Italia

La Mafia y las Vísperas

Jorge Binaghi
miércoles, 2 de febrero de 2022
Dante, Vêpres siciliennes © 2022 by Rosellina Garbo Dante, Vêpres siciliennes © 2022 by Rosellina Garbo
Palermo, domingo, 23 de enero de 2022. Teatro Massimo. Les vêpres siciliennes (París, Opéra, 13 de junio de1855). Libreto de E. Scribe y Ch. Duveyrier, y música de G. Verdi. Puesta en escena: Emma Dante. Escenografía: Carmine Maringola. Vestuario: Vanessa Sannino. Coreografía: Manuela Lo Sicco. Iluminación: Cristian Zucaro. Intérpretes: Selene Zanetti/Maritina Tampakopoulos (Hélène), Leonardo Caimi/Giulio Pelligra (Henri Nota), Mattia Olivieri/Gezim Myshketa (Montfort), Luca Tittoto/Fabrizio Beggi (Procida), y otros. Orquesta y coro del Teatro (preparado por Ciro Visco). Dirección: Omer Meir Welber.
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La inauguración de la nueva temporada del teatro de la capital siciliana era un desafío interesante y de alto riesgo. La primera vez en la versión original francesa, y salvo algún corte en el quinto acto, integral, y con una puesta en escena confiada a una directora local pero internacional, dotada de un aura a veces polémica, y conocida por su fuerte interés en la situación de la mujer dentro y fuera de la escena y por otros problemas político-sociales. 

A mí Dante en general me gusta, y mucho. Y esta vez, cambiar a los ocupantes franceses por capos mafiosos actuales prometía. Lamento decir que me decepcionó. Al público pareció encantarle, y me temo que esto sea porque en vez de sacudirlo lo encandiló con unos detalles que casi me atrevería a denominar folclóricos. Cierto que la primera vez, contemporánea a la aparición de la protagonista femenina en escena, los estandartes con las caras de personas asesinadas por la mafia estremecen. Pero después no se sigue por ese camino; a lo sumo se repite o se abunda en lo mismo. 

No veo que cuando se presenta Montfort y le besan la mano o la escena final en que se sugiere una similitud con la escena final del Padrino III (para eso, mucho más potente el original de Coppola) resulten mucho más que detalles, y a veces contradictorios. No lo sería que Montfort sea un padre amoroso y un tirano-asesino al mismo tiempo, pero ni con los trajes (bastante feos todos por cierto) ni con la actuación se ve a un ‘boss’. Peor, Procida (y no soy el primero que lo descubre) ya no es el héroe entusiasta que lucha por una causa justa de las primeras óperas de Verdi: mira ya a Amonasro, y el amor de la patria no basta a justificarlo todo (Verdi era consciente y finalmente al aceptar el libreto de Scribe -la gestación de esta ópera fue bien complicada y estuvo varias veces a punto de no ver la luz- el personaje se convierte a partir del cuarto acto en alguien cegado por el odio y la venganza personal). 

Y el trabajo sobre los personajes, por lo visto, no fue muy del interés de la directora (el baile en la prisión de los dos amantes no sé si fue irónico, pero quedó fatal en mi opinión: hasta me pareció una burla a la música de Verdi). Excelentes los figurantes, actores y los bailarines y solistas, en particular la que tiene a su cargo el papel de la santa local, Rosalía, aunque tampoco terminé de ver qué hacía por allí.

El coro se esmeró mucho en actuar y fue muy buena su prestación vocal (bravo a su director, Visco). La orquesta estuvo magnífica y la batuta de Welber tuvo grandes momentos, pero desde que Verdi le permite usar a fondo percusión y metales se entusiasma demasiado y el desequilibrio se hace presente. Los tiempos fueron en general demasiado rápidos en detrimento de mayor lirismo (ejemplo: el gran dúo del tercer acto entre Montfort y Henri, una de las cumbres de la partitura), pero a veces pareció elegirlos para ayudar a algún cantante. 

Con todo, lo que me pareció más discutible fue la idea de desmembrar el ballet. No fue sin ton ni son como ocurrió en el Liceu con el de La favorite donizettiana la última vez, pero allí, como interludios o preludios, no alteró el instinto teatral del autor. Pero cuando se lo coloca, por ejemplo, como final del primer acto (el segundo número de Las cuatro estaciones, el Otoño, ni siquiera el primero), y para colmo en arreglo para acordeón, clarinete y contrabajo para acentuar el valor ‘popular’ de la música de Verdi no me parece un homenaje o una actualización interesante, sino un dislate. 

No quiero pensar lo que podría haber ocurrido en otros teatros, italianos o no, pero sí me pregunto, ya que esta es una coproducción con Bolonia, Nápoles y Madrid, si todos los otros maestros tendrán la misma idea (a menos que en todas esas ciudades dirija el director musical de Palermo, cosa que no creo). Si no, la solución será amputar el ballet… ¿Y qué ocurrirá con el coro y la canción de Henri del último acto? Bueno, si llego a ver alguna de esas versiones (o la otra que promete la Scala) me enteraré y tal vez lo contaré. 

'Les vêpres siciliennes' de Verdi. Dirección musical: Omer Meir Welber. Puesta en escena: Emma Dante. Palermo, Teatro Massimo, enero de 2022. © 2022 by Teatro Massimo de Palermo.'Les vêpres siciliennes' de Verdi. Dirección musical: Omer Meir Welber. Puesta en escena: Emma Dante. Palermo, Teatro Massimo, enero de 2022. © 2022 by Teatro Massimo de Palermo.

