España - Madrid

Esclavos de Cupido

Germán García Tomás
lunes, 9 de mayo de 2022
Guth, Bodas de Fígaro © 2022 by Javier del Real Guth, Bodas de Fígaro © 2022 by Javier del Real
Madrid, sábado, 30 de abril de 2022. Teatro Real. Las bodas de Fígaro. Ópera bufa en cuatro actos. Música de Wolfgang Amadé Mozart. Libreto de Lorenzo da Ponte basado en La folle journeé ou le mariage de Figaro de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais. Producción de la Canadian Opera Company y el Festival de Salzburgo. Dirección de escena: Claus Guth. Escenografía y figurines: Christian Schmidt. Iluminación: Olaf Winter. Coreografía: Ramses Sigl. Reparto: André Schuen (Conde de Almaviva), María José Moreno (Condesa de Almaviva), Julie Fuchs (Susana), Vito Priante (Fígaro), Rachael Wilson (Cherubino), Monica Bacelli (Marcellina), Fernando Radó (Bartolo), Christophe Montagne (Basilio), Moisés Marín (Don Curzio), Alexandra Flood (Barbarina), Leonardo Galeazzi (Antonio), Uli Kirsch (el ángel). Coro (Andrés Máspero, director) y Orquesta Titulares del Teatro Real. Dirección musical: Ivor Bolton. Ocupación: 90%
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El personaje de Cherubino en Las bodas de Fígaro es más adulto de lo que podría parecer en un primer acercamiento a esta ópera bufa de Mozart. “Non so più” y “Voi che sapete” son dos muestras del descubrimiento del amor por un paje plenamente consciente de que despierta pasiones en las mujeres, que es seductor. Claus Guth, en su propuesta escénica palaciega pero no dieciochesca para el Festival de Salzburgo recuperada por la Compañía de Ópera de Canadá y que ha subido a escena el Teatro Real, nos presenta a un arrebatador muchacho que no deja indiferente ni a Susanna ni a la propia Condesa, pues mientras canta su hermosa aria la joven doncella en el acto segundo ambas desvisten al imberbe travestido con no pocas intenciones impúdicas, llegando a simularse en escena un estimulante ménage à trois -lésbico en toda regla- que no llega a consumarse delante del espectador.

Cherubino es ese otro Octavian, Rosenkavalier, del Setecientos, que deja locas de deseo a mujeres maduras. Porque Le nozze nos recuerda mucho al clima decadente del título straussiano, y eso es lo que plasma el director de escena alemán en este acercamiento suyo a la comedia clasista de Mozart y Da Ponte, con el marco escenográfico diseñado por Christian Schmidt: el recibidor del palacio Almaviva, con esa interminable escalera blanca que asciende a estancias superiores. Una propuesta desprovista de clasismo stricto sensu. Los criados no parecen criados. Fígaro no luce librea ni apariencia de barbero en estas Bodas. El propio Cherubino es más un uniformado pilluelo que un paje algodonado.

Pero en este lujoso marco, como un espectro casi omnipresente, Guth convoca a un alado personaje, un ángel (en la piel del bailarín Uli Kirsch) que, aparte de sus facultades para la agilidad corporal, posee una poderosa influencia sobre todos y cada uno de los participantes en esta folle journée. ¿Una especie de alter ego de Cherubino? El regista aprovecha esos momentos de conjunto -quintetos, sextetos, concertantes- de celestial música mozartiana, en los que los personajes dan rienda suelta a sus sentimientos y emociones, paralizados como por un encantamiento diabólico, congelados bajo el influjo de la presencia seráfica de este Cupido, quien dirige a sus presas del amor gestos y ademanes a lo Harry Potter, manejándolas a su antojo como simples títeres. Lo cierto es que el efecto estético de un ángel correteando aquí y allá por toda la escena tiene su punto de belleza coreográfica, pero en ocasiones tanta intromisión del querubín en las relaciones entre los personajes del enredo anula la humanidad de los mismos, que se ven desprovistos de alma como juguetes a merced de la magia angélica.

