Artes visuales y exposiciones

Camille Pissarro. Das Atelier der Moderne

Juan Carlos Tellechea
viernes, 24 de diciembre de 2021
Camille Pissarro. Das Atelier der Moderne © 2021 by Prestel Camille Pissarro. Das Atelier der Moderne © 2021 by Prestel
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Camille Pissarro suele quedar un poco eclipsado por los grandes nombres del impresionismo. El célebre Museo de Arte, de Basilea le rinde ahora un más que meritorio homenaje al artista en diálogo con su alumno Paul Gauguin, sus condiscípulos en la Academia de Charles Suisse, Paul Cézanne y Claude Monet, y otros grandes compañeros como importante comadrón de la era moderna.

Camille Pissarro hacia 1900. © 2021 by Musée Camille Pissarro.Camille Pissarro hacia 1900. © 2021 by Musée Camille Pissarro.

El título de la exposición, Camille Pissarro. Das Atelier der Moderne (Camille Pissarro. El taller del modernismo), es idea del director del Kunstmuseum, el historiador del arte Josef Helfenstein, quien presenta al autodidacta Pissarro como uno de los artistas influyentes del siglo XIX que, distanciado del arte académico, preparó el camino hacia la era moderna a través del impresionismo.

Esta amplia muestra de la obra de Pissarro, la primera que se realiza en Suiza desde hace 60 años, se extiende desde el 4 de septiembre pasado al 23 de enero de 2022 y reune un total de 180 obras de alto calibre procedentes de muchísimos museos importantes, entre ellos el Thyssen-Bornemisza, de Madrid; el British Museum, la National Gallery y el Tate Modern, de Londre; el Folkwang, de Essen; el Marmotan-Monet, y el Musée d'Orsay, de París; el Camille Pissarro, de Pontoise, el Wallraf-Richartz, de Colonia, el Museum of Modern Art, de Nueva York, el J. Paul Getty, de Los Ángeles, y el Dallas Museum of Art, de Estados Unidos. La nómina es muy extensa.

Donan un Pissarro

Camille Pissarro, «Les Glaneuses», 1889. © 2021 by Jonas Hänggi.Camille Pissarro, «Les Glaneuses», 1889. © 2021 by Jonas Hänggi.

El propio Kunstmuseum, de Basilea, pudo aportar ocho cuadros a la exhibición. Entre ellos el óleo "Les Glaneuses" (Las espigadoras), de 1889, uno de los principales del período creativo de Pissarro en el neoimpresionismo, que colgaba en el museo desde 1970 como préstamo permanente de la Fundación Dr. h. c. Emile Dreyfus y que ahora fue donado de forma definitiva a esta colección de arte pública con motivo de la retrospectiva.

Helfenstein, nacido en Lucerna y formado en Berna, ex profesor de la Universidad de Illinois y director de importantes colecciones de arte en los Estados Unidos, es uno de los autores del precioso catálogo,* publicado por la editorial Prestel / Random House, junto con los historiadores del arte Timothy J. Clark, André Dombrowski, Claire Durand-Ruel Snollaerts, Alma Egger, Sophie Eichner, Colin Harrison, Jelle Imkampe, David Misteli, Olga Osadtschy, Joachim Pissarro, Esther Rapoport, Valérie Sueur, Kerstin Thomas y Christophe Duvivier.

Camille Pissarro, Paul Cézanne, Lucien Pissarro y otros artistas en el jardín de Auvers. © 2021 by Musée Camille Pissarro.Camille Pissarro, Paul Cézanne, Lucien Pissarro y otros artistas en el jardín de Auvers. © 2021 by Musée Camille Pissarro.

Sin Pissarro, el grupo impresionista no habría existido, afirma Helfenstein. La exhibición muestra no solo la obra de Pissarro, nacido en una familia de origen judío en 1830 en la isla caribeña de Santo Tomás (entonces colonia danesa), sino que arroja también luz sobre el intenso intercambio de este artista con los otros grandes del Impresionismo mediante aparentes yuxtaposiciones.

Puede que todos vengamos de Pissarro, decía Cézanne, diez años menor que él y también alumno suyo. 

Tuvo la suerte de nacer en las Antillas, allí aprendió a dibujar sin maestro. Él me contó todo esto. En el 65 ya descartó el negro, el Bitumen de Judea, la Terra di Siena y los tonos ocres. Esto es un hecho. Pinta siempre solo con los tres colores primarios y sus derivados directos. Eso me dijo. El primer impresionista, sí, es él. (Paul Cézanne).

Camille Pissarro es uno de los artistas más importantes de la Francia del siglo XIX. Como figura central, ejerció una influencia decisiva en el Impresionismo. La exposición destaca asimismo su colaboración práctica y su destacada influencia en el modernismo.

