Discos

Grabaciones de Furtwängler (edición Warner, 55 CD, 1926-1954). 3. Grabaciones entre 1947 y 1953

Carlos Ginebreda
viernes, 14 de enero de 2022
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CD 44 a 47. RICHARD WAGNER, Tristán e Isolda. Ludwig Suthaus: Tristán. Kirsten Falgstad: Isolde. Josef Greindl: Rey Marke. Blanche Thebon: Brangania. Dietrich Fischer-Dieskau: Kurwenal. Coro de la Royal Opera House Covent Garden (Director Douglas Robinson). Philharmonia Orchestra. CD 48 y 49. LUDWIG VAN BEETHOVEN. Fidelio Op. 62. Martha Módl: Leonore. Wolfgang Windgassen: Florestán. Otto Edelmann: Pizarro. Gottlob Frick; Rocco. Sena Jurinac: Marcelina. Rudolf Schock: Jaquino. Coro de la Ópera de Viena. Orquesta Filarmónica de Viena. CD 50 a 53. RICHARD WAGNER, La Walkyria. Leonie Rysanek; Sieglinde. Ludwig Suthaus: Siegmund. Gottlob Frick: Hunding. Martha Mödl: Brunhilde. Margarete Klose: Fricka. Ferdinand Frantz: Wotan. Orquesta Filarmónica de Viena. CD 54 BONUS. Grabaciones no publicadas. FRANZ SCHUBERT, Sinfonía Nª 8 Incompleta, D. 759 Grabación en vivo con la VPO retransmisión por la Radio de Dinamarca). JOHANN STRAUSS II, Vals del Emperador. RICHARD WAGNER, El Ocaso de los Dioses, Acto III, Marcha Fúnebre. FRANZ SCHUBERT, Rosamunda, Entreacto 3. PYOTR ILICH CHAICOVSKI, Serenata, Op. 48, III Elegía. Orquesta Filarmónica de Viena. CD 55 BONUS. Memorias y entrevistas. Narración de John Tolansky.
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Cuando he recibido esta caja he pasado de la ilusión a la decepción inmediata, ya que me ha constado mucho abrir el maldito cubo, tal era el difícil y estrecho ajuste entre la tapa de apertura y la que contiene los CDs. Un diseño verdaderamente irritante. Muy mal, señores de Warner. El libreto de 159 páginas tiene una letra tan minúscula que se necesitan lentes de aumento. Lo mismo cabe decir de la mayoría de fotografías de Furtwängler, que son tan pequeñas que podrían servir como sellos para envíos postales. Un micro-mundo desastroso. Cuándo se darán cuenta en Warner de que los potenciales compradores de estos cubos discográficos estamos en un tramo de edad entre 55 y 90 años, y que en general vamos perdiendo visión.

El contenido del cuadernillo es parcialmente correcto. Está muy bien toda la información de cada CD, de sus pistas, fechas de grabación, productores e ingenieros de sonido, así como la referencia de las matrices utilizadas. Hay un comentario resumido y bien explicado por Stéphane Topakian y Christophe Hénault, que merecen un aplauso por su entusiasmo. Luego viene un buen artículo de John Tolansky. Pero nada más. Furtwängler merecía algo mucho más amplio y extenso. Este magro cuadernillo no nos ofrece información suficiente sobre el genial director alemán. Warner merece una crítica severa por ello. Tiene mucho material en los archivos de EMI y ha desperdiciado la ocasión de recuperarlos. Por qué no se han recuperado texto de las carpetillas anteriores a esta macro edición. La verdad es que es preferible ampliar el contenido en lugar de reproducir las carátulas de los CDs, muchas de ellas de gusto francamente anticuado.

CD 44 a 49 Tristán e Isolda y Fidelio

El registro de Tristán e Isolda de Wagner es uno de los puntos más altos del mundo de la fonografía, que nunca ha estado fuera de catálogo. Por decirlo de una manera descriptiva, Furtwängler asciende al Everest, en la máxima cumbre orográfica del planeta. Como ha dicho Ángel F. Mayo “La dimensión inabarcable la da el director berlinés, que hace de la obra metafísica pura. Nada puede compararse a este prodigio de sensibilidad intelectiva o inteligencia sintiente, como se prefiera”. Al final de primer acto la tensión acumulada parece haber alcanzado el punto máximo y el fatal destino de los protagonistas. Pero en el segundo acto la pasión y la sensualidad alcanzan el punto máximo de ebullición. La primera frase de Tristán y la música que acompaña a la advertencia de Brangäne -cantada por Blanche Thebon- es cósmica. Se va descendiendo por una pendiente resbaladiza hasta el tercer acto, y con Wagner y Furtwängler uno ya sabe que se dirige a la muerte y a la extinción. La orquesta Philharmonia, como dejó escrito Richard Osborne cuando reseñó la grabación para Gramophone (Mayo de 1986), en aquellos años la era la orquesta en mejor forma del mundo. En el CD 55 miembros de la Philharmonia como Hugh Bean, Edward Downes, Hugh Maguire y John Meek, confirman la magnínica relación que tuvieron con Furtwängler. Asimismo todos los cantantes están soberbios. Se criticó que la Flagstad era algo mayor para el papel, pero cuando pasan pocos minutos uno ya no se fija en la edad, tal es la concentración que impone el director alemán, Fue la última colaboración de Furtwängler con Walter Legge, y Furtwängler elogió al productor manifestándole que su nombre debería ir junto al suyo.

