Alemania

El trémolo que irradia encanto propio

Juan Carlos Tellechea
martes, 21 de diciembre de 2021
Lotte Nuria Adler © by Lotte Nuria Adler Lotte Nuria Adler © by Lotte Nuria Adler
Krefeld, domingo, 28 de noviembre de 2021. Friedenskirche. Pietro Denis, Capriccio nro. 1. Johann Sebastian Bach, Partita para violín solo nº. 1 en si menor, BWV 1002. Carlo Domeniconi, Taa-tadum-do. Eugène Ysaÿe, Sonata para violín solo nro. 4 en mi menor, op. 27. Raffaele Calace, Preludio nº 1, op. 45. Bis: Christopher Grafschmidt, Animaçao. Organizador: Verein zur Erhaltung der Evangelische Friedenkirche Krefeld e.V (Asociación para la Conservación de la Iglesia Evangélica de la Paz, de Krefeld, asociación registrada). 50% del aforo, reducido por las medidas de prevención e higiene contra la pandemia de coronavirus.
0,0007541

Lotte Nuria Adler, una de las más brillantes mandolinistas actuales, ofreció este domingo una bellísima matiné en la Friedenskirche (Iglesia de la Paz), de Krefeld con espléndidas composiciones del siglo XVIII (Johann Sebastian Bach y Pietro Denis), así como de autores contemporáneos y modernos (Carlo Domeniconi, Eugène Ysaÿe, Raffaele Calace y Christopher Grafschmidt).

Poseedora de una excelente técnica y de un talento interpretativo extraordinario, Adler hechizó literalmente al público en este templo neogótico de la ciudad a orillas del Rin. Primero con el Capricho nº 1 de Pietro Denis, un gran maestro de la mandolina, que parece anticipar aquí el romanticismo con su forma libre y lúdica de hacer música, despegada de las formas tradicionales.

Magistral fue la transcripción de Adler de la Partita para violín solo nº 1 en si menor de Bach (BWV 1002), uno de los trabajos que realizó la mandolinista para su graduación en la Escuela Superior de Música de Colonia, donde estudió con Jeannette Mozos del Campo. En total transcribió tres sonatas y tres partitas de Bach al cierre de su esmerada formación.

Por supuesto, la mandolina no existía en vida de Bach, pero con su instrumento en la misma afinación del violín la intérprete logra maravillas ejecutando la partitura original: una Allemanda que se escucha tan dulce, serena y diferente, tocada con entrega nota por nota; un Corrente arrebatador que ilustra la complejidad de la transcripción; una Sarabande plena de contrastes entre sus pasajes recoletos y más animados; y un Tempo di Borea que es llevado hasta el éxtasis por Adler.

Las obras de Bach suenan hermosas en este instrumento de cuerda pulsada. Creo que si él hubiera conocido la mandolina, seguramente habría escrito para ella, afirma la joven música en su presentación de la pieza ante la platea.

Con Pietro Denis, esta ilustre descendiente del laúd tuvo su primer apogeo en París en el siglo XVIII al ponerse de moda entre la nobleza y crearse las primeras escuelas y obras a través de las cuales se puede recurrir hoy a las numerosas técnicas clásicas (para la mano derecha e izquierda), explica la mandolinista.

Tocando su instrumento construído por el lutier Alfred Woll (de Welzheim, cerca de Stuttgart) Adler ya se ha presentado como solista y acompañada por grandes orquestas sinfónicas en numerosas salas de concierto, entre ellas la del auditorio Mendelssohn de la Tonhalle y la Deutsche Oper am Rhein, en Düsseldorf; la Philharmonie, de Essen; y la Ópera de Colonia. En su repertorio figuran también obras del destacado compositor Juan Carlos Muñoz.

Lotte Nuria Adler es la primera mandolinista que se ha atrevido también a transcribir la Sonata para violín solo nº 4 en mi menor (op. 27) de Eugène Ysaÿe, fuertemente influenciado por Bach. Ysaÿe dedicó ésta al gran maestro Fritz Kreisler cuando la compuso en 1923, junto a otras cinco sonatas dedicadas a otros tantos célebres violinistas.

Es casi obvia esta yuxtaposición de obras tan diferentes y complementarias, como la Partita 1, interpretada antes por Adler, y esta Sonata nº 4. Aquí también el compositor belga marcó los movimientos Allemande y Sarabande y no le va a la zaga a Bach en cuanto a polifonía y polisemia. La mandolinista las incluirá en su segundo álbum que tiene previsto lanzar en 2022 con las tres partitas de Bach y las correspondientes sonatas de Ysaÿe.

La ejecución del primer movimiento fue diáfana y equilibrada con un punteo del plectro maravilloso, seguro y preciso. El segundo, más apasionado y sensual se evaporaba en el éter; y por último el Finale juguetón y saltarín al principio se apacigua un poco antes de volver a sus divertidas andadas y alcanzar un cierre apoteósico.

Las otras tres composiciones (bis incluído) interpretadas por Adler fueron escritas directamente para mandolina. Taa-tadum-do, de Carlo Domeniconi, es un crisol de influencias indias y árabes. Por momentos me venía en mente el parentesco con el sitar de Ravi Shankar.

El Preludio nº 1, op 45 de Raffaele Calace es el clímax de esta matiné; el compositor, con sus fortissimos y pianissimos hace llorar y reír a la mandolina. En algunos pasajes se expresa en todo su esplendor como una guitarra española, en otros como un charango andino. Para Adler, Calace, nuestro gran maestro romántico, es el Frédéric Chopin de la mandolina, un creador que como ningún otro supo explotar mejor las posibilidades tonales y técnicas de este instrumento y con tanta habilidad. La técnica principal es el trémolo que irradia encanto propio.

En los bises, y para calmar de algún modo las efusivas aclamaciones de los espectadores, Lotte Nuria Adler se interna de la mano de Christopher Grafschmidt por el noreste de Brasil con su tema “Animação“, de inocultable ritmo sensual y danzarín que evoca la paradigmática diversidad musical de ese país sudamericano, paseándonos resumidamente por el baião, el frevo, el forró, la ciranda, el maracatú, el choro, y las legendarias huellas del cavaquinho. ¡Vaya final, el de este mediodía en la Friedenskirche, de Krefeld!

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.