Reportajes

Cambio climático

IV. Efectos sobre la economía y la estabilidad financiera en la UE

Juan Carlos Tellechea
lunes, 29 de noviembre de 2021
Banco Central Europeo © 2015 by Wikipedia Banco Central Europeo © 2015 by Wikipedia
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El cambio climático afecta cada vez más a la economía y genera numerosos riesgos que pueden amenazar la estabilidad financiera en la Unión Europea y en todo el mundo. Los fenómenos meteorológicos extremos no solo podrían afectar directamente a los activos, sino que como consecuencia del cambio climático, los modelos de negocios basados en los combustibles fósiles resultarían insostenibles a medida que cambien las preferencias de los consumidores y aumenten los costes o los riesgos de responsabilidad por daños medioambientales.

Tan solo en los últimos años el impacto del cambio climático se ha convertido en el centro de interés de los bancos centrales, incluido el Banco Central Europeo (BCE). Antes no ocurría lo mismo y esto fue una grave omisión. Pese a que las primeras advertencias serias de los científicos sobre esta situación datan de mediados de la década de 1970, el tema no era una variable de peso a considerar en el contexto económico y financiero general. Por un lado, esto se debe a que el horizonte temporal de la política monetaria es mucho más corto que el del cambio climático; pero por otro, el BCE y los demás bancos centrales se han centrado en estabilizar el sistema financiero tras la crisis financiera mundial y la crisis del euro.

Incógnitas

Cuando la eurozona estaba al borde del colapso, era difícil adoptar una perspectiva a más largo plazo, que es, sin embargo, necesaria para contrarrestar los efectos del cambio climático, afirma el economista Pawel Tokarski, investigador de la Stiftung für Wirtschaft und Politik (SWP, Fundación para la economía y la política), un centro de reflexión en materia de política internacional y de seguridad que asesora al parlamento y al gobierno de Alemania.

¿Hacia dónde se dirige el compromiso de la política monetaria?, se pregunta y se responde retóricamente Tokarski en su estudio titulado BCE, cambio climático y estabilidad financiera y publicado por la citada fundación, coincidentemente con el anuncio de la próxima formación de un nuevo gobierno de coalición tripartita (socialdemócrata, SPD, Verde y liberal, FDP) alemán.

Un punto de inflexión en el debate sobre el papel de los bancos centrales en la lucha contra el cambio climático fue el discurso del economista Mark Carney, entonces presidente del Banco de Inglaterra (BoE), en Londres en 2015. Carney señalaba los riesgos específicos del cambio climático para la política monetaria y pedía a los bancos centrales que se comprometan de forma vinculante a combatir los riesgos asociados al cambio climático.

Primeras cuestiones

En 2017, los bancos centrales y los reguladores establecieron una plataforma de cooperación con este fin, la Red para la Ecologización del Sistema Financiero (NGFS, la sigla en inglés de Network for Greening the Financial System). El nombramiento de Christine Lagarde como presidenta del BCE en 2019 ha puesto por fin en el punto de mira el compromiso de la política monetaria con el cambio climático. El modo en que el BCE debe abordar los riesgos climáticos es un tema importante en su nueva estrategia de política monetaria publicada en julio de 2021.

Los instrumentos del BCE o de cualquier otro banco central no fueron diseñados para hacer frente a los riesgos relacionados con el cambio climático. El BCE y otros bancos centrales aún no tienen la experiencia, los datos o las herramientas para analizar los riesgos climáticos. En los últimos años se ha iniciado un proceso de puesta al día en el que los bancos centrales se están preparando intensamente para integrar los impactos del cambio climático con más fuerza en la política monetaria y para apoyar activamente los objetivos climáticos.

Incertidumbres

Sin embargo, la ahora mayor implicación del BCE en cuestiones de política climática va acompañada de numerosas incertidumbres: sobre la compatibilidad de estas medidas con su mandato, la eficacia de sus instrumentos de política monetaria, su independencia.

