Recensiones bibliográficas

Reflexiones de un músico prudente

Daniel Martínez Babiloni
lunes, 28 de febrero de 2022
Caminando por el sonido © 2021 by EMEC Caminando por el sonido © 2021 by EMEC
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Se lo [sic] espera. Sus amigos lo esperan. A Jesús Villa-Rojo se le espera y a sus propuestas, sean del calado que sea, también. Se esperan con el interés con el que el periodista francés a quien pertenece esta cita señalaba que aguardaba cada publicación de Roland Barthes.* Pero, sobre todo, recalcaba el redactor, quienes más pendientes estaban del semiólogo francés eran sus enemigos. 

No creemos que esta sea la situación de Jesús Villa-Rojo, ya que, en caso de tenerlos o haberlos tenido, a sus ochenta y dos años recién cumplidos estas cuitas deben estar resueltas. Y conste, que la claridad con la que habla, por ejemplo, de temas que podrían resultar incómodos para la oficialidad de la música española, es seguro que habrá molestado a más de uno alguna vez.

De todas formas, Caminando por el sonido* no pretende, del mismo modo que Essais critiques de Barthes, “arreglar los tanteos o las contradicciones del pasado”. Más bien es “una reunión de ensayos, de experiencias diferentes, que se refieren a la misma cuestión siempre”: la relación del autor con la materia prima que mejor conoce: el sonido. Desde que Villa-Rojo marchó a Roma a finales de la década de 1960 no ha dejado de experimentar con el sonido; con el de su instrumento —el clarinete—, con el de la voz —muy presente a lo largo del volumen—, o con el de cuantos conjuntos se le han ofrecido, si bien es verdad que en una primera fase de forma más radical y en periodos posteriores con prudencia, “minimizando cualquier rechazo profesional dentro de lo posible y utilizando el pentagrama siempre que fuera posible” (p. 55). De ahí, que ese Caminando por el sonido no sea una imagen poética, sino el resumen de una vida, cuyo objetivo ha sido contribuir al “avance de todo lo ya conocido y convencional” (p. 114).

Para dar forma a este compendio, los treinta y un “escritos y glosados” que lo componen se reparten en seis secciones, como si de una sonata ampliada se tratase: “Introducción y tema”, movimientos segundo, tercero y cuarto, “Finale” y “Coda”. Son textos compuestos entre 1972 y 2021 para diferentes publicaciones, agrupados por temas. La introducción marca el sentido cinético implícito en el título y refuerza esa idea con un estudio sobre la avenencia entre lo popular y lo culto en las “Canciones y Tonadas del Peregrino” (Cursos de Verano del Escorial, 1994). La segunda parte se ocupa del clarinete, con interesantes análisis, entre otros, de Formas y Fases (1971) y Canta pájaro lejano (1992). El tercer movimiento glosa algunas de las influencias o aportes que el compositor ha recibido de Falla, Gershwin, Messiaen, Petrassi, Morricone, Berio y Schönberg. El cuarto es el de mayor densidad conceptual: en él aparece Cage y su ruptura con la tradición, los binomios música-tecnología y música-naturaleza y cuestiones de gestión, entre otras cosas. Las dos últimas secciones suponen un repliegue del autor: hacia sí mismo, en “Yo también estoy en casa”, escrito durante el confinamiento, y hacia su Brihuega natal en “Diego y Sebastián Durón”: “no puedo reprimir la nostalgia de mi tierra alcarreña” (p. 317), afirma.

Como se puede comprobar, muchos son los hilos de los que tirar para adentrarse en el pensamiento villarrojiano. Por ahondar en alguno de ellos y no extenderme demasiado, me interesa particularmente el “problema de la interpretación” (p. 50), es decir, cómo el intérprete, “autor oculto” en palabras del propio Jesús Villa-Rojo, completa propuestas abiertas, aleatorias, gráficas, improvisadas o abstractas. Aquello que el músico denomina la “poética de la imprecisión” o grado de control del material sonoro que el compositor cede al ejecutante, permitiéndole así “ampliar y multiplicar las posibilidades comunicativas y expresivas de la música” (p. 296) para crear “su propia poesía” (p. 239). Un replanteamiento que genera una serie de fricciones, como el mismo autor reconoce —y, recientemente, también compositoras como Helga Arias y Raquel García Tomás—, que alcanzan incluso a la regulación legal de la actividad creativa.

