Discos

Brahms íntimo

Maruxa Baliñas
lunes, 23 de mayo de 2022
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Johannes Brahms, Klavierstücke. Boris Berman, piano. J. Brahms, Ocho piezas para piano op 76; Rapsodias para piano op 79; Siete fantasías op 116; Tres intermezzi op 117; Seis piezas para piano op 118; y Cuatro piezas para piano op 119. Un disco doble grabado en la Goillotte, Vosne-Romanée, del 12 al 15 de enero de 2018. Producción de Le Palais des Dégustateurs, 2019. PDD 018
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No corren buenos tiempos para las grabaciones discográficas, y sin embargo siguen publicándose discos, no sólo para dar a conocer nuevas obras, sino también revisando repertorios que no por tener ya numerosas versiones en el mercado dejan de ser interesantes. Es el caso de este disco de pequeñas piezas para piano de Johannes Brahms (1833-1897) a cargo de Boris Berman. 

Se trata de un disco doble que recoge completas las piezas breves para piano que Brahms compuso a partir de 1878, cuando ya -según explica el folleto del disco, sólo en francés e inglés, pero bastante amplio- el piano había dejado de ser su modo de ganarse la vida y darse a conocer. Si en sus primeros años de carrera las obras pianísticas de Brahms son a menudo 'grandes obras' como sonatas (1852-3) o grupos de variaciones (1854-68), junto a algunas obras circunstanciales y las Baladas op 10 (1854), a partir de la década de 1860, tras triunfar con dos de sus grandes éxitos comerciales -los Valses op 39 (1865) y las Danzas húngaras (1858-68)- Brahms ya se ve libre para componer lo que quiere y de hecho, abandona bastante la composición de obras para piano

Pero en dos momentos vuelve al piano con obras más íntimas que virtuosísticas (lo que no quiere decir sencillas): en 1878-79, coincidiendo con una etapa de éxitos nacionales e internacionales, escribe las Ocho piezas para piano op 76 y las Rapsodias para piano op 79; y en sus últimos meses de vida, en ese maravilloso florecer de creatividad de 1892-93, publica cuatro cuadernos más de caprichos, fantasías, intermezos, etc., las Siete fantasías op 116; los Tres intermezzi op 117; las Seis piezas para piano op 118; y las Cuatro piezas para piano op 119, adoradas por casi todos los pianistas, aunque no siempre fáciles de oír en concierto precisamente porque son momentos deliciosos, más que obras de lucimiento como las que se esperan cuando se asiste a un concierto de piano solo. 

Por eso es inevitable comenzar con un agradecimiento a Boris Berman por haber sacado este disco, que quizá no sea para escuchar continuado a lo largo de las más de dos horas de grabación, sino en dosis pequeñas. Como dice el refrán: "El buen perfume se vende en frasco pequeño" y sobran perfumes agradables en estas obras. Aunque debo decir que -aunque yo haya recomendado el disco para 'dosis pequeñas'- Berman parece concebir el conjunto como un todo, interrelacionando las obras dentro de un discurso coherente. 

Sin duda, la gran relevancia del disco estriba en que Boris Berman contempla todas estas obras como una unidad, lo cual le permite establecer interrelaciones entre los diversos números, referencias cruzadas y -sobre todo- una tan luminosa como poderosa concepción universal. Así concebido, este grupo se erige como una "obra mayor" en el catálogo de Brahms. 

A título totalmente personal destacaría la Rapsodia para piano nº 2 del op 79, con una limpieza y direccionalidad clara que no frenan la efusividad; o la Rapsodia para piano nº 1, también del op 79 donde Berman toca quizá más lento de lo habitual, muy poco preocupado por el lucimiento virtuosístico, lo que dota a esta Rapsodia de una intimidad subyugante. 

En el Intermezzo en mi mayor op 116 nº 4 me llamó la atención la contención de Berman dejando que la música discurra por sí misma. Y esta contención contrasta con la interpretación del Intermezzo en si bémol menor op 117 nº 2 que se desarrolla en una especie de ensueño en el cual parecen fluir libremente las emociones. En la Ballade en sol menor op 118 nº 3 Berman visibiliza e incluso potencia su carácter de sincero y reflexivo homenaje a Chopin, acertando a interpretar la perspectiva de Brahms sobre Chopin. 

En la Rapsodia en mi bemol mayor (Allegro risoluto) op 119 nº 4, que cierra el segundo disco, Berman acierta a dejar al desnudo el carácter aparentemente convulso y desolador de la última pieza pianística de Brahms, tan cruelmente recibida por la crítica musical vienesa, especialmente aquella más institucional, que como hoy día sabemos erró al atribuir ese "desequilibrio" de la Rapsodia a la soledad vital de Brahms, quien en 1884 era una persona tan profundamente enamorada como ilusionado ante las nuevas perspectivas estéticas, y también éticas, abiertas por los simbolismos y los nuevos caminos de los paraísos artificiales. 

Porque cuesta creer, despues de escuchar este disco, que la policía imperial vienesa considerara estas pequeñas piezas algo subversivo y que Brahms tuviera problemas políticos por ellas. Claro que cuando los gobernantes se empeñan, todo es sospechoso y la Viena del emperador Francisco José I no era un sitio agradable en absoluto. 

Este disco ha sido enviado para su recensión por Le Palais des Dégustateurs

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