Alemania

Los físicos, de Friedrich Dürrenmatt

Juan Carlos Tellechea
jueves, 18 de noviembre de 2021
Die Physiker © 2021 by Stutte, Krefeld Die Physiker © 2021 by Stutte, Krefeld
Mönchengladbach, domingo, 14 de noviembre de 2021. Theater Mönchengladbach. Los físicos, subtitulada como comedia, es en realidad un drama en dos actos de Friedrich Dürrenmatt. Régie Maja Delinić. Escenografía Ria Papadoopoulou. Vestuario Janin Lang. Música Clemens Gutjahr. Trabajo coreográfico Pascal Merighi. Dramaturgia Martin Vöhringer. Asistencia de régie Alla Bondarevskaya. Intérpretes: la señorita Dra. Mathilde von Zahnd, médica de locos (Ronny Tomiska); Marta Boll, enfermera principal (Christoph Hohmann); Monika Stettler, enfermera (David Kösters); Herbert Georg Beutler, llamado Newton, paciente (Katharina Kurschat); Ernst Heinrich Ernesti, llamado Einstein, paciente (Esther Keil); Johann Wilhelm Möbius (Carolin Schupa); misionero Oskar Rose (Paul Steinbach); sus hijos: Adolf-Friedrich (Adrian Linke), Wilfried-Kaspar (Christoph Hohmann), Jörg-Lukas (Philipp Sommer); Richard Voß, inspector de la policía de investigaciones (Nele Jung); policías, enfermeros, guardias de seguridad (Raafat Daboul*, Christoph Hohmann, Adrian Linke, Philipp Sommer, Paul Steinbach. 50% del aforo, reducido por medidas de prevención e higiene contra la pandemia de coronavirus.
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La puesta de Maja Delinić de la obra Los físicos, de Friedrich Dürrenmatt, estrenada este domingo en el Teatro de Mönchengladbach, entre efusivos aplausos de la platea, da rienda suelta con divertidas astracanadas a los rasgos de tragicomedia que tiene la pieza, para acentuar la gravedad del profético mensaje que lleva encerrado.

Quien sube disfrazado (vestuario Janin Lang) de fantoche al escenario (Ria Papadopoulou) al comienzo y habla no es el propio Dürrenmatt, por supuesto, sino el actor Christoph Hohmann. Pero asume el papel de presentador a las mil maravillas con sus grandes anteojos de marco oscuro y pinta de no saber qué decir. 

Detrás de él, las instalaciones de lo que parece un gimnasio y frente a él el público del estreno. A su lado una bañera. Un paso más a su derecha un pequeño estanque con una familia de patitos de plástico flotando. Al extremo del escenario un sillón como los de los psicoanalistas. 

El presentador parece algo nervioso mientras advierte sobre las medidas de prevención e higiene contra la pandemia, sin saber muy bien qué hacer con sus manos.

Alguna vez se le preguntó a Dürrenmatt qué era para él humor. Ni corto ni perezoso, el dramaturgo contestaba con un buen ejemplo: humor es cuando se resbala sobre la misma caca de perro dos veces en el mismo lugar y frente al mismo observador.

Lamentablemente, a Dürrenmatt, de quien se está conmemorando desde el 5 de enero pasado el centenario de su nacimiento, la posteridad lo ha sepultado injustamente como un autor de libros de texto para escolares. Sin embargo, su conciencia apocalíptica del mundo sigue siendo tan actual y un desafío, como cuando escribió Los físicos en 1961. Eran tiempos aquellos en los que el también escritor y pintor helvético era considerado el Plauto de la postguerra.

«Die Physiker» de Friedrich Dürrenmatt, producción de Maja Delinić. © 2021 by Stutte, Krefeld.«Die Physiker» de Friedrich Dürrenmatt, producción de Maja Delinić. © 2021 by Stutte, Krefeld.