Este es un digno homenaje a un artista que con demasiada frecuencia es relegado injustamente a un segundo plano cuando se trata de las figuras centrales del arte decimonónico. Artistas de diferentes generaciones, varios de los cuales se convirtieron en figuras destacadas del modernismo a finales del XIX y comienzos del XX, confiaban en sus consejos como amigo y mentror.

Entre amigos

La exhibición destaca el intenso intercambio que mantenía Pissarro con ellos y sitúa su variada obra en el contexto de las creaciones de Monet, Cézanne, Gauguin, Georges Seurat, Paul Signac, Mary Cassatt y otros. Así es cómo se despliega aquí el nacimiento del modernismo y al mismo tiempo se narra una historia más allá de la corriente histórica del arte.

Monet, Cézanne y Gauguin admiraban mucho a Pissarro y él confraternizaba lealmente con ellos. Es revelador ver cómo estos artistas amigos plasmaban a veces los mismos motivos en el lienzo, pintando juntos al aire libre, pero cada uno con sus propias características estilísticas.

Más tarde, el giro de Pissarro hacia el estricto neoimpresionismo puntillista dio lugar a otras relaciones artísticas: por ejemplo, con Seurat y Signac, quienes dieron forma a este movimiento, que a su vez volvió a ser revolucionario después del Impresionismo propiamente dicho.

Pero la exposición también ilumina las características únicas que distinguieron la obra de Pissarro de la de sus compañeros artistas. Mientras Auguste Renoir se preocupaba por la vida burguesa, Pissarro, quien se sentía más cercano a los anarquistas, se centraba en los simples trabajadores del campo. Cuando Monet comenzaba a pintar iglesias, Pissarro se entusiasmaba con las escenas portuarias.

Además, Pissarro evitaba cualquier estetización de sus motivos. Por ello, tuvo menos éxito comercial que otros impresionistas durante su vida. Por cierto, esto no impidió que cuatro de sus hijos se convirtieran en artistas. En la exposición de Basilea se exponen obras de tres de sus vástagos.

Larga tradición

Las exposiciones impresionistas tienen una larga tradición en el Kunstmuseum, de Basilea. Pissarro es especialmente importante para el museo, ya que hay ocho cuadros, diez dibujos y acuarelas, así como diez grabados en la colección. 

Camille Pissarro, «Un coin de l'Hermitage, Pontoise», 1878. © 2021 by Martin P. Bühler.Camille Pissarro, «Un coin de l'Hermitage, Pontoise», 1878. © 2021 by Martin P. Bühler.

Su obra Un coin de l'Hermitage, Pontoise, de 1878, fue el primer cuadro impresionista que entró en la Colección pública de arte de esta ciudad suiza. Fue adquirida en 1912 por iniciativa de tres jóvenes artistas. Esta fue la piedra fundamental de la famosa colección impresionista de Basilea. En esta misma primavera de 2021, el Kunstmuseum, de Basilea, se congratulaba asimismo por la donación efectuada por una colección privada helvética de La Maison de Pissarro Rondest, a l'Hermitage, Pontoise (1875).

Oda al trabajo

La actitud artística de Pissarro es más compleja que la de sus camaradas. Su enfoque difiere notablemente de los temas de Claude Monet, Auguste Renoir o Edgar Degas preferidos por el público. Verbigracia, Pissarro fue el único entre los impresionistas para el que era una preocupación central la representación de la vida sencilla, especialmente la del medio rural. Sus cuadros no tienen como contenido el mundo de la clase burguesa acomodada, sino el paisaje cultivado por el Hombre y la vida de las campesinas, los campesinos, las trabajadoras y los trabajadores agrícolas.

Pissarro era reacio a cualquier estetización, a diferencia de Monet o Renoir. Esto se debe probablemente a que el pintor sufrió durante toda su vida la falta de éxito comercial y afrontaba problemas de dinero. Impulsó la fundación de una asociación libre de artistas, de orientación cooperativista, que expondrían y venderían por su cuenta sus propias obras. Fue precisamente esta Société Anonyme des Artistes Peintres, sculpteurs et graveurs la que pasaría más tarde a la historia del arte como la de los Impresionistas.

Nueva revolución

Justo en el momento en el que el Impresionismo, que había sido muy controvertido durante mucho tiempo, estaba ganando la aprobación del público y entrando en colecciones privadas y públicas, para mayor beneficio pecuniario de los artistas, Pissarro se volcaba a otra revolución pictórica en la década de 1880: el Neoimpresionismo.

