Estados Unidos

Poseer a Lang Lang

Roberto San Juan
viernes, 22 de abril de 2022
Lang Lang © 2021 by Gregor Hohenberg Lang Lang © 2021 by Gregor Hohenberg
Miami, jueves, 10 de marzo de 2022. Adrienne Arsht Center. R. Schumann: Arabesque en Do mayor, Op. 18; J. S. Bach: Variaciones Goldberg BWV 988. Lang Lang, piano.
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Sería interesante conocer qué proporción del público que acudió el pasado 10 de marzo al Knight Concert Hall del Adrienne Arsht Center de Miami lo hizo para escuchar al Lang Lang pianista y qué proporción acudió principalmente para ver al personaje y conseguir un selfie, una fotografía o un vídeo con una celebrity

En este mundo globalizado Lang Lang probablemente sea el pianista más global de la música “clásica” y él y sus seguidores lo saben y lo fomentan. También lo sabe su patrocinador Steinway, que en el vestíbulo del edificio instaló para la ocasión un Lang Lang Black Diamond modelo B, concretamente el número 42 de un total de 88 que la prestigiosa casa constructora de pianos ha fabricado hasta la fecha de este modelo de edición limitada. El marketing manda, por lo que allí mismo, antes y después del recital, se mostraba el funcionamiento de este exclusivo instrumento con diseño de Dakota Jackson y del propio Lang Lang. Por 375000 dólares uno podía llevarse a casa este piano equipado con el sistema Spirio, capaz de captar interpretaciones en vivo y reproducirlas en alta resolución. Es decir, un teclado con capacidad para sincronizarse electrónicamente con el que Lang Lang -o cualquier otro intérprete que estuviera en su base de datos- tocaba, tal y como mostraba un vídeo. Impresionante. 

Pero pasemos al recital en sí… bueno… aún no. En unas palabras previas al concierto Johann Zietsman, presidente del Adrienne Arsht Center, recordó cómo ahora hace 2 años las salas de concierto enmudecieron por la pandemia y resaltó la importancia de este recital, largamente esperado, para una vuelta a la normalidad musical. 

Ahora ya sí. Caminando despacio, relajado y con cierta prudencia, Lang Lang entró en la sala como quien va de paseo y no sabe muy bien lo que se va a encontrar. Saludó al público, se sentó al piano y dejó fluir su música. En las semanas previas al recital se citaba en los medios a las Variaciones Goldberg como la única obra -monumental, eso sí- del programa y se rogaba al público puntualidad, puesto que no habría entrada tardía a la sala tras el cierre de puertas. La inclusión del Arabesque de Schumann como obra introductoria fue un acierto, de manera que el numeroso público que llegó tarde -el tráfico en la ciudad es siempre complicado- pudo acceder a la sala. Delicadeza, pureza de expresión y sensibilidad, ligeros rubati, y coherencia de detalles y gestos fueron algunos de los rasgos de la interpretación de esta breve pieza romántica por parte de este pianista de enorme talento. 

Y por fin a las 20:27 de la tarde comenzaron a sonar las primeras notas del ‘Aria’ de las Variaciones. A un tempo lento -tardó 6 minutos en completar el ‘Aria’-, “mascando” el aire y con un ligerísimo pedal derecho con constantes cambios, el pianista creó una atmósfera intimista y profundamente introspectiva. No desgranaré aquí comentarios individualizados para cada una de las 30 variaciones de esta gran obra: en algunos casos no los tendría y tampoco pretendí tenerlos. Sí quiero señalar la coherencia del intérprete en el planteamiento musical y estético de la obra, junto a una técnica arrolladora, una memoria prodigiosa y una capacidad de concentración que se impone a cualquier tipo de eventualidad, venga de donde venga. La obra no es corta, la sala era grande, la iluminación fue más intensa de lo que hubiera sido deseable… Con todo estos elementos -además de toses, el sonido de algún que otro teléfono móvil y un sector del público que en algunos momentos parecía ya inquieto- no resulta fácil para un intérprete aislarse de la manera que Lang Lang lo hizo. 

La riqueza de ataques, matices y detalles interpretativos de la versión de Lang Lang realmente deja a uno boquiabierto. Y no hay nada como ver en directo los difíciles cruces de manos de las variaciones 5, 14 o 28, la perfecta definición de las líneas contrapuntísticas y la manera de resaltar en el ataque los patrones armónico-rítmicos en la giga de la variación 7 o en el canon de la 12, así como las entradas fugadas rotundas de la variación 10 o el toque superficial, casi a medio calado, de las variaciones 11, 13 o 15. El final de esa melancólica variación 15 y el marcado contraste con el comienzo de la obertura francesa de la 16 fue un buen ejemplo de la amplísima variedad técnica y expresiva en la que se movió el pianista durante toda su interpretación. 

Pero aún hubo más pasajes reseñables, como el ligerísimo uso del pedal derecho combinado con las cascadas de notas en la variación 23, así como la introspección que caracterizó a la 25, la variación más larga. A medida que se aproximaba el final parecía condensarse una energía expresiva que estalló en la variación 29 a modo de catarsis, hasta tal punto que, a su término, una parte del público, ya inquieto, rompió en aplausos -increíble que acuda a un recital de este tipo sin saber lo que va a escuchar- creyendo –quiero pensar que no deseando- el final de la pieza. En un gesto con la mano pidiendo silencio, Lang Lang volvió a crear una atmósfera de recogimiento en la variación 30, ‘Quodlibet’, para concluir con la repetición da capo del ‘Aria’ inicial. 

Un espectador, en esa absurda competición en la que algunos se empeñan en participar por ser el primero en mostrar entusiasmo, rompió la magia del silencio con un sonoro ¡bravo! Eran las 21:56. En los aplausos finales, muchos selfies y vídeos. Lang Lang repartió saludos en todas direcciones e interpretó la Mazurca en re mayor Op. 33 nº 2 de Chopin. Podría haber sido la primera de varias propinas, pero el público parecía que había tenido suficiente y enseguida comenzó a abandonar la sala. Muchas de estas personas ya se llevaban a Lang Lang en su teléfono móvil… así que… ¿para qué esperar más?  

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