Reino Unido

Luminosidad entre tinieblas. Bartok y Barba Azul en Londres (I)

Agustín Blanco Bazán
viernes, 19 de noviembre de 2021
LPO, Gardner, Komlósi y Relyea © 2021 by Mark Allan LPO, Gardner, Komlósi y Relyea © 2021 by Mark Allan
Londres, sábado, 6 de noviembre de 2021. Royal Festival Hall (RFH). Sinfonía nº 90 en do mayor de Franz Joseph Haydn. El Castillo de Barba Azul, ópera en un acto con libreto de Béla Bálazs y música de Béla Bartók. Ildikó Komlósi (Judith). John Relyea (Barba Azul). Versión de concierto. Orquesta Filarmónica de Londres bajo la dirección de Edward Gardner.
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Edward Gardner, el talentoso director de orquesta británico titular de la Orquesta Filarmónica de Bergen y ahora también de la Filarmónica de Londres, se presentó con esta última orquesta en una antológica versión de El Castillo de Barba Azul. Ildikó Komlósi, la formidable soprano dramática húngara, de voz penetrante como el acero, demostró como la dicción de su lengua materna se incorpora a esta partitura como un instrumento mas, solista y a la vez firmemente integrado a las texturas orquestales. En cuestión de dinámicas, la suya es una voz enorme, capaz de traspasar el tutti de la orquesta sin problemas en esa gloriosa exclamación que acompaña la apertura de la quinta puerta. Pero su mejor contribución fue la de esos parlando llenos de ansiedad y protesta y sus miradas premonitorias que parecieron acumular la energía de la obra de Bartók mejor que en cualquier escenografía. 

Frente a su interpretación de una Judith enfatuada en su obsesión por confrontar su propia némesis, John Relyea interpretó un Barba Azul apasionado, casi un Lohengrin en su desesperación por ser amado sin preguntas ni confesiones. Su voz, ahora de un timbre de excelente calidez y proyección en squillo le sirvió para actuar convincentemente esa dificilísima progresión dramática de un protagonista siempre oscilante entre victimario y víctima. Y que al final demuestra no ser ni uno ni otro.

Gardner, un director que siempre sabe penetrar cualquier partitura con vitalidad exenta de alambicamientos, prefirió concentrarse en la variedad cromática antes que en las aristas de la articulación como lo hizo Solti la ultima ve que lo vi al frente de la misma orquesta y en el mismo Royal Festival Hall. Aún sin insuflar como éste último un paroxismo casi asfixiante en los sforzandi, Gardner logró mantener la tensión a su manera, con clara exploración de texturas y colores, y sin ahogarse en énfasis innecesarios. Es gracias a ello que la versión adquirió una oxigenada vena lírica donde primaron esas joyas escondidas de esta partitura llamadas reflexividad y premonición: desde el primer compás sabe Barba Azul, un observador varias veces derrotado en su búsqueda del amor, como terminará una conquista que sabe será la última. Y Gardner logró reflejar esta unidad entre el primer y último acorde con una interpretación asertiva pero nunca tensa en su diferenciación de claroscuros. 

Lo acompañó una Filarmónica en excelente estado y en este otoño de 2021 con prodigiosos instrumentos de viento, tanto en madera como en metal. Particular mención merecen los clarinetes, oboes, y dos trompas capaces de redondear el sonido como si fueran una gota de miel. Estos instrumentos se apoyaron en un diáfano acompañamiento de cuerdas para lucirse en una Sinfonía 90 de Haydn en la cual Gardner impuso una exuberancia de color diáfana pero nunca agresiva. 

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