Alemania

Bendición vespertina

Juan Carlos Tellechea
sábado, 2 de octubre de 2021
Òrgano Rieger de la Friedenskirche, de Krefeld © by Evangelische Friedenskirchengemeinde Krefeld Òrgano Rieger de la Friedenskirche, de Krefeld © by Evangelische Friedenskirchengemeinde Krefeld
Krefeld, domingo, 27 de junio de 2021. Friedenskirche Krefeld (Iglesia de la Paz, de Krefeld). 60º aniversario del órgano Rieger de la Friedenskirche, de Krefeld. Johann Sebastian Bach, Praeludium und Fuge en re mayor BWV 532. Olivier Messiaen, L'Ascension du Seigneur. Franz Liszt, Fantasie und Fuge über die Choral “Ad nos, ad salutarem undam“. Bis Franz Liszt, Consolation en re bemol mayor (transcripción para órgano de Franz Liszt). Profesor Heinrich Walther (organista). 50% del aforo, reducido por las medidas de prevención e higiene contra la pandemia de coronavirus.
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El concierto de órgano que tiene lugar durante la bendición vespertina dominical en la preciosa Friedenskirche (Iglesia de la Paz), de Krefeld, se inserta dentro del ciclo que conmemora el 60º aniversario del magnífico órgano Rieger (uno de los dos más grandes del Bajo Rin) que posee desde 1960 este templo de la Comunidad de la Iglesia Evangélica alemana, de culto luterano.

El renombrado organista y académico Heinrich Walther fue el encargado de hacer que el público experimentara en esta velada lo diversa que puede ser la música del maestro barroco Johann Sebastian Bach, así como cuán espiritualmente profundas pueden ser asimismo las composiciones de Olivier Messiaen y de Franz Liszt.

Pieza enlazada

Walther ofrece en estos días conciertos en Asturias: el 1 de octubre en la parroquia de Pola de Siero (órgano Gerhard Grenzing), con obras de Bach, Orlando Gibbons, Jan Pieterszoon Sweelinck y José María Usandizaga, así como el 3 de octubre en la basílica de Santa María la Real de Covadonga (órgano Federico Acitores), con composiciones de Bach, Gibbons, Sweelinck, John Bull, Nicolas de Grigny y Oliver Messiaen.

La pastora evangélica Sylvia Pleger, principal de esta comunidad luterana de Krefeld fue quien abrió la ceremonia “Religiosa musical“ que contó con una asistencia limitada de público debido a las restricciones por la pandemia. La serie de conciertos es patrocinada por el alcalde de la ciudad, el socialdemócrata (SPD) Frank Meyer. Dos cámaras instaladas junto al órgano (modernizado por el constructor Rieger) y una pantalla colocada en el recinto de la iglesia permiten ver a los asistentes la magistral labor del profesor Heinrich Walther durante la ejecución de las obras.

La parte musical de la velada comenzó con la interpretación del Preludio y fuga en re mayor, BWV 532, del genial Johann Sebastian Bach, pieza revolucionaria en su momento, escrita en 1710 durante su época de organista en la corte de Weimar. Esta obra del entonces joven compositor es técnicamente brillante y atrapa literalmente al oyente en la vorágine de sus melodías. El Preludio comienza con una emocionante escala de re mayor tocada por el pedal. No solo aquí ocupa el pedal un lugar central en la obra, como podemos escuchar y observar en las imágenes captadas por las cámaras.

Los oyentes de esta grandiosa obra se sienten como subidos a los hombros de un gigante de la música y disfrutando de la vista en extensiones insondables. La pieza es absolutamente inconfundible en su expresión musical. Bach muestra aquí diversas influencias musicales europeas: por ejemplo, de la Escuela del Norte de Alemania y del encuentro personal con Dietrich Buxtehude en la histórica iglesia de Santa María, de Lübeck, procede la inclusión del espacio como parte de la obra; elementos de la obertura francesa con su aguda puntuación sustituyen a la introducción del norte de Alemania; y el siguiente movimiento principal "alla breve" habla musicalmente el lenguaje de las cuerdas italianas. El pedal se utiliza con más audacia que nunca, especialmente en la fuga, como ningún otro compositor se había atrevido antes.