Camille Pissarro, «Portrait de Félix Pissarro», 1881. © 2021 by Tate images.Camille Pissarro, «Portrait de Félix Pissarro», 1881. © 2021 by Tate images.

Con esto demostraba una vez más su voluntad incondicional de progreso artístico. La estética radical y el método científico del Neoimpresionismo, ejemplificados, entre otros por Signac, Seurat, Louis Hayet y el hijo mayor de Pissarro, Lucien, representó para Camille Pissarro una evolución lógica del Impresionismo. Incluso cuando él en la década de 1890 volvió a dar una pincelada más libre, aunque manteniéndose fiel a la convicción de que el buen arte tiene un núcleo revolucionario y una creencia inquebrantable en el modernismo.

Pacifista

El pintor no ocultaba su interés por los escritos anarquistas y su compromiso con su difusión. Como muchos de sus contemporáneos, especialmente entre los neoimpresionistas, Pissarro estaba convencido de que la distribución de los recursos, especialmente en las grandes ciudades como París o Londres, tarde o temprano llevaría a la agitación social. A diferencia de algunos de sus correligionarios políticos, Pissarro creía sin embargo en una revolución pacífica y no violenta.

En qué medida sus convicciones políticas se reflejaron en su arte ha sido siempre objeto de interés en la historia del arte, desde el ángulo socio-histórico. Camille Pissarro no entendía sus cuadros como imágenes político programáticas. No obstante, el estilo de pintura revolucionario de Pissarro, su lucha por la autonomía y la libertad en cada situación de la vida, así como su disposición a emprender nuevos caminos contra todas las resistencias, vinculaban su arte a las ideas medulares del anarquismo.

Placer por la experimentación

La biografía de Pissarro está marcada por los acontecimientos y la dinámica histórica del siglo XIX. Encarnó algunos de los conflictos más complejos de su tiempo y veía a los artistas en la obligación de reflejar de forma crítica el espíritu de la época, así como las condiciones políticos, sociales y económicos reinantes. Por su origen, Pissarro era un extraño entre los artistas franceses con los que mantuvo intensos contacto a lo largo de su vida.

La isla antillana de Santo Tomás, donde nació, era en 1830 una colonia del reino de Dinamarca. Fue el único impresionista que creció en dos continentes; hablaba tres idiomas (francés, inglés y español) y estaba familiarizado con la diversidad étnica y cultural. Su identidad, su perspectiva sobre la pintura y su visión del mundo se vieron influidas tanto por este origen nómada como por su intercambio con otros pintores.

Pissarro sentía una extraordinaria curiosidad por la experimentación artística y las nuevas formas de representación. En este entorno inspirador de artistas como Camille Corot y Gustave Courbet, buscaba colaborar con otros que, como él, desarrollaban una visión artística independiente de la academia.

Talento para la amistad

Paul Cézanne, «Pissarro visto de espaldas», 1874-77. © 2021 by Martin P. Bühler.Paul Cézanne, «Pissarro visto de espaldas», 1874-77. © 2021 by Martin P. Bühler.

Como ningún otro, Pissarro era capaz de acercarse a sus amigos pintores, promover su potencial y en contrapartida aprender de ellos. Se podría hablar casi de un “don“ innato para la amistad. La base para ello fueron el respeto por la individualidad artística y la igualdad de derechos de cada persona. Pissarro desconfiaba de las restricciones jerárquicas y, por principio, se oponía a cualquier dogmatismo.

Para él, la cooperación artística no tenía nada que ver con la edad de una persona o con la antigüedad en su labor, sino que se basaba en intercambios no jerárquicos. En tal sentido, la exposición revela varias conexiones entre los protagonistas de la época y, por lo tanto, pinta una imagen alternativa del artista como un genio que trabajaba aislado del mundo exterior.

La vista

En los últimos diez años de su vida Pissarro pintó varias series de vistas de ciudades y puertos. Debido a una inflamación crónica de la vista, apenas podía pintar al aire libre. ya que tenía que protegerse del viento y del polvo. Así que alquiló habitaciones de hotel durante semanas y protegido de la intemperie, observaba el ajetreo en las calles de París, Rouen, Dieppe y Le Havre.

No fue hasta esta obra tardía que Pissarro obtuvo unos ingresos fiables y el éxito que esperaba en el mercado del arte. Desde esos edificios, Pissarro tenía la posición elevada óptima que necesitaba como observador. Un mismo motivo se le aparecía en diferentes momentos del día, así como la luz y las condiciones meteorológicas. En algunos de los cuadros, es inconfundible la influencia de Monet, que en 1894 pintó para el galerista conjunto Paul Durand-Ruel su serie de pinturas de la Catedral de Rouen; serie que dejó una impresión duradera en Pissarro.