Este punto culminante del mundo discográfico lo capta Furtwängler en su máxima dimensión. Ha escuchado su propia grabación y se produce un cambio cualitativo en su forma de pensar sobre la música grabada. En 1953 escribe una carta a HMV en Londres expresándose en los siguientes términos: “Cuando finalmente he escuchado entera mi grabación de Tristán, he quedado asombrado. Sin los problemas de escenografía, está muy claro la extraordinaria cohesión musical y la incansable inspiración de esta obra única. Aunque los discos nunca podrán sustituir una experiencia musical colectiva de una sala de conciertos, en el caso de Wagner el efecto de la música puede ser igual de poderoso que en una representación” Esta cita la proporciona Roger Allen en su libro Wilhelm Furtwängler, Art and the Politics of the Unpolitical (página 204), e indica que esta carta está en la Biblioteca del Estado de Berlín. El obstinado Furtwängler por fin ha conseguido un resultado satisfactorio para él con la grabación de Tristán, y a partir de ese momento su confianza en las grabaciones es ya total y absoluta.

Fidelio siempre fue obra preferida de Furtwängler. Creo que todos los cantantes están bien. No hay diálogos y se introduce una arrebatadora Leonora número III antes del final. El recientemente fallecido Bernard Haitink, asistió a una función de Fidelio en 1949 en el Festival de Salzburgo y explicaba que una vez empezó la obra no encontró nada extraordinario, pero cuando llegó el Cuarteto “Mir ist so wunderbar” la función se elevó y fue creciendo hasta un final arrebatador. Así era Furtwángler. En la oscura escena de la mazmorra el enfrentamiento entre Pizarro (Edelmann), Florestán (Windgassen) y Leonore (Mödl) es modélico con todo su misterio y drama.

CD 38 a 43 y CD 50 a 53. Año 1954. Pérdida auditiva y grabaciones del último año de Wilhelm Furtwängler

Una de las grandes novedades de este cofre es la Pasión según San Mateo de Bach, que se contiene en los CD 41 a 43. Fue grabada entre los días 14 y 17 de mayo de 1954 en la sala del Konzerthaus de Viena. Ha sido el propio editor Stéphane Topakian quien se ha ocupado de escoger los mejores fragmentos de las funciones para ofrecernos una versión que se escucha decentemente. La concepción de Furtwängler es masiva y grandiosa. Entre el coro y la Orquesta Filarmónica de Viena debe haber más de 150 músicos incluido el coro infantil (Los Niños Cantores de Viena), y el público ocupa los 1.840 asientos de la sala. Es una versión absolutamente tardo-romántica y fuera de cualquier estilo actual. Pero es lo que se daba entonces. Así la tocaban Willem Mengelberg o Bruno Walter. Pero Furtwängler parece mantenerlos a todos enfervorizados en una versión hoy día excesiva. Sin embargo, cada vez que intervienen Elisabeth Grümmer o Dietrich Fischer-Dieskau (en el papel de Jesús) es imposible no admirar sus voces. Para su funeral el director dio instrucciones de que se cantase el coral “Wenn ich einmal soll scheiden” (Cuando yo deba partir): así se lo dijo a su esposa Elisabeth.

