España - Galicia

Oleadas de sonido

Xoán M. Carreira
lunes, 21 de febrero de 2022
Stanislav Kochanovsky © by Niko Nikolas Stanislav Kochanovsky © by Niko Nikolas
Altamira, viernes, 11 de febrero de 2022. Palacio de la Ópera. Alexei Volodin, piano. Orquesta Sinfónica de Galicia. Stanislav Kochanovsky, director. Serguéi Rachmaninov, Concierto para piano nº 2 en do menor, op 18. Paul Hindemith, Mathis der Maler. Programa 13 de la temporada de abono 2021-2022
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Aplastado por un maremoto sonoro, Volodin luchaba hasta la extenuación para conseguir que se oyese el piano, y el concertino se movía en su asiento para intentar oír al pianista y así poder seguirlo. Entretanto el director totalmente perdido, hacía volutas. Se preguntarán ustedes qué son las volutas de los directores: yo también me lo pregunto desde que descubrí este neologismo creado por un crítico musical español, que lo emplea muy frecuentemente. No sé qué quiere decir este musicógrafo, yo me limito a indicar que Kochanovsky hacía movimientos incomprensibles y aparentemente inútiles, que se podrían considerar "volutuosos". 

Justo es reconocer que Kochanovsky no tuvo las cosas fáciles. El programa había sido diseñado para la presentación con la Orquesta Sinfónica de Galicia de Uladizislau Khandohi (Bielorrusia, ), el pianista ganador del Concurso Internacional de Piano de Ferrol en 2021. Khandohi no pudo acudir por problemas con su visado y Volodin fue llamado para sustituirle, aunque su agenda le impidió llegar para los ensayos y sólo llegó a hacer una lectura parcial el mismo día del concierto en Vigo (en A Coruña se celebró al día siguiente). 

Según informaciones contrastadas, Kochanovsky hizo un trabajo muy correcto en los ensayos, pero a la hora de plantear el Concierto nº 2 de Rachmaninov se basó en una de las grabaciones realizadas por el propio compositor, y no por la versión de Volodin, que era el pianista al que tendría que dirigir (y lo sabía desde -por lo menos- cuatro días antes). Por su parte Volodin es un pianista de larga carrera y potente personalidad, que tiene claro que el solista es él y que la principal tarea del director es concertar y acompañar. 

En esta lucha de egos, el perjudicado fue el público. El Concierto en do menor de Rachmaninov es un auténtico 'caramelo' cada vez que se programa, pero en esta ocasión solo escuchamos el ruido del envoltorio y no llegamos a degustar el dulce. Las dos propinas ofrecidas por Volodin -Chopin y Rachmaninov-, perjudicadas por la pésima acústica del Palacio de la Ópera, no consiguieron sacarnos el malestar. 

Kochanovsky demostró con su versión de Mathis der Maler que efectivamente había hecho un buen trabajo en los ensayos. Exhibió transparencia, equilibrio de planos y cuidado tímbrico, como corresponde a un buen kapellmeister, pero poco más. Ni siquiera atisbamos indicios de las grandes cualidades dramáticas de la obra. Escuchamos una buena ejecución, mas bastante lejana a una interpretación digna de recuerdo. Es de esperar que Kochanovsky sea un simple mal recuerdo en la agenda de la OSG y no regrese. 

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