Alemania

Piazzolla, Astor

Homenaje a Piazzolla y al bandoneón en Año Nuevo

Juan Carlos Tellechea
jueves, 13 de enero de 2022
Kaspar Uljas © 2022 by Theater Mönchengladbach Kaspar Uljas © 2022 by Theater Mönchengladbach
Mönchengladbach, sábado, 1 de enero de 2022. Theater Mönchengladbach. David Esteban (tenor), Kaspar Uljas (bandoneón), Philipp Wenger (violín). Orquesta Niederrheinische Sinfoniker. Director Mihkel Kütson. Presentador: el director general de la Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach Michael Grosse. Concierto de Año Nuevo con obras de Ruperto Chapí (“El tambor de granaderos“), Louis Moreau Gottschalk/Gerónimo Giménez (intermedio de “La boda de Luis Alonso“), José María Lacalle (“Amapola“), Leroy Anderson (“Blue Tango“), Morton Gould (“Tango“ y “Guaracha“ de “Symphonette nro. 4“ / “Latin-American“), Astor Piazzolla (“Adiós Nonino“, “Libertango“ y “Bruno et Sarah“), Sverre Indris Joner (“Retrolonga“, “Valserita“, “Mi viejo dolor“), Manuel María Ponce / Morton Gould (“Estrellita“), Aníbal Troilo (“Malena“ y “Romance de barrio“), Chabuca Granda (“La flor de la canela“), Johann Strauß II / Sverre Indris Joner (Danubio azul). 80% del aforo, reducido por las medidas de prevención e higiene contra la pandemia de coronavirus.
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El público ni imaginaba la agradable sorpresa que le depararía el final de este espléndido concierto de Año Nuevo en el Teatro de Mönchengladbach. El programa, armado como un homenaje por el centenario del nacimiento de Astor Piazzolla, el renovador del tango, y por el bicentenario de Heinrich Band, el inventor del bandoneón, recorrió una muy amplia gama de la música del mundo de habla hispana, hasta llegar al caliente ritmo del Caribe.

Pero vayamos por partes. Como aperitivo la platea degustó dos temas de zarzuela de esos que ponen la sangre en hervor, excelentemente interpretados por la orquesta Niederrheinische Sinfoniker, bajo la batuta de su director principal Mihkel Kütson: El tambor de granaderos, de Ruperto Chapí; y el popular intermedio instrumental de La boda de Luis Alonso, de Gerónimo Giménez (orquestación de Souvenirs d'Andalouisie de Louis Moreau Gottschalk), efusivamente aplaudidos (probablemente tanto o más que en sus respectivos estrenos en 1894 y 1897 en Madrid).

La presentación, con sus correspondientes pinceladas históricas, traducciones al alemán y toques de buen humor, corrió a cargo del intendente (director) general de la Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach y celebrado actor Michael Grosse, quien supo hurgar muy bien en las biografías y obras de los compositores aquí reseñados para resumir amenamente cada uno de sus temas.

Invitado especial de la velada fue el bandoneonista Kaspar Uljas, formado en la Escuela Superior de Música de Tallin (Estonia) y en Barcelona (con el maestro argentino Marcelo Mercadante). Uljas no solo ejecutó Adiós Nonino, Libertango y Bruno et Sarah, de Astor Piazzolla, sino también Malena y Romance de barrio, del entrañable Aníbal Troilo, así como Retrolonga, Valserita (que presta su título a este concierto) y Mi viejo dolor, del compositor noruego Sverre Indris Joner. El tango es una pasión que no solo abrasa al Río de la Plata, sino que alcanza con su delirio las distancias más nórdicas, como lo demuestran Kütson y la orquesta.

Precisamente, de Sverre Indris Joner, formado en la Universidad de Oslo y en el prestigioso Conservatorio Ignacio Cervantes de La Habana, y quien popularizó la música latinoamericana en su país natal, vienen los arreglos del tema que cerró esta extraordinaria velada: El Danubio azul, el legendario vals de Johann Strauss (hijo) compuesto en 1866, pero...al ritmo del son cubano; algo asombroso, y a la vez cautivante, para el público de estas latitudes que se balanceaba en sus butacas con no pocas ganas de salir a bailar sobre el parqué.

El concierto se completó con célebres composiciones de José María Lacalle (Amapola), de Leroy Anderson (Blue tango), Morton Gould (el "Tango" y la "Guaracha" de su Symphonette nro. 4 “Latin-American", compuesta entre 1940 y 1941), Manuel María Ponce (Estrellita, con arreglos de Morton Gould) y de Chabuca Granda (La flor de la canela).

Cada uno de estos nombres esconde fascinantes historias que por supuesto no pudo abarcar en toda su extensión el actor Michael Grosse al presentarlos. Pero sí le pareció subyugante al intendente general de la Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach una anécdota sobre Astor Piazzolla, cuando con apenas 18 años entraba en la mítica orquesta de Anibal Troilo (Pichuco), sabiéndose de memoria todos sus temas y arreglos.

En la demostración previa, y para escandalizarlos, Piazzolla había tocado al bandoneón ante los asombrados músicos Rhapsody in Blue, de George Gershwin, hasta dejarlos tensos, transpirando y con una sonrisa hierática en los labios por la herejía, que les dura hasta hoy.

Junto al bandoneonista Kaspar Uljas tuvieron una destacadísima intervención el primer violinista de la orquesta Niederrheinische Sinfoniker, Philipp Wenger (en Libertango y Bruno et Sarah, ambos a dúo), y el tenor David Esteban (en Amapola y Malena, aquí impresionante en los agudos).

Mientras, el director Mihkel Kütson se ocupaba con gran habilidad de que el versátil y flexible colectivo musical a sus órdenes creara por momentos esa íntima atmósfera de la Edad de Oro del tango, allá por 1940, a la que incluso el pianista André Parfenov contribuyó con su maravilloso virtuosismo en la ejecución. En algunos pasajes milongueados y candombeados me parecía escuchar al no menos legendario pianista y compositor Pintín Castellanos en el teclado.

Las incontenibles ovaciones al término de este memorable concierto solo pudieron ser calmadas, a medias, con una polca y una marcha de la dinastía de los Strauss, pero esta vez en su lenguaje vienés original.

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