Reino Unido

Metamorfosis sin transformación y Voz inhumana

Agustín Blanco Bazán
jueves, 3 de marzo de 2022
Hannigan en 'La voz humana' © 2022 by Barbican Hall Hannigan en 'La voz humana' © 2022 by Barbican Hall
Londres, jueves, 24 de febrero de 2022. Barbican Hall. Methamorphosen de Richard Strauss. La voix humaine, tragedia lírica en un acto para soprano y orquesta de Francis Poulenc. Soprano y directora de orquesta: Barbara Hannigan. Orquesta Sinfónica de Londres.
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Muchos hemos admirado a Bárbara Hannigan como una excelente soprano de descomunal presencia escénica en obras como Lulu, Wozzeck, Written on skin o Die Soldaten. Pero sus ambiciones de hacerlo todo resultan menos convincentes, según lo demostró en su reciente show al frente de la Sinfónica de Londres.

La velada comenzó con Hannigan dirigiendo una versión de Methamorphosen, que ella comandó con movimientos que tuvieron la ampulosidad de un ballet, con brazos entregados a una coreografía intensa pero superficial, con manos de flexibilidad asistida por un exagerado quiebro de muñeca. Y no hubo casi diferencia entre el brazo derecho y el izquierdo que se movieron en fastidiosa simetría, mientras la directora combinaba todo este movimiento con constantes miradas a la partitura sobre su atril. Poca diferenciación hubo a lo largo de este dificilísimo adagio para cuerdas de veinticinco minutos que no es sólo una elegía para lagrimar sino un intenso contrapunto entre cuatro temas principales y un constante obstinato. Hannigan decidió ser elegíaca a despecho de las necesarias aristas dramáticas. La versión fue correcta pero finalmente aburrida.

Luego del intervalo, la audiencia volvió a la sala para toparse primeramente con un video donde Hannigan explicó lo que quería hacer con La Voix Humaine. ¿Por qué restringir esta obra al monólogo telefónico de una mujer desesperada ante el despecho del amante que la escucha al otro extremo de la línea? Según Hannigan, Elle es cualquier mujer en cualquier circunstancia. Tal vez le está pidiendo ayuda a la orquesta y su directora, tal vez es la directora misma, tal vez es alguien del público, tal vez habla con un amante imaginario, tal vez, tal vez… 

En este caso la misma directora decidió transformarse en Elle dirigiendo la orquesta y cantando el monólogo mientras tres cámaras a los costados y detrás de los instrumentistas documentaban sus desesperados movimientos no con el aparato telefónico y su cable sino con la batuta y sus brazos en exagerado vaivén. Dos o tres veces el video de la directora se congeló para permitir que ésta se diera vuelta para enrrostrar al público alguna de sus rabietas, pero a mi nada de esto me convenció.

Nada me convenció porque la soprano directora se sirvió de un sistema de amplificación de su voz que no sólo produjo un eco defectuoso sino que desbalanceó totalmente la relación dinámica con la orquesta. En lugar de ese fraseo íntimamente intrincado con las texturas orquestales en sus interrogantes, sus ruegos y su sentido de culpa, la voz de Hannigan tronó en histérica disociación con el comentario musical de Poulenc. Decididamente esta fue una voz inhumana, deshumanizada por el estereotipamiento sonoro invertido en este curioso experimento audiovisual.

De cualquier manera, debo advertir que mi apreciación no fue compartida por un público que aplaudió histéricamente y de pie mientras la cantante directora agradecía con una emoción extrema, siempre exacerbada por ese ondular de brazos y manos tan suyo.

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