En este contexto, la línea principal de este estudio del investigador Pawel Tokarski de la fundación SWP la marca la siguiente serie de cuestiones: En primer lugar, es importante determinar qué riesgos plantea el cambio climático para la estabilidad financiera. En segundo lugar, ¿cómo puede clasificarse la participación del BCE y del Eurosistema en este ámbito, en comparación con la de otros bancos centrales?

En tercer lugar, hay que examinar si entra dentro del mandato del Eurosistema abordar los riesgos que el cambio climático supone para la estabilidad financiera. En cuarto lugar, es importante examinar qué instrumentos de política monetaria podrían ser eficaces y útiles en este sentido. Y por último, en quinto lugar, ¿cuáles podrían ser los efectos positivos y negativos de la implicación de la política monetaria del BCE en la lucha contra los riesgos del cambio climático sobre el propio BCE, la ejecución de su mandato, su independencia y el papel internacional del euro?

Primeras conclusiones

So pena de que sean arrojadas a la papelera por políticos populistas e irresponsables (y sus acólitos) en cuyas manos caigan estas líneas, el estudio llega a las siguientes conclusiones primarias:

∎ Existen suficientes razones económicas y jurídicas para que el BCE se implique en la mitigación de los riesgos del cambio climático y en el fomento de la transformación de la economía hacia la neutralidad climática. Esto no implica una reorientación de la política monetaria, sino que es complementaria a los objetivos del BCE porque las condiciones bajo las que opera la economía mundial están cambiando.
∎ Sin embargo, este compromiso no debe conducir a una reducción de la independencia del BCE y a una mayor politización de la institución. La interpretación de su mandato no debe convertirse en objeto de disputa política, y el BCE debería tener suficiente autonomía para definir su mandato sobre la base de un análisis de alta calidad de los riesgos climáticos para el sector financiero.
∎ El BCE debería hacer su balance más respetuoso con el clima, interpretar más ampliamente el principio de neutralidad del mercado y desarrollar la investigación, las bases de datos y el apoyo verbal e institucional para una transformación neutra desde el punto de vista climático. El más fuerte instrumento de política monetaria para promover la acción climática, a saber, las compras de activos (QE), se complica por el hecho de que no es posible determinar el objetivo preciso o la duración de dicha intervención. Las intervenciones ilimitadas pueden ser potencialmente contrarias al objetivo de la estabilidad de precios.
∎ Por otra parte, la eficacia de las medidas de política monetaria en relación con el cambio climático es limitada. Por ello, el BCE debe dejar claro que el éxito de las medidas de protección del clima depende sobre todo del compromiso político de las mayores economías, especialmente en lo que respecta a la fijación de precios del dióxido de carbono (CO2). La acción de los bancos centrales, aunque necesaria, solo puede ser de apoyo.

Obviar el tema no sirve de nada

∎ También hay que tener en cuenta que la eficacia de los bancos centrales requiere una buena cooperación reguladora europea e internacional, especialmente mediante la creación de clasificaciones de activos y la publicación de información fiable del mercado sobre los riesgos climáticos.
∎ Además, es importante que el BCE y los distintos bancos centrales del Eurosistema, incluido el Deutsche Bundesbank, sigan participando intensamente en la cooperación internacional, especialmente en el contexto del GNS. El BCE y los demás bancos centrales pueden aumentar la resistencia del sistema financiero a los riesgos del cambio climático haciendo que los participantes en el mercado sean conscientes de estos últimos y proporcionándoles más información al respecto.
∎ Los bancos centrales nacionales del Eurosistema no son instituciones que deban ayudar a los Estados miembros a salir de una situación desagradable en determinados ámbitos. Esto también se aplica a la lucha contra el cambio climático. En este sentido la Unión Europea (UE) y los Estados miembros ya han asumido compromisos concretos que deben respetar. Si no se cumplen los objetivos fijados, ni siquiera el mayor compromiso de los bancos centrales cambiará la situación de manera significativa.
∎ Las actividades del BCE y de los distintos bancos centrales del Eurosistema en la cooperación internacional también pueden contribuir a dar más peso al BCE en el sistema financiero internacional. Esto, a su vez, puede ayudar a cumplir otros objetivos, como reforzar el papel internacional del euro.