Los personajes principales de la pieza son tres físicos que viven como pacientes en una clínica psiquiátrica privada. La régie se toma la libertad de contribuir aún más a poner el mundo patas para arriba adjudicando los papeles masculinos a actrices y los femeninos a actores. Para quien haya leído Los físicos directamente de la pluma del autor no entiende muy bien por qué tanto jaleo (con música incidental del compositor y pianista Clemens Gutjahr). Aún sin demasiadas bufonadas el mensaje habría llegado rápida y certeramente.

Uno de los físicos, Johann Wilhelm Möbius (muy bien, Carolin Schupa), ha hecho un descubrimiento que amenaza con destruir a la Humanidad y, por tanto, conduce a la cuestión básica de la obra sobre la responsabilidad de la ciencia. Además de Möbius, los otros dos protagonistas son los pacientes que se hacen llamar Newton (Katharina Kurschat) y Einstein (Esther Keil). Pero el primero es quien ha dado con la denominada fórmula mundial, que si cayera en manos equivocadas podría llevar a la destrucción de la civilización.

«Die Physiker» de Friedrich Dürrenmatt, producción de Maja Delinić. © 2021 by Stutte, Krefeld.«Die Physiker» de Friedrich Dürrenmatt, producción de Maja Delinić. © 2021 by Stutte, Krefeld.

Al afirmar Möbius que el legendario rey Salomón se le aparece a diario en su celda, quiere dejar de ser digno de confianza y evitar así el mal uso de su revolucionario descubrimiento. Al final y al cabo, este personaje no parece estar tan loco como parece. Los tres físicos asesinan a sus enfermeras porque temen por sus secretos. Cuando llega la policía al mando del inspector Richard Voß (Nele Jungpara investigar las muertes, Möbius destruye su fórmula. Logra convencer a sus dos colegas de que retengan sus peligrosos conocimientos para salvar al mundo de la destrucción. Pero el pacto de los físicos llega demasiado tarde.

«Die Physiker» de Friedrich Dürrenmatt, producción de Maja Delinić. © 2021 by Stutte, Krefeld.«Die Physiker» de Friedrich Dürrenmatt, producción de Maja Delinić. © 2021 by Stutte, Krefeld.

Mathilde von Zahnd (Ronny Tomiska), la malformada psiquíatra jefa y propietaria del sanatorio ya ha copiado todos los registros de Möbius. Como la única persona realmente loca de esta comunidad de dementes, es ella quien cree en realidad que está actuando en nombre del rey Salomón y quiere gobernar el mundo con la fórmula. Los físicos, sin embargo, tachados públicamente de locos por los asesinatos que perpetraron, permanecen encerrados en el manicomio y ya no tienen forma de impedir los planes de von Zahnd.

La puesta gusta tanto al público que éste olvida por dos horas y media los que está pasando afuera, las consecuencias sociales reales de la pandemia y ovaciona hasta el paroxismo a los intérpretes.

Dürrenmatt vincula este tema a su teoría del drama, según la cual toda historia, desencadenada por el azar, debe tomar el peor giro posible. Por esta razón, Los físicos, que él denominaba simplemente comedia, suele clasificarse como tragicomedia o esperpento.

«Die Physiker» de Friedrich Dürrenmatt, producción de Maja Delinić. © 2021 by Stutte, Krefeld.«Die Physiker» de Friedrich Dürrenmatt, producción de Maja Delinić. © 2021 by Stutte, Krefeld.

En fin, lo que se ha hecho una vez no tiene vuelta, podríamos decir parafraseando una de las expresiones de la obra, y el elenco entero ha cumplido con lo suyo a la perfección. La situación política mundial de finales de los años 50 y principios de los 60, época de la aparición de Los físicos, estaba marcada por la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

La situación política y la amenaza de una guerra nuclear se agravaron con la construcción del Muro de Berlín en 1961. Ya en 1957, 18 investigadores nucleares de la República Federal de Alemania se pronunciaron contra el uso militar de la energía nuclear y el equipamiento del Ejército federal alemán con armas nucleares en la Declaración de los Dieciocho de Göttingen. En 1959, el filósofo, poeta y escritor Günther Anders publicó sus Tesis sobre la era atómica, que dieron lugar a afirmaciones tan mordaces como las de los "21 puntos" de Dürrenmatt sobre los físicos más tarde: Lo que puede afectar a cualquiera afecta a todos.

