Alemania

Benditas sustituciones

Esteban Hernández
viernes, 24 de diciembre de 2021
Everding, Zauberflöte © 2021 by W. Hoesl Everding, Zauberflöte © 2021 by W. Hoesl
Múnich, martes, 21 de diciembre de 2021. Staatsoper. Mozart: Die Zauberflöte. Dir. escena: August Everding, Escenografía y vestuario: Jürgen Rose. Nueva puesta en escena: Helmut Lehberger. Marina Monzó (Reina de la noche), Pavol Breslik (Tamino), Günther Groissböck (Sarastro), Olga Kulchynska (Pamina), Sean Michael Plumb (Papageno), Jasmin Delfs (Papagena), Ulrich Reß (Monostatos), Eliza Boom (Primera dama), Daria Proszek (Segunda dama), Dir. musical: Ivor Bolton.
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Pocos debuts me han suscitado tanto interés en la Staatsoper de Múnich como el de Marina Monzó, aunque como sucedió con el de Saoia Hernández venga de la mano de una sustitución, en este caso la de la soprano francesa Sabine Devieilhe. Uno de los palcos más exigentes del mundo contemplaba por primera vez a quien ya no es una joven promesa de la lírica española, sino una realidad a la que no le resta sino ir dejando su firma en todos los escenarios que se precien.

Es cierto que viene de nuevo de la mano de un influyente Alessandro Ariosi, pero bendito sea el empuje que el empresario italiano le está dando a nuestros cantantes. Ariosi no da nunca puntadas sin hilo y sus representados ofrecen en la mayoría de los casos garantías suficientes como para pisar con fuerza cualquier teatro.

Si con Saoia tenía mis dudas sobre la idoneidad de la puesta en escena con la que le “tocaba” debutar, encuentro difícil un marco mejor que la Zauberflöte de Everding y Rose (tras su completa restauración en 2004) para poner por primera vez los pies en el teatro bávaro, una producción de finales de los años setenta que se podría tildar de tradicional y que apenas se aparta de las acotaciones del libreto de Schikaneder.

Lo primero que el público agradece al enfrentarse a esta Flauta mágica es que no tienen que pensar, descifrar o imaginar. Mozart y Schikaneder están al frente de todo de principio a fin, el respeto se impone a las ganas de innovar, de desenredar todo el simbolismo que sabemos encierra el título o de interpretarlo, algo que la obra y los espectadores llevan “sufriendo” no pocos años.

Pavol Breslik, recién nombrado Kammersänger de la ópera de Múnich en las vestes de un elegante Tamino se mostró limpio y preciso en su línea vocal, poniendo en evidencia su papel en este teatro, el de garante de un buen espectáculo. A su lado la soprano ucraniana Olga Kulchynska, de voz cálida, dulce, con un centro estable y un tercio agudo claro y generoso, cerrando una pareja consistente y convincente. Cabría también resaltar el Papageno de Sean Michal Plumb quien, amén del instrumento, muestra una particular facilidad para saber extraer la esencia cómica de su personaje.

'Die Zauberflöte' de Mozart. Director musical: Ivor Bolton. Director de escena: Augst Everding. Múnich, Bayerische Staatsoper, diciembre de 2021. © 2021 by W. Hoesl / Bayerische Staatsoper.'Die Zauberflöte' de Mozart. Director musical: Ivor Bolton. Director de escena: Augst Everding. Múnich, Bayerische Staatsoper, diciembre de 2021. © 2021 by W. Hoesl / Bayerische Staatsoper.

La reina de la noche es una navaja de doble filo, un peligroso caramelo que, con sus dos arias, apenas se deja gustar pero que condiciona el juicio de todo lo que le rodea. A Marina Monzó no le pudo la responsabilidad, pese a encarar un personaje que en ese mismo escenario habían acometido sopranos como la recientemente fallecida Edita Gruverová. Monzó es una de esas sopranos cuyo sustento se encuentra en la naturaleza pura de su voz, un don que con trabajo y dedicación está sabiendo gestionar e instruir en aras de convertirlo en un portento. 

En una entrevista de 2017 le preguntaron si le habían propuesto cantar alguna “barbaridad”, y la respuesta fue que sí, la reina de la noche.. pues bien, 4 años después clavó en el escenario de Múnich sus fa sobreagudos, lanzados cual dagas – no meramente alcanzados –, y endulzó con su lírica voz los afamados tresillos sin que la línea tremolase, arrancando las únicas ovaciones que se escucharon durante toda la función. No ocultaré que, quizás por mi condición de expatriado, me sentí particularmente orgulloso de haber asistido a un episodio que bien debería encontrar reflejo en la sección de cultura de cualquier telediario – si es que la hay –, con permiso de los C. Tangana o las Aitana de turno. Marina Monzó no fue ni será reina por un día.

Ivor Bolton, conocedor de la puesta en escena, siguió con su dirección la línea respetuosa de sus arquitectos, siempre atento a que las dinámicas no nublasen lo que acontecía en escena y a la conducción de sus cantantes. Una lectura seria y un buen instrumento como la orquesta de la Bayerische Staatsoper no dejaron prácticamente espacio al error. 

Las duras medidas impuestas por Baviera, el llamado 2G+ (vacunados o sanados y además testados hace menos de 24 horas), hicieron que su ya limitado aforo se viese aún más mermado, hecho que no impidió escribir una página más de la historia de la lírica española.

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