Signos alarmantes

Las investigaciones sobre el cambio climático muestran signos alarmantes de un aumento del calentamiento global. Si este proceso continúa, la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos aumentará. También se intensificarán los retos asociados, como el acceso limitado al agua, la subida del nivel del mar y la extinción de los ecosistemas marinos. Todo esto tiene un impacto cada vez más negativo en la economía real.

Las pérdidas físicas y la necesidad de transformación cambiarán sectores enteros de la economía, lo que a su vez tendrá un enorme impacto en la estabilidad del sector financiero. En este contexto, la estabilidad financiera se entiende como un estado en el que el sistema financiero es capaz de resistir las perturbaciones y los desequilibrios financieros, manteniendo al mismo tiempo la capacidad de asignar el capital de forma eficiente.

Tipología de los riesgos

El cambio climático conlleva diferentes riesgos para el sector financiero, que pueden dividirse en cuatro grupos: riesgos físicos, de transformación, de compensación y operativos. Los riesgos físicos se refieren al impacto del cambio climático, principalmente de los fenómenos meteorológicos extremos, en un tipo específico de activo. Por ejemplo, los huracanes, las inundaciones, las lluvias torrenciales o las nevadas pueden provocar daños específicos en los bienes inmuebles (edificios, instalaciones de producción) o en las infraestructuras físicas.

Este tipo de daños tiene un impacto directo en la economía y provoca pérdidas financieras que afectan directamente a los propietarios de estos bienes o a las aseguradoras. Si los fenómenos meteorológicos extremos se producen con regularidad, estos daños aumentan los costes para los inversores. Por último, estos riesgos pueden provocar una reducción del valor de determinados grupos de activos, como los bienes inmuebles situados en lugares especialmente afectados por esos fenómenos meteorológicos. Esto, a su vez, puede tener un enorme impacto social, por ejemplo por ejemplo, si las inversiones proceden de fondos de pensiones.

Tendencia creciente

Las variaciones geográficas de los fenómenos climáticos pueden dar lugar a una reasignación del capital de las regiones con mayor riesgo. Los costes de los fenómenos meteorológicos extremos ya son graves hoy en día: en 2020, las catástrofes naturales en todo el mundo causaron daños por valor de más de 170.000 millones de dólares en daños en todo el mundo, lo que refleja una tendencia creciente.

El segundo grupo de riesgos, que se cuenta entre los dos más significativos junto a los físicos, son los riesgos de transformación. Se refieren al proceso de conversión de los modelos empresariales con altas emisiones de CO2 a la neutralidad climática. Por lo general, esta conversión está asociada a costes considerables, que repercuten en el valor de la empresa correspondiente. Se calcula que alrededor del 30% de las carteras de los bancos están formadas por empresas con altas emisiones de CO2 (en relación con sus ingresos), lo que expone directamente al sector financiero a los riesgos de la transición.

El coste de hacer que la economía sea neutra en carbono será importante: podría ser de hasta 3,5 billones de dólares al año. La decisión política de acelerar la transición de la economía hacia la neutralidad del carbono podría provocar la caída drástica del valor de ciertos activos. Si la transición a una economía con bajas emisiones de carbono se retrasa, podrían ser necesarios cambios rápidos y desestructurados, lo que aumentaría aún más los costes. Además, la narrativa "verde" predominante puede conducir a burbujas especulativas en algunos activos cuyos riesgos no están bien definidos debido a la falta de fundamentos normativos.

Inestabilidad financiera

Los riesgos físicos y de transformación son los que se mencionan con mayor frecuencia en la literatura y los que potencialmente tienen mayor impacto en la estabilidad del sector financiero. Además, están interrelacionados: La reducción de los riesgos de transformación, por ejemplo, a través de intensos esfuerzos en materia de transición a una economía baja en carbono, por ejemplo, puede ayudar a reducir los riesgos físicos en el futuro.