La extravagante pieza de Dürrenmatt trata, a grandes rasgos, del hecho de que en una sociedad que, por lo demás, solo está acostumbrada a producir basura rentable, ni siquiera la investigación científica básica es noble y pura.

En la anarquía capitalista de intereses, la investigación puede llevar incluso a resultados desagradables como hemos comprobado recientemente. En los últimos meses se ha aprendido mucho no solo sobre los virus, sino también sobre la virología en general. Hay una crítica renovada, especialmente a la llamada investigación de ganancia de función (Gain-of-Function), un área de la investigación médica que se centra en el paso en serie de bacterias o virus in vitro para acelerar los procesos de mutación, adaptando su transmisibilidad, virulencia y antigenicidad, para predecir mejor las enfermedades infecciosas emergentes y desarrollar vacunas.

Desde el desarrollo de la bomba atómica, la ciencia ha explotado literalmente, decía Dürrenmatt durante una entrevista de prensa en 1988. Basta con pensar en la biología moderna. La bomba atómica fue la primera amenaza global para la Humanidad. Por eso pude escribir “Los físicos“. Sin embargo, hoy en día el mundo está expuesta a tantas amenazas diferentes que ya no pueden representarse de esta manera. Basta solo con ver la contaminación del aire, el agujero de la capa de ozono, el cambio climático. O piénsese en el crecimiento catastrófico de la población mundial. Una cosa me parece segura: nos dirigimos a grandes catástrofes, vaticinaba ya entonces el intelectual suizo.

Cuando un autor es leído en las escuelas, es que ha alcanzado su meta, pero también significa entonces que está acabado. Ciertamente, deja impresiones de lectura más o menos profundas en las mentes adolescentes, y los teatros lo representan, pero también terminan con él. Dürrenmatt deja trazas en los cerebros de los lectores, una anciana vengativa (La visita de la vieja dama), y tres físicos más o menos locos, además de El juez y su verdugo; tal vez esa frase del discurso con motivo de la entrega del premio Gottlieb-Duttweiler a Vaclav Havel en 1990 de que Suiza es una prisión donde cada preso es su propio carcelero, y la extraña amistad con Max Frisch. Un clásico moderno, más clásico que moderno.

Sin embargo, el apocalíptico Friedrich Dürrenmatt sigue siendo una provocación. Como Franz Kafka y Albert Camus pertenece al grupo de los grandes cuestionadores de este mundo. Entre los que se preguntan cómo se puede actuar de forma sensata, razonable, incluso moralmente, en un mundo sin sentido.

Paradójicamente, para el joven Dürrenmatt el punto de partida de esta cuestión fue la experiencia de haber quedado a salvo del horror de un conflicto bélico. Mientras la Segunda Guerra Mundial hacía estragos alrededor de Suiza, morían millones de personas en los campos de batalla o eran asesinadas en los campos de exterminio nazis, la Confederación Helvética esperaba temerosa una invasión que no se produjo, porque para Hitler era mucho más útil no ocuparla.

Suiza es el vigía de la delincuencia mundial, afirmaba Dürrenmatt retrospectivamente, y (...) Nuestras manos limpias son nuestra vergüenza. Sin embargo, proseguía, nos vimos obligados a una inocencia vergonzosa por una época vergonzosa, en contraste con la vergüenza actual en la que se incurre voluntariamente: los negocios de armas, la aceptación gozosa del dinero de los dictadores, los terroristas, los traficantes de drogas y de los criminales en general.

Así lo dice en Mondfinsternis ("Eclipse lunar") -un relato de comienzos de 1950, reelaborado en 1978- parte de la materia que muchos consideran la verdadera obra principal de Dürrenmatt y en la que traza la génesis y el desarrollo de sus temas. El catastrofismo que caracteriza su obra surgió del ojo de la tormenta en el que se había colocado Suiza: Este esperpento de haber quedado a salvo me enfrentó finalmente a una tarea: imaginar al menos el mundo que no podía experimentar, oponer mundos al mundo.

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