España - Cataluña

Montsalvatge y Mompou conversaron en Cambrills

Juan Krakenberger
jueves, 22 de agosto de 2002
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Cambrills, sábado, 10 de agosto de 2002. Castillo de Vilafortuny. Concierto del Trio Mompou (Luciano González Sarmiento, piano, Joan Lluis Jordá, Violín y Dimitar Furnadjiev, Violonchelo). Federico Mompou, 'Evocación a Paul Valéry'; Xavier Montsalvatge, 'Trio'; Ricardo Miralles, versiones libres de temas 'El barberillo de Lavapiés' de Asenjo Barbieri, 'Doña Francisquita' de Amadeo Vives y 'La verbena de la Paloma' de Tomás Bretón. Festival de Cambrills
0,0001392 Nuevamente en las bóvedas del Castillo de Vilafortuny, tuvo lugar un concierto de cámara a cargo del Trío con Piano “Mompou”, cuya primera parte consistió en un Homenaje a Xavier Montsalvatge, y la segunda dedicado a la Zarzuela en Concierto.La primera obra del programa, de Federico Mompou, fueron las cinco piezas que el compositor reunió bajo el título Evocación a Paul Valéry. Se trata de cinco poemas puestos en música, de forma magistral. El clima es, en general, mediterráneo, con una extraña pero eficaz mezcla del francés y del catalán: Yo diría que el mundo de Mompou va desde Carcasonne (¿tal vez Marsella, a veces?) hasta, digamos, Tarragona. Todo eso queda ilustrado en 1)La fausse morte, 2)L’insinuant, 3) Le vin perdu, 4)Les Pas y 5)Le sylphe. Todas estas piezas evocan, evidentemente, poemas de su autor, y si bien se trata de poesía francesa, ésta es leída por un catalán, y esto se refleja en la música. Me gusta, particularmente, Les Pas, una caminata pausada, pensativa, de alguien contento con la vida pero que no ignora que por doquier existen problemas.Siguió el Trío de Xavier Montsalvatge, que consta de tres movimientos: 1)Balada a Dulcinea, 2)Diálogo con Mompou y 3) Ritornelo. Música muy bien escrita, para trío con piano, explorando todas las posibilidades sonoros de los tres instrumentos como solistas y en pares – particularmente felices los pasajes para violín y cello (sin piano) – y donde los tres músicos pueden demostrar sus cualidades. Me gustó mucho el cello de Fournadjiev, muy expresivo, con muchas gamas sonoras - desde un ataque vigoroso hasta un flautato suave – que consigue con ello dar al conjunto una base muy atractiva. No me convence tanto el violín de Jordá. Muy correcto y afinado, pero de una paleta sonora más bien limitada, con un vibrato que no consigue emocionar, y un arco que es eficaz en los fuertes pero plano en los pianos. El veterano Luciano González, con muchos años dedicados al género, domina evidentemente la materia, y tocó, con muy buen juicio, en un piano de cola con la tapa apenas abierta, solución eficaz para la acústica rica de esta sala abovedada, en ladrillo vista y piedra.Volviendo a la obra de Montsalvatge, lo que nuevamente me llamó la atención es el cuidado que el maestro dedicada a la forma. En la Balada hay un esquema estricto A-B-A, y en el Ritornelo – música muy española, por cierto – hay unas secciones de 4/4, que luego se transforman en 6/8 para volver al 4/4, todo ello de exquisita arquitectura, en absoluto construido por consideraciones teóricas, sino de flujo libre y espontáneo. En Diálogo con Mompou trata de acercarse a la estética de aquel, con ciertos giros muy mediterráneos y atractivos. Si Mompou fue una especie de Miró en la música, Montsalvatge lo retrata muy, muy bien.En la segunda parte, totalmente dedicada a versiones libres de Ricardo Miralles, de zarzuelas célebres, el Trío Mompou se convirtió en orquesta de salón de principios de siglo, a pesar de que los arreglos de Miralles incluyen alguna armonía más moderna que la que se utilizaba entonces. Miralles, conocido como arreglista de Serrat, demuestra con sus versiones libres que es un consumado maestro. Es posible que un purista de la zarzuela proteste, pero algún acorde se séptima o novena no viene mal, de vez en cuando. En su versión del Barberillo de Lavapiés de Francisco Asenjo Barbieri, Miralles enlaza – sin interrupciones – una serie de números, produciendo un atractivo potpourri de la popular obra. Luego siguieron varias secciones de Doña Francisquita de Amadeo Vives, para mi el mejor compositor de los tres, y donde – no es casualidad – el arreglista tuvo que tener mucho más cuidado, porque la escritura de Vives es de por sí bastante sofisticada, y no admite aderezos más picantes. Y para terminar, piezas de La Verbena de la Paloma, con las melodías más conocidas y famosas de Tomás Bretón, que con ser más populares no son, necesariamente, musicalmente superiores.El Trío Mompou hizo gala de buen estilo y nos trajo estas evocaciones de la zarzuela con buen humor y gracia. El público agradeció las versiones, y consiguió arrancarles un azucarillo de propina – un fragmento de La gran vía de Federico Chueca, su zarzuela más conocida.Es una lástima que el concierto no atrajo mucho público (un Sábado de noche es tal vez mala fecha en este período de vacaciones), y las bóvedas estaban solamente medio llenas. Hace 25 años, la música de cámara aún llenaba locales de mayor aforo. ¿Qué ha pasado para que esto sucediera? Las autoridades culturales de Cambrils tendrían que hacerse serias reflexiones al respecto – deberían atraer al buen público y no ahuyentarlo.
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