Italia

‘Largo al factotum’

Jorge Binaghi
martes, 26 de octubre de 2021
Muscato, Il barbiere di Siviglia © 2021 by Brescia y Amisano Muscato, Il barbiere di Siviglia © 2021 by Brescia y Amisano
Milán, lunes, 11 de octubre de 2021. Teatro alla Scala. Il barbiere di Siviglia (Roma, Teatro Argentina, 20 de febrero de 1816), libreto de C. Sterbini y música de G. Rossini. Puesta en escena: Leo Muscato. Escenografía: Federica Parolini. Vestuario: Silvia Aymonino. Coreografía: Nicole Kehrberger. Intérpretes: Antonino Siragusa (Lindoro), Svetlina Stoyanova (Rosina), Mattia Olivieri (Figaro), Nicola Ulivieri (Basilio), Marco Filippo Romano (Don Bartolo), Lavinia Bini (Berta), y Costantino Finucci (Fiorello/Un ufficiale). Orquesta y coro (preparador: Alberto Malazzi) del Teatro. Dirección de orquesta: Riccardo Chailly
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De los tres títulos cómicos de Rossini preparados por la Scala para este final de temporada, éste, el más conocido, fue el mejor realizado, el que tuvo más público, el que en la última función tenía localidades agotadas y en la que vi yo casi lo mismo porque fue la primera (¡por fin!) sin limitaciones de aforo. En realidad no vi sólo la penúltima porque luego de verla quise volver para confirmar algunas impresiones.

Por ejemplo: la nueva puesta en escena no es para echar cohetes, pero no se convierte en obstáculo. Se podrían ahorrar en la mayor parte de las arias los bailarines (hombres vestidos con tutú femenino y pecho descubierto) porque con la actuación de los cantantes teníamos suficiente (y en particular en ‘la calunnia’ de Don Basilio resultan confusos), pero no cuando los dirige Berta, menos madura que en otras ocasiones, a mitad de camino entre maestra de baile de una compañía teatral en la que Rosina es la estrella principal y una especie de ‘vamp’ con boquilla y una varilla que más parece un látigo. Y hacerlo en un teatro, aunque no sea novedoso, facilita rapidez en los cambios. Los trajes son buenos, el decorado funcional.

La dirección de Chailly ha cambiado desde la última vez que lo escuché aquí mismo (entonces no se hacía la versión integral con el rondó de Almaviva). Era entonces más exuberante, ahora hay cierta lentitud (ya al comenzar la obertura) y este Rossini no es muy chispeante (en el sonido de la excelente orquesta en los crescendi por ejemplo), pero es una visión sonriente que observa el primer capítulo de la trilogía de Beaumarchais desde la óptica que dan la presunta sabiduría (y la segura desilusión) de la edad madura.

'Il barbiere di Siviglia' de Rossini. Dirección musical: Riccardo Chailly. Puesta en escena: Leo Muscato. Milán, Teatro alla Scala, octubre de 2021. © 2021 by Brescia y Amisano.'Il barbiere di Siviglia' de Rossini. Dirección musical: Riccardo Chailly. Puesta en escena: Leo Muscato. Milán, Teatro alla Scala, octubre de 2021. © 2021 by Brescia y Amisano.

Y eso que hubo sus idas y venidas con algunos de los cantantes. Por ejemplo, Stoyanova y Ulivieri. La primera fue una Rosina discreta y bastante descolorida y sólo en la zona central pudo hacer honor vocal a su papel aunque se movió bien. El segundo presentó un Basilio totalmente convincente y en mi memoria con más grave y volumen que en anteriores ocasiones. Vestido como se debe, fue cómico sin abusar y tuvo un italiano clarísimo y creo que con él se ganó claramente en el cambio: muy buena interpretación. 

Igual de clara fue la dicción de Siragusa (que se alternaba con Maxim Mironov, a quien no pude escuchar esta vez): la voz me sigue pareciendo ingrata, pero sabe cantar Rossini y la técnica le permite superar dificultades que el paso del tiempo le van creando (en particular cuando debe emitir el agudo) y en esta función, en la que se reservó más en volumen que en la siguiente, tuvo una gran ovación tras el dichoso rondó -que seguramente hoy se debe hacer pero que dramáticamente pesa mucho por más que todos se esfuercen. También se movió con soltura aunque, como todos, muy pendiente de la batuta. 

En la sala estaba mi primer Almaviva del cercano (para ese recuerdo) 1962, que no cantaba el rondó, pero era un Lindoro excepcional, Luis (o Luigi) Alva, a quien me permito dedicar un emocionado y agradecido recuerdo (no, no cantaba el rondó; ni falta que le hacía)

El Fiorello y oficial de Finucci permitieron oír una voz joven con posibilidades y a un actor voluntarioso.

Pero en el reparto había no sé si tres ‘sorpresas’, pero sí tres espléndidas actuaciones.