Entretanto mencionemos el factor positivo (que por lo que se dice, al menos en Italia no tendrá continuación) fue escuchar el libreto original en francés. Porque la traducción italiana es mucho peor que, por ejemplo, la de Don Carlos y la ópera es menos interesante (de paso, espero que signifique como sea un retorno del título al repertorio porque aunque perdí un par de versiones -en un caso por decisión personal- he caído en la cuenta de que la última vez en que la vi fue en París en 2003. O sea que bien podría ser esta la última vez que escribo sobre ella).

Y me he dejado para el final (mal) a los cantantes. Si dos repartos son siempre problemáticos para cualquier ópera, no digamos para esta. Con la situación actual, además, las cosas se complicaron más y la primera función tuvo que acudir a un bajo relevante, que ha hecho de Procida una de sus especialidades, Erwin Schrott. No puedo hablar de él ya que no lo vi directamente sino sólo por internet, pero seguramente fue una gran suerte encontrarlo disponible.

Hay un nutrido número de comprimarios, y estuvieron todos bien, pero quisiera destacar en particular a los malvados franceses/mafiosos secuaces de Montfort: Matteo Mezzaro, Pietro Luppina, Alessio Verna, Ugo Guagliardo, Gabriele Sagona, y sobre todo el joven bajo Andrea Pellegrini, en claro ascenso aunque el año pasado el Viñas lo haya ignorado tras dejarlo llegar a la final. Del lado ‘siciliano’ estuvieron bien Francesco Pittari (Danieli) y la única otra voz femenina, Carlotta Vichi (Ninetta) .

Selene Zanetti y Leonardo Caimi en 'Les vêpres siciliennes' de Verdi. Dirección musical, Omer Meir Welber. Dirección escénica, Emma Dante. Palermo, Teatro Massimo, enero de 2022. © 2022 by Franco Lannino / Teatro Massimo.Selene Zanetti y Leonardo Caimi en 'Les vêpres siciliennes' de Verdi. Dirección musical, Omer Meir Welber. Dirección escénica, Emma Dante. Palermo, Teatro Massimo, enero de 2022. © 2022 by Franco Lannino / Teatro Massimo.

La duquesa Hélène se confió a Zanetti y Tampakopoulos. La primera es claramente una soprano lírica y encontró problemas en los graves y se mostró muy prudente en las agilidades del famoso ‘Boléro’, pero utilizó sus magníficos agudos y alados piani en su gran escena de la prisión. Fue creíble como intérprete. Creo que de momento debería aparcar el papel hasta más adelante. La griega tiene un timbre oscuro y por lo tanto más adecuado, pero extrañamente en los dos primeros actos el grave resultó opaco y tampoco ella brilló en las agilidades. Curiosamente hizo un gran esfuerzo por conseguir las medias voces en el aria citada y lo logró pese a que las notas sonaron metálicas.

De Henri desapareció por enfermedad Piero Pretti y pasó al primer reparto Caimi: una voz bella y generosa, que ha cantado la parte, pero que ni por fraseo ni por emisión es ideal. Me resultó mucho más interesante, aunque la voz sea un poco ligera para el papel, Pelligra, que reveló muy buenas condiciones y consiguió sus objetivos en grandísima parte.

El joven Olivieri lo es por edad y presencia, pero no fue eso óbice para que hiciera un Montfort altivo, despótico y tierno (notables medias voces en el tercer acto, que es el ‘suyo’) con un canto purísimo por línea de canto, legato, homogeneidad entre registros y belleza de timbre, pero sobre todo con una actuación y un fraseo notabilísimos -los recitativos fueron estupendos- y el mejor francés de la función (debe sólo suavizar alguna ‘r’ simple y aproximar las dobles a su sonido habitual, ‘roulé’).

Pelligra y Myshketa en 'Les vêpres siciliennes' de Verdi. Dirección musical, Omer Meir Welber. Dirección escénica, Emma Dante. Palermo, Teatro Massimo, enero de 2022. © 2022 by Teatro Massimo de Palermo.Pelligra y Myshketa en 'Les vêpres siciliennes' de Verdi. Dirección musical, Omer Meir Welber. Dirección escénica, Emma Dante. Palermo, Teatro Massimo, enero de 2022. © 2022 by Teatro Massimo de Palermo.

Myshketa fue mucho más convencional por todo concepto, con un color más oscuro que pareció ser su baza mayor amén de una declamación estentórea que no desdeñó algún grito o parlato que hacía del barítono verdiano uno verista (es una tradición, pero equivocada y/o pasada de moda). No sé si a eso se deben algunos agudos explosivos ya desde el primer acto.

Tittoto fue un Procida de buena estampa y de canto con clase, buena actuación (las miradas podrían ser más naturales en vez de ‘convencionalmente’ malvadas). Destacó mucho en todo momento, y naturalmente en su aria, pero como en el caso de Olivieri su presencia se advertía en cada frase que decía.

Beggi tiene una voz de color muy oscuro y poder notable, pero se empeña en exhibirla a cualquier coste y eso entraña graves exageradamente abiertos, alguna oscilación en la entonación, e interpretación más que enfática.

Afluencia de público mayor en la primera función que en la segunda y claro agrado de los asistentes. 

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