Alemania

Una Medium de cámara

J.G. Messerschmidt
jueves, 11 de noviembre de 2021
Das Medium © 2021 by Marie-Laure Briane Das Medium © 2021 by Marie-Laure Briane
Múnich, martes, 2 de noviembre de 2021. Teatro Gärtnerplatz. La medium, tragedia para solistas y orquesta con música y libreto de Gian Carlo Menotti (en la versión alemana de Werner Gallusser). Dirección escénica: Maximilian Berling. Escenografía y vestuario: Rainer Sinell. Luminotecnia: Michael Heidinger. Dramaturgia: Fedora Wesseler. Solistas: Anna Agathonos (Madame Flora), Andreja Zidaric (Monica), Elaine Ortiz Arandes (Sra. Gobineau), Timos Sirlantzis (Sr. Gobineau), Ann-Katrin Naidu (Sra. Nolan), Christian Schleinzer (Toby). Orrquesta del Teatro Gärtnerplatz. Dirección musical: Oleg Ptashnikov.
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Una de las pocas óperas posteriores a la Segunda Guerra Mundial que ha conseguido incorporarse al repertorio es La medium de Gian Carlo Menotti. En este nueva producción del Teatro Gärtnerplatz se ha optado por subrayar el carácter de cámara de esta pieza, sin duda también por motivos económicos, ya que con una obra del siglo XX es más fácil llenar la sala de estudio, en la cual la velada del estreno hubo más o menos un centenar de espectadores, que la sala principal con aforo para 900 personas. La decisión fue acertada, pues permitió al oyente gozar de una acústica impensable en la sala mayor, de modo que se hizo posible advertir numerosos matices que generalmente resultan menos fáciles de apreciar. Por otra parte, la inmediatez de los protagonistas da a la representación un agradable carácter íntimo, casi de función privada.

La puesta en escena se adapta bien a estas condiciones y sigue con respeto el libreto, sin caer en interpretaciones caprichosas. Es curioso observar hasta qué punto los directores de escena se someten fielmente a los libretos cuando creen estar ante una ópera "moderna", del mismo modo, pero a la inversa, en que parecen sentirse obligados a toda clase de "actualizaciones" si la obra pasa por "clásica". Así nos encontramos con una acción situada en los años del estreno de la ópera (1947) y con una escenificación en cierto modo historicista, con un vestuario, una sucinta escenografía y una mímica que en buena medida parecen superficialmente inspiradas en la cinematografía de la época. Los personajes del matrimonio Gobineau y de la señora Nolan poseen convincente verosimilitud psicológica. Aquí hemos de suponer que tiene un peso importante el trabajo de los intérpretes, en especial de Elaine Ortiz Arandes, que delinea a la perfección su personaje. La pareja formada por Monica y Toby reproduce los lugares comunes de cierta visión hollywoodiense de "la juventud" en la década de 1950 sin llegar a levantar vuelo. La figura de Madame Flora resulta en exceso tópica y sobreactuada, sin matices psicológicos, por lo que en algunos momentos la configuración del personaje casi roza el diletantismo. En conjunto, sin embargo, la puesta en escena es eficaz y, salvo en los excesos de Madame Flora o los momentos un muertos de las escenas de amor, consigue mantener atento al público. Sin duda el libreto tiene bastante más fondo que el que revela esta escenificación, pero no es poco mérito ofrecer una versión que, con su aire de película de la serie B, consigue divertir al público durante una hora.

En el aspecto musical lo más relevante es el trabajo de Oleg Ptashnikov al frente de la orquesta. Ésta alcanza un estupendo nivel técnico. La dirección del maestro ruso es vigorosa y muy atenta a los matices dinámicos. Lo más destacable, sin embargo es su versatilidad al reflejar los abundantes cambios de carácter que caracterizan a la partitura y, muy especialmente, el acertado tratamiento de la riqueza tímbrica de la obra, particularmente perceptible en los excelentes resultados obtenidos de la percusión y los vientos. 

Entre los solistas la figura más sobresaliente es Andreja Zidaric, una joven soprano lírica (con buenas posibilidades de evolucionar hacia dramática) de voz bien timbrada, impostación firme, amplio registro y una rica gama expresiva, capaz de pasar sin dificultad de un estadio emocional a otro. 

Las veteranas Ann-Katrin Naidu y Elaine Ortiz-Arandes muestran una vez más poseer no sólo voces notables, sino también un arte interpretativa impecable. Muy grata musicalmente es la labor de Timos Sirlantzis, un joven bajo-barítono con grandes posibilidades vocales que apenas se insinúan en su breve papel y al que nos quedamos con ganas de escuchar en una parte más amplia. 

El papel protagonista es muy exigente y no precisamente cómodo y ello se advierte en la interpretación de Anna Agathonos. Su versión de Madame Flora es sin duda muy entregada y vigorosa, quizás incluso en exceso, pues en determinados momentos desearíamos oír más y más sutiles matices, así como una configuración musical del personaje más compleja y sensible, no siempre tan violentamente voluminosa, más rica en transiciones dinámicas y en la expresión musical del personaje, que se queda en una figura de una pieza, perdiéndose así las posibilidades de psicológica que ofrece la partitura.

En conjunto puede decirse que estamos ante una producción en general muy satisfactoria, pero en la que todavía convendría trabajar más para corregir y, sobre todo, pulir detalles.

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