Heinrich Walther, profesor de las universidades de Heidelberg, Friburgo y Rotemburgo del Néckar hace posible esta experiencia inefable. Su interpretación fue grandiosa y conmovedora con grandes tramos de virtuosismo solo en el pedal, con puntos de órgano que atacan con intrepidez y ritmos de obertura osados, temas de fuga arremolinados o una interjección múltiple, animada y jocosa à la Buxtehude. Atrevido, temerario, ¡cómo transforma Bach aquí todo lo que era internacionalmente tangible para él! Es un placer escuchar este estallido de energía, poder creativo desbordante y tormenta musical celestial. El organista consigue con maestría resaltar los cambios de humor que se suceden rápidamente. La fuga radiante no tiene nada que envidiar al preludio. La obra termina como empezó: con un rápido solo de pedal y con efusivos aplausos de los asistentes.

L'Ascension du Seigneur (1933) de Olivier Messiaen suena más compleja, mística, cabalística, enigmática del órgano Rieger de la Friedenskirche, de Krefeld. Compuesta originalmente en cuatro movimientos para orquesta, Messiaen la escribió un año después para órgano, aunque sigue de cerca el original orquestal. La única excepción es el tercer movimiento prácticamente nuevo. Las claves de los cuatro movimientos, precedidos de citas bíblicas, están dispuestas en orden ascendente, mi mayor, fa mayor, fa sostenido mayor, sol mayor. Aquí el lenguaje tonal tradicional, mayor/menor, se ajusta al sistema tonal propio de Messiaen, basado en sus modos. Nacida en el decenio de 1930 en París, años musicalmente muy fértiles y diversos, la obra, con pasajes muy diversos que llevan a la reflexión o que exhalan momentos muy alegres, se ha convertido entretanto en un gran clásico.

Heinrich Walther dejó para el final, a Franz Liszt, cuyas escasas composiciones para órgano han pasado a un segundo plano en vista de sus famosas obras para piano. Que Liszt no tiene que esconderse detrás de Bach lo demuestra en su Fantasía y fuga sobre el coral Ad nos, ad salutarem undam, basado en el primer acto de la ópera “El profeta“ de Giacomo Meyerbeer. Es una música simplemente divina. El ejecutante consigue con gran transparencia y energía que el órgano suene con enorme dinamismo, como una gran orquesta interpretando un himno celestial.

Más de cien años separan las últimas obras de Bach y Liszt. Dentro de este largo período se encuentra la época que llamamos Clasicismo vienés. Las verdaderas obras maestras para órgano fueron desgraciadamente muy escasas durante estos cien años, en contraste con la inconmensurable amplitud de la literatura pianística.

La Revolución Francesa (1789 - 1795) cambió Europa de forma decisiva: la secularización trajo consigo consecuencias culturalmente devastadoras, especialmente para la música sacra. Por tanto, Liszt no pudo seguir realmente una tradición compositiva y estilística. Su poder de creación en el campo de las obras orquestales y los oratorios también es evidente en sus obras para órgano.

"Ad nos", aunque está escrito con coherencia, se basa en una forma de tres movimientos. Ya no son las quintas ni las tonalidades paralelas las que conectan los movimientos coherentes: Do menor es la tonalidad predominante de los movimientos exteriores; Fa sostenido mayor en intervalos de tritono determina la amplia y lenta sección central; el tema de Meyerbeer no es simplemente asumido, Liszt agudiza el ritmo y también cambia la melodía del coral con el fin de crear un mayor potencial dramático para el desarrollo posterior.

El estreno de "Ad nos" (1850) estaba previsto inicialmente para la inauguración del órgano Friedrich Ladegast de la catedral de Merseburg, pero en su lugar se interpretó "Praeludium und Fuge über BACH". El camino extremadamente innovador emprendido por Liszt fue continuado por César Franck con la "Grande Pièce Symphonique" (1863), y pasarían muchos años para alcanzar el período de finales del siglo XIX y principios del XX, rico en obras sinfónicas para órgano, con sus dos centros principales Francia (Charles-Marie Widor, Louis Vierne, entre otros) y Alemania (Josef Rheinberger, Max Reger, entre otros).

En los bises, la obra tardía Consolation en re bemol mayor, una obra contemplativa que Liszt escribiera primero para piano y después transcribiera para órgano, fue magistralmente interpretada por el profesor Heinrich Walther y se convirtió en un regalo musical especial en este extraordinario concierto vespertino en la Iglesia de la Paz, de Krefeld que este sábado 2 de octubre recibe además al célebre conjunto vocal Comedian Harmonists, sobre cuyo recital también publicaremos una reseña próximamente.

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