Personajes que han perdido bastante de ese halo de comedia, por más que esbocemos una sonrisa en momentos como en el concertante final del acto segundo, en el que Guth hace bailar ridículamente a todos los personajes de esta “loca jornada”, o en el disparatado quinteto donde se descubre que Fígaro es hijo de Marcellina y Bartolo. Tiene también su gracia la escena coral del acto primero, donde niñas uniformadas tiran como autómatas violentamente flores al Conde. 

‘Las bodas de Fígaro’ de Mozart. Dirección musical: Ivor Bolton. Dirección de escena: Claus Guth. Madrid, Teatro Real, abril de 2022. © 2022 by Javier del Real.‘Las bodas de Fígaro’ de Mozart. Dirección musical: Ivor Bolton. Dirección de escena: Claus Guth. Madrid, Teatro Real, abril de 2022. © 2022 by Javier del Real.

En el primer reparto, son las mujeres las que logran realzar una función de muchos quilates a nivel canoro. María José Moreno es una Condesa elegante, señorial y de gran sensibilidad, con capacidad para emocionar mediante su canto pulcro y atento a las exigencias técnicas. Al igual que Julie Fuchs dando vida a una exquisita Susanna, que seduce por su mera presencia, con desparpajo escénico y una gran hermosura vocal. Una carrera interesante la que está desarrollando la soprano francesa bordando un repertorio de ópera italiana del XVIII y XIX. Puro deleite fueron los momentos en solitario como a dúo de ambas cantantes, como la deliciosa “Canzonetta sull’aria”, pues los colores claros de sus voces -levemente más oscuro el de la soprano española- empastan a la perfección. 

No se queda atrás el Cherubino de la mezzo americana Rachael Wilson, objeto de todas las miradas y muy aplaudido por el público, que echa el resto en sus dos joyas a solo, pues pone énfasis a las frases y arrojo en su caracterización actoral. Completando las secundarias, a la Barbarina intencionada y bellamente cantada de Alexandra Flood se opone el histrionismo de Monica Bacelli como una tosca Marcellina.

‘Las bodas de Fígaro’ de Mozart. Dirección musical: Ivor Bolton. Dirección de escena: Claus Guth. Madrid, Teatro Real, abril de 2022. © 2022 by Javier del Real.‘Las bodas de Fígaro’ de Mozart. Dirección musical: Ivor Bolton. Dirección de escena: Claus Guth. Madrid, Teatro Real, abril de 2022. © 2022 by Javier del Real.

En comparación con las mujeres, los hombres en esta función se quedan en un segundo plano respecto a las féminas. El barítono italiano Vito Priante compone un personaje titular muy timbrado y con un canto de gran elegancia, pero se echa en falta mayor grado de chispa en el personaje, pues le encontramos bastante serio. Aunque canta muy bien, a André Schuen encarnando al Conde le falta empaque, pero luce matices cuando actúa en los recitativos. 

Del resto del elenco destaca el paralítico Bartolo de Fernando Radó con una “vendetta” bien aprovechada y un Christophe Montagne que utiliza asimismo el histrión en su sibilino Basilio, apreciándose las credenciales de su faceta como actor. Tanto él como Bacelli son privados de sus respectivas arias del acto cuarto, cuya razón entendemos que es menos por la costumbre de agilizar la acción y más por la incapacidad de ambos cantantes para encarar los desafíos técnicos de ambas páginas. 

La interpretación poco convencional de Ivor Bolton tiene sus más y sus menos. Aborda una lectura extremadamente camerística y de tempo ligero de la partitura mozartiana. La obertura carece de encanto y brillantez y los recitativos resultan muy fríos en ocasiones por el único empleo del pianoforte, con una sonoridad que se percibe muy distante. Eso sí, afloran climas de emoción en los momentos de conjunto, esos que Mozart, sin necesidad de alado Cherubino, paraliza al oyente y a sus personajes bajo el poder de unas armonías de una grandiosa humanidad. 

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