España - Castilla y León

La extroversión con estilo

Samuel González Casado
viernes, 6 de mayo de 2022
Roberto González-Monjas © 2021 by Marco Borggreve Roberto González-Monjas © 2021 by Marco Borggreve
Valladolid, viernes, 29 de abril de 2022. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Hilary Hahn, violín. Roberto González-Monjas, director. Ravel: Pavana para una infanta difunta. Sibelius: Concierto para violín en re menor, op. 47. Lutosławski: Concierto para orquesta. Ocupación: 97 %.
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La especial afluencia de público joven al concierto de temporada nº 10 de la OSCyL demostró una vez más que la calidad de la mano de ciertos artistas atrae. Tanto Roberto González-Monjas, director muy comunicativo que los aficionados de Castilla y León han visto crecer, como Hilary Hahn, una más que asentada estrella internacional, cumplieron las expectativas desde un programa que huyó de cualquier rutina en varios aspectos y que dejó entusiasmado a un público que jaleó la interpretación del Concierto para violín de Sibelius.

Costó un poco entrar en lo mejor de este suculento menú: los pequeños ruidos y últimos movimientos de la gente deslucieron un poco la Pavana para una infanta difunta, que no encontró su camino hasta transcurrida la mitad de la obra, pues en muchos momentos el sonido resultó demasiado abierto, poco refinado, como si faltara ese envoltorio musical que termina de pulir el ambiente. Esto y ciertas brusquedades no impidieron, sin embargo, que el director dejara su sello en la parte final de esta interpretación, mucho más luminosa que otras más centradas en lo nostálgico.

El comienzo del Concierto para violín tampoco fue perfecto respecto a la solista, Hilary Hahn: empezó con algunas frases algo bajas de tono, aunque se recuperó con rapidez y prácticamente todo lo que continuó fue un festival: ese sonido grande, unido a la portentosa articulación y a un concepto que casaba perfectamente con el del director, muy poderoso, romántico pero a la vez moderno, sin ninguna sensiblería, lograron el culmen de todo lo que llevamos de temporada. González-Monjas exprimió hasta la última nota las partes orquestales, en lo que pareció un duelo bien avenido de intensidad entre grupo y solista, sobre todo en el último movimiento.

Todo resultó novedoso, original: la orquesta se presentó con una amplitud desusada, cómplice del arrebatado concepto de la solista, que todo lo arrastraba. Momentos estelares fueron la cadencia del primer movimiento y todo el tercero, donde Hahn se mostró más cómoda que en el segundo, algo falto de intimismo y de precisión en la zona grave, aunque excitante en sus continuos contrastes, que hicieron que nunca perdiera el interés. Por si fuera poco, ante la desatada respuesta del público Hahn regaló una interpretación de la sarabanda de la Partita n.º 2 de Bach técnicamente perfecta y estilísticamente irreprochable.

Otro rasgo de antirrutina llegó con la explicación de González-Monjas de la obra que se interpretaría a continuación, el Concierto para orquesta de Lutosławski. El resultado fue muy positivo: es cierto que, debido a que hubo ciertos ejemplos orquestales de lo que se escucharía, se perdió algo del factor sorpresa; pero la explicación fue tan fluida, interesante y didáctica que mereció la pena.

Lo mejor es que una obra de semejante dificultad (el segundo movimiento es terrorífico) obtuviera una respuesta orquestal de semejante calidad. Dentro de que no todo sonó limpio, me pareció que la interpretación se benefició de una diferenciación tímbrica muy lograda y algunos pianissimos de la cuerda simplemente excepcionales. Los metales fueron un espectáculo, y las maderas lidiaron con partes casi imposibles con absoluta dignidad. Pero, al final, fue esa fuerza de González-Monjas, esa perpetua extroversión, además de una capacidad constructiva que demostró el profundo conocimiento de la partitura, lo que se llevó de calle al público, y logró una respuesta magnífica con una obra que tampoco es precisamente fácil de escuchar en una primera audición. De hecho, nunca se había interpretado por esta orquesta, lo que añade un motivo más de regocijo a la memoria de este concierto.

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