Reino Unido

Luminosidad entre tinieblas. Bartok y Barba Azul en Londres (II)

Agustín Blanco Bazán
martes, 23 de noviembre de 2021
Bullock y Finley en El Castillo de Barbazul © 2021 by Mihaela Bodlovic Bullock y Finley en El Castillo de Barbazul © 2021 by Mihaela Bodlovic
Londres, jueves, 11 de noviembre de 2021. Stone Nest, Theatre of Sound. El Castillo de Barba Azul (Bartok). Regisseur: Daisy Evans. Susan Bullock (Judith), Gerard Finley (Barba Azul). Solistas de la London Sinfonietta bajo la dirección de Stephen Higgins.
0,0001488

Cuatro días después de haber gozado mi vuelta post-pandemia al Royal Festival Hall, volví a encontrarme con Barba Azul a pocas cuadras de Picadilly Circus, en una de esas grandes iglesias desconsagradas que en Londres sirven frecuentemente para espectáculos teatrales y musicales diversos. El templo ha sido rebautizado como Stone Nest, pero ¿no estaba allí el Limelight, el club de celebridades legendario por el hedonismo practicado en los 1980 bajo sus sombrías bóvedas neogóticas? Así es y ¡qué lugar genial para que una nueva compañía de ópera, Theatre of Sound, debutara con un Castillo de Barba Azul alternativo que fulguró como uno de esos milagros teatrales que de vez en cuando tienen lugar en el West End de la bien llamada capital mundial del teatro.

El primer descubrimiento fue la consistencia de una partitura que no necesita una versión orquestal completa para explayar su antológica convicción dramática. Sólo tocaron un clarinete, una trompa, un violín, una viola, un chelo y un sintetizador de piano, órgano y celesta y el efecto fue de una intensidad similar al de una orquesta completa. Y en una pequeña arena circundada por el ora sombrío, ora iluminado aparato de arcadas góticas el director de escena desarrolló la obra como un drama suburbano: un hombre ya mayor sale con algún entusiasmo en búsqueda de su nuevo flirt. Y regresa con Judith al primer acorde a este desvencijado living room con un sillón, alguna que otra mesita, y un baúl que contiene el secreto de las siete puertas. 

Pieza enlazada

Cada una de ellas no es más que una apertura al pasado que el anfitrión cuenta con reticencia y por gotas a su nueva conquista, con la ayuda de fantasmas que van surgiendo de las arcadas: el primer amor (la puerta de la tortura es reemplazada aquí por la del placer), el alistamiento en el ejercito, la primera mujer, y la segunda, y dos hijos que en una celebración de navidad simbolizan la quinta puerta de las posesiones materiales. Y la muerte del primogénito que da lugar a las lágrimas de la sexta puerta. 

Dos grandes cantantes internacionales, Gerard Finley y Susan Bullock confrontaron en inglés a la pequeña audiencia apiñada a su alrededor con voz firme y de palpitante articulación. La última puerta es aquí, tal vez, una liberación: Judith la abre mirándose en un pequeño espejo de mano donde ve la hermosura de las mujeres anteriores. Y, abrumada, se sienta en el sillón para aceptar la taza de café que le ofrece Barba Azul. ¿Beberá de ella? El último acorde es tan suspensivo como la imagen de esa mujer que parece reflexionar antes de aceptar ser la última esposa de Barba Azul. 

En lugar de explicar su concepción con un discurso interminable, el regisseur ha incluido solo siete líneas en el programa de mano. Allí se recuerda que Bartok ha dicho que Barba Azul no es un asesino sino un hombre condenado a vivir solo. Su rutina cotidiana ha aniquilado “el sentimiento sagrado del amor y aún cuando sus amantes viven, ya no lo hacen en esta vida.” Nada más. Y nada menos. 

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.