Alemania

Tony Yun, un brillante sentido de lo sobrenatural

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 16 de marzo de 2022
Tony Yun © 2022 by Heinersdorff Konzerte Tony Yun © 2022 by Heinersdorff Konzerte
Düsseldorf, lunes, 21 de marzo de 2022. Sala Robert Schumann del Kunstpalast de Düsseldorf. Tony Yun (piano). Johann Sebastian Bach / Ferruccio Busoni, Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ BWV 639 (Orgel Büchlein), preludio coral para órgano, transcripción para piano solista. Ludwig van Beethoven, Sonata para piano nº 15 en re mayor op 28 (Pastorale). Vincenzo Bellini / Franz Liszt, Réminiscences de Norma S 394. Richard Wagner / Franz Liszt, Feierlicher Marsch zum heiligen Gral aus »Parsifal« / transcripción para piano S 450. Igor Stravinski / Guido Agosti, Danse infernale de L’oiseau de feu (El pájaro de fuego) / transcripción para piano. 70% del aforo, reducido por las estrictas medidas de prevención e higiene contra la pandemia de coronavirus. Organización Heinersdorff Konzerte – Klassik für Düsseldorf en cooperación con el Kunstpalast de Düsseldorf.
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Aclamado hasta el paroxismo, el joven, talentoso y laureado pianista Tony Yun, aventajado alumno de la Juilliard School, de Nueva York, ofreció este lunes un memorable concierto en la espléndida Sala Robert Schumann del Kunstpalast, de Düsseldorf. El recital, enmarcado en un ciclo titulado “Descubrir talentos“, es organizado conjuntamente con Heinersdorff Konzerte.

Tony Yun, ganador del China International Music Competition 2019, en Pekín, entregó una madura interpretación del preludio coral de Johann Sebastian Bach Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ BWV 639 (transcripción de Ferruccio Busoni). A menudo patéticamente alargado y exageradamente romantizado, el preludio hipnotiza al público bajo las diestras manos del músico canadiense que no hace mucho estuvo también en España durante una gira internacional.

La velada está caracterizada por una tremenda concentración en lo que más importa: la música, y Tony Yun es genial también cuando toca Ludwig van Beethoven, Franz Liszt e Igor Stravinsky (aparte de los bises, por supuesto).

La Sonata para piano en re mayor (Pastorale), raramente tocada en salas de concierto, resulta ser un ágil y animado tránsito hacia la belleza y la libertad en este programa. El pianista respira y vibra con la obra. Parece desvelarnos una afinidad especial entre su juventud y el afán por la experimentación expresiva de Beethoven al promediar su vida.

Yun, pianista de corazón, disfruta de las interesante figuras que coloca el genial compositor alemán en el Allegro; toca con extremada intensidad el Andante; se regocija con el ingenio chispeante y el enorme impulso del Scherzo. Allegro vivace – Trio. Un poco più animato; así como con el efecto de zumbido en el Rondo. Allegro ma non troppo – Più allegro quasi presto.

El staccato con mal humor del trío del segundo movimiento, lo ejecuta consciente de que la ira puede ser una poderosa fuerza musical; pero toca también las notas repetidas lo más suave posible a sabiendas de que la obra está repleta de ideas poéticas y de elementos de reflexión aún no suficientemente profundizados.

Con arpegios en cascada, enormes cambios de intervalo y dinámicos en cada momento, Réminiscences de Norma (Vincenzo Bellini), de Liszt (S 394) es una verdadera prueba de habilidad técnica que Tony Yun sortea con soltura deslumbrante. El pianista recorre maravillosamente y con rigor esta partitura saturada de enormes movimientos de acordes, rápidas secuencias de cadencia y una suerte de diferentes marcas de tempo. La virtuosa interpretación de Yun no solo es un triunfo en la comprensión de la obra maestra de Bellini en sí misma, sino de casi todas las posibilidades sonoras del piano en la literatura romántica.

No hubo intervalo en este concierto, pero lo que puede considerarse como la segunda parte comenzó con la Feierlicher Marsch zum heiligen Gral aus Parsifal (Richard Wagner), Marcha solemne al Santo Grial, la transcripción que hizo Franz Liszt del final del primer acto de la célebre ópera de su yerno.

Tony Yun recrea con frescura esta pieza y, sin dejar de ser fiel a su esencia, cautiva con una volatilidad y una calma tan características de las últimas obras de Wagner. El sonido del joven pianista, un poeta al teclado, es medido, los clímax son tremendos y su técnica impecable.

Lo que viene ahora es apoteósico: la Danse infernale de L'oiseau de feu (El pájaro de fuego) de Igor Stravinski, en la transcripción de Guido Agosti. El elegante intérprete despliega un brillante sentido de lo sobrenatural con colores casi orquestales, nítidos y precisos. El final es un verdadero fuego de artificio. El toque de Tony Yun es absolutamente flexible y consigue diversificar los momentos líricos de intenso tecnicismo.

Ayudado por la profundidad del canto y la seductora redondez del Steinway pasa de la claridad a la generosidad de medios, de la línea límpida del discurso a los vuelos más ardientes de la fantasía con una facilidad que no es demostrativa, sino profundamente sentida. Las ovaciones y las espontáneas exclamaciones de “¡bravo, bravo, bravo!“ solamente pudieron ser aplacadas en parte con con dos generosos y hermosos bises interpretados con gran entrega por Tony Yun: el Minueto en sol menor HWV 434 de Händel y Lieder ohne Worte op 62 nº 6 de Mendelssohn.

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