España - Castilla-La Mancha

Liturgia, poder e ideología

Xoán M. Carreira
lunes, 9 de mayo de 2022
Lux in tenebris © 2022 by Santiago Torralba Lux in tenebris © 2022 by Santiago Torralba
Uclés, sábado, 16 de abril de 2022. Monasterio de Uclés. Oficio de Tinieblas. Academia de los Nocturnos. Ensemble La Danserye. Manuel Gómez del Sol, dirección musical. David Pérez, concepto y dirección creativa. Ana Yedros, dirección artística audiovisual. Fotografía, Santiago Torralba con la colaboración de Carmen Porras. Textos y dramaturgia, Eusebio Calonge. Actriz, Laura Gómez-Lacueva. Lux in Tenebris 2022. Festival de música mística y de vanguardia de Uclés.
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Cuando recibí la invitación para asistir a Lux in Tenebris 2022 agradecí a mis amable interlocutores que hubieran pensado en mi pero que ni por época ni por intereses personales -música religiosa- este repertorio entra en mi campo competencial. Fue entonces cuando me explicaron que 

Lux in Tenebris es un festival de música mística y de vanguardia que se celebra en el Monasterio de Uclés y que ofrece una manera diferente de entender la tradición, una lectura contemporánea de las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa y una recreación de una atmósfera única que invita a comentar con uno mismo a través de escenografías inmersivas, música, teatro, y arte experimental. 
El Oficio de Tinieblas del festival de Uclés no es un concierto ni pretende ser una representación histórica: es, ante todo, un espectáculo visual y musical del siglo XXI que recoge elementos de la tradición y alta tecnología visual, con el propósito de estimular al público para que viva una experiencia personal de trascendencia. 

Así pues viajé a Uclés en mi condición de experto en teatro musical y dispuesto a ofrecerles a ustedes una reseña de un espectáculo musical sofisticado y, para una parte relevante de los organizadores, intérpretes y público, con valores trascendentes. 

Claustro del Monasterio de Uclés. © 2022 by Gerardo Sanz.Claustro del Monasterio de Uclés. © 2022 by Gerardo Sanz.

Al acceder al monasterio, actualmente en restauración, todo el espacio parecía haberse transformado. El claustro de entrada parecía una instalación de Christo y Jeanne-Claude, con olivos envueltos en telas blancas, entre los que había que transitar para acceder a la iglesia donde se desarrollaba el Oficio de Tinieblas. Allí nuevamente se habían creado espacios delimitados por telas y ante el altar se había desplegado una inmensa pantalla traslúcida de proyección que creaba una especie de iconostasio donde se desarrollaba la mayor parte de la acción. 

Para bien y para mal, esta pantalla fue el principal foco de atracción en todo momento, pues era el espacio desde el que se nos contó una historia visual a la sirvieron de paisaje sonora las músicas de Cristóbal de Morales (1500-1553), Tomás Luis de Victoria (c. 1548-1611), Juan de Urrede (c. 1430-c. 1482), Thomas Crecquillon (c. 1505-1557), Philippe de Monte (1521-1603), nueve piezas de canto llano y tres fabordones. 

Nada contradice el sentido religioso del festival, puesto que la función original de estas músicas era precisamente la de acompañar las liturgias mistéricas de la Semana Santa. Menos apropiado en cambio pareció el texto de Eusebio Calonge, que junto a imágenes literarias muy logradas tenía algunas caídas de tensión o 'costurones' que la actriz Laura Gómez-Lacueva -única intérprete con el acompañamiento del vídeo- no siempre pudo dismular. 

Las espléndidas fotografías de Santiago Torralba del repertorio iconográfico conquense fueron manipuladas por Ana Yedros  como piezas de un puzzle caótico y apocalíptico al servicio de un discurso coherente con la fractura cosmológica generada por la 'Muerte del Hijo'. La factura artesanal del vídeo es deslumbrante, tanto que se impone al propio discurso narrativo y, en ocasiones, lo condiciona. Y es aquí donde las tensiones imagen-música adolecen de insuficiente elasticidad, lo cual desde la perspectiva del espectador se convierte en una percepción de disgregación. 

Cabe agregar que la capacidad de atención de los espectadores fue disminuyendo a lo largo de los más de cien minutos de espectáculo, a lo cual contribuyeron tanto la incomodidad de las sillas como el rápido descenso de la temperatura ambiente. 

Tanto la Academia de los Nocturnos como el Ensemble La Danserye son grupos bien empastados, no muy numerosos pero sí muy capaces de presentar unas versiones coherentes que incluso parecían grandiosas en muchos momentos. Y no es este un repertorio muy conocido, porque a las dos grandes figuras españolas -Morales y Luis de Victoria- se unían otros tres flamencos que desarrollaron su carrera en España o estuvieron vinculados a la corte española: Urrede (en realidad Johannes de Wreede, de la capilla de los Reyes Católicos), Thomas Crecquillon (de la capilla de Carlos V) y Philippe de Monte (que trabajó algún tiempo para Felipe II y luego para el emperador Maximiliano II, primo y cuñado de Felipe II) cuyas obras se conservaron -como las de otros muchos compositores flamencos- en la llamada Colección de Uclés, conservada en la Biblioteca del Conservatorio de Madrid como Colección de Polifonía del Monasterio de Uclés (siglo XVI)

Este es un repertorio de capital importancia que ha sido invisibilizado tradicionalmente por la miopía nacionalista, que ha hecho que estas obras hayan quedado durante décadas olvidadas en sus cajas porque los musicólogos españoles no las consideraban música española, mientras por su parte los belgas no la consideraban música flamenca 'pura'. Se hacía imprescindible una nueva perspectiva que ha sido aportada por Manuel Gómez del Sol, un brillante historiador de las ideologías que tiene un cabal conocimiento de la importancia de variables como la heráldica, la geopolítica, la economía y las mentalidades, que maneja con soltura y combina con sus evidentes habilidades como filólogo musical y como intérprete. Gracias a él ha conseguido visibilizarse esta colección musical que se enmarca en la política europea de la época y nos ofrece una perspectiva privilegiada de la misma: las partituras musicales eran objetos valiosos de intercambio internacional y ser propietario de las mismas era un instrumento estamentario de distinción.* 

Manuel del Sol es además el responsable de la reconstrucción moderna de las Lamentaciones de Morales, que aquí se combinaron por primera vez con los Responsorios de Luis de Victoria, y todas las aportaciones de canto llano toledano, polifonías improvisatorias y obras de la Colección de Uclés construyendo así un mosaico riquísimo, que como todos los mosaicos -o eso espero- será duradero y marcará una nueva línea de recuperación de la práctica musical, que no es sólo una cuestión filológica y performativa sino que está íntimamente ligada a la historia de las ideologías, de las cuales el gusto, la moda, son parte esencial. 

Notas

Erika Supria Honisch, Ferran Escrivà-Llorca and Tess Knighton, "On the Trail of a Knight of Santiago: Collecting Music and Mapping Knowledge in Renaissance Europe", «Music and Letters», Volume 101, Issue 3, August 2020, Pages 397–453. Esta investigación ha recibido el Premio premio Westrup de Oxford University Press.

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