Opinión

Ucrania

¿Gergiev a la hoguera?

Agustín Blanco Bazán
domingo, 27 de febrero de 2022
Gergiev en Lucerna © Manuela Jans/Lucernefestival, 2019 Gergiev en Lucerna © Manuela Jans/Lucernefestival, 2019
0,0001484

Somos muchos los que esperamos ver a Putin entre rejas por violación de derechos humanos. Si ello ocurre, sus familiares y amigos tendrán derecho a visitarlo en la prisión sin ser sometidos a represalias o boicots. Entre los amigos se contará tal vez Valery Gergiev, el artista a quién los alcaldes de Munich y Milán, y la Filarmónica de Rotterdam han decidido cancelar contratos y actuaciones a menos que se manifieste expresamente en contra de la invasión rusa a Ucrania. 

Con este gesto verdaderamente dictatorial y “putinesco” se priva a Gergiev del derecho al silencio. Es un derecho inalienable, asociado con la privacidad reconocida a cualquier ser humano para pensar lo que quiera sin ser obligado a declarar adhesiones a sus ocasionales empleadores. Declararse públicamente contra la invasión de Ucrania para poder dirigir Shostakovich es un requerimiento torpe y profundamente antidemocrático. Lo que piensa Gergiev de la invasión de Ucrania no tiene la menor importancia en una sala de conciertos. No sabemos si está a favor o en contra. Tal vez esté en contra. Tal vez le haya expresado esto personalmente a Putin si es cierto que es tan allegado a este último como dicen. De cualquier manera, nada de ésto nos incumbe. 

El derecho al silencio es en este momento importantísimo para muchos artistas rusos con carrera internacional. Quienes hemos entrevistado a algunos de ellos podemos atestiguar casos de reticencia y  temor hacia un régimen del cual dependen para poder hacer uso de otro derecho inalienable, el de seguir viviendo en su país de origen sin temer represalias para ellos y sus familias. ¿Serán todos ellos sometidos a la humillación de declaraciones públicas en contra de su propio gobierno? ¿Que valor tienen estas declaraciones si se las extrae como chicanas? ¿No son estos procedimientos conceptualmente similares a las confesiones de disidentes presionadas en la desaparecida Unión Soviética? ¿Qué satisfacción obtendrán con este chantaje los alcaldes y los funcionarios administrativos de la Filarmónica de Munich, la Scala de Milán, la Filarmónica de Rotterdam, y otras instituciones por el estilo? 

Una obligación universalmente reconocida en tiempos de guerra es la de no someter a sanciones o condenas de ningún tipo a quienes no están en posición de influir sobre el desenlace de operaciones bélicas. Ciertamente es necesario incluir aquí a los artistas rusos y respetar su silencio o actitudes personales sin presionarlos a declaraciones que no hacen sino denigrar a quienes las exigen. No estamos en guerra con ninguno de ellos, Gergiev incluido, y no tenemos porqué presionarlos a que vomiten una condena política a su propio gobierno. Es a ellos a quienes les corresponde declararse o no, según sus convicciones y sus situaciones personales. 

Espero que cualquier visita a un Putin encarcelado en la Haya no distraiga a Gergiev de algún buen concierto en la cercana Rotterdam o en cualquier otro lado de Europa. No es asunto nuestro juzgarlo por sus amistades, estén éstas en la cárcel o libres como los muchos oligarcas rusos y testaferros de Putin que por su dinero seguirán siendo cortejados en Europa y los Estados Unidos de América. Frente a esta realidad necesitaremos mas que nunca de artistas rusos a contratar sin exigirles declaraciones políticas de ningún tipo. 

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.