España - Cataluña

Se reinicia el Life Victoria 2021

Jorge Binaghi
jueves, 14 de octubre de 2021
Drake y Barron © 2021 by Fundació Victoria de los Ángeles Drake y Barron © 2021 by Fundació Victoria de los Ángeles
Barcelona, lunes, 27 de septiembre de 2021. Recinto modernista del Hospital de Sant Pau. Winterreise, de Franz Schubert. Fleur Barron (mezzo) y Julius Drake (piano). Lieder de Schubert por Mercè Bruguera (mezzo) y Teodora Oprisor (piano). Life Victoria 2021
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Esperemos que pronto la totalidad de localidades se puedan recuperar. El festival de lied de este año, ya instalado como una realidad pese a los obstáculos que significan o pueden significar la denegación -tardía, para más- de subsidios estatales y autonómicos que otros años se habían concedido, es en realidad una continuación del anterior, concluido abruptamente sobre las notas de la obra magna de Schubert que ahora se recupera en voz femenina y más adelante será en la de tenor, como el año pasado lo fue en la de contratenor.

La obra es -cada vez más, a lo mejor porque se aproxima el invierno o porque el camino ya es muy largo para algunos- estremecedora en su perfección y aparente sencillez. Vuelvo a decir que yo prefiero de lejos las versiones para barítono (o bajobarítono, o si mi apuran bajo) a las de cualquier otro registro. De las voces femeninas la más adecuada me parece la confiada a mezzo o contralto. Decididamente las voces agudas (y sobre todo las que frecuentan este ciclo) no son para mí. En cuanto a las interpretaciones por contratenores no sé, porque de momento prefiero abstenerme.

En este caso, pues, yo estaba bien dispuesto, y la cosa no salió mal. Tampoco especialmente bien: la voz de Barron es algo exótica: tiene unos graves casi de contralto a los que quiere dar mayor intensidad con el resultado de que el sonido termine siendo hueco y, peor, se pierdan las últimas palabras en particular aquellas que tienen una vocal con diéresis. Y en cuanto sube al agudo se registra un color distinto, y un sonido áspero y punzante (no incisivo, que es otra cosa). También es -no creo que sea una cuestión personal, sino de ‘preferencias’ actuales- bastante enfática en sus gestos de dolor o tristeza (en esta obra se corre el riesgo de quedar paralizado) y en los pocos de ‘alegría’ (no sé si se puede usar esta palabra para el ciclo; a lo mejor si se lo supone sinónimo de calma). No encontré excesivo interés en las inflexiones expresivas de su canto. 

Indudablemente lo mejor fue la labor de Drake, aunque me sorprendieron algunos comienzos excesivamente fuertes y ligeramente ‘apresurados’.

En cualquier caso tuve más tiempo para releer las poesías de Müller, siempre notables, con traducción no sólo en el programa de mano (virtual) sino en las pantallas que se han colocado a ambos lados del escenario. Esto ha sido un producto de la pandemia y está bien que queden, pero sugeriría, si no fuera demasiado trabajo y gasto, que en una se mantenga el catalán y en la otra o bien la lengua original o bien el castellano ya que hasta nuevo aviso esta es una comunidad bilingüe (lo que supone más riqueza y ninguna otra cosa. Este Estado tiene tres lenguas cooficiales además del castellano oficial -igual hasta tendría que tener alguna más, pero no nos alejemos del tema-).

Como se sabe antes de las figuras principales actúan dos jóvenes talentos o promesas de casa y en general con buenos aciertos. De nuevo aquí pareció más ‘madura’ la pianista, Oprisano, que la cantante, Bruguera, otra mezzo (más clara que la señora Barron) que parece tener cualidades, pero a la que falta bastante en materia de matiz y soltura.

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