La luz y sus reflejos

Camille Pissarro, «Le boulevard Montmartre, printemps», 1897. © 2021 by Museum Langmatt.Camille Pissarro, «Le boulevard Montmartre, printemps», 1897. © 2021 by Museum Langmatt.

Sus representaciones del Boulevard Montmartre de 1897 son especialmente fascinantes por su diversidad. En la exposición se puede apreciar el bulevar de día, de noche y durante el desfile de Mardi Gras (martes de carnaval) el 2 de marzo de 1897. El cortejo carnavalesco tenía lugar el último día antes del comienzo de la Cuaresma y pasaba directamente bajo la ventana del hotel de Pissarro. El pintor había preparado varios lienzos para captar los eufóricos acontecimientos de la calle sin interrumpir su trabajo.

Camille Pissarro, «Le boulevard Montmartre, effet de nuit», 1897. © 2021 by The National Gallery.Camille Pissarro, «Le boulevard Montmartre, effet de nuit», 1897. © 2021 by The National Gallery.

Solo con manchas de pintura conseguía captar el ajetreo y el movimiento sin entrar en detalles. Así,la acción se volvía aún más dinámica y se transfería al lienzo el ambiente brillante en la calle y en las aceras. Las peculiares escenas nocturnas de Pissarro cautivan a través de la representación diferenciada de la la iluminación artificial. Aquí Pissarro tenía en cuenta que la luz de las farolas (luz eléctrica fría), los escaparates (linternas de gas caliente) y los carruajes (lámparas de aceite tenues) tenían diferentes calidades y valores de color. Al final de su vida artística, el pintor volvería a sentír la fascinación por la luz, sus reflejos y efectos especiales, algo que siempre lo impulsó a emprender nuevos caminos.

Le Havre

A los doce años, en 1842, en Le Havre, Pissarro había pisado por primera vez suelo francés. Más de 60 años después, volvería a visitar la ciudad portuaria, esta vez preocupado por sus ingresos. Las dificultades financieras parecían alcanzarle de nuevo, pues en 1903 no había vendido ni una sola obra de arte. La invitación de un coleccionista o la perspectiva de una venta era lo que lo llevaba esta vez a esa ciudad portuaria.

En los tres meses que van de junio a septiembre, Pissarro pintó 24 cuadros de pequeño y mediano formato. A causa de la referida enfermedad ocular crónica, se veía obligado a trabajar en una habitación cerrada. Para ello, alquiló también aquí una habitación en un hotel situado directamente en el puerto con una vista elevada al mar. Esta fue su última serie de cuadros en los que trabajaba sistemáticamente un motivo.

Al principio le embargaba el escepticismo, pero por último quedó satisfecho con sus paisajes urbanos e industriales. Pissarro era interrumpido repetidamente por períodos de mal tiempo, pero “permanecí clavado en mi puesto como un cazador“, expresaba en una carta a un amigo coleccionista local. Quería detectar los más mínimos cambios atmosféricos y el ajetreo de los estibadores, así como el ir y venir de los transatlánticos a su arribo y su partida.

Se cierra el círculo

Camile Pissarro sentado en un banco en el jardín de su casa, hacia 1874. © 2021 by Musée Camille Pissarro.Camile Pissarro sentado en un banco en el jardín de su casa, hacia 1874. © 2021 by Musée Camille Pissarro.

Hacia el final de su estancia, el museo de Le Havre compró dos cuadros de reciente factura de Pissarro. Era la primera vez en su vida que un museo adquiría un cuadro suyo. Parece una desconcertante coincidencia que Pissarro elaborara allí mismo poco antes de partir una lista de los cuadros que había pintado en Le Havre. Era inusual que registrara su propia producción con la precisión de un contable.

¿Podría interpretarse esta nómina como una referencia a una retrospectiva; a un balance final reflexivo? Poco antes había escrito a sus hijos en una inequívoca premonición de que no le quedaba mucho tiempo. 

Os agradezco que os hayáis acordado de escribirme en el día de mi cumpleaños; espero y haré todo lo posible por seguir mi destino con toda serenidad, trabajando duro, pues el hilo que me sostiene aquí en la Tierra se acerca a su fin. 

En Le Havre se cierra el círculo de la biografía artística de Pissarro en 1903. A finales de septiembre de ese año regresaba a París, donde tras una repentina enfermedad falleció el 13 de noviembre.

Notas

Christophe Duvivier und Josef Helfenstein, «Camille Pissarro: Das Atelier der Moderne», München :Prestel Verlag, 2021, 327 Seiten. ISBN 978-3791378749

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