La despedida con la grabación de La Walkyria en Viena en 1954 es la culminación de una vida dedicada a la música. Ha pasado mucho tiempo y este registro cada vez tiene mayor predicamento. Para nada se nota que Furtwängler tenía muy avanzada la sordera. Los cantantes son de primer nivel. Cuando Alec Robertson hizo la reseña para Gramophone en septiembre de 1955 describió este registro diciendo que “uno tiene la sensación que el director sigue a Wagner en todas las direcciones posibles y visualiza mentalmente cada escena de acuerdo con lo requerido por Wagner”; esta reseña el crítico británico valora mucho mejor a las voces masculinas que a las voces femeninas. Ludwig Suthaus (Siegmund), Gottlob Frick (Hunding) y Ferdinand Franz (Wotan). Pero con la perspectiva del tiempo sobre las voces femeninas de Leonie Rysanek (Sieglinde) Maragarette Klose (Fricka) y Martha Mödl (Brunhilde), podemos afirmar que el plantel era extraordinario. Creo que en este registro lo que más valor tiene es la visión orgánica y de conjunto del director alemán. Personalmente siempre he discrepado cuando se considera a Martha Mödl como una Bruhnilde vulnerable o débil. Era una gran artista con una voz muy natural y para nada estridente, y siempre es de admirar una voz cantando con tanta fluidez y sensualidad. La Filarmónica de Viena suena magníficamente.

Cd 54 y 55, Bonus

El CD 54 comienza con una sentida interpretación de la “Incompleta” de Schubert: en el segundo movimiento Furtwängler va resaltando los diversos temas de forma prodigiosa. Otra versión imprescindible y esta vez en un registro desconocido hasta la fecha. Otra novedad es el Vals del Emperador, en su grabación completa, que dura 10 minutos y 15 segundos, cuando la original es mucho más breve. Este registro fue rechazado y se prefirió la versión más rápida para ocupar una cara del disco que se iba a editar.

El CD 55 contiene unas memorias o recuerdos de Furtwängler. Se podría haber incluido la transcripción en inglés en el cuadernillo. Es un buen documento. Es un placer escuchar a los músicos de la Orquesta Philharmonia su adaptación al estilo del director. Y también su admiración por el cálido sonido que obtenía de la orquesta, su intensidad y carácter global. Con su sola presencia los músicos quedaban como hipnotizados. Se recoge la anécdota explicada por Elisabeth Furtwängler, viuda del director, tras la interpretación de la Novena de Beethoven en 1951 en el Festival de Bayreuth. Al final del concierto Furtwängler le preguntó a Walter Legge qué le había parecido. Legge le contestó que le había visto dirigir mejores Novenas que la de aquella función. Furtwängler y su mujer se marcharon y al día siguiente se fueron en coche a Salzburgo, pero el enfado del director era tal que tuvieron que parar el vehículo y dar un paseo para calmar los nervios del sensible Furtwängler.

FINALE Y CODA; EL GENIO DE WILHELM FURTWÄNGLER

En esta caja de 55 CDs de Warner se demuestra la genialidad de Furtwängler. Pero se confirma su poca determinación para realizar registros discográficos más allá de la sala de conciertos o el foso de un teatro de ópera. Hasta 1952 con el Tristán no ha dejado de luchar y nunca ha claudicado. Y por fin ha conseguido estar satisfecho de sus excelentes grabaciones. Ahora sabemos que el estudio de grabación no era el mejor medio de inspirarse, pero al final sí ha logró comunicarse con el oyente dando vida, calidez e intensidad a la obra. Esta es la esencia del director alemán, la comunicación y la emoción.

De los 55 CDs reseñados, al menos 40 merecen la pena por su calidad artística o de sonido o de ambas a la vez, con algunos registros que suponen la culminación discográfica de Furtwängler. Esto significa que tanto en estudio como en vivo Furtwängler era genial. Tal vez el mejor director de todos los tiempos. Pero quien esto escribe no es partidario de las clasificaciones. Con la grabación de La Walkyria entre los meses de octubre y noviembre de 1954 se puso colofón a la carrera de un director dotado de un inmenso talento. Falleció el día 30 de noviembre de 1954, demasiado pronto, porque podía haber evolucionado más con la técnica de las grabaciones en estéreo que ya se estaban realizando con éxito.

En 1964, cuando se cumplían 10 años del fallecimiento de Fürtwängler, Neville Cardus redactó unas notas para el concierto de homenaje (“Furtwángler: a tribute”, que viene como anexo en la biografía del director escrita por Hans-Hubert Schönzeler). Cardus lo describía así: “Su oído era muy sensible para conseguir el sonido de la orquesta, tanto para dar carácter a cada instrumento como para el sonido global. Aunque podía tratar cada melodía con la mayor suavidad, elocuencia y fluidez, al mismo tiempo podía lograr tal fuerza, profundidad y potencia en la armonía, que no conseguían otros directores…La última vez que lo vi en Lucerna fue antes de su muerte, en un concierto de cámara en el que intervenían Fischer, Scheneiderhan y Mainardi. Estaba pálido y parecía cansado, hasta que empezó la música. Ahí se hacía visible la mortalidad del músico que se marchaba de este universo, para entrar en otro en el que encontraría la verdadera libertad de su espíritu.”

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