España - Andalucía

A por el ciclo Bruckner

José Amador Morales
jueves, 11 de noviembre de 2021
Carlos Domínguez-Nieto © by ACMConcerts Carlos Domínguez-Nieto © by ACMConcerts
Córdoba, jueves, 7 de octubre de 2021. Gran Teatro. Orquesta de Córdoba. Carlos Domínguez-Nieto, director musical. Anton Bruckner: Sinfonía nº 5 Si bemol Mayor.
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Prácticamente aún con la resaca del cierre de la pasada temporada con la a menudo subestimada Sinfonía nº 6 de Anton Bruckner, Carlos Domínguez-Nieto ha vuelto a la carga al comienzo del presente curso con la catedralicia Sinfonía nº5 del organista de San Florián. 

Ya hemos comentado desde Mundoclasico.com la audacia de precedentes brucknerianos por estos lares, como aquella segunda sinfonía dirigida por Brouwer a principios de este milenio o la tercera por un kapellmeister de la talla de Karl Anton Rickenbacher hace catorce años. 

Pieza enlazada

Por su parte, desde que asumiera hace tres años la titularidad de la formación cordobesa, Domínguez-Nieto ha asumido la interpretación de las sinfonías cuarta (enero de 2019), tercera (octubre de 2019) así como la mencionada y reciente sexta (junio de 2021) y esta quinta que ahora comentamos.

Por lo tanto, en cierta medida ya no es una novedad absoluta ni una sorpresa el hecho en sí de poder asistir con naturalidad a una interpretación de una sinfonía de Bruckner en la ciudad; pero mucho menos la importancia de la adecuación estilística, cuando no personalidad artística, de una batuta que sabe lo que quiere decir en este repertorio y, aún mejor, sabe como decirlo. Y ello contando con unos recursos entusiastas, sí, pero humildes. En este sentido habría que volver a mencionar la naturaleza estructural de una Orquesta de Córdoba que evidentemente es superada por la plantilla que exige Bruckner para esta Sinfonía nº5 (y para prácticamente todas las demás) por lo que hay que acudir a los necesarios refuerzos. Al mismo tiempo, recordemos que la rácana acústica del Gran Teatro está en las antípodas de satisfacer las necesidades que los silencios, las suculentas armonías y, en definitiva, las diversas sonoridades tan idiosincráticas en el universo bruckneriano. En cualquier caso, nada nuevo bajo el sol pues son las mismas circunstancias que se daban cita en los antecedentes arriba señalados. Tampoco la deficitaria respuesta de un público que, como ha destacado con enorme lucidez un compañero de la prensa local, no hace justicia a la gran tradición musical local ni, sobre todo, a sus instituciones musicales (léase conservatorios).

En cualquier caso, la valentía y manera de enfrentarse a esta Sinfonía nº5 fue, cuanto menos, meritoria. En conjunto, la interpretación se reveló sustancialmente más redonda en cuanto a mera ejecución y más “cuajada” que en las anteriores ocasiones, al igual que la sintonía entre músicos y batuta. Un sentido del estilo y del sonido bruckneriano que acabó imponiéndose globalmente sobre el incierto inicio, borrosidades puntuales y pasajes algo confusos. Domínguez-Nieto se valió de un tempo cómodo (20:29, 19:57, 13:19 y 24:10 para las estadísticas), sobre el que construir de forma segura y natural el monumental entramado de la obra y, particularmente esa ‘Introducción-allego’ inicial, pero con el riesgo – bien que no siempre sorteado - de desactivar la tensión intrínseca de cada célula temática, de cada frase así como la de sus interconexiones. Un inspirado ‘Adagio’ desplegó grandes dosis de la esencia mística que Bruckner suele deparar en los movimientos lentos de sus sinfonías, bien que no únicamente, y que aquí el Domínguez-Nieto supo dosificar convenientemente a través de la enorme carga expresiva de los silencios y del cuidado fraseo de los solistas (y de estos con el resto de grupos instrumentales). 

El certero carácter danzable del trío y el efecto desbordante del crescendo de la coda fueron aspectos relevantes de un ‘Scherzo’ que dio paso a un ‘Finale’, de inicio algo titubeante tras esas reminiscencias temáticas de los movimientos anteriores. Sin embargo, comenzó a cargarse de gran intensidad dramática a partir del impulso de tres momentos clave: la fuga, el coral del tercer tema y finalmente el impresionante doble fugado. Intensidad dramática inevitablemente necesaria para alcanzar ese clímax liberador en el que la recapitulación se funde con el tema principal del primer movimiento, resolviéndose en la brillante fanfarria final.

El público ovacionó de forma calurosa a los intérpretes nada más finalizar la obra, en todo caso de manera notoriamente más entregada en el segundo día que comentamos. Curiosamente en esta última audición, el concierto fue suspendido en pleno segundo movimiento debido a un potente ruido que comenzó a escucharse por uno de los altavoces de la sala: el director llegó a abandonar el escenario hasta que se solventó el incidente pasados unos cinco minutos en los que la orquesta volvió a afinar y Domínguez-Nieto atacó de nuevo los primeros compases del hermoso ‘Adagio’.

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