Otra virtud que encuentro en Caminando por el sonido es que Villa-Rojo no habla de sí mismo en tercera persona, como suelen hacer otros músicos y críticos españoles, y además lo hace con sinceridad. Por ejemplo, de entre los muchos nombres que llenaron aquella “España fuente de posibilidades”, el ensayista destaca a Ramón Barce, con quien tuvo “un caminar paralelo” que les mantuvo unidos, pero que al estudiar su sistema de niveles no llegó a “apreciar aportación alguna al mundo armónico tonal ya existente” (pp. 68-70). 

A Antón García Abril le dedica varios pasajes y el escrito número dieciséis, “Sonidos en libertad” (Revista Saber/Leer, 1994), en el que alaba su fortaleza para “no dejarse arrastrar [en la década de 1950] por los moldes que surgieron, a fin de cuentas, mayoritarios” (p. 170). Sin embargo, en otro párrafo, el briocense señala una división estética un tanto injusta. Habla del “terreno fértil” de la experimentación a la que se dedicaron Encinar, Cruz de Castro, Díaz o Guerrero, entre otros, y de “terrenos infértiles” a los que se dedicaron el propio García Abril, Olavide, Balada, Blanquer o Adam Ferrero, aun cuando estos dos últimos, por ejemplo, extendieron en el repertorio bandístico los mismos presupuestos que aprendieron de Petrassi como él (p. 72).

Es sabido que Villa-Rojo es uno de los teóricos que más ha desarrollado el concepto de grafía musical hasta dedicarle el tratado Notación y grafía musical en el siglo XX (Iberautor-SGAE, 2003). En este volumen, esta temática ocupa numerosos fragmentos y dos escritos completos, “La nueva grafía musical” (San Sebastián, 1972) y “Música para ver” (Museo Guggenheim Bilbao, 2001), pero, además, lo ilustra una cincuentena de ejemplos musicales entre los que encontramos partituras propias y ajenas, partituras gráficas creadas con anterioridad como Caminando por el sonido (1991) y ZAJ veinticinco años (1989), páginas como Mitos (2021), una inusitada pieza fonética en torno a la sonoridad de términos como patria, compromiso, bondad, fidelidad, generosidad y fe, o pequeños gráficos usados a modo de íncipit en algunos de los escritos. Del buen talante del autor dan muestra las caricaturas que aparecen, una de ellas firmada por el mismo Barce.

Podría seguir desgranando algunos puntos más de los muchos que trata el libro, pero para no hacer demasiado extensa esta recensión, acabaré citando las palabras de Antonio Martín Moreno, firmante del prólogo. El catedrático granadino afirma que este libro es la autobiografía musical de un “protagonista de excepción” de la música española y europea de la segunda mitad del siglo XX y parte del XXI. Esto supone una producción teórica y compositiva de las más copiosas y sólidas de nuestro entorno que, de acuerdo con Martín Moreno, es urgente reivindicar y, sobre todo, hacer sonar. Con ello se enriquecerían las aburridas programaciones de tantas salas de conciertos y las parrillas de emisoras radiofónicas, que, si son de carácter público, tienen un deber para con la ciudadanía. Solo hay que mirarse en el mismo Jesús Villa-Rojo. Una vez más da ejemplo de compromiso trasladando su archivo musical a la Biblioteca Nacional de España para sea de acceso público.

Notas

1. Entrevista de Renaud Matignon en France-Observateur, 16 de abril de 1964, a propósito de la aparición de Essais critiques (París: Seuil, 1964). En Roland Barthes: El grano de la voz. Entrevistas 1962-1980. Buenos Aires: Siglo XXI, 2005, pp. 27-30.

2. Jesús Villa-Rojo, «Caminando por el sonido. Escritos y glosados», Madrid: EMEC, 2021), 351 páginas. ISBN 978-84-922626-5-6

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