Por empezar, me sorprendió Berta. No es que no conociera a Bini, pero casi lamentaba que su debut en la Scala lo hiciera en un papel ‘secundario’. Y tuve que volver a recordar que no hay secundarios en ciertas óperas. Se metió escénicamente en la piel que le había creado el director de escena, pero cuando se trató del canto no sólo dominó el concertante final del primer acto con unos agudos difíciles que en toda mi experiencia ‘en vivo’ del Barbiere nunca había logrado escuchar, no sólo dijo sus frases con gusto, sino que cuando llegó su aria -más breve y simple que la de los otros cantantes- hizo una verdadera creación (la primera ‘i’de ‘pizzicore’ por ejemplo) y se llevó su bien merecido aplauso. Como se decía en un tiempo, ‘ad maiora’.

Ulivieri y Romano en 'Il barbiere di Siviglia' de Rossini. Dirección musical: Riccardo Chailly. Puesta en escena: Leo Muscato. Milán, Teatro alla Scala, octubre de 2021. © 2021 by Brescia y Amisano.Ulivieri y Romano en 'Il barbiere di Siviglia' de Rossini. Dirección musical: Riccardo Chailly. Puesta en escena: Leo Muscato. Milán, Teatro alla Scala, octubre de 2021. © 2021 by Brescia y Amisano.

Bartolo es un papel que muchas veces se usa para hablar más que cantar y para subrayar con líneas gruesas el aspecto ridículo del personaje. Había visto hacía tiempo a Romano en un excelente ‘Don Profondo’ de un Viaggio a Reims, así que iba preparado para una buena interpretación, pero de ningún modo para esta sobresaliente encarnación en la que Bartolo es todo lo estúpido e incluso malvado que se quiera pero sin dejar de ser un ser humano. Por otro lado, ni exageró ni usó el canto para disimular limitaciones o carencias como ocurre con muchos colegas (famosos incluso algunos de ellos). La versión de su gran aria ‘A un dottor della mia sorte’ fue de un nivel mayúsculo por claridad, exactitud (el sillabato no perdona) y la justa comicidad, pero en todo momento (un simple recitativo, o esos dúos o intercambios con Almaviva en sus diferentes disfraces) resultó ejemplar (no en vano ha cumplido, tan joven aún, cien representaciones del personaje con la última función).

'Il barbiere di Siviglia' de Rossini. Dirección musical: Riccardo Chailly. Puesta en escena: Leo Muscato. Milán, Teatro alla Scala, octubre de 2021. © 2021 by Brescia y Amisano.'Il barbiere di Siviglia' de Rossini. Dirección musical: Riccardo Chailly. Puesta en escena: Leo Muscato. Milán, Teatro alla Scala, octubre de 2021. © 2021 by Brescia y Amisano.

Y aunque el título original, y el primer intérprete (Manuel García), indican a las claras a quién tenía en mente el autor como protagonista, la tradición ha querido que lo sea Fígaro. Algunas de las críticas ditirámbicas que he leído hablan de ‘revelación’. Otras de ‘consagración’. A Olivieri se lo ha visto y aplaudido antes, y mucho, en este y otros teatros, y su carrera ha sido ascendente, como es lógico cuando se la basa en el tesón, el estudio, la profundización y la seriedad que no son incompatibles con la alegría y espontaneidad que en los roles cómicos de Rossini y Mozart (por ejemplo) exhibe el joven pero ya maduro barítono. También se lo ha visto a sus anchas en roles serios como el rey de La favorite o en el complicado protagonista del Don Giovanni. Este artista parece vivir para su arte en cualquier personaje que aborda. La voz lozana, extensa, pareja, con una administración notable del fiato y -pese al cada vez mayor peso y un color que se está tornando más oscuro- capaz para las agilidades (ese endiablado ‘Dunque io son’ con Rosina, entre otros momentos, lo demuestra con total claridad) convirtieron en un paseo su difícil cavatina de entrada, su participación en dúos (el complicadísimo final del primer cuadro con Almaviva), tercetos y conjuntos, pero hay mucho que admirar también en la intención de sus recitativos (ni una palabra dejada al azar) y en el modo de encarnar en escena al personaje. Así que no sé si es ‘consagración’ la palabra justa, pero yo me he tropezado con quien por primera vez no me hace añorar al magistral Sesto Bruscantini de 1962 (tan distinto por instrumento pero no como cantante o intérprete, superior a cuantos he visto después -algunos vocalmente notabilísimos- hasta llegar hasta esta función). 

Pieza enlazada

Olivieri cuenta siempre en sus entrevistas (puede leerse la que hace un tiempo se ha publicado aquí mismo) que el empuje decisivo para inclinarse por el canto lírico lo tuvo cuando una excelente y sagaz profesora lo llevó (o trajo) a este mismo Teatro para ver una función de esta misma ópera. Imagino que será motivo de gran satisfacción y orgullo triunfar ahora en ese mismo papel (y tal vez esperar -ojalá- que algún joven que lo haya oído sienta la misma vocación que él). Sea como sea y lo que sea, nunca mejor aplicadas las palabras iniciales de su cavatina: ‘largo al factotum’. ¿Cómo no iba a tratar yo, a estas alturas de mi vida, de ver otra función? 

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