España - Extremadura

Maratón Camilo

Samuel González Casado
lunes, 28 de marzo de 2022
Michel Camilo © 2022 by Redondo Music & Michel Camilo Michel Camilo © 2022 by Redondo Music & Michel Camilo
Cáceres, viernes, 18 de marzo de 2022. Palacio de Congresos de Cáceres. Orquesta de Extremadura. Michel Camilo, piano. Andrés Salado, director. Leonard Bernstein: Candide: obertura. Camilo: Concierto para piano y orquesta n.º 1. Bernstein: West Side Story;: Danzas sinfónicas. Gershwin: Rhapsody in blue. Ocupación: 80 %.
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Larguísima velada(casi 2 h 30’) la celebrada en el Palacio de Congresos de Cáceres en 18 de marzo. Titulada “Puro Camilo”, el programa estaba montado a partir del protagonismo del músico dominicano, que intervino como solista en su propio concierto para piano y en la Rhapsody in blue. Dado que la obra de Camilo no es breve, ya sobre el papel se intuía que, al menos, no debería haberse incluido la Obertura de Candide, aunque supongo que 6 minutos menos tampoco habrían solucionado nada. Hubo igualmente una extensa alocución de Andrés Salado, que es algo que le gusta hacer y cuya información me pareció útil y animada (dada la falta de notas al programa), excepto por la pronunciación de algún nombre propio: tuve que deducir que el director se estaba refiriendo a Leibniz.

La obertura de Candide me sorprendió muy agradablemente: hacía muy pocos días que la había escuchado, interpretada por la OSCyL y Leonard Slatkin de una forma fulgurante. Salado la concibe como algo que hay que desgranar. La acústica del Palacio de Congresos de Cáceres es seca, favorece las altas frecuencias y todo se oye con poco envoltorio pero de forma muy clara; y esa concepción tranquila pero intencionada del director permitió descubrir muchos detalles de la orquestación, y puso de manifiesto la capacidad de Salado para destacar con bastante sutileza algunos rasgos de color y otros rítmicos que funcionaron muy bien. Todo un descubrimiento.

Por parecidos derroteros se movieron las Danzas sinfónicas de West Side Story, menos originales en los tempi pero igualmente prístinas y bien explicadas. Buena ejecución en las partes camerísticas (comienzos de "Somewhere" y "María"), donde los miembros de la orquesta, comandados por la espléndida concertino invitada Beatriz Jara, estuvieron perfectos. Además, Salado supo ir subiendo la intensidad sin estridencias, dotar a la música de sensibilidad sin caer en la sensiblería y de nuevo remarcó algunos detalles que hicieron de esta interpretación algo muy interesante, claramente narrativo. Excelentes metales y percusión.

Es la segunda vez que escucho en directo el Concierto para piano nº 1 de Michel Camilo y debo admitir que cada vez me gusta más. Me parece una obra importante de un compositor que sabe mostrar las esencias de todo lo que construye, y sobre todo es capaz de formar un conjunto armónico con ellas, hermanarlas desde la más sincera admiración de las referencias musicales que utiliza. Sí me planteo que sería tremendamente interesante que una obra de semejante calidad volara sola; es decir, poder escuchar interpretaciones de alguien que no sea el autor, porque me parece que se la podría dotar de matices muy distintos a los habituales Camilo.

Estilísticamente no tengo demasiado que objetar, y evidentemente también es un privilegio escuchar al autor al teclado, lo que con probabilidad será añorado en alguna época futura. Esta vez me emocionó el segundo movimiento, en el que Camilo intérprete estuvo a la altura de Camilo compositor. El primer movimiento fue irregular, ya que el solista empezó con multitud de notas falsas y con tendencia a forti muy duros, técnicamente mal armados, que suenan de forma poco estética y que deshilvanan la organización dinámica.

Este defecto fue bien sorteado en el Allegro conclusivo, donde la interpretación fue inspirada y la orquesta y Salado hicieron, en líneas generales, una plausible concertación. Pero no ocurrió lo mismo en la Rhapsody in Blue, sin duda el punto más bajo de todo el concierto: el solista salió agarrotado, empezó a fallar acordes aquí y allá, a trucarlos y a la vez a exagerarlo todo, de forma no sé si compensatoria pero desde luego en los límites de lo aceptable. Los forti del piano volvieron a ser realmente molestos. Todo esto se sufrió por el conjunto, y hubo descoordinaciones con la orquesta a lo largo de toda la Rapsodia. Camilo, tras este tropiezo, concedió tres generosas propinas (algo más de media hora en conjunto) mucho más adecuadas a sus capacidades técnicas y expresivas, donde estuvo realmente on fire, y consiguió así que el público saliera de la sala con la liberación de endorfinas por haber logrado terminar una maratón.

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