Alemania

Un artista que aprecia los matices

Juan Carlos Tellechea
jueves, 2 de diciembre de 2021
WDR Sinfonieorchester © 2021 by Tillmann Franzen WDR Sinfonieorchester © 2021 by Tillmann Franzen
Düsserldorf, martes, 16 de noviembre de 2021. Gran sala auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf. Mijail Pletnev. WDR Sinfonieorchester. Director principal Cristian Măcelaru. Serguei Rachmaninov, Caprice bohémien op. 12. Camille Saint-Saëns, Concierto para piano nº 2 en sol menor op 22. Antonín Dvořák, Sinfonía nº 9 en mi menor op 95 (Desde el Nuevo Mundo). 100% del aforo, bajo estrictas medidas de control, prevención e higiene contra el coronavirus. Concierto organizado por Heinersdorff Konzerte – Klassik für Düsseldorf
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Nos aguardaba una intensa velada con la WDR Sinfonieorchester, bajo la puntillosa batuta de su director principal Cristian Măcelaru y el fenomenal pianista Mijail Pletnev, este sábado en el gran auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf, en la serie de conciertos organizada por Deutsche Klassik / Heinersdorff Konzerte – Klassik für Düsseldorf 2021/2022. Y así fue, no nos defraudó en absoluto.

La célebre orquesta de la Radio de Colonia (WDR) ofreció a Pletvev, en el último momento, su participación en este concierto cuando se enteró de que la Orquesta Nacional Rusa, dirigida por Kristjan Järvi, no podría venir por la prohibición de salida del país de sus artistas, debido a la fuerte expansión de la pandemia en Rusia. En fin, el coronavirus ha hecho posible en este noviembre de 2021 lo que parecía impensable desde la época de la Perestroika de Mijail Gorbachov.

El colectivo musical no pudo salir. Pero sí el pianista previsto, fundador y director artístico de esta primera orquesta no estatal rusa que dirigió durante mucho tiempo, Mijail Pletnev, uno de los grandes nombres del pianismo ruso. Pletnev es no solo pianista y director de orquesta, sino también compositor y arreglista de composiciones tradicionales. Sus transcripciones para piano de las suites de El cascanueces y de La bella durmiente del bosque son legendarias.

Originalmente estaba programado que Pletnev interpretara el Concierto en sol menor (1868) de Camille Saint-Saëns, enmarcado por obras de los compositores rusos Alexander Borodin y Piotr Chaicovski. Esto fue posible solo en parte, gracias a la presta intervención de la Sinfónica de la WDR, que cumple 75 años en 2022, y su director titular Cristian Măcelaru, ya que tampoco Järvi podría acudir. Al final el virtuoso concierto para piano quedó rodeado con una obra de Serguei Rachmaninov al comienzo y otra de Antonín Dvořák al cierre.

Fue una muy buena idea incluir el Caprice bohémien op 12 de Rachmaninov, una pieza que casi nunca se escucha en las salas de concierto y que se inscribe en la tradición de las rapsodias zíngaras de Franz Liszt, pero con un tono completamente diferente. Esta temprana obra de Rachmaninov suena aquí aún más melancólica, quebradiza y austera -emulando fuertemente a Chaicovski e incluso superándolo en la elección de los medios- aunque ya se anuncia el gesto tenso y oscilante de sus posteriores creaciones.

Una profunda melancolía nos invade en muchas intervenciones solistas de vientos y maderas, especialmente del clarinete. Al final el pasaje danzado se eleva hasta el éxtasis. La sinfónica de la Radio de Colonia, y Măcelaru vibrando intensamente con sus músicos, presentaron aquí de forma brillante las características de esta pieza, escrita en 1894, en una colorida, equilibrada y sutil progresión que concluye en ese rápido clímax mencionado. ¡Brillante comienzo!

El virtuoso y juguetón clasicismo expresivo de Saint-Saëns fue interpretado por Pletnev con total tranquilidad y sin ningún esfuerzo ni de más ni de menos, en un piano de cola Shigeru Kawai, con textura cristalina, ligera y a la vez firme. ¡Ahhhhh, esa maravillosa escuela de piano rusa! El solista mostró con gran disfrute toda la belleza de este concierto.

Por un lado, subrayó los valores de las notas más pequeñas con enorme precisión, enlazándolas con gran facilidad en el Allegro Scherzando antes de pasar con celeridad al Presto. Pletnev es un artista que aprecia los matices, no recurre a las pinceladas de brocha gorda en sus ejecuciones. Nunca se coloca en primer plano si la partitura no lo requiere.

Repetidamente se entabló un animado diálogo con Măcelaru y la WDR Sinfonieorchester. El tempo no demasiado rápido contribuyó a ello y mantuvo relajada la composición, aderezada con todo tipo de recursos estilísticos. El director condujo a la orquesta con gran precisión y extremo cuidado a lo largo de toda la obra. El bello sonido de las ágiles intervenciones del solista, fue igualado por el esbelto ajuste de los tutti de la orquesta. Todo un homenaje, sobrio, pero exquisito de Pletnev al ilustre compositor francés en el centenario de su muerte (el próximo 16 de diciembre).

Durante la pausa, un técnico japonés de la casa Kawai (tiene una fábrica en la cercana ciudad de Krefeld) se encarga de instalar el piano a un costado del escenario para que la formación de la WDR Sinfonieorchester pudiera desplegarse con todos sus integrantes y ejecutar la Sinfonía nº 9 de Antonín Dvorák.

Los timbales resuenan ahora poderosamente y prestan un fuerte impulso a todo lo que se refiere a volumen y tempo. Con estos sonidos, el oyente es capaz de recrear en su imaginación las imborrables impresiones que debió de haber recibido Dvorák cuando estuvo en los Estados Unidos en 1892. Los desarrollos y distorsiones de la forma sinfónica se convierten aquí en una narración cautivante.

El director anima de forma constante a la orquesta hasta en los momentos más dramáticos y eruptivos. Implementa al extremo y con efectividad varios cambios de tempo. El corazón se sumerge en los acordes de los metales abriendo grandes espacios en el Largo, seguido por el que quizás sea el solo de corno inglés más bello jamás escrito. Una y otra vez nos invade una melancolía y una nostalgia muy románticas y dichosas a través del clarinete.

Los temas y motivos líricos, que marcan claramente la diferencia ante el ruidoso paso de la uniformidad, tienen mayor impacto aún. Incansablemente, Măcelaru implementa con celosa precisión de reloj suizo una ejecución notable de la WDR Sinfonieorchester, ovacionada merecidamente hasta el paroxismo por el público al cierre de este concierto de Deutsche Klassik / Heinersdorff.

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