discográfico.
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