El tercer grupo de riesgos del cambio climático para el sector financiero son los riesgos de responsabilidad. Debido a los daños causados por el cambio climático, terceros pueden reclamar indemnizaciones a las empresas cuyos modelos de negocio tienen un impacto negativo demostrable en el clima. Esto puede encarecer considerablemente el funcionamiento de una empresa, verbigracia, por los mayores costes de los seguros o de la obtención de capital. Los costes asociados al cambio climático serán especialmente notables para las empresas del sector de los seguros.

Seguros y jubilaciones

Por ello, la Autoridad Europea de Seguros y Pensiones de Jubilación (AESPJ), en su dictamen de abril de 2021, considera esencial tener en cuenta los riesgos relacionados con el clima a la hora de calcular la exposición al riesgo de las aseguradoras. Para el sector bancario, se distinguen otros tipos de riesgos.

Uno de ellos es el riesgo de crédito, que surge cuando la situación financiera de un deudor se deteriora potencialmente debido al cambio climático. Otro es el riesgo de mercado, que se refiere a los posibles cambios en la valoración de los activos que posee un banco. En este contexto, el término "momento Minsky climático" se utiliza para describir la posibilidad de una caída repentina y drástica de la valoración de ciertos activos.

Infraestructura financiera

Los riesgos operativos constituyen el cuarto grupo de riesgos directamente relacionados con los efectos del cambio climático. Se producen cuando los fenómenos meteorológicos extremos, como las inundaciones, ponen en peligro el funcionamiento de la infraestructura financiera, por ejemplo el uso de servidores informáticos.

El examen de la motivación de los bancos centrales para "ecologizar" sus actividades, a menudo para promover la inversión sostenible, apunta a otro tipo de riesgo que afecta directamente a los bancos centrales: la investigación disponible en este ámbito muestra que el temor a los daños a la reputación por subestimar los riesgos climáticos es más importante para los bancos centrales que protegerse de los riesgos climáticos.

Peligro de estanflación

Este riesgo de reputación también se deriva del hecho de que el cambio climático puede afectar directamente a la transmisión de la política monetaria y hacer que los instrumentos de los bancos centrales sean menos eficaces. Puede afectar a una amplia gama de variables macroeconómicas, por ejemplo, la producción, el consumo, la inversión, la productividad, los salarios y el comercio. Esto podría reflejarse en el nivel general de inflación. Además, el cambio climático puede tener efectos estanflacionarios, por ejemplo, creando simultáneamente presiones sobre los precios y reduciendo la actividad económica.

En este momento, el impacto del cambio climático en la política monetaria parece (todavía) relativamente pequeño. El canal de transmisión del riesgo climático más importante para los bancos centrales es la estabilidad de los mercados financieros.

Para tener una visión completa del impacto del cambio climático en la estabilidad financiera, es importante considerar que no solo plantea riesgos para el sector financiero, sino que abordarlo también puede generar beneficios. Estas oportunidades radican en las oportunidades de financiación de objetivos medioambientales como la transición energética, la producción eficiente en materia de CO2 o la electromovilidad.

Sin embargo, estas oportunidades, que potencialmente generan beneficios de nuevas inversiones, son mucho menos significativas y menos seguras para el sector financiero que las posibles pérdidas por las consecuencias negativas del cambio climático.

Fracaso del mercado

Una de las principales razones para que los Estados y los bancos centrales se comprometan a actuar de forma que se detenga el cambio climático y se reduzcan sus riesgos es el fracaso del mercado.

El problema de los fallos del mercado en la política medioambiental es bien conocido en la teoría económica. Se explica por la existencia de los llamados efectos externos: Las actividades económicas de algunos actores tienen un impacto negativo en el bienestar de otros, por ejemplo, causando daños al medio ambiente. Sin embargo, estos daños no están incluidos en los costes de producción.

Como se ha mencionado más arriba, el acceso a la información es la base para que los mercados funcionen de forma eficiente. Un problema importante es la falta de información sobre el funcionamiento del mercado, especialmente en lo que se refiere al impacto del cambio climático en los participantes del mercado.

Incapacidad

En tal caso, las lagunas se deben a que la información sobre la huella de carbono del proceso de producción y el ciclo de vida de un producto se divulga de forma insuficiente y según criterios incoherentes, ya que no existe una regulación sistemática de las normas de información en este ámbito.

La escala y el alcance geográfico de los fallos del mercado en el ámbito del cambio climático han hecho que la incapacidad de los mecanismos normales del mercado para hacer frente a las consecuencias del cambio climático reciba la etiqueta de "el mayor fallo del mercado que el mundo haya visto jamás", como afirmara el economista Nicholas Stern en 2007, citado por Alison Benjamin en el periódico The Guardian.

Reconocer la necesidad de comprometerse

Durante mucho tiempo se ha restado importancia a la amenaza que supone el cambio climático para la estabilidad financiera y a la necesidad de que los bancos centrales se comprometan con esta cuestión, o se ha considerado marginal. Solo recientemente los riesgos del cambio climático han pasado a formar parte del debate principal sobre la actuación de los bancos centrales.

La principal razón de este retraso fue el horizonte temporal relativamente corto de la política monetaria, que era de unos tres años. Además, la política monetaria se orientó principalmente a combatir las causas y las consecuencias de la crisis financiera mundial y de la crisis de la zona del euro, que se prolongó desde 2008.

Solo la relativa calma de la situación en la zona del euro tras la puesta en marcha del programa de flexibilización cuantitativa (QE) del Banco Central Europeo (BCE) a mediados de 2014 y tras el fin de la última fase de la crisis en Grecia en 2015 creó un espacio favorable para debatir los riesgos a largo plazo relacionados con el clima para el sistema financiero, así como el impacto de la política monetaria expansiva en las actividades “verdes“.

Despiertan los financistas

Un discurso de 2015 sirvió de llamada de atención para que los bancos centrales abordaran los riesgos del cambio climático para el sector financiero. El punto de inflexión en este debate se produjo en 2015 con un discurso del entonces gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, en el que expuso los riesgos específicos del cambio climático para la política monetaria. Pidió a los bancos centrales que se impliquen más en la lucha contra estos riesgos.

El discurso de Carney ha marcado el debate en el sector financiero y se considera un momento clave en cuanto a la actitud del sector financiero ante los riesgos del cambio climático, hasta entonces ignorados. Posteriormente, los riesgos financieros del cambio climático han figurado en el orden del día de varias reuniones de gobernadores de bancos centrales organizadas por el Banco de Pagos Internacionales (BPI), a partir de 2016, cuando los gobernadores de bancos centrales hablaron con Nicholas Stern, uno de los principales economistas del clima.

Quizás demasiado tarde

En 2016, la Junta Europea de Riesgo Sistémico (JERS) emitió un informe muy influyente que concluyó: Si se acepta demasiado tarde que esto es necesario, podría ser ineludible una reducción mucho más drástica de las emisiones, lo que aumentaría los costes de la transición y también el riesgo sistémico para el sector financiero. En enero de 2020, el BPI presentó un informe muy valorado sobre los riesgos climáticos para el sector financiero. Estos se presentan a los lectores utilizando la metáfora del "cisne verde", que representa un nuevo tipo de riesgo sistémico causado por el cambio climático.

Básicamente, existe ahora un amplio consenso entre los economistas de que el cambio climático amenaza la estabilidad financiera y que es esencial la intervención a gran escala de las instituciones del mercado financiero, incluidos los bancos centrales. Esta necesidad se reconoce en varias economías, pero hay diferencias en cuanto a la forma y la rapidez con que intervienen los distintos bancos centrales. Por lo demás, quizás hasta sea ya demasiado tarde e irreversible el proceso cuando resuelvan sus disensiones.

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