Alemania

La búsqueda de lo intangible

Juan Carlos Tellechea
martes, 11 de enero de 2022
Quatuor Arond © by Julien Benhamou Quatuor Arond © by Julien Benhamou
Neuss, martes, 23 de noviembre de 2021. Antigua Zeughaus (Armería) de Neuss. Quatuor Arod: Jordan Victoria (violín), Alexandre Vu (violín), Tanguy Parisot (viola), Jérémy Garbarg (violonchelo). Antonín Dvořák, Cuarteto de cuerda número 11 en do mayor opus 61. Béla Bartók, Cuarteto de cuerda número 3 en do sostenido menor Sz 85. Maurice Ravel, Cuarteto de cuerda en fa mayor. Bises: Claude Debussy, Cuarteto de cuerda en sol menor opus 10. Concierto apoyado la sección de cultura de la alcaldía de Neuss. 85% del aforo, reducido por las medidas de prevención e higiene contra la pandemia de coronavirus.
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El cuarteto de cuerda Quatuor Arod fue aclamado efusivamente este martes en la sala auditorio de la Antigua Armería (Zeughaus) de Neuss, tras un maravilloso concierto con obras de Antonín Dvořák, Béla Bartók y Maurice Ravel. El conjunto actualmente cumple con éxito una gira europea. 

Desde su creación en 2013 el Quatuor Arod se caracteriza por sus interpretaciones emocionantes y vívidas. El brío e ingrávido virtuosismo de sus instrumentistas cautiva desde un primer instante a la platea, sobre todo en los giros rápidos, ejecutados con refinamiento y exquisita articulación.

El nombre no es aún tan familiar para la mayoría de los asistentes, pero vale la pena evocarlo. Arod, como el caballo pequeño, pero arisco y fogoso de El señor de los anillos. Originario de Francia, el Quatuor Arod es ya una estrella de gran magnitud en el firmamento concertístico internacional desde que en 2016 ganase el primer premio del Concurso de música de la Primera cadena de la radio y la televisión de Alemania (ARD) en Múnich.

El programa de esta velada es tan sui generis como la propia personalidad del ensemble. El Cuarteto de cuerda nº 11 en do mayor op 61 de Dvořák (1881) suena exuberante y encantador de sus manos. Hacía tiempo que no lo escuchaba de esta forma. La lectura que hacen esto cuatro jóvenes es muy inquieta, puro nervio, pero hay bonitos toques y colores por el camino, especialmente de la viola y el violonchelo. Se les ve disfrutar enormemente de la música que hacen; en los pianissimi logran un nivel apenas audible, pero inmensamente diáfano y atractivo.

La exposición del Allegro es preciosa. Los cuatro están muy concentrados y en constante comunicación. Hay un punteo enérgico de las cuerdas, surgen nuevas tonalidades sonoras, los tramos extremos están llenos de precisión y tensión, pero todo con mucho equilibrio. Dan con una forma de elaboración desde el primer movimiento que cautiva al público. El Poco adagio e molto cantabile es onírico. El Scherzo. Allegro vivo – Trio anticipa ya lo que se desencadenará pocos minutos después. El asombro aumenta cada vez más hasta que en el cuarto movimiento (Finale. Vivace) el éxtasis alcanza su momento máximo.

El Cuarteto de cuerda nº 3 en do sostenido menor Sz 85 (1927) de Béla Bartók suena turbado, nada apacible en la Prima parte: Moderato. Los cambios acentuados de dinámica y tempi muestran una gran vivacidad, pero siempre al servicio de un arco de tensión unificador. El compositor, como un subversivo musical, parece haber estado aquí a la búsqueda de lo intangible.

En la Seconda parte: Allegro el Quatuor Arod despliega con gran disfrute una velocidad increíble, la música vuelve a celebrarse de forma devocional: cada movimiento individual recibe una reflexión completa sobre su carácter. El violista logra una vez más una interpretación de filigrana y un conjunto terriblemente preciso.

Los efectos de Bartók están muy bien calculados, con un buen pizzicato y una impresión general de poder. En la Ricapitulazione della prima parte: Moderato – Coda los cuatro desarrollan un trabajo mayúsculo con una coordinación suprema que llevan hasta el Allegro molto final con energía, encanto y elegancia.

Por último, el conjunto interpreta el Cuarteto de cuerda en fa mayor de Maurice Ravel, dedicado a su "cher maître Gabriel Fauré": clásico-convencional por fuera, pero con espacio para las sorpresas en su contenido. Al compositor le encanta jugar con las ambigüedades armónicas y rítmicas en el Allegro moderato. Très doux. Al escucharlo uno nunca se siente pisando tierra firme; y el Quatuor Arod, con su interpretación técnicamente precisa y musicalmente flexible, invita a un rápido recorrido por sus aguas bravías en el Assez vif. Très rythmé.

Hay una inconfundible vibración unificadora entre los cuatro músicos: la sintonía surge de una auténtica armonía emocional en el Très lent; y pasa de un brillo rico en referencias a un febril parpadeo en Vif et agité sin perder en ningún momento el hilo de la obra.

Las ovaciones fueron tan impresionantes como su música y solo pudieron acallarlas de algún modo con el primer movimiento (Animé et très décidé) del Cuarteto de cuerda en sol menor (el único) de Claude Debussy con sus imágenes sonoras de ensoñación, interrogativas, simpáticas y con